legalizar la marihuana: ¿por qué?

El pasado 4 de noviembre la Corte de Justicia de México votó por la legalización de la marihuana con fines lúdicos y sin ánimo de lucro. Esto abre toda una perspectiva nueva sobre la política y la visión en torno al cannabis. Aprovechamos para...

por Jorge Hernández Tinajero
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16 Diciembre 2015, 10:45am

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¿Por qué debería legalizarse la marihuana? Mi primer impulso es, como siempre, pensar una respuesta que sintetice la larga historia que hay detrás del activismo en pro de la legalización del cannabis. 

Hace 15 años eran unos pocos los que abogaban por ella y ahora parece haberse sumado al debate un buen número de políticos y expertos de toda clase tan sólo por el mero hecho de que el tema de pronto ha cobrado importancia. Sin embargo, la pregunta es importante, porque nadie -ni activistas, ni políticos, ni académicos- ha dado una respuesta convincente.

Para responderla, sin embargo, es necesario primero argumentar contra las diversas afirmaciones que insisten en responder a la misma pregunta en negativo ¿por qué NO legalizar la marihuana?                     

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Porque subiría el consumo y estaría más disponible para todos.
Falso. La marihuana ya está disponible para todos, seamos menores de edad, pobres o ricos. El mercado ilegal ha inundado nuestra sociedad con toda clase de productos al alcance de cualquier bolsillo en cualquier lugar y a cualquier hora. Contrariamente a esta afirmación, los países que han decidido regularla no han experimentado un crecimiento significativo de su consumo. De hecho, cuando la regulación es efectiva, actúa también como una barrera para el consumo en menores de edad. Una medida de salud muy deseable, pero que le interesa muy poco a los mercados ilegales.

Porque eso no termina con la corrupción, el crimen organizado o la violencia.
En efecto. Regular la marihuana no termina con ninguno de éstos fenómenos (¿Qué termina con ellos?), pero los motivos para sacarla de la prohibición estricta no buscan estos objetivos como fin último. En todo caso, regularla haría que disminuyera el interés por este mercado entre los que ahora se lucran de manera ilegal con ella, y alejaría a los usuarios de las redes criminales y de otras drogas más peligrosas, que ahora se ofrecen por igual junto al cannabis.

Porque disminuiría la percepción de riesgo sobre otras drogas.
En eso podemos estar de acuerdo, aunque la interpretación es diferente: el hecho de que la marihuana sea tan segura, nos haría volver a ver la peligrosidad de otras drogas que generalmente pasamos por alto y aceptamos sin más -muy especialmente, el alcohol y el tabaco-.

Porque se dispararía la demanda de tratamiento y los gobiernos no tendrían capacidad de respuesta.
Por norma general los gobiernos han hecho caso omiso a la necesidad de responder a las necesidades de los ciudadanos que requieren atención por el abuso de drogas. A pesar de ello, la marihuana nunca es la droga de mayor impacto entre esta población y, dado que no produce dependencia física, resulta más que alarmista -cuando no cínico- afirmar que su uso, incluso su abuso, requiere de un sistema institucional de tratamiento. Resulta curioso, en ese sentido, que los que afirman algo así jamás hayan pedido a la industria del alcohol, por ejemplo, que ofrezca servicios de tratamiento.

Porque es la puerta de entrada a otras drogas.
Falso. Epidemiológicamente hablando, está más que probado que es la edad de inicio el factor clave para la progresión en el uso de cualquier sustancia. En este sentido, el alcohol y el tabaco, ampliamente aceptados y promovidos por nuestra cultura, son las puertas de entrada al consumo de sustancias psicoactivas, incluso desde los 11 o los 12 años de edad.

Porque es imposible según los tratados internacionales.
Otra afirmación falsa que requiere matices. Los tratados -a pesar de ser anacrónicos, ideológicos e inaplicables en muchas de sus versiones- permiten ciertos usos -los médicos y científicos- y se limitan a prohibir los mercados legales. Algo que podría ser aprovechado, por ejemplo, para crear sistemas de producción (consumo sin fines de lucro a través del cultivo personal o asociado)

Porque es dañina para la salud.
Una afirmación así no solo es sesgada, sino matizable en muchos sentidos. Si prohibir todo lo que hace daño fuera una política eficaz y positiva, más de la mitad de lo que consumimos o usamos diariamente estaría en la ilegalidad. Todo puede ser dañino en esta vida, dependiendo de cómo se utilice o consuma. Con la marihuana pasa lo mismo.

Visto así, regular cannabis no solucionará ninguno de los grandes problemas nacionales, pero queda entonces pendiente responder por qué sí deberíamos legalizarlo y cómo ésta regulación ayudaría a, cuando menos, contribuir a esa solución en alguna medida, y cómo estos cambios ayudarían a mejorar la relación que, como sociedad, tenemos con la planta misma y con sus usuarios.

En primer lugar, es necesario decir que alrededor del 85% de la gente que consume drogas ilegales tiene como denominador común el uso de marihuana. De este modo, regular su uso contribuiría a separar los mercados de drogas duras y blandas, ya que éstas últimas son mucho más peligrosas y también son ofrecidas en el mismo mercado ilegal -además de que limitaría el acceso a la misma a los menores de edad-.

Regular la marihuana reconocería también el derecho a la autonomía personal de los adultos siempre y cuando estos no afecten a terceros. También permitiría una mejor transmisión de medidas de reducción de riesgos y daños entre ellos, ya que al eliminar la relación primaria de consumo-delito, se podría establecer una comunicación más efectiva entre el usuario y sus autoridades.

En la actualidad, el usuario sólo reconoce en el Estado a los agentes que lo reprimen y castigan, con lo que se podría establecer un espacio de diálogo sobre derechos y responsabilidades más allá del ámbito penal o delictivo.

Regular la marihuana permitiría, de esta forma, quitar el incentivo que actualmente tiene las policía para perseguir al usuario y las obligaría a perseguir delitos de orden predatorio que sí afectan a toda la sociedad, como el robo, el secuestro o el crimen violento.

Además, regulando el cultivo con diferentes fines sería posible crear una actividad económica dinámica e incluyente, formal y fiscalizable no centrada en el lucro, sino en las necesidades y la participación organizada de los usuarios que demostraría que sí es posible construir un sistema de producción y consumo que garantice los derechos de una minoría sin afectar a terceros. Siempre será mejor tener control sobre algo que sucede, antes de que lo tenga el lucro desmedido del crimen organizado.

Por último, regular la planta haría posible producir y aprovechar los productos industriales del cáñamo que ahora son legales e incluso se encuentran contemplados en nuestros tratados de libre comercio (una opción muy atractiva para numerosos productores rurales). De esta forma se pondría a disposición de quienes realmente la necesitan como una opción terapéutica más.

Regular la marihuana es cada día más necesario. No se trata ya de si es recomendable o no, sino de cómo hay que hacerlo. 

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