renacimiento y rock 'n' roll: gucci crucero 2018

Alessandro Michele devolvió a Gucci a sus raíces florentinas el lunes, cuando el Palacio Pitti fue sede de su colección crucero 2018.

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may. 30 2017, 7:05pm

Festina lente: despacio, que llevo prisa. Era el lema de la dinastía Medici, quienes humildemente lo tomaron de Augusto y Tito, dos de los más poderosos emperadores romanos. "Estoy conectado con el Renacimiento, por eso estoy conectado con el Palacio Pitti", dijo Alessandro Michele el lunes por la noche en Florencia, después de sitiar la sede de los Medici en el siglo XVI para la colección crucero 2018 de Gucci. Fácilmente podría adoptar dicho lema para su reinado en Gucci —que también proviene de Florencia— debido a que la naturaleza meticulosa del grandioso mundo de ensueño que ha creado para la marca, similar a la de aquellos banqueros del Renacimiento que conquistaron Florencia, es tan astuta como romántica . Esta colección no fue muy distinta a cualquiera de sus ofertas pasadas —una sobrecarga sensorial de referencias históricas, ficticias y extravagantes que Michele resume como "excentricidad" —pero este diseñador no está sólo produciendo piezas de moda para la temporada. Está construyendo un imperio; lento pero seguro.

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Con el Wall Street del Renacimiento como telón de fondo, esa noción nunca fue más clara que anoche cuando los caprichosos chicos y chicas Gucci, que nos presentó hace ya casi tres años, desfilaron por los pasillos del Palacio Pitti, "Guccified" [Guccificados] —como se podía leer en los slogans de algunas prendas—, embestidos en la opulencia de la fastuosidad y la confección de Michele. Brocados, telas de jacquard, tapices, estampados —se necesitaría un mes en el showroom para darle a cada pieza bellamente elaborada la descripción detallada que merece. Pero esa no es la intención de Michele. Como era de esperarse, en el backstage estaba más preocupado por la suma de todas esas partes: el reflejo de la historia en el presente, y todo lo que quieras sacar de ello. "Todo era tan raro en esa época en Florencia —dijo, refiriéndose al Renacimiento—. Realmente era como estar en Napa Valley". Seguramente quiso decir Silicon Valley, el corazón informático del mundo y centro de la innovación.

Hace quinientos años, Florencia representaba ese mismo espacio dinámico. Esta fue la ciudad que le permitió a Leonardo da Vinci experimentar y crear arte e inventos innovadores, y le dio toda la exuberante libertad que necesitaba para lograrlo. En otras palabras, los antiguos florentinos sabían cómo festejar, cómo "Guccify yourself" [Guccificarse], retomando el significado de aquella camiseta. El cual era: "que tienes que darle un toque de locura a todo, ¿sabes? —dijo Michele, con sus mirada inocente, barba y un corte bob tipo Bronzino. Es una nueva época, puedes hacer lo que quieras". Su Guccificación se perfecciona en la excentricidad. Algunos de los gorros con perlas y las guirnaldas griegas de laureles doradas con las que adornó el Palacio Pitti eran realmente una locura, y esas son las cosas que se graban en tu memoria cuando ves un desfile de Michele, donde la palabra multifacético realmente no basta. Paradójicamente, su mejor momento es cuando es sucinto —un vestido de cóctel renacentista con mangas clásicamente abullonadas y paneles con un patrón de rombos fue el look más simple y fascinante de la colección, tal vez sólo por el hecho de que lo decía todo en tan sólo unas cuantas palabras.

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El logo de Gucci también hace eso. "Siempre digo que es el jeroglífico de la compañía. Es la mejor decoración, una especie de símbolo pop. Le da poder a todo", dijo Michele. Esta vez lo utilizó para cimentar el trasfondo griego de la colección —como si escribiera en una pared— que originalmente sería diseñada teniendo en mente la Acrópolis. Cuando Michele no pudo utilizar su recinto de ensueño, eligió la mejor segunda opción, el Palacio Pitti, donde cada salón recibe el nombre de un dios griego. El desfile que nunca pudo ser dio origen a varios elementos griegos en el desfile que sí ocurrió: algunos vestidos de gala listos para que Helena de Troya los use, patrones meandro aquí y allá, y esas coronas de laurel, que hicieron que todos los chicos se parecieran a las estatuas del onírico Jardín de Boboli que se encuentra en la parte trasera del palacio. "Siempre intento inyectarle algo de rock 'n' roll a la colección, por eso pensé en los Pucci y en todos los modelos de la época —dijo Michele refiriéndose a las antiguas dinastías florentinas y sus coloridos personajes, de los cuales la familia Pucci era parte. Ellos eran los más excéntricos y rocanroleros de la época. Y es algo que todavía está en nuestra cultura. Aún está aquí. Es algo que adoro, la idea de que las piezas clásicas de nuestra cultura —griega y romana—permanecen".

En una temporada crucero 2018 que gira en torno a las raíces de las culturas —la Americana tribal de Dior, la oda de Louis Vuitton al vestido japonés, y las diosas griegas de Chanel— Gucci refleja un ánimo relevante. Es ese viejo cliché acerca de entender tu pasado antes de poder entender tu futuro, y en un momento en que la comunidad global se encuentra en incertidumbre, esa idea difícilmente es anticuada. Festina lente, de hecho. ¿Y con respecto al logo "Guccy" mal escrito que Michele estrenó el lunes por la noche? La prensa fue expulsada antes de que pudiéramos obtener la respuesta, pero parecía la declaración final del diseñador sobre el poder de su era en Gucci. Incorrectamente escrito o no, el poder del valor de marca de Michele, como los Medici, sigue siendo el mismo.

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Credits


Texto Anders Christian Madsen
Fotografía Dan Lecca, cortesía de Gucci