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la tristeza y camaradería de adolescentes refugiados en alemania

Stefanie Zofia Schulz pasó dos años documentando la vida diaria de familias que están atoradas en el sistema de asilo.

por Sarah Moroz
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08 Abril 2016, 8:20pm

Para el proyecto fotográfico Duldung (Toleration) —actualmente a la vista en París como parte del festival de fotografía Circulations— la fotógrafa basada en Berlín, Stefanie Zofia Schulz, visitó el centro más grande de alojamiento de refugiados y gente en busca de asilo de Alemania durante períodos de una semana por todo un año.

El "Lager", como lo llaman sus residentes, está situado en la orilla de Lebach-Jabach, un pequeño pueblo en Saarland en el suroeste de Alemania: "El término 'Lager' por un lado puede querer decir 'campamento de vacaciones', pero por el otro lado nos puede recordar al término alemán 'Konzentrationslager', el cual quiere decir 'campo de concentración'", explica Schulz. De manera oficial, los refugiados deben permanecer ahí por hasta un año antes de ser reasignados a un lugar de largo plazo. Pero Schulz conoció a gente que había estado viviendo en este centro "preliminar" por más de 15 años. Para muchos niños, ha sido su lugar de residencia de toda su vida. 

Las imágenes de Schulz se enfocan en los adolescentes que crecen en este espacio liminal: nacieron en familias destrozadas, con pasados profundamente melancólicos, y futuros totalmente inciertos. A pesar de estar integrados en escuelas alemanas, el hogar para ellos y sus familias es una designación nebulosa. Explorando las nociones de la tierra madre, el tedio, y la inseguridad que caracteriza la experiencia de los que buscan asilo, Schulz representa con ternura tanto la tristeza como la camaradería de esta comunidad: una niña gitana de Serbia de 13 años que deja que su hermana le planche, literalmente, el pelo para ir a la pista de patinaje, una niña de 12 años de Afganistán con cicatrices causadas por un ataque de un cohete, un pequeño niño parado frente al cuerpo de un puerco entero que será rostizado para una ceremonia de pascua ortodoxa.

¿Cómo te involucraste con este proyecto?
Solía haber campamentos alemanes para refugiados de Rusia y de Polonia —igual que el Lager. Mis padres son de Polonia, y mi madre voló sobre la frontera cuando estaba embarazada conmigo. Yo nací en un campamento. Es un ciclo gracioso. Justo después de terminar la escuela trabajé como mesera, mi ex-novio era el cocinero. Me preguntaba por qué se desaparecía cuando la policía entraba a tomar té o café. Resultó ser "indocumentado", un inmigrante ilegal. Vivía en un área gris. Tenía su propio departamento, pero no tenía derechos. No podía votar ni nada así. Si lo cachaban lo habrían mandado de regreso a su país. Pasé tres años con él intentando conseguirle asilo.

¿Cómo fue tu interacción con la gente en Lebach? ¿Te involucraste de manera activa con ellos, o fuiste más bien un observador silencioso?
Desde la primera vez que entré en el campamento estaba sola y era blanca y joven: era obvio quien era yo. Inmediatamente me dijeron: "Oh, eres la fotógrafa". No podía no ser vista. Pero no fue una fase, o un reportaje rápido; el tema era realmente entrar a sus departamentos y a su vida diaria, para entender lo que está sucediendo. Las fotos se enfocan en los niños, en parte porque son multilingües; aprenden alemán muy rápido. Algunos hablan bastante bien inglés —¡no podían entender mi inglés! Con sujetos más grandes la comunicación era muy problemática.

¿Cuál fue su acercamiento a la integración?
Al principio me daba pena, y fotografiaba de noche. Una vez que la gente se acostumbró a mí, comencé a tomar fotos durante el día. Me sentí a gusto con algunas familias y ellos conmigo. Siempre le llevaba un pequeño regalo a los niños, dulces sin gelatina. Cuando un progreso más a fondo no era posible me enfocaba a otra familia. Pasé semanas solo escuchando sus historias. Pero estuve tomando fotos desde el principio. En un comienzo creí que necesitaría las historias para las fotos, pero era mentira. Es importante estar abierto desde la mirada, no tener imágenes [preconcebidas] en tu mente.

Dado eso, ¿cómo balanceas la estética y la realidad emocional?
Aún estoy aprendiendo, fue muy difícil. Tenía esta visión de los refugiados, y estaba muy cercano a ello con mi ex-novio. Tenía tantas cosas en mi mente, que no funcionan con la realidad. Solo me di cuenta lo que quería después. La mitad del trabajo fue tomar las fotos, la otra mitad fue confrontarlas, meses después. Nada está montado. Yo solo estaba ahí. Aprendí a estar abierta, a mantenerme callada, a observar. Y fue difícil —los niños querían que hablara, pero yo quería ser invisible. 

La realidad de los refugiados en Europa solo se está complicando más. ¿Te hace sentir diferente sobre el trabajo que hiciste en 2012 y 2013 la situación actual? No. La serie trata sobre esperar. No me enfocaba en la gente que acababa de llegar. Sin embargo está peor ahí ahora, hay aún más gente. Cuando comencé el proyecto no había mucho interés. Si lo hubiera comenzado más tarde la gente hubiera pensado que lo estaba haciendo por lo de las noticias, pero no fue así para nada.

Lo único que he vuelto a considerar desde entonces es la foto con el océano. No sabía de los refugiados que llegan en barco. Pero aún en ese momento esto era extraño … una costa de ensueño, pero en una jaula, con colchones sobre un piso duro y frío. Ahora tiene esta otra capa de significado. 

schulzstefanie.de

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Credits


Texto Sarah Moroz
Fotografía Stefanie Zofia Schulz

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