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el épico legado de moda de 'romeo + juliet': pelo rosa y trajes prada

La improbable adaptación de Baz Luhrmann de la obra de Shakespeare cumple 20 años, y nosotros exploramos la relación de la moda con la rebelión juvenil y el por qué el filme mantiene su frescura hoy en día.

por Emily Manning
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02 Noviembre 2016, 1:05am

A principios de este año, asistí a una transmisión en vivo del programa de entrevistas de Glenn O'Brien, Tea at the Beatrice, en la cual el estimado editor estaba entrevistando a Baz Luhrmann. O'Brien preguntó al director algo que se quedó conmigo desde entonces: "¿Cómo logras el trato más imposible?". Aunque los filmes de Luhrmann han ganado cientos de millones de dólares, hay algo de incredulidad en cada uno de ellos. El productor ejecutivo de su primera obra, Strictly Ballroom, murió repentinamente durante la producción -dejando en la incertidumbre el destino de la comedia romántica de 1992 sobre el competido mundo del baile de salón (Luhrmann después recibió una llamada de Cannes diciéndole que tenía un día para decidir si quería estrenar el filme en el festival). Para Moulin Rouge!, su bohemio cabaret del siglo 19, Luhrmann aseguró los derechos de las icónicas canciones de David Bowie, Dolly Parton, y Elton John llamándolos directamente a ellos.

Pero el trato más imposible de Luhrmann, el más grande '¿cómo demonios sucedió esta película?', fue su blockbuster de dos horas, lleno de acción y estrellas y que era solo hablado en el inglés isabelino: Romeo + Juliet. La sensación de 1996 fue más allá que solo actualizar el clásico de Shakespeare para la generación de MTV; consiguió $147.5 millones de dólares al usar canciones de Radiohead y Garbage en su banda sonora, y al vestir a los Montesco y Capuleto en Prada y D&G.

Ha habido muchas adaptaciones ridículamente populares de los cuentos de Shakespeare, desde West Side Story a High School Musical. Aún así, estas versiones nunca usaron el lenguaje original de la época. Luhrmann, quien desarrolló su suntuoso dramático estilo al trabajar en el teatro y la ópera, nunca pensó en omitir el lenguaje original de Bard, en cambio, buscó construir un universo único donde este pudiera habitar de nuevo. De acuerdo con las notas de producción del filme, Luhrmann llama a esto un "mundo aumentado" -un espacio independiente arraigado en un pastiche de imágenes icónicas de religión, tecnología, folclor, y cultura pop. Este mundo, "le permitió a la diseñadora de producción Catherine Martin y a la diseñadora de vestuario Kym Barrett tener una increíble cantidad de latitud estética, pero sus creaciones siempre estuvieron firmemente atadas a las palabras de Shakespeare, a su historia". Esto fue porque, argumenta Martin, el Verona de Romeo y Julieta fue también un producto de la imaginación de Shakespeare: "Fue su visión, como hombre inglés, de este mítico país italiano, donde todos eran apasionados, de sangre caliente; el Verona en la cual Shakespeare establece su obra fue un mundo creado por él mismo".

Still vía Youtube 

El mundo hiper colorido de Romeo + Juliet es Verona Beach, una mezcla entre Venice Beach, Miami y la Ciudad de México, donde la mayor parte del filme fue montado. Este mundo está parcialmente liado a la estética y tradiciones culturales de estas regiones. El decrépito carnaval se remonta a la historia de Venice Beach: en los 50, como en el filme, la alguna vez próspera atracción turística se convirtió en una incubadora de actividad de pandillas. Martin hizo uso del arte religioso mexicano de una manera fenomenal, a través de suntuosos y románticos sets (consiguiendo un Oscar por Dirección de Arte). Aún así, el mundo aumentado de Luhrmann no solo define el espacio físico que ocupan sus personajes. Ellos también están anclados en este pastiche de iconografía -desde la manera en la que actúan hasta cómo se visten. Luhrmann nombró a El Padrino, la realidad aumentada de los filmes de Fellini, y las severas bellezas sureñas de Tennessee Williams, como las influencias principales de la mentalidad y las decisiones de sus personajes. A pesar de que los chicos Montesco y Capuleto heredaron la disputa de sus padres, estos retoños perdidos comparten una causa rebelde en común: el desafiar a la generación mayor. Así que, ¿cómo crear una relación entre ambas casas y al mismo tiempo mantener sus identidades distintas? ¿Y cómo atar esa rebelión juvenil a este mundo aumentado? Con la moda. 

