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linda rodin, 66 años en busca de la belleza

La empresaria e icono de moda Linda Rodin es ese tipo de mujer independiente que inventa pociones mágicas para la cara y looks inspirados en su propia personalidad por todo Nueva York. La creadora de Olio Lusso envejece con gracia, una sonrisa y un...

por Rory Satran
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06 Enero 2015, 10:55pm

A Linda Rodin le encanta sentarse en la bañera de su pequeño apartamento de una habitación en Chelsea mientras observa todos sus preciados objetos con la puerta a medio cerrar. La rodea un biombo de plata mexicano que perteneció a Doris Duke, un dibujo a lápiz de estilo Brancusi que hizo su padre y montones de conchas marinas. Encontramos conchas por todas partes; desde algunas diminutas a grandes caracolas y otras de cristal de Murano. Todas fruto de años buscando por infinidad de playas y por el mercadillo de segunda mano de la calle 25 de Nueva York.

"Soy piscis y me encanta el mar", nos cuenta Linda, vestida en un esmoquin vaquero de estilo cowboy. "De pequeña solía pensar que era una sirena. Por eso me encanta mi apartamento, porque me siento como en el fondo del mar con mis cosas. Es mi pequeña gruta".

Esta gruta de colores turquesa y suelos de un blanco radiante es el hogar de Linda y de Winky, su amado perro. Aunque ella es más de perros, Linda tiene más vidas que un gato: expatriada italiana, estudiante de la Universidad de Nueva York, modelo, galerista, vendedora de libros en Rizzoli, propietaria de la tienda Linda Hopp en Soho, editora de Harper's Bazaar, estilista y empresaria cosmética. En su última reencarnación, se ha convertido en todo un modelo a seguir para aquellas mujeres que quieren envejecer con elegancia, pero parece que su nuevo rol la ha tomado un poco por sorpresa. "En realidad, ¡es absurdo! Yo nunca he sido una figura pública, pero me parece genial y pienso que es muy interesante ver cómo la gente se te queda mirando sin motivo alguno".

Coleccionista y vagabunda, Linda ha empleado sus 66 años de vida en buscar la verdadera belleza, desde su infancia en Long Island a puertos más lejanos. Como dijo la famosa Diana Vreeland, "el ojo tiene que viajar" y con 18 años, Linda tomó un avión y se fue a ver a su novio de entonces a Italia, donde pasó muchos años estudiando y aprendiendo italiano. Mientras nos lo cuenta, nos muestra una foto de joven con una abundante melena oscura y un mechón decolorado. "Yo era americana, así que los italianos estaban muy emocionados cuando llegué. En aquella época estaba mejor que nunca: llevaba abrigos enormes y botas por encima de la rodilla, conocí a Twiggy… Viví experiencias de lo más particulares. Recuerdo cuando iba a Biba en Londres y todo costaba 10 dólares. En 1970 no necesitabas dinero".

"Aquí estoy; viva y sana. ¡Hacerse mayor es una bendición!"

Cuando volvió a Estados Unidos, Linda empezó a trabajar con el fotógrafo de moda Gosta Peterson a quien ella llama "el mejor fotógrafo del que podrás oír hablar en la vida". Su trabajo como asistente de Peterson era hacer fotos, pero no era lo que mejor se le daba. "Mi hermana me dijo una vez: 'La verdad es que tus fotos no son maravillosas, pero la ropa que le pones a la gente a la que le fotografías es genial. Puede que haya algún trabajo que consista más en eso'. No había oído la palabra 'estilista' en mi vida, y en mi familia seguro que nadie más, por lo que no podía parar de preguntarme qué tipo de trabajo tenía que ver con eso, así que una cosa llevó a la otra". Linda se convirtió en estilista y llegó a trabajar con personajes de la talla de Madonna.

Ser estilista era una oportunidad de seguir viendo mundo. Hablamos con ella sobre los viejos tiempos de sesiones de fotos interminables y nos cuenta: "Eran sesiones muy divertidas porque se hacían en lugares en los que nunca había estado o en playas en las que podía recoger conchas que de otra forma no conocería a día de hoy. Me acuerdo mucho más de los sitios que de las personas que formaban el equipo".

Olio Lusso, la marca de aceites faciales que la convirtió en un icono de la cosmética en los sesenta, nació por casualidad a raíz de su pasión por viajar. De compras por mercadillos de segunda mano de todo el mundo encontró cosas como la caléndula en Sudáfrica o el aceite de argán en Marruecos y empezó a experimentar con todos los ingredientes por sí misma. Empezó a llevar sus brebajes caseros a las sesiones de fotos en las que era estilista. Lo que empezó como una mezcla de jazmín, neroli, onagra y demás fragancias en una taza de café para ambientar la casa, se acabó convirtiendo en una línea de bálsamos labiales, cremas y aceites para el cabello (creados en colaboración del legendario peluquero Bob Recine) que se vendía en tiendas a nivel global.

¿Y ahora qué? Linda es todo un referente del estilo y a la vez un nido de contradicciones. No hay en el mundo una reina de la cosmética más austera que ella. Su secreto de belleza recae en usar únicamente sus aceites y un poco de labial rosa. Hace unos años usaba productos para rellenar las arrugas pero, después de superar esa fase, podemos decir que ahora es más Linda que nunca. "Es muy difícil ser natural", admite, "pero creo que la filosofía correcta es que tienes que intentar estar lo mejor posible dentro de tus propios límites. Tienes que aferrarte a lo que te hace ser feliz y a lo que te da confianza en ti misma. Bastante presionados estamos ya como para hacer cosas que no nos proporcionan ningún tipo de alegría, ¿verdad?".

Linda es la imagen de una empresa cosmética que vende aceites a 170 dólares gracias al encanto de sus ingeniosos moños y sus looks creativos e insiste en contarnos las cosas como las siente: Envejecer con gracia no es tan sencillo. "Puede que los demás te vean bien por fuera pero cuando te levantas por la mañana y te miras al espejo piensas: Dios mío, ¿pero qué ha pasado?". Es una mujer realista y atípica en una industria como la cosmética. Admite que no hay cremas milagrosas y que nada puede hacer que el tiempo se detenga, pero también es cierto que hay muchas más cosas en la vida que estar guapa: "Aquí estoy; viva y sana. ¡Hacerse mayor es una bendición!".

Hay ciertas cosas que son innegables cuando emprendes un negocio. Aunque ya no haga los aceites a mano en su pequeña cocina retro (rodeada de conchas marinas y pósters de su amado Bob Dylan), todavía supervisa cuidadosamente todo el proceso de producción en su fábrica de Nueva Jersey. "Es un trabajo muy duro, pero creo que mi olfato sigue siendo lo suficientemente bueno como para seguir haciéndolo", nos comenta. Linda es un genio en lo que se refiere al marketing de la forma más natural. No para de subir fotos a Instagram y documenta sus objetos más preciados, sus viajes y a sus amigos. Y tras tantas experiencias por las que han pasado Linda y Winky, ¿qué es lo que les espera ahora?. "Quiero mudarme a un pueblecito italiano", nos dice. "Un pueblo sin tiendas, solo con un mercado de pescado, queso, tomates y una bodega. Y que no esté muy lejos de Roma en tren. Ése es mi verdadero sueño".

Credits


Texto Rory Satran
Fotografía Jeff Henrikson
Estilismo Stella Greenspan
Peinado Melisande Page
Maquillaje Emi Kaneko using Kevyn Aucoin
Asistente de estilismo Arizona Williams
Modelo Linda Rodin
Linda lleva un vestido Céline. Vestido (abajo del otro) y lentes de Linda.