explorando las políticas del peinado en los salones del oeste de áfrica

En su serie 'Hair', la fotógrafa Émilie Régnier capta a las mujeres de los salones de belleza de Côte d'Ivoire.

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27 Abril 2017, 9:05pm

Este mes el Internet colectivamente rindió pleitesía a la imagen del cabello natural de Michelle Obama. El corte bob lacio que nos acostumbramos a verle durante casi una década había desaparecido. En su lugar había una cola de caballo suave y texturizada atada de manera casual a la altura del cuello.

Por primera vez, la Michelle Obama que estaba ante nuestros ojos era una mujer negra libre del peso de la política de respetabilidad de Washington, D.C. Al menos, eso es lo que mucha gente en Internet proyectó. La imagen fue una muy necesaria bocanada de aire fresco después de defender a la congresista Maxine Waters contra el estúpido comentario del presentador Bill O'Reilly sobre "su cabello estilo James Brown". Esta fue nuestra victoria, y la ex FLOTUS o primera dama nuestra heroína. Para muchas mujeres negras en occidente, el pelo es, sin lugar a dudas, una cuestión política.

Sin embargo, según la fotógrafa canadiense-haitiana Émilie Régnier, nuestras elecciones de belleza no siempre están tan explícitamente guiadas por la política personal. Según las mujeres a quienes fotografió para su próxima exposición From Mobutu to Beyoncé en el Bronx Documentary Center, las mujeres sólo quieren divertirse. En su serie Hair Régnier, de treinta y tres años, captó a las mujeres en los salones de belleza de Abidjan, Côte d'Ivoire. El resultado es una exhibición audaz de las mujeres haciendo, bueno, lo que se les da la gana con su pelo. Y para Régnier, ver a estas mujeres luciéndose para la cámara fue más que sólo trabajo, fue una lección.

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¿Cuáles fueron las principales diferencias entre la manera en que las mujeres de Abidjan perciben su cabello y la manera en que lo hacen las mujeres negras de Estados Unidos?
En Abidjan, la forma en que las mujeres se peinan es un reflejo de la sociedad. Aunque nunca he trabajado ese tema con respecto a los Estados Unidos o Europa, en mi opinión, se da el mismo fenómeno en esos lugares. Todos somos parte de un grupo social/económico/cultural en el que queremos encajar y nuestras elecciones estéticas están guiadas por ese deseo.

¿Qué aprendiste al fotografiar a estas mujeres?
Que todos vemos a la belleza a través de un prisma cultural. Incluso si la mayor influencia con relación a la belleza proviene de la sociedad occidental, la gente de cualquier modo decodifica esa información a través de su propio prisma. La parte más importante [de nuestros procesos estéticos individuales] es cómo hacemos re-apropiación y reinvención del estilo. Las mujeres que fotografié en Abidjan tenían una perspectiva única de lo que veían en televisión, y eran incomparablemente creativas. Expresaron una cierta modernidad. Beyoncé y Rihanna fueron las figuras de referencia para casi todas las mujeres de mi serie, y de alguna manera reflejan la mezcla de nuestra sociedad. Nos permiten ver diferentes aspectos de la belleza.

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¿Cómo elegiste a tus modelos? ¿Hubo un rasgo particular que te atrajera?
Fotografié a más de cien mujeres en un período de dos meses en 2014. A menudo me atraían las mujeres rubias. Quería entender por qué tantas mujeres africanas quieren ser rubias, y supongo que también estaba tratando de entender mi propia relación con mi pelo. Me pinté el cabello de rubio cuando era adolescente. Aprendí de esta experiencia que, a pesar de cualquier postura intelectual sobre el neocolonialismo y la alienación que pudiéramos tener, para las mujeres que fotografié, no había duda de que eran hermosas y para mí eso es lo que importa.

¿Cómo fue tu relación con las tiendas de productos de belleza y los salones de belleza mientras crecías? ¿Tienes algún recuerdo particularmente fuerte?
Ay, Dios mío... no tienes ni idea. La primera parte de mi infancia la pasé en Gabón, así que estaba rodeada por niños con pelo similar al mío. Después, mi mamá y yo nos mudamos a Canadá, a la pequeña ciudad de donde ella era originaria. Creo que había dos niños negros en la escuela. Yo tenía un afro, y los niños me llamaban Einstein y querían tocar mi pelo todo el tiempo. Fue entonces cuando me expuse a la cultura norteamericana y comencé a sentir que había algo diferente con respecto a mi cabello. Después de eso, pasé años tratando de arreglar mi cabello rebelde, para tratar de encajar en un tipo de estética occidental y así formar parte de un grupo. Me pinté el pelo de rubio, lo alacié. Mi sueño en ese entonces era que mi pelo volara al viento. En la década de los noventa y a principios de los dos mil, había muy pocos modelos a seguir para una joven adolescente negra en Canadá.

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Recientemente tuve una conversación con unas amigas cercanas sobre las cicatrices que siendo niñas nos hicimos con las planchas y los relajantes para el pelo. ¿Tienes cicatrices de cualquier experiencia con tu pelo en la niñez?
Tenía quemaduras después de usar los relajantes. Eran muy dolorosos y tu cabello olía durante semanas después del proceso.

A menudo hablamos de la influencia de Occidente en varias partes de África, pero ¿en qué manera has observado que África ha influido a Occidente?
En la moda y en las artes, la influencia de África ha estado presente en Occidente por un tiempo ya. Picasso ya se había inspirado en África a principios del siglo XX. Pero ahora somos más ágiles para reconocer de dónde provienen las influencias y muchos diseñadores de moda de África están recibiendo el reconocimiento que merecen en Nueva York, Londres y París.

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En tu declaración artística dices: "Una vez que un lugar se vuelve familiar, ya no ves las cosas como solías hacerlo". Como artista, ¿cómo haces para seguir viendo el mundo con ojos nuevos?
Paso mucho tiempo mirando al techo mientras me pregunto eso. Cuando trabajo, trato de alejarme de mi propia percepción de la belleza y la vida para poder quedar inmersa en las percepciones de otras personas. Trato de prestar especial atención al detalle. Es la parte desafiante del trabajo. Por otro lado, también creo que sólo cuando uno se acostumbra a algo puede profundizar más a fondo en ello .

Háblame de tu relación con tu propio cabello y apariencia. ¿Tu percepción de ti misma ha cambiado con la edad y los viajes?
Por supuesto. Finalmente llegué a un punto en el que ya no quería ser rubia. Logré aceptar mi cabello, pero me tomó tiempo. Leí a Juliette Sméralda, una socióloga franco-caribeña, y en su libro sobre el cabello, señala que de pequeñas, las mujeres de las Antillas sólo tenían Barbies blancas de sedoso cabello rubio para jugar. Esto contribuye a la alienación de ser una mujer negra con cabello natural. Todo comienza cuando eres una niña y estás expuesta a la dominación de las culturas blancas. Sin embargo, en los últimos años ha habido muchas muñecas y Barbies más con pelo afro. Espero que eso ayude a las generaciones más jóvenes a amar lo que la naturaleza les dio y tal vez a evitar el dolor de quemaduras y cicatrices debido a los relajantes de pelo.

From Mobutu to Beyoncé de Émilie Régnier se exhibe en Bronx Documentary Center del 15 de abril al 4 de junio.

Credits


Texto Marquita Harris