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el estigma de crecer con una cabellera rizada

A lo largo de la infancia, muchas personas tienen que enfrentare a todo tipo de acosos por ser diferentes al resto y, a menudo, tu peinado puede convertirte en un blanco fácil.

por Diana Cubo
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21 Junio 2016, 4:00pm

Imagen vía @frederikkesofie

Si hiciéramos un repaso de la historia reciente de la moda, sería inevitable no fijarse en los peinados que han ido acompañando a todas esas formas de vestir tan diversas. Es por ello que el pelo también es esclavo de las tendencias. Hoy por hoy, y en el país donde nos encontramos, por fortuna cada individuo es libre de elegir que ambiente, estética y peinado elige para mostrarse ante el resto de la sociedad, pero en ocasiones esta tarea se convierte en un suplicio cuando eres poseedor de pelo rizado.

Durante las décadas de los 70 y 80, con el boom de la era disco, el pelo rizado gozó de una popularidad excepcional (¿acaso alguien está libre de tener un pariente cercano con una permanente en los álbumes de fotos familiares?). Sin embargo, después de esto su fama cayó en picada dejando paso a las planchas y los alisados japoneses. Como mujer de pelo rizado, puedo resumir mi experiencia con mi naturaleza capilar en tres etapas muy sencillas: resignación, negación y aceptación.

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Fotograma de 'Mi nombre es Harvey Milk'

Algunos aseguran que de pequeños tuvieron el pelo rizado e incluso intentan dar credibilidad a sus palabras enseñándote una foto en su móvil de sus primeros años. Normalmente, esa gente sigue viviendo de recuerdos, adoran tus rizos en la etapa adulta y también confiesan sentir envidia de tu salvaje melena, pero no todo el mundo piensa igual.

En mi caso particular, mi madre (que tiene el pelo liso) se encontró con una serie de tirabuzones que se iban definiendo cada vez más con el paso de los años. No había duda: había heredado el pelo de mi padre. Ante la sorpresa, y durante toda mi infancia, hizo lo que pudo para intentar adiestrar mi cabellera (incluso me atrevería a decir que mi primera mascota fue un secador de pelo), pero con el paso de los años, decidí tomar las riendas de mi imagen.

Las revistas de las peluquerías únicamente mostraban peinados muy complejos exclusivamente aptos para pelos lisos. Fue entonces cuando fui totalmente consciente de que jamás iba a poder copiar el pelo de Jennifer Aniston y que la oferta en el mundo de los salones de belleza, de alguna forma, me estaba discriminando.

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Fotograma de Jennifer Aniston en 'Friends'

Aún así, encontré una peluquería de confianza a la que acudí durante mi época más coqueta. Una en la que podían adecentarme el peinado y no salía pareciendo un poodle gigante por culpa del difusor que todos insistían en usar sobre mi melena. En un momento dado, descubrí que con las tijeras adecuadas, yo también podía cortarme el pelo en casa.

A día de hoy, luzco mi pelo con orgullo mi pelo que, a pesar de no permitirme jugar con los diferentes estilos con los que soñaba en mi adolescencia, me permite vivir ajena a otro tipo de problemas. Tales como que se te quede mal el pelo para una cita importante o el miedo a encontrarte con cualquier conocido en una piscina pública.

Mi experiencia no difiere mucho de la de Josefina Andrés, fotógrafa de moda y dueña de una extraordinaria melena pelirroja rizada. Según sus propias palabras, para el resto "tener el pelo rizado no es de guapa; es de loca". Durante años, sus compañeros del colegio estuvieron insultándola por ser diferente. Así que, acomplejada, se vio obligada a comenzar una relación de dependencia con las planchas que duró más de lo deseado.

Años más tarde y ya habiendo dejado atrás la escuela, vivió su propia epifanía durante un concierto de Beach House y por fin salió del armario. Sin embargo ahora, y a pesar de no vivir en su ciudad natal, sigue acudiendo a su peluquería amiga desde hace 12 años.

Imagen vía @apmusicam

En el caso del músico Javier Colilla, este proceso también se da en su propia industria. El integrante de Futuro, el grupo de 'italo disco' español, nos cuenta que en 2012 comenzó a dejarse crecer el pelo porque todos sus ídolos tenían el pelo largo y rizado. Además, también ayudó el hecho de que descubriera la existencia de los Baiosi —una tribu urbana que a finales de la década de los 70 empezó a poblar el norte de Italia— e hizo de ello su referencia estética.

Confiesa que el proceso de dejarse crecer la melena no fue tarea fácil. La gente le increpaba por la calle, pero a pesar de ell o, dice que jamás volvería atrás, dado que ha establecido una relación estable con su pelo y sabe que es para siempre. Incluso a día de hoy, cuando mira fotos antiguas en las que aparece con el pelo rapado no se reconoce.

Imagen vía @mynamesdiana

A diferencia de hace décadas, parece que tanto las tendencias como los cánones de belleza no siguen un único patrón al que aferrarse, y lo diferente se defiende como una seña de identidad positiva. Cada vez más, encontramos editoriales de moda, campañas y fashion films protagonizados por personajes que, en parte, han alcanzado su popularidad por esta característica.

Un ejemplo de ello vendría de la mano de la fotógrafa canadiense Petra Collins y una de sus modelos habituales, Diana Veras, que ha protagonizado el último video de la cantante Carly Rae Jepsen junto a otras chicas de su particular 'girl gang'.

Tampoco nos podemos olvidar de modelos como Mica Arganaraz, a la danesa de pelo prerrafaelita Frederikke Sofie, que en muy poco tiempo han conquistado la industria de la moda y protagonizado campañas de algunas de las firmas con más repercusión del momento.

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Imagen vía @piero_mendezvn

Aunque seguramente todos tienen algún amigo o amiga con rizos, lo cierto es que los estudios afirman que somos una minoría.  Esto nos hace de alguna manera especiales y, bien sea por el hype del momento o porque los patrones de belleza estén cambiando realmente, probablemente las nuevas generaciones no tengan que sufrir insultos en la escuela, consejos innecesarios de gente a la que no se le ha preguntado o exigencias laborales discriminatorias en cuanto a peinado se refiere. ¡Libertad para tu pelo!

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Credits


Texto Diana Cubo