por qué necesitamos ser radicales con el feminismo

Meghan Murphy de la corriente feminista expresa porque necesitamos ser absolutos al articular el feminismo, de manera lingüística, cultural e ideológica.

por Meghan Murphy
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09 Marzo 2016, 5:56pm

Pareciera que, por fin, el feminismo se ha vuelto exitoso. Publicaciones convencionales no se sacian de la palabra —hasta Playboy se sumó a la moda, adoptando a varios escritores para cubrir vagamente temas medio feministas en su plataforma en-línea, que fue renovada recientemente. A las mujeres celebridades (y hasta a los hombres) raramente se les permite escapar "la pregunta feminista", a pesar de si han o no mostrado interés en la liberación de las mujeres.

Mientras que todo esto suene como un paso gigantesco adelante para un movimiento que siempre ha sido relegado a plataformas alternas o salones de clase sobre estudios de la mujer, la realidad es un poco más compleja. Desafortunadamente, el convertir a la palabra "feminismo" en una moda ha causado que la pregunta "¿Eres feminista?" sea problemática —no por ser una mala pregunta, sino porque las respuestas muchas veces lo son.

En un esfuerzo para popularizar el movimiento y, algunos dirán, de atraer a simpatizantes, la palabra, por sí sola, se ha vuelto un termino sin sentido —pero accesible— uno que significa vagamente "igualdad" (¿para quién y con qué?), "empoderamiento" (¿bajo qué base?) y/o "elección" (¿en qué contexto?).

Mientras que, en el pasado, nuestra lucha contra la supremacía masculina y la liberación de las mujeres quería decir algo radical —y por lo tanto aterrador— para aquellos que preferían el estatus quo, las décadas recientes han traído un acercamiento distintivamente blando. El feminismo no se ha escapado de una cultura neoliberal y consumista que ofrece libros de auto ayuda y mantras positivos como solución a los problemas sociales, y presenta a la elección individual como la epítome de libertad. Lo que fue una lucha de clases —una lucha por los derechos colectivos de la mujer y hacia el fin del sistema opresor del patriarcado— y por supuesto política, se volvió hashtag, una selfie, un punto de venta, una palabra de moda. Cualquiera podría decir, "¡Sí! ¡Soy feminista!" y ser aplaudida, sin verdaderamente entender qué debería significar eso.

No es coincidencia que un término directamente asociado con las mujeres se ha despolitizado, confinado y asociado con empoderamiento personal. Las mujeres siempre han sido el objetivo de la industria de la auto-ayuda y "empoderamiento" es un término lo suficientemente vago que podría ser (y ha sido) acogido por las industrias a las que no les importa luchar contra la opresión sistemática, en parte porque se benefician de esa opresión.

Integrantes de la segunda ola lucharon contra compañías como Playboy y la industria del sexo, y de manera más amplia, haciendo conexiones obvias entre la objetización y comercialización de los cuerpos de las mujeres y la epidemia global de violencia en contra de las mujeres. Pero la tercera ola y la era del individualismo exaltado popularizó la idea de que una mujer "escoge" ser "objetizada" y asegura sentirse bien acerca de tal decisión, ese fue el fin de la conversación. Más que ofrecer un análisis en contexto que hace preguntas más profundas de por qué una mujer podría escoger vender el acceso a su cuerpo, mientras que un hombre podría, en cambio, escoger pagar por tener acceso a ese cuerpo, y qué significaba eso en un nivel social y político, la tercera ola feminista decía, "es su decisión y las decisiones equivalen a empoderamiento". Esta encarnación moderna de "feminismo" dice que mientras haya consentimiento técnico (sin tomar en cuenta el contexto que engloba a este consentimiento y cómo la marginalización o formas más sistémicas de extorsión podrían entrar dentro de la "decisión acordada") todo lo que podría ser etiquetado como una elección estaba fuera de los límites de la crítica.

El resultado final de éste acercamiento liberal que dice que todo va mientras que haya consentimiento es particularmente visible en-línea. Las feministas que ven la existencia de la industria del sexo como totalmente enmarañada con el colonialismo, imperialismo, capitalismo y patriarcado son calladas con insultos, llamadas "puritanas moralinas" y "odia putas" por atreverse a cuestionar el derecho de los hombres de utilizar y abusar a una mujer a voluntad, siempre y cuando puedan pagar. Mujeres que argumentan que nosotros, como sociedad, podemos ofrecer más a las mujeres marginadas que el racismo fetichista que es ubícuo en la prostitución y la pornografía son etiquetadas como "feministas blancas", a pesar del hecho de que las mujeres de color han participado en la lucha por su propia liberación desde el mismo tiempo que cualquiera. Mujeres jóvenes en las redes sociales tienen demasiado miedo de tan siquiera cuestionar si postear selfies sexis puede llegar a ser o no un acto político, por temor a que les digan "siéntante y cállate" y que las corran del club de las "feministas cool".

Hay maneras interminables en que las mujeres son intimidadas a aceptar el estatus quo, tanto de manera privada como pública, pero ésta es la primera vez que se ha hecho en nombre del "feminismo".

Mientras que las mujeres han sido presionadas por mucho tiempo a aceptar la pornografía como sexo y a participar en actos sexuales degradantes y hasta violentos por los hombres a su alrededor —ya sea que estos hombres sean esposos, amigos, novios, extraños, figuras de autoridad, o proxenetas— ver a otras mujeres, algunas que se auto-denominan "feministas", participando en formas similares de intimidación, es desconcertante. No es "mojigato" ni "fóbico" rechazar una version pornificada del sexo que nos dice que la subordinación y el dolor son (o deberían ser) algo que nos prenda. Ni es "represivo" argumentar que las elecciones de las mujeres no suceden en un vacío y que la elección de auto-objetizarse, ya sea en Instagram o en el escenario de un show de burlesque, se trata de mucho más que sentirse bien con una misma.

