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¿por qué la moda se obsesionó tanto con las colaboraciones?

Desde las apropiaciones de lo urbano por parte de la alta moda, hasta los diseñadores que trabajan con artistas y las muy raras entregas del streetwear, investigamos el extraño fenómeno de las colaboraciones en la moda.

por Felix Petty
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01 Febrero 2017, 2:52am

Aquí hay una lista de toda las colaboraciones que recuerdo que ha habido en la moda en los últimos doce meses; Uniqlo y Lemaire, Alexander Wang y adidas, Palace y adidas, Gigi Hadid y Tommy Hilfiger, Guess y A$AP Rocky, Raf Simons y David Sims, Raf Simons y Robert Mapplethorpe, Riccardo Tisci y Nike, Gucci y Gucci Ghost, Balmain y H&M, Rihanna y Puma, HBA y PornHub, Christopher Kane y Crocs. Luego estuvo todo lo de Vetements primavera/verano 2017, con cada pieza hecha en colaboración con otra marca. También la mayor parte de la última temporada de Gosha cuando reinventó a los gigantes del sportwear italiano en su mundo postsoviético. Y no olvidemos a Supreme que casi de manera exclusiva desarrolla piezas creadas junto con otra marca, artista o diseñador.

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Hood by Air x PornHub

Durante 2016, en el mundo de la moda seguramente hubo muchas iCals sincronizadas y desayunos de negocios, y eso sin siquiera imaginar cómo fue la temporada de desfiles menswear que acaba de terminar, la cual parecía tener una colaboración importante al día. Gosha (de nuevo), quien trabajó con Stephen Jones y adidas en su desfile en Kaliningrado. Junya Watanabe continuó con su experimento de reinventar marcas con North Face y Carhartt. Cottweiler y Reebok en Pitti. Bobby Abley y los Power Rangers. Christopher Raeburn y MCM. Balenciaga y Bernie Sanders (es broma). Y, por supuesto, también los grandes, Louis Vuitton y Supreme; el logotipo rectangular se combina con el monograma de gran herencia en una explosión de Instagram. Hay algo allá afuera, es espeluznante, tal vez podríamos llamarlo The X Files del fenómeno de la colaboración, (porque al final todo es 'marca x marca').

Sin embargo, esta avalancha de colaboraciones no es un todo homogéneo. Podríamos dividirla grosso modo en unas cuantas categorías. Tenemos aquellas que difuminan las líneas que separan el high fashion del high street. Es obvio lo que ambas sacan de eso; dinero, renombre, trascendencia. Desde la colaboración entre Karl Lagerfeld y H&M hace quince años, todos, desde Topshop hasta Target y desde Comme des Garçons hasta Margiela, se han unido al culto del director creativo al precio de la gente común. Esa ubicuidad (nombra a una sola marca que no haya hecho una línea high street line) casi a terminado con la necesidad de que haya una línea de difusión, pero también con la sorpresa y la emoción, salvo muy pocas y notables excepciones.

Comme des Garçons x Cindy Sherman

Más allá de eso, hay colaboraciones entre celebridades y marcas, que existen a razón de una explotación mutua benéfica para ambas partes. La colaboración entre la moda y los deportes también cobra sentido como una especie de utilitarismo elitista; ediciones muy raras y super limitadas, pero ligeramente asequibles. O hay colaboraciones, por ejemplo, entre artistas y diseñadores que comparten una sensibilidad estética, con las que mediante el trabajo en conjunto logran alcanzar algo que no podrían lograr por cuenta propia.

Esto no quiere decir que no existan asociaciones genuinamente creativas, pero el gran número que hay en este momento ciertamente está nublando nuestro juicio. Entonces, ¿por qué vivimos con la fiebre de la colaboración? ¿Acaso repentinamente todos somos buenos compañeros o sólo es por el dinero contante y sonante? ¿Hemos alcanzado la cima de la colaboración? ¿Qué tan cerca estamos de cansarnos de las colaboraciones?

Si nos remontamos hacia un pasado más lejano, podemos encontrar en las colaboraciones de la moda raíces más altruistas y artísticas de lo que la avalancha de la que somos testigos en este momento podría sugerir.

