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las 9 mejores películas sobre drogas del cine español

Desde su halo transgresor a su faceta evasiva y lúdica, las drogas siempre han tenido un poder de atracción para el séptimo arte. Este hecho también se refleja en las producciones españolas de los últimos 20 años, y en i-D hemos recopilado nuestras...

por Marc Muñoz
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16 Noviembre 2016, 12:40am

Fotograma Joves (2004)

El cine, al igual que otras artes, ha hecho de las drogas y sus adicciones un pozo profundo de donde extraer material dramático, y la cinematografía española no ha sido una excepción. Tras una etapa fértil a finales de los 70 y principios de los 80 alrededor de los estragos de la heroína —reunida bajo la etiqueta de 'cine quinqui' y con Eloy de la Iglesia como su mayor representante—, la realidad se ajustó tras la dañina resaca de la heroína y su rastro de desolación en descampados y barriadas marginales con la irrupción de las drogas de diseño y la consolidación de la cocaína en sectores no marginales.

De hecho, las primeras películas en retratar esa nueva cepa de adicción se estrenaron en 1995. Por un lado, las "historias del Kronen" como reflejo de la vacuidad existencial en unos jóvenes madrileños de clase media-alta dilapidando su futuro en un hedonismo en bucle. Dos años después, Adolfo Aristarain estrenaba Martín (Hache), otra película que reflejaba el vacío interior y la soledad de unos personajes que utilizan las drogas como bálsamo de su día a día.

Aunque no todo han sido acercamientos dramáticos, también ha habido películas que han tratado su ángulo más evasivo, su función lúdica en clave cómica o incluso poniéndolas en el eje rotor para el cine de acción y el thriller. Sin embargo, con la llegada del nuevo milenio —y con la confección de la lista se aprecia— la producción española parece haber perdido interés en el tema. Repasamos los distintos acercamientos al mundo de las drogas por parte de nuestro cine a lo largo de los últimos años.

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Días contados, de Imanol Uribe (1994)
Mucho antes de asentarse en Hollywood y poner su flequillo al servicio de los hermanos Coen, Javier Bardem había dejado otra muestra de su talento delante de las cámaras interpretando a un junkie callejero. Aunque esta adaptación de la novela de Juan Madrid en realidad ponía el foco central en el terrorismo de ETA, con un pistolero (Carmelo Gómez) que días antes de cometer un atentado en Madrid conoce a Charo, una drogadicta de dieciocho años interpretada por Ruth Gabriel.

Historias del Kronen, de Montxo Armendáriz (1995)
La película que probablemente más cerca estuvo de diagnosticar la rabia de la juventud española durante los años 90 fue este trabajo de Montxo Armendariz basada en la novela de José Ángel Mañas, publicada cuando éste apenas tenía 23 años. Una prueba demente en la que los protagonistas se desafían a colgar durante el mayor tiempo posible en un puente sobre la M-30, se pelean e interactúan bajo los efectos de cócteles en cubalitros, cocaína, pastillas, sexo de una noche y nihilismo exacerbado que brota por las venas del personaje interpretado por Juan Diego Botto. Un relato desgarrador sobre la Generación X a través del espiral de autodestrucción de estos jóvenes de clase bien en la noche madrileña más salvaje y alocada.

Antártida, de Manuel Huerga (1995)
El director catalán Manuel Huerga, antes de llegar a mayores audiencias con Salvador, dirigió este pequeño drama de culto alrededor de dos drogadictos -ella adicta a la heroína y frustrada cantante de rock y él un chico más joven adicto a las emociones fuertes- empujados a la huida tras robar nueve kilos de heroína. Además de la presencia de una joven Adriana Gil, destaca el guión firmado por el desaparecido novelista Francisco Casavella, la fotografía de Javier Aguirresarobe y la música de John Cale, quien además tiene un pequeño papel en la cinta. Por algo nos hemos referido a esta como un filme de culto.

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Martín (Hache), de Adolfo Aristarain (1997)
Juan Diego Botto repetía aquí un rol con pulsiones existenciales similares a las desempeñadas en Historias del Kronen. Un joven de Buenos Aires que ni estudia ni trabaja, vagabundea y toca la guitarra, es enviado a Madrid tras un grave accidente que casi le cuesta la vida, todo con la intención de establecerse con un padre al que no ve desde hace años. El padre, interpretado por Federico Luppi, es un director de cine con serios desajustes emocionales. En su casa suelen rondar otros dos personajes importantes, la amante del padre (Cecilia Roth) y Dante (Eusebio Poncela), su íntimo amigo gay y todo un experto y defensor del consumo de drogas, hasta el punto de asesorar en la materia al joven bonaerense. Un retrato de autodestrucción, amor y pérdida que reivindicó a su director por estos lares.

Airbag, de Juanma Bajo Ulloa (1997)
También la comedia gamberra española por excelencia de los años noventa untó el dedo en las drogas para desajustar aún más los airbags que amortizaran la incorrección, el desenfreno y el humor salvaje. La cocaína no solo abunda en la película, sino que capitaliza partes de la trama y parece impregnar el ritmo endiablado en el que se desenvuelve la película cuya premisa arranca con la pérdida de un anillo de compromiso en un burdel de carretera.

Barrio, de Fernando León de Aranoa (1998)
Nuestro máximo exponente del cine social se forjó su estatus con este crudo drama. Una pieza que reseguía los sueños rotos de tres adolescentes durante un verano encerrados en las barriadas más castigadas de la periferia madrileña. Tres jóvenes abocados a la marginalidad y a la imposibilidad de salir del "barrio". Paro, desesperación, delincuencia... Un caldo de cultivo ligado a una drogadicción que noquea cuando se descubre a un hermano de uno de los chicos, en paradero desconocido según la familia, inyectándose heroína debajo de un puente. Una punzada de realismo social que conectó con la larga tradición cinematográfica de la España asolada por la heroína.

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Báilame el agua, de Josetxo San Mateo (2000)
En los albores del milenio, irrumpió en nuestras salas este drama social alrededor de una pareja interpretada por Unax Ugalde y Pilar López de Ayala con un pie y medio en el precipicio de la calle y lo que suele conllevar: drogas, prostitución, mafia y marginación. Una especie de versión española de The Panic in Needle Park o, la más reciente, Heaven Knows What.

Joves, Ramón Térmens y Carles Torras (2004)
Este drama coral alrededor de las drogas, la bolsa y los negocios dedicaba uno de sus fragmentos a retratar la noche de frenesí etílico y tóxico de la hija del jefe de una agencia bursátil y su grupo de amigas. Tres historias cruzadas de deseos, frustraciones y pasiones de juventud como denominador común.

Heroína, de Gerardo Herrero (2005)
Gerardo Herrero retrocedió al período devastador de la heroína en la península (los 80) para levantar este relato sobre una madre coraje. Pilar es capaz de cualquier cosa para alejar a su hijo toxicómano de las agujas mientras se emplea a fondo en una campaña de denuncia de narcotráfico gallego.

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Credits


Texto Marc Muñoz
Still de Joves (2004)