¿cómo podemos apreciar una cultura sin apropiarnos de ella?

Muchos artistas aseguran inspirarse en otras culturas con el objetivo de rendirles homenaje, pero la mayoría de veces lo único que consiguen es ofender a toda una comunidad.

por Zoya Patel
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22 Marzo 2016, 10:20am

Valentino primavera/verano '16

Cuando vi por primera vez el videoclip de "Hymn for the Weekend" de Coldplay, me fue difícil decidir qué era lo que más me había ofendido: ¿el uso descarado del simbolismo de la cultura india como fondo para la canción de Chris Martin? ¿La idea del sacerdote brahmán como "buen salvaje" con sus mantos naranjas ondeando? ¿Beyoncé con las manos pintadas con jena e imitando bailes indios? ¿O fue quizás fuera la irritante imagen de los niños sin recursos correteando y jugando con polvos de colores como si cada día fuera una fiesta?

Todas estas cosas demuestran que en el equipo de realización del vídeo hay una mirada de raza blanca que pasa por alto los problemas de la cultura india. ¿Por qué? Seguramente por construir a prisa y sin tacto un lugar místico y mágico que no existe.

Últimamente, en Internet se habla mucho sobre apropiación cultural y del impacto de la cultura blanca al apropiarse de aspectos de otras culturas más marginales como símbolo de algo "cool". Antes de que Coldplay y Beyoncé convirtieran en fetiche a esta comunidad, Katy Perry ya lo había hecho numerosas veces: desde la historia de las geishas a la comunidad afroamericana, pasando por el antiguo Egipto para varios de sus vídeos y actuaciones.

Antes incluso de que se popularizase dicho término, ya pudimos ver varias veces a Gwen Stefani subiéndose al escenario con un bindi y haciéndonos bailar con su pandilla de harajukus. Sin embargo, incluso más que en la música, el mundo de la moda puede que sea el campo de batalla más fértil para este tipo de debates.

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Campaña del perfume 'Harajuku Lovers' de Gwen Stefani

Hemos visto críticas a diseñadores y marcas que van desde Valentino hasta Junya Watanabe y Givenchy por explotar la simbología de culturas ajenas. Estos diseñadores suelen responder diciendo que simplemente los habían utilizado como inspiración, pero luego viene la respuesta crítica: sus colecciones son incapaces de hacer que la gente se implique de forma efectiva en las culturas que las han inspirado.

Aquí es donde recae el problema de utilizar la influencia de una cultura que no es la tuya. Por tanto, ¿cómo podemos compensar el daño de la apropiación cultural con intenciones inofensivas?

Uno podría decir que ver a Beyoncé llevando un sari y ondeando las manos durante 60 segundos no puede hacer ningún daño. Incluso muchos dirán que, por ser afroamericana, a Beyoncé no se le puede acusar de apropiación cultural por todos los casos de racismo y colonialismo que giran en torno a su comunidad. Sin embargo, en el fondo el error de Beyoncé fue que olvidó hacer algo más que presentarse como un escaparate de la cultura india.

Conociendo la historia de Beyoncé y como mujer joven e india que soy, no pude evitar sentirme incómoda al verla llevando un sari en ese vídeo. De hecho, ver a cualquier mujer que no sea india vestida con la ropa tradicional de la India y beneficiándose del uso de nuestro legado cultural, hace que mi incomodidad se entremezcle con los recuerdos de mis experiencias pasadas.

De pequeña, los niños me acosaban y se metían constantemente conmigo por llevar los trajes tradicionales indios. Ver a Beyoncé, Gwen Stefani o cualquier otra mujer blanca por la calle llevando esos mismos trajes o accesorios a modo de novedad, es una bofetada en la cara.

Ellas sí pueden decidir quitarse el disfraz y volver a su vida cotidiana cuando quieran, mientras que yo no tengo opción de despegarme de los rasgos inherentemente indios de mi aspecto. Nadie quiere tener nada que ver con los aspectos de una cultura que no forman parte de una opción de vestir que resulta atractiva.

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Imagen vía @hisopartyofficial

Sin embargo, ahora es cuando la mayoría de nosotros hemos empezado a entender cómo la apropiación está separando a la gente de sus raíces. Muchos cogen la simbología de los grupos marginales para sacar provecho de ella, imitando los patrones originales de la colonización y reírse de ellos en lugar de hacerlo en forma de halago.

La apreciación es un concepto más amplio, pero creo que tiene que ver con la forma de implicarse con las demás comunidades. La única forma de poder definir si la apropiación cultural resulta dañina es fijándonos en la verdadera intención del artista.

Analicemos otro ejemplo: la colección y posterior campaña primavera/verano 2016 de Valentino de inspiración africana. Cuando los diseñadores Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli fueron criticados por utilizar collares de huesos, cuentas, plumas y trenzas, pudieron explicar detalladamente sus intenciones. Estaban tratando de implicarse con algo más allá de lo estético y querían explorar las influencias del cruce de culturas en un momento donde cada vez hay más emigración, procedente principalmente de los países africanos.

El producto final puede que siga siendo problemático, puesto que en el desfile aparecieron sobre todo modelos blancas, homogeneizando la multitud de culturas dentro del continente bajo un solo look. Sin embargo, su intención era ofrecer un punto de vista más amplio, quizás evitando que la colección fuera condenada por completo.

Después de todo, cuando se hace bien, el gusto por otras culturas tiene sus ventajas. India promovió de forma activa el yoga a los occidentales en los 60, enviando a profesionales de gira por el Reino Unido y convirtiendo la tradición en un negocio que ha ofrecido beneficios mutuos. ?'os occidentales se quedaron con el yoga y los instructores indios recibieron dinero por sus clases.

Si queremos distinguir entre apropiación cultural dañina y la apreciación cultural —a menudo problemática pero bien intencionada—, nos tenemos que fijar en la implicación; es decir, si el grupo en cuestión está formado por participantes deseosos de intercambiar ideas.

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Colección de saris de Hermes en colaboración con Sunita Kumar. Imagen vía Twitter

Hermès demostró cómo se pueden hacer bien estas cosas en 2011, cuando lanzó una colección de saris que habían sido diseñados en colaboración con el diseñador de Kolkata, Sunita Kumar. La marca aprovechó esta colaboración como una oportunidad para aprender y se implicaron en ella de forma respetuosa a través de la expresión artística.

Independientemente de cuál sea tu postura en el debate de la apropiación y la apreciación cultural, lo que hay que reconocer es que la ropa tradicional es mucho más que los materiales y la elección de los patrones, ya que estos forman parte de su historia, comunidad, identidad y lenguaje. Puede que este tipo de ropa esté hecha de tela, pero es mucho más que simple moda.

Créditos


Texto Zoya Patel

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