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Yves Saint Laurent x Piet Mondrian

¿Se podrá decir tal vez que la primera colaboración fue Schiaperelli x Dali? La diseñadora italiana utilizó la iconografía del 'jefe surrealista' en sus creaciones durante los años treinta, más famosamente en el vestido de la langosta y el sombrero de zapato. Este elemento artístico fue la raíz de gran parte de las colaboraciones que se produjeron en los años trascurridos entre Schiaparelli y la saturación actual. Yves Saint Laurent y Mondrian, ese vestido obviamente, o más recientemente, el trabajo en conjunto de Comme y Cindy Sherman de los años noventa se destaca como un momento de memorable belleza.

Si el arte y la moda formaron la raíz histórica de las colaboraciones, o al menos su dorado contorno, es bastante fácil entender por qué. A nivel comercial, la Alta Costura y las bellas artes apelan a un 1% de la población mundial; un hermoso y rico jet set mundial. El arte le brinda una cierta credibilidad a la moda, mientras que la moda lo retribuye brindándole un atractivo masivo y sacándolo de su vitrina para llevarlo a la vida real, lo que como puedes imaginar, guarda una cierta atracción para un cierto tipo de artistas.

Mientras que el arte y la moda se hicieron aliados con beneficios mutuos, las marcas apenas comenzaban a solicitar trabajar con cada uno de ellos. En cambio, a lo largo de los años setenta y ochenta, Moschino, o Iceberg bajo la tutela de JC de Castelbajac; por ejemplo, estaban jugando al gato y al ratón con las imitaciones; sustituyendo y apropiándose de alegres imágenes de espíritu anárquico sacadas de la cultura pop, la cultura del arte, la cultura de masas y la high culture.

Moschino x Roy Lichenstein vía Museum FIT

Franco Moschino, específicamente, tomó elementos de la historia de la moda lo mismo que de la cultura pop, mezclando en sus prendas elementos como Chanel, Roy Lichtenstein y estampados construidos a partir de artículos cotidianos elaborados con una sana indiferencia hacia las altivas actitudes de la élite de la moda. Su actitud anárquica arraigó la idea de que la colaboración en la moda servía como medio para traspasar las barreras inmateriales.

El menswear, en particular, ha sido idóneo para colaboraciones de este tipo, es decir, aquellas que traspasan las barreras inmateriales. Tal vez sea debido a que el menswear tradicionalmente depende mucho de los estrictos uniformes del tribalismo -ya se trate de los chicos citadinos o los rockeros punk- y sus arraigados códigos -sean estos el corte determinado de un traje o los parches de una chamarra de cuero- que la colaboración se convirtió en una forma de explotar la forma tradicional del vestir.

Al igual que gran parte de la escena de la moda actual, Raf lo hizo mejor, ¡si no es que primero! A finales de los noventa y principios de los dos mil, refinó y creo, casi sin ayuda de nadie, un aspecto artístico y de autenticidad en el menswear más allá de la idea que se tenía en Savile Row sobre Alta Costura o lujo y herencia en el vestir. También dio origen a la idea de que la ropa masculina debe ser tomada en serio. Su trabajo durante el período involucró lo que ahora concebimos como 'colaboración' -sus trabajos con Peter De Potter, por ejemplo, o sus colecciones referenciando a Manic Street Preachers o Kraftwerk. Más tarde, continuaría haciendo más integraciones de influencias indiscriminadas a su trabajo, siendo Brian Calvin un artista en el que basó algunas de sus colecciones.

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Raf Simons x Sterling Ruby

Sin embargo, su colaboración más famosa es la de la temporada otoño/invierno 2014 con Sterling Ruby, que parece una de las uniones colaborativas más completas que hemos tenido la suerte de presenciar. Sin duda, contribuyó que el mismo Sterling sea un prolífico fabricante de ropa, que convierte los remanentes descartados de su trabajo en ropa de estudio. La colaboración fue más que una simple transacción monetaria, fue una creación conjunta entre artista y diseñador. Raf repitió la formula la temporada pasada con su colección Robert Mapplethorpe; sin embargo tuvo una variante, ya que usó el espacio en sus prendas como paredes en las cuales colgar las imágenes del fotógrafo.

Si Raf impuso un alto estándar, la estafeta ya pasó de una mano a otra y ha sido llevada en cientos de direcciones diferentes. Podemos ser cínicos u optimistas acerca de las intenciones de los lugares en los que ha terminado la humilde y creativa colaboración de la moda. ¿Te encuentras en un callejón sin salida creativo? ¡Prueba hacer una colaboración! ¿Te estás quedando sin dinero? ¡Prueba hacer una colaboración! ¿Necesitas una reinvención o una modernización? ¿Por qué no intentas hacer una colaboración?

