el machismo y las ficheras de los 70 en méxico

A raíz del exitoso documental 'Bellas de Noche' y la exposición de las vedettes y ficheras mexicanas de los setenta en el Foto Museo Cuatro Caminos, las principales estrellas de la época vuelven para reclamar una merecida segunda apreciación.

por Rodrigo de Noriega
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25 Enero 2017, 10:50pm

Olga Breeskin

La política del México de la década de los setenta tiene bastantes similitudes a su actual realidad. Por poner un ejemplo, Luis Echeverría asumió la presidencia el primero de diciembre de 1970 y durante su sexenio se abandonó el tipo de cambio fijo; al concluir éste alcanzó los $25.00 pesos. López Portillo llegó al mismo cargo en 1976 y empezó un gobierno con medidas de austeridad, pero tras el descubrimiento de yacimientos petroleros en Chiapas y Tabasco, además de nuevos tratados comerciales para venta de crudo que nos volvieron brevemente los primeros exportadores del mundo, López Portillo se dejó ir. Comenzó a despilfarrar en proyectos de desarrollo mal planeados y a asignar arbitrariamente en cargos públicos a sus amigos, lo que terminó provocando la crisis económica en México más grande desde la Revolución Mexicana hasta ese momento. Sin esta situación de incertidumbre política, Sasha Montenegro, la amante de López Portillo (y posteriormente esposa) no hubiera debutado en la película que inició el género del cine de ficheras en México, Bellas de Noche.

Cuarenta años después, por medio del exitoso documental homónimo de María José Cuevas y la exposición en el Foto Museo Cuatro Caminos, las principales estrellas vedettes de la época vuelven para reclamar una merecida segunda apreciación.

Olga Breeskin

Las "ficheras" son originalmente las mujeres que incitaban a beber a los hombres en bares y cabarets. Las mujeres servían de compañía para los asistentes, quienes pedían una copa o botella; el mesero le daba una ficha a la mujer y ella la intercambiaba por una comisión de acuerdo a la cuenta que el hombre consumía. También el hombre podía intercambiar fichas con las mujeres a cambio de que éstas lo acompañaran a bailar una canción. Este método de intercambio generó que términos, como "fichar" (acción femenina de trabajar en un bar o cabaret) o "fichera" (mujer que fichaba), formaran parte del argot popular. La palabra fichera se usaba desde la popularización de los cabarets en México en la década de los treinta, pero se volvió subgénero del cine cuando Miguel M. Delgado adaptó la obra de teatro Las Golfas en una película llamada Bellas de Noche en 1975. Colgándose del éxito del título de Buñuel e inspirándose en las comedias ligeras italianas, ésta y las que le siguieron, presentan un argumento romántico muy sencillo entre algún hombre común y corriente y la bailarina que encabeza el espectáculo; los valores de producción son casi nulos, hay muchos desnudos femeninos, números musicales, albures, misoginia y machismo.

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La Casa que Arde de Noche, Burlesque (no relacionada a la versión de Cher y Christina Aguilera), Escuela de Placer, Las Cariñosas, Muñecas de Medianoche, y obviamente Bellas de Noche y Bellas de Noche 2, fueron el eje central de mi investigación de tesis. A un año de haber terminado este trabajo, tanto el documental como la exposición han modificado y enriquecido mucho la manera en que veo estas películas y sus personajes. De manera inicial, lo que trataba de explicar era que el retrato de la mujer en el cine de ficheras está condicionado a la forma en que expresa su sexualidad como manera de obtener la atención del hombre. De hecho, al ser películas dirigidas y escritas en su totalidad por hombres, la imagen femenina en su mayoría se reduce a un decorativo visual, estimulante erótico de los que acuden al cine. Por supuesto que ninguna pasa el "test de Bechdel". Cuando las ficheras hablan entre ellas es porque se están peleando al padrote o porque presumen o lloran sus experiencias con su pareja. Al menos a cuadro, parece que todas las ficheras del cabaret están en constante rivalidad.

Princesa Lea

Por otro lado, el personaje masculino que siempre ejerce un oficio popular es el que termina por conquistar a la chica inalcanzable. Es el que todas quieren tener, o el que forza a la mujer al acto sexual no solo por placer sino por aumentar su récord y demostrar "hombría". Para mí, estos estereotipos perpetuaron conductas nocivas reconocibles hasta nuestros tiempos (es simple locker room talk, ¿no?), pasaron como tolerante la violencia de género (cómo en Bellas de Noche cuando el novio droga a Leticia Perdigón para violarla y al final ella lo perdona y se casan), y ni hablar de la nula inclusión en los medios mexicanos a personas con diferente orientación sexual. En este tipo de representaciones, las lesbianas existen para complacer al hombre y el gay es un mesero amanerado que anda persiguiendo a los borrachos para ver con cuál se le hace.

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Y aún con estas deficiencias, según M. Delgado, este subgénero que terminó a mitad de la década de los ochenta, fue el más taquillero en la historia del cine mexicano. Las vedettes que interpretaban a las ficheras tenían cada una su espectáculo en un cabaret diferente de la capital, pero estos espacios de pocas localidades eran un lujo que se reservaba para los políticos u hombres de clase media alta. La entretención perfecta para el pueblo era ir a ver a estas mujeres a las enormes salas de cine donde el acceso era mucho más económico y con albures y chichis para aligerar un poco lo que pasaba afuera.

Sasha Montenegro

En esta nueva Bellas de Noche conocemos lo que ha pasado en la vida de Lyn May, La Princesa Yamal, Wanda Seux, Rossy Mendoza y Olga Breeskin (que fue más vedette que fichera), pero en la mayoría de los casos no ha pasado mucho. No lo digo porque no tengan historias que contar, me refiero a que profesionalmente vivieron miles de éxitos y reconocimientos, ganaron mucho dinero y de un día para otro todas las miradas voltearon a otro lado. Sin embargo sus vidas quedaron alteradas, resultado de todos los elogios y excesos que vivieron, todas son Gloria Swanson. Esta forma de entretenimiento terminó cuando dejó de ser un negocio. Los cabarets fueron reemplazados por tabledances que llegaron a todos los rincones del país, se dejó de hacer cine y se hicieron videohomes y esta primera camada de vedettes fue relevada por otras como Maribel Guardia, Lina Santos o Lorena Herrera.

Wanda Seux

Y es que las ficheras no son las rumberas. Es muy claro que los requerimientos histriónicos que solicitaban de Lyn May o Wanda Seux no eran los mismos que los de Ninón Sevilla en los cincuenta en las películas de Alberto Gout. Decir que eran mujeres en control de su sexualidad, o que estaban empoderadas frente al mundo del hombre y revertían estereotipos, me parece exagerado. Si ese hubiera sido el caso, alguna de ellas habría logrado mantenerse en el mainstream como pudieron hacerlo otras actrices que convivieron con ellas sin ser vedettes (Carmen Salinas o Isela Vega). Al verlas así de vulnerables y escuchar de primera mano sus historias, es imposible no salir conmovido y enojado. Porque fueron un estandarte de belleza que la industria y los políticos —a los que se les da bien el espectáculo— generaron para su propio beneficio, y una vez terminado se subieron el cierre, tiraron el kleenex y siguieron caminando.

'Las Fabulosas' en exhibición hasta mediados de marzo en el Foto Museo Cuatro Caminos, Cerrada Calzada Ingenieros Militares 77, Lomas de Sotelo.

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Rossy Mendoza

Credits


Texto Rodrigo de Noriega
Imágenes de la exposición "Las Fabulosas", cortesía del Foto Museo Cuatro Caminos.