el dilema de la sustentabilidad

Esta es la primera de una serie de textos sobre el cuidado del medio ambiente. Iniciamos por analizar y entender el verdadero significado de sustentabilidad, para entonces así poder aplicarlo de forma correcta a nuestra vida diaria.

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nov. 24 2016, 6:20pm

Fotografía Pol Agusti

Sustentabilidad y todos sus derivados, son los términos más prostituidos de nuestros tiempos. Pareciera que todo mundo se congratula de usar las palabras sin distinción, incluso para hablar de las plantas de jitomate que siembran en sus terrazas. Tan tergiversado esta el concepto que hace un par de semanas en el supermercado me encontré con un paquete de papel higiénico color verde, lleno de plantas impresas en la envoltura y donde resaltaban las palabras "rollos de papel sustentable". Emocionada me acerque a leer la etiqueta, esperando leer que se garantizaba el uso de papel proveniente de bosques manejados por comunidades indígenas o al menos que el 40% de la materia prima fuese reciclada, o ya de ultimas que durante el proceso de elaboración se disminuyera el uso del agua. Sin embargo, me sorprendió descubrir que la única característica "sustentable" de este papel sanitario, era el innovador hecho de estar compactado y reducir en un 10% su espacio de almacenaje. No pude evitar mirar a mi alrededor y verme rodeada de lo que ahora denominaré el green fashion; una suerte de productos con etiquetas verdes que convencen al cliente de que consumirlos es bueno para el medio ambiente. Whatever that means. Fue abrumador el concebir la idea de que hoy en día, llamar sustentable a algo es más una estrategia de mercadotecnia que una actitud hacia el planeta. Principalmente porque estoy muy convencida de que el desarrollo sustentable es el camino a un mejor uso de nuestros recursos.

Originalmente, al final de la década de los 80´s, la idea de sustentabilidad se formalizó con la publicación del, ahora clásico, reporte de las Naciones Unidas Our common future, dónde se define al desarrollo sustentable como "el esquema de desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer el bienestar de las generaciones futuras". Y con una definición que incluye términos tan ambiguos como bienestar y necesidades, todo se presta a cualquier uso e interpretación.

Sin embargo, la realidad es que quienes plantearon este concepto estaban fundamentando su pensamiento en dos premisas importantes: 1. Los recursos naturales de este planeta son finitos y 2. Las necesidades y el bienestar se refieren, en particular, al de la población que vive en las condiciones de mayor pobreza y que debe ser la prioridad en las políticas publicas internacionales. Desde un punto de vista muy estricto, la sustentabilidad se refiere a la forma en la que usamos los recursos de la naturaleza para beneficio de la humanidad. El problema es que la fuente de esos recursos es sumamente compleja y le ha tomado millones de años al planeta producir la diversidad biológica de la que dependemos y con la que podemos acabar en menos de 15 minutos (el tiempo aproximado que toma derrumbar un árbol que lleva en la tierra 300 años).

Y solo para aclarar conceptos, las gallinas y las vacas de libre pastoreo no son sustentables, aunque las idea nos suene muy romántica, una sola vaca en ese tipo de sistema productivo puede ocupar una o más hectáreas de tierras que originalmente eran bosques y selvas. Convertir estos ecosistemas que nos proveen de oxigeno, agua y millones de otros productos, en grandes pastizales para alimentar a las vacas, definitivamente es antónimo de sustentable. De igual modo, por más que nos duela, una pared verde en un edificio tiene de sustentable lo mismo que los pitufos de amarillo.

Y entonces. ¿Cómo nos volvemos sustentables de verdad?

Sin duda me encantaría que esta pregunta fuese fácil de responder, que un cúmulo de pequeñas acciones pudiesen cambiar el rumbo del planeta. Sin embargo, la sustentabilidad no sólo depende de nuestra buena voluntad ciudadana, es indispensable que para que ocurra se fomente en la política pública, que junto con la sociedad tiene en sus manos el promover las distintas maneras que existen de utilizar al planeta.

Conservar los bosques, que son fuente de los ríos, que forman suelo, que nos permite cultivar nuestros alimentos es parte del complejo ciclo que debemos incorporar y comprender cuando hablamos de sustentabilidad. Respetar, cuidar y entender como usar a los ecosistemas con su diversidad, sin destruirlos. Promover el desarrollo de las economías locales a través de los productos propios de los ecosistemas de cada lugar, diversificar. La diversidad es la solución que la vida ha encontrado para perdurar en este planeta, respetarla, reconocerla y entenderla es clave en el proceso de transición a la sustentabilidad. Diversificar nuestra dieta, nuestro consumo, nuestra forma de viajar, de coexistir con el planeta. Evitar la tendencia a la homogeneidad y comprar una prenda de ropa única en lugar de la pieza barata que todo mundo va a portar, eso puede hacer un cambio sustancial.

El meollo del asunto es lograr que el consumidor sea consciente de el origen y el proceso por el que tiene que pasar cualquier producto que adquirimos en el supermercado. Entender el impacto ecológico que tiene la crema de cacahuate y como se vincula a la extinción de los orangutanes y la perdida de las selvas en el mundo, es crucial para que, como viles mortales, podamos ejercer acciones concretas rumbo al desarrollo sustentable. De este modo, podemos elegir con más claridad lo que compramos y no sólo eso, sino que podemos exigir a las empresas y a los gobiernos el tipo de producto y las políticas productivas que, como generación del presente que le debe el futuro a los que vienen, tenemos obligación de cambiar. 

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Credits


Texto Valeria Towns
Fotografía Pol Agusti