Esto puede parecer un poco cruel, por supuesto, pero a veces sencillamente parece que allá afuera hay una gran cantidad de colaboraciones cuya existencia es más un ejercicio de branding y marketing que un genuino diálogo creativo. Aunque algunas sobresalen bastante.

La colaboración entre Uniqlo y Lemaire, entre la plétora de uniones actuales entre high fashion y high street, se siente como diseñada por ambos. El enfoque del diseñador francés se encuentra completamente integrado al gigante japonés de la moda rápida, algo que sobresale aún más debido a que Lemaire recientemente asumió un papel más importante dentro de la compañía, pasando de una simple etiqueta Lemaire x Uniqlo a una colaboración más unificada y duradera. Por otro lado, tenemos los largos años de colaboración de Palace y Adidas. Claramente ambos se benefician mutuamente, pues Adidas tiene un alcance, una experiencia y un presupuesto que Palace puede utilizar. Más allá de eso, quién podría culpar realmente a las marcas más pequeñas por trabajar con marcas más grandes, si eso significa su permanencia en el mercado.

Palace x Adidas

Como puedes imaginar, la motivación detrás de las recientes colaboraciones de Gosha en ropa deportiva son muy diferentes. Siendo un diseñador tan obsesionado con los símbolos como lo es Gosha, resulta natural que emprendiera la tarea de subvertir y recontextualizar la iconografía de la moda a través de su perspectiva postsoviética. Lo mismo pasa con la continua destrucción y reinvención de piezas clásicas de marcas icónicas como Levi's o The North Face por parte de Junya Watanabe. 

Sin mencionar nombres, algunas colaboraciones se sienten menos holísticas. En un sistema de la moda acelerado y distorsionado, es necesario mantener una cierta relevancia durante todo el año, lo que es difícil de lograr si te adhieres a las dos temporadas tradicionales de desfiles y lanzamiento de producto. ¿Cómo te aseguras la cobertura, la aparición en prensa y el interés entre una temporada y otra? Una marca más grande cuenta con la opción de las colecciones crucero y las importantes campañas publicitarias, algo que las marcas más independientes o de streetwear no encontrarán financieramente posible. Es por esto que una colaboración lanzada a media temporada a través de las redes sociales, causando conmoción por sí misma, tiene perfecto sentido.

Tiene sentido para un consumidor cada vez más obsesionado con la singularidad (o al menos, con la rareza) como una proyección de sí mismo a través de Instagram, así lograr ser poseedor de lo más exclusivo derivado de una colaboración es una manera de hacerse destacar. Pero todo el mundo está usando las prendas más exclusivas y difíciles de encontrar, y esto nos ha llevado a una especie de fatiga de la colaboración y a una homogeneidad creativa. Si todos están ocupados siendo únicos, entonces la singularidad se está volviendo habitual. Es el tipo de dicotomía que dio origen al repentino surgimiento del normcore hace unos años.

En la era digital, la velocidad de todo, incluyendo la de los ciclos de acción y reacción, aumenta. Los ciclos de las tendencias están pasando a un ritmo mayor. Y esto es resultado de quince extraños años de colaboraciones entre los diseñadores y el alto streetwear, tan democrático y utilitario como puede llegar a serlo la alta moda. La conmoción de la asequibilidad ya también ha desaparecido.

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Supreme x Louis Vuitton

Por lo tanto, Supreme x Louis Vuitton se siente como la colaboración que pone fin a todas las colaboraciones. O la que por lo menos, intenta concentrarlas a todas. Puesto que involucra todo lo que ha definido a las colaboraciones en los últimos dieciocho meses más o menos, sólo que sobrepasándolas al máximo. Dos marcas, justo en la cima de mundos muy diferentes, cimentadas en su propia y poderosa iconografía, se unieron, logrando crear de alguna manera algo más poderosamente icónico de lo que ambas son por sí mismas.

Digo que es la colaboración que pone fin a todas las colaboraciones porque simplemente no parece haber ninguna otra dirección qué tomar, creativamente, o en términos de impacto, ya no parece haber nada tan sorprendentemente emocionante que proyectar o proponer. Y si las colaboraciones son en parte una manera de tender puentes entre mundos diferentes, entonces LV x Supreme, es una manera limitada de decir que esos mundos diferentes ya no están tan separados.

Credits


Texto Felix Petty