Cuando Lurhmann describió esta división generacional, también lo hizo con diseñadores: Los jefes Montesco y Capuleto, dijo, "tienen más este look de los 60 y 70 de Yves Saint Laurent y Jackie O., mientras que la generación joven rechaza eso". Esa repulsión toma dos distintas formas: para la pandilla Capuleto -liderada por John Leguizamo como Teobaldo, el Príncipe de los Gatos- significaba looks elegantes, sexy, y de sastrería impecable, cortesía de la ahora difunta línea de Dolce & Gabbana, D&G. Los Capuleto se inclinaban más por atuendos en negro, con siluetas estilizadas, pero ataviados en decoraciones: adaptaron sus fundas de armas como accesorios de alta moda, y usaban sus camisas fajadas para mostrar las poderosas hebillas de sus cintos. Uno de ellos hasta tenía un grill con la palabra "SIN" grabada.

Imagen vía Twitter

Aunque los chicos Montesco eran de la misma clase acomodada que el clan Capuleto, su ropa era mucho más casual y utilitaria: camisas hawaianas desabotonadas, pantalones y shorts holgados, botas de combate o tenis Converse. "Con los Montesco, era más como un sentimiento de Vietnam", explicó Barrett, citando el final de la guerra a mediados de los 70, "cuando los soldados usaban camisas hawaianas y shorts con sombreros indígenas. Ellos inventaron su propia manera de usar la ropa, para adaptarse al clima y los alrededores". Aunque los Montesco no tenían chalecos antibalas capitonados como los Capuleto, a este equipo no le faltaba su propio código de vestimenta (recuerda a Mercucio en la fiesta de los Capuleto, parece salido una pasarela de Ashish). No necesitan bling, sus camisas hawaianas brillan lo suficiente; no necesitan peinar su pelo hacia atrás para mostrar sus fundas artesanales, ellos tiñen su pelo rosa y lo modelan en picos. Las facciones son distintas, pero ambos llevan sus actitudes de rebelión expuestas a través de ropa que se conecta con el mundo aumentado que comparten. 

La rebelión a esta rebelión: los mismos Romeo y Julieta. Aunque ella proviene de la casa de Capuleto, no ves a Claire Danes en un vestido transparente negro con plumas (o, desafortunadamente, en un corset "tomatoes potatoes" de la colección de 1992 de D&G); así como tampoco ves al cara de bebé de Leonardo DiCaprio con puntas rosas en el pelo o Dickies rojos como si fuera ir a un concierto de No Doubt después de su pelea armada. En su lugar, Barrett hizo su ropa, "la más simple de todas, líneas muy limpias, para nada ornamentadas". Y para lograrlo, recurrió a Prada.

En los años desde que la película fue lanzada, Miuccia Prada ha diseñado colecciones de camisas hawaianas noir, desenfrenados choques de color, y adornos estilo punk. Pero a mediados de los noventa -cuando Miuccia estaba en las primeras etapas de cambiar el negocio de su familia de accesorios de piel al imperio de ready-to-wear- fueron sus siluetas "puras y minimalistas", las que atrajeron a Barrett, y al resto del mundo. Habiendo lanzado la línea de menswear apenas en 1993 (pero ya usando a jóvenes actores para sus campañas), Prada creó el traje azul marino de corte perfectamente cuadrado de Romeo, con todo y la camisa blanca y la corbata floral rosa, un homenaje a la herencia de los Montesco. Los looks de Julieta eran similarmente sutiles y centrados -inclusive su disfraz de ángel para el baile de los Capuleto. Luhrmann escogió a Danes por My So Called Life, pero Barrett le quitó las franelas de Angela Chase, dejando a Julieta en una camiseta y jeans, mientras esperaba a la nodriza con noticias de su Romeo. 

En el filme, la rebelión juvenil toma muchas formas de moda, pero cada decisión de estilo surge del mundo de Luhrmann (justo como algunos diseñadores crean un mundo para la ropa de su pasarela). El cóctel del minimalismo de Prada, la mezcla de Vietnam y mall rat, y el ultra sexy D&G, no parece algo viable fuera de la imaginación de Luhrmann, así como tampoco poner una canción de The Cardigans en una obra de Shakespeare parecía algo probable. Aún así, estas decisiones son precisamente las que hacen de esta adaptación una tan única y perdurable, algo que otros directores deberían tomar en cuenta al realizar adaptaciones. No soy fan de Arthur Miller, pero si alguien re-hiciera The Crucible con Vetements, por seguro compraría un boleto. 

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Credits


Texto Emily Manning
Imagen vía Twitter