esta valiente se toma selfies con todos los hombres que la acosan por la calle

El acoso verbal en la calle no es ningún halago, pero los hombres que aparecen en #DearCatcallers no tienen ni idea de que los están poniendo en evidencia, y ahí está el problema, precisamente.

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oct. 6 2017, 1:55pm

Noa Jansma @dearcatcallers

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

Más o menos cuando tenía 27 años, y después de una década sufriendo acoso cada vez que salía a la calle, finalmente reuní el coraje para responder con un "¡Que te jodan!", y solo en una ocasión en la que debí de sentirme especialmente valiente, con un "¡Cómo te atreves a avergonzarme de esa manera!".

Lo cierto es que no es muy buena idea porque el hombre podría ponerse violento, lo cual es una posibilidad aterradoramente real. Pero al menos me quedo mejor que agachando la cabeza y siguiendo con mi jornada, temblando y acobardada, avergonzada y a veces llorando, castigándome a mí misma por haberlo aguantado sin hacer nada para recordar a esos hombres que lo que hacen no es aceptable.

Pero Noa Jansma, una estudiante de 20 años de Ámsterdam, ha encontrado una forma mejor de lidiar con el problema. El 29 de agosto, Noa empezó un proyecto en Instagram que tituló #DearCatcallers (queridos piropeadores). La idea consistía en hacerse fotos con cada hombre o grupo de hombres que la piropearan por la calle durante un mes. Acompañando a las fotos, muchas veces incluía explicaciones de cómo se desarrolló la situación o qué le dijeron los hombres: "después de seguirme durante 10 minutos: 'chica sexy dónde vas?? Puedo ir contigo?'", o "me siguió 2 calles mientras gritaba 'sexy!' y 'quieres subir a mi coche?'", "Ey, guapa, adónde vas solita?", "Oye, nena, adónde vas? Conmigo? Dónde vives? Podríamos pasarlo bien juntos", "Las cosas que te haría, guapa".

"#DearCatcallers no es ningún halago", escribió Noa en su primera publicación. "Esta cuenta de Instagram tiene el objetivo de concienciar sobre la cosificación de la mujer en la vida diaria. Como hay mucha gente que todavía no sabe con qué frecuencia y en qué contexto se da el acoso verbal, durante un mes voy a mostrar a todos los hombres que me lanzan piropos". Las siguientes 24 imágenes muestran a hombres de todas las edades, razas y estilos sonriendo, saludando o levantando el pulgar detrás de ella; algunos la están mirando con lascivia y otros incluso la están tocando. Pero estas imágenes no representan todas las veces que han piropeado a Noa, ya que en ocasiones, por miedo, no se atrevía a hacer la foto.

Solo un hombre le preguntó para qué quería sacarles una foto. "No sospechan nada porque lo que hacen les parece completamente normal", explicó en una entrevista al diario Het Parool, traducida al inglés y publicada posteriormente en The Independent. Como muchos otros hombres en el mundo, se sienten con tanto derecho a requerir la atención, y los cuerpos, de las mujeres que ni si quiera se les pasa por la cabeza que Noa pudiera estar documentando el acoso al que es sometida. No sienten un ápice de vergüenza, y ese es el problema.

Al armarse de valor y asumir el control de la situación y conducir la narrativa por otro camino, Noa reivindica su lugar y se declara dueña de su cuerpo. "Al hacer la foto, tanto el que cosifica como la persona cosificada quedan representados en una única composición", aclara Noa. "Mi posición, como objeto, delante de los acosadores, representa la inversión de la relación de poder que genera este proyecto".

Aunque Noa ya no está al timón del proyecto, este no ha terminado. En su último mensaje, escribe: "Mi mes de publicaciones ha terminado, pero eso no significa que los acosadores no vayan a seguir a lo suyo. Para demostrar que se trata de un fenómeno global y que este proyecto artístico no va solo sobre mí, voy a pasar esta cuenta a varias chicas de otros lugares del mundo. Este proceso lleva tiempo, así que por favor, estad pendientes", y añadió: "Por favor, uníos a la lucha y publicad vuestras fotos con #dearcatcallers o enviadme un mensaje".

Ya existe un proyecto similar en el Reino Unido, donde piropear no se considera un delito. Cheer Up Luv, una iniciativa de la fotógrafa británica Eliza Hatch, recoge imágenes de mujeres y pies de foto en los que se describen sus experiencias de acoso sexual. Desde el 1 de enero de 2018, en Ámsterdam, donde Noa vive, el acoso verbal en la calle es un delito castigado con multas de 190 €. En su entrevista a Het Parool, Noa señaló que ve difícil que se pueda aplicar la ley, aunque considera que es algo simbólico y positivo.

Un comentario en su cuenta de Instagram da una idea de cuánto trabajo nos queda por hacer, culturalmente, para concienciar a todo el mundo de lo inaceptable y delictivo de este comportamiento: "Por favor, haced fotos de los hombres que no os piropean. Habrá que tenerlos en cuenta, ¿no?", se lee.

Hombres: no vais a ganar ningún premio por no acosar a las mujeres por la calle. Es un comportamiento de persona decente. No hay nada que agradecer. El piropo es un juego de poder para afianzar la sensación de propiedad sobre la mujer y su cuerpo, es la opresión del patriarcado en acción. Nunca es un halago. Nunca. No somos de vuestra propiedad ni lo seremos nunca.