Es ésta incorporación y popularización del feminismo —algo que muchas mujeres hubieran deseado se convirtiera en realidad algún día— que lo ha erosionado. Si el feminismo puede ser cualquier cosa y quien sea puede ser feminista, ¿sigue teniendo significado? Sin una definición real y radical, y sin objetivos colectivos y acordados, no es sorprendente que hombres como Hugh Hefner han dicho ser "feministas antes de que existiera tal cosa como el feminismo". No es sorprendente que posar desnudo en una revista de belleza corporativa o incorporar pole dancing a los actos de los Grammies se les presenta ahora a las mujeres jóvenes como empoderante y radical. No sorprende que la habilidad de ser tanto "politico" y un "símbolo sexual" se considera un logro feminista. A pesar de lo que nos han dicho, no lo podemos tener todo. Si queremos cambio, tenemos que pelear por él. Pero eso quiere decir más que hacer lo que "nos hace sentir bien".

Hay varias maneras en la que la división entre "feminismos" se ha articulado: liberal vs radical, tercera ola vs segunda ola, sexo-positivas vs sexo-negativas, pero ninguna de ellas han sido para mí enteramente acertadas. (en particular, desafiar el sexo androcéntrico y coercitivo no hace que uno sea "sexo-negativo", así que…) Un feminista es alguien que apoya y/o es activo en la lucha para terminar con el patriarcado. El movimiento feminista es un movimiento político que lucha para la liberación colectiva de las mujeres y para el fin de la violencia masculina hacia las mujeres. Es decir, si no apoyas esas metas, lo que haces no es feminismo, no importa cuantas veces digas que lo es.

No podemos tener objetización y liberación al mismo tiempo, porque ser un objeto sexualizado no permite que uno sea un ser humano completo. No podemos celebrar la violencia sexual y estar libre de violencia sexual porque sexualizar la violencia, pues … sexualiza la violencia. No podemos normalizar el privilegio masculino al decir "los hombres necesitan acceso al sexo y por lo tanto nosotros, como sociedad, debemos mantener un tipo de mujeres que que es accesible para satisfacer los deseos del hombre" y también esperar construir una sociedad en la que los hombres no se sientan con derecho de tener acceso sexual a las mujeres. No podemos decir "las mujeres son más que cosas lindas para mirar" y a la vez decirle a las jóvenes que ser deseables las empoderará. No podemos enmarcar la "elección" como algo politico mientras simultáneamente despolitizar y descontextualizar las elecciones que las mujeres hacen, en un patriarcado capitalista. No podemos confrontar la cultura de la violación mientras normalizamos las mismas ideas que le dan fundamentos: el privilegio masculino, violencia sexualizada, y roles de género arraigados en la dominación y la subordinación (por ejemplo masculinidad y femineidad).

Mientras que los argumentos que aquí articulo sí constituyen el "feminismo radical", en cuanto a que es un tipo de feminismo que "llega a la raíz", estoy definiendo algo incluso más directo: Feminismo -¡algo real y definible que tiene significado!

Temo que nuestra socialización como mujeres en un mundo que nos divide en categorías de género que se adhieren a lo que llamamos "femenino" y "masculino" nos ha llevado a un lugar donde preferimos notoriedad a un cambio efectivo. Queremos que nos vean como chicas cool en vez de mujeres enojadas y demandantes ("perras", si así lo deseas). Queremos ser populares y lindas mientras vagamente utilizamos palabras politizadas. Queremos, como dijo Gloria Steinem en sus comentarios malinterpretados a cerca del show de Bill Maher, estar con los chicos. Y simplemente no hay manera en la que podamos, como feministas, preocuparnos por gustar a todos y ser populares con los hombres mientras también nos enfocamos en destruir la supremacia masculina.

Por supuesto que quiero que todas las mujeres se sientan bien de ser quien son, que disfruten el sexo, y que celebren sus cuerpos, pero los objetivos del movimiento feminista son mucho más que eso. Y los intereses son mayores. En una cultura que esta viendo más y más niñas ser parte de la trata, tanto de manera global como doméstica, mucho más pornografía violenta y degradante accesible a todos en todas partes, una corporatización de la cultura que nos convierte en consumidores en vez de seres empáticos e interesarnos en la sociedad en la que vivimos, y una brecha creciente entre los ricos y los pobres, todo lo que desaparece a las mujeres marginales en la posición más vulnerable y las ve sufrir las peores consecuencias, no podemos permitir tan iresponable y lustrosa versión del "feminismo".

Cuando vidas reales están en juego, qué tanto te gusta una estrella pop en particular o qué tanto te gusten los chalecos de lentejuelas, o si tú o tu novio o tus amigos se excitan con la pornografía sadomasoquista, se vuelve insignificante.

Únete a nosotros, o no —es tu decision en realidad. Pero redefinir un movimiento político que tiene como objetivo proteger la vida y humanidad de las mujeres para poder hacer que el mundo sea mas cómodo, no lo es. 

Meghan Murphy es una escritora de Vancouver. Su sitio es Feminist Current. Ella se encuentra actualmente trabajando en un libro que busca hacer un llamado al retorno del feminismo radical, enfocado en la segunda ola y con bases en la hermandad.

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Texto Meghan Murphy
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