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regular marihuana ¿para qué?

El día de hoy la Suprema Corte de Justicia de la Nación de México votó -4 a favor 1 en contra- por la legalización de la marihuana con fines lúdicos y sin ánimo de lucro, para quienes presentaron el amparo. Esto abre toda una perspectiva nueva sobre la...

por Jorge Hernández Tinajero
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04 Noviembre 2015, 10:55pm

¿Por qué debería legalizarse la marihuana? Mi primer impulso es, como siempre, intentar una respuesta que sintetice una historia de casi 15 años: el tiempo que lleva el activismo cannábico mexicano, que en el año 2000 apenas salía del clóset con su primera marcha, y que hoy, en 2015, después de una larga temporada de invisibilidad, sorpresivamente se ve rodeado de toda clase de opinadores, políticos y expertos -nombrados como tales por si mismos-, que más que contribuir a encontrar una respuesta, pareciera que están ahí sólo por los reflectores mediáticos de los que ahora goza el tema. Sin embargo, La pregunta es importante, porque nadie -ni activistas, ni políticos ni opinadores, ni académicos- han dado una respuesta convincente a ella, al menos en el debate nacional.

Para responderla, sin embargo, es necesario primero argumentar contra las diversas afirmaciones que insisten en responder a la misma pregunta en negativo ¿por qué NO legalizar la mariguana?

A continuación algunos de los "argumentos" esgrimidos para insistir en la prohibición absoluta de la planta, seguidos cada uno de su contra-argumento:

Porque subiría el consumo y estaría más disponible para todos.
Falso. La marihuana ya está disponible para todos, seamos menores de edad, pobres o ricos. El mercado ilegal ha inundado con toda clase de productos a nuestra sociedad, mismos que están disponibles en cualquier lugar y hora, y al alcance de cualquier bolsillo. Contrariamente a la afirmación sobre el consumo, los países que han decidido regularla no han experimentado un crecimiento significativo del consumo. De hecho, cuando la regulación es efectiva, actúa también como una barrera para el consumo en menores de edad. Una medida de salud muy deseable, pero que le interesa muy poco a los mercados ilegales.

Porque eso no termina con la corrupción, el crimen organizado, la violencia.
En efecto. Regular la mariguana no termina con ninguno de éstos fenómenos (¿Qué termina con ellos?) pero los motivos para sacarla de la prohibición estricta no buscan estos objetivos como fin último. En todo caso, regularla haría que disminuyera el interés por este mercado entre los que ahora lucran ilegalmente con ella… y alejaría a los usuarios de las redes criminales y de otras drogas más peligrosas, que ahora se ofrecen por igual junto a la marihuana.

Porque disminuiría la percepción de riesgo sobre otras drogas.
En eso podemos estar de acuerdo, aunque la interpretación es diferente: el hecho de que la marihuana sea tan segura, nos haría voltear a ver la peligrosidad de otras drogas que generalmente pasamos por alto y aceptamos sin más, muy especialmente, el alcohol y el tabaco.

Porque se dispararía la demanda de tratamiento, el Estado no tiene capacidad de respuesta.
En México el Estado ha sido históricamente omiso para responder a las necesidades de la población que requiere atención por abuso de drogas. A pesar de ello, la marihuana nunca es la droga de mayor impacto entre esta población y, dado que no produce dependencia física, resulta más que alarmista -cuando no cínico- afirmar que su uso, incluso su abuso, requiere de un sistema institucional de tratamiento. Resulta curioso, en ese sentido, que los que afirman algo así jamás han pedido a la industria alcoholera, por ejemplo, que ofrezca servicios de tratamiento.

Porque es la puerta de entrada a otras drogas.
Falso. Epidemiológicamente hablando, está más que probado que es la edad de inicio el factor clave para la progresión en el uso de cualquier sustancia. En este sentido, el alcohol y el tabaco, ampliamente aceptados y promovidos por nuestra cultura, son las puertas de entrada al consumo de sustancias psicoactivas, incluso desde los 11 o los 12 años de edad.

Porque es imposible según los tratados internacionales.
Otra falsedad, que requiere matices. Los tratados, a pesar de ser anacrónicos, ideológicos e inaplicables en muchas de sus disposiciones, permiten ciertos usos -los médicos y científicos- y se limitan a prohibir los mercados legales. Algo que podría ser aprovechado, por ejemplo, para crear sistemas de producción-consumo sin fines de lucro a través del cultivo personal o asociado.

Porque es dañina para la salud.
Una afirmación así no solo es sesgada, sino matizable en muchos sentidos. Si prohibir todo lo que hace daño fuera una política eficaz y positiva, más de la mitad de lo que consumimos o usamos diariamente estaría en la ilegalidad. Todo puede ser dañino en esta vida, dependiendo de cómo se utilice o consuma. Con la mariguana pasa lo mismo.

Así las cosas, regular la cannabis no solucionará ninguno de los grandes problemas nacionales, pero queda entonces pendiente responder por qué sí habríamos de legalizar la marihuana, y cómo ésta regulación ayudaría a, cuando menos, contribuir a esa solución en alguna medida, y cómo estos cambios ayudarían a mejorar la relación que, como sociedad, tenemos con la planta misma y con sus usuarios, en beneficio de todos.

En primer lugar, es necesario decir que alrededor del 85% de la gente que, consume drogas ilegales en México tiene como común denominador el uso de marihuana. De este modo, regular su uso contribuiría a separar los mercados de drogas duras y blandas, ya que éstas últimas son mucho más peligrosas y también son ofrecidas en el mismo mercado ilegal, además de que limitaría de mucho mejor manera que ahora, el acceso a la misma a los menores de edad.

Regular la marihuana reconocería, también, el derecho a la autonomía personal de los adultos siempre y cuando éstos no afecten a terceros, y permitiría una mejor transmisión de medidas de reducción de riesgos y daños entre ellos, ya que al eliminar la relación primaria de consumo-delito, se podría establecer una comunicación más efectiva entre el usuario y sus autoridades: actualmente, el usuario sólo reconoce en el Estado a los agentes que lo reprimen y castigan, con lo que se podría establecer un espacio de diálogo, sobre derechos y responsabilidades, por fuera del ámbito penal o delictivo.

Regular la marihuana permitiría, de esta forma, quitar el incentivo que actualmente tienen las policías para perseguir al usuario, y las obligaría a perseguir delitos de orden predatorio que sí afectan a toda la sociedad, como el robo, el secuestro o el crimen violento.

Adicionalmente, regulando el cultivo con diferentes fines, sería posible crear una actividad económica dinámica e incluyente, formal y fiscalizable no centrada en el lucro, sino en las necesidades y la participación organizada de los usuarios, que demostraría que sí es posible construir un sistema de producción y consumo que garantice a los derechos de una minoría sin afectar a terceros. Bajo esta óptica, siempre será mejor tener control sobre algo que sucede, antes que lo tenga el lucro desmedido del crimen organizado.

Por último, regular la planta haría posible producir y aprovechar los más de 10,000 productos industriales del cáñamo, mismos que ahora son legales e incluso se encuentran contemplados en nuestros tratados de libre comercio, una opción muy atractiva para numerosos productores rurales; así como pondría a disposición de quienes realmente la necesitan, una opción terapéutica más.

Regular la marihuana es cada día más necesario. No se trata ya de si es deseable o no, sino cómo hay que hacerlo. Pero esa pregunta tendría que ser respondida en otra entrega.

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Fotografía Dylanne Lee
Modelo Alexis @ Queta Rojas
Arete RIP by Rosa Pistola