ser o no ser madre (y padre)

¿Qué son los derechos reproductivos? Le pedimos a Regina Tames, directora del Grupo de Información de Reproducción Elegida un breve reporte sobre el tema en México. ¿Puede la mujer decidir si quiere embarazarse?

por Regina Tames
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19 Noviembre 2015, 7:15pm

Arte vía @arvidabystrom

La sociedad ha generado un discurso sobre lo sagrado de la maternidad. A diferencia de los hombres, a las mujeres se les sigue valorando en tanto sean madres o no. Pero este "valor agregado" que otorga la maternidad no es más que un mito. La realidad que enfrentan las mujeres al quedar embarazadas, en particular quienes se encuentran en situaciones de desventaja y vulnerabilidad, está lejos de ser algo sagrado. No sólo no se les respeta si desean o no a continuar su embarazo. Tampoco se les da el cuidado y la atención que se daría a algo sagrado. El juicio social sobre la autonomía de las mujeres sigue siendo muy duro, pues aquellas que deciden no tener hijos son cuestionadas y su decisión no es siempre respetada. Persiste la presión de que no tener hijos es un proyecto de vida incompleto.

El marco en que se engloba la posibilidad de decidir o no embarazarse es el de derechos reproductivos. A pesar de que éstos se han reconocido internacionalmente por más de 20 años, el concepto aún no queda muy claro. Pareciera remitir a algo complejo, distante y de poco interés, o bien "demasiado" feminista. Pero es un término que se refiere simplemente a que mujeres y hombres pueden tomar decisiones respecto a su reproducción. Lo básico: si quieres tener hijos, cuántos, y cuándo. Pareciera muy simple, pero lo cierto es que sigue generando preguntas. ¿Puede la mujer decidir si quiere embarazarse? ¿Puede decidir continuar un embarazo?

La respuesta debiera ser sencilla ya que son decisiones que remiten al ejercicio de sus derechos reproductivos, principalmente a la intimidad, a la salud y a la no discriminación. El Estado debe garantizar esos derechos, y generar las condiciones favorables para que las decisiones se puedan tomar de manera informada.

Pero en México, las normas y el dogma católico aún permean en las discusiones de políticas públicas y legislación, donde los papeles tradicionales asignados a la mujer conforman la dicotomía de madona - puta. Los efectos más poderosos de estas normas culturales pesan más a mujeres de escasos recursos, con barreras de idioma o menores de edad. Además, los derechos reproductivos en México suelen usarse en la política como moneda de cambio y son sacrificados incluso por partidos de izquierda por otras ganancias políticas. Ha habido avances, pero son más los retos todavía.

Lo cierto es que hoy en México las mujeres enfrentan serios obstáculos en el ejercicio de sus derechos reproductivos. Éstos varían desde discriminación o negación de los servicios de salud materna hasta la ausencia de salud reproductiva de calidad debido a problemas estructurales dentro del sistema de salud: insuficiente infraestructura y capacidad para proveer servicios en partos y emergencias obstétricas, tanto en clínicas como hospitales públicos a nivel federal y estatal.

Niñas y mujeres enfrentan violencia sexual; muchas resultan embarazadas y se les niega el acceso a abortos legales. El acceso a la justicia es limitado y, cuando una mujer sufre violaciones a sus derechos, es difícil que obtenga justicia.

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Frente a este panorama resalta la hipocresía sobre la maternidad. En México todavía mueren muchas mujeres durante el embarazo, parto o posparto. No son protegidas por el Estado y poco se hace para prevenir sus muertes. En 2013 hubo 861 muertes maternas en el país. En el año 2000, las Naciones Unidas se propusieron los Objetivos del Milenio, que priorizaban ejes que representaran retrasos en el mundo y para los cuales los países debían asumir metas y resultados concretos para el 2015. Quince años parecían muchos para alcanzar dichos objetivos, dos de los cuales tenían que ver con la reproducción: reducir 75% la muerte materna. Pasaron los años y México tuvo que aceptar que no logró el compromiso asumido frente a la comunidad internacional.

Las muertes de estas mujeres no son casuales, no son negligencia médica ni "mala suerte" y mucho menos irresponsabilidad de ellas. En su mayoría son prevenibles: omisiones de las autoridades. Es el Estado quien las mata. Algunos bebés las sobreviven, pero muchos mueren también. Lo que significa la muerte de una mujer para una familia ha sido poco estudiado. Pero lo tangible es que las parejas se convierten en viudos, los hijos en huérfanos y el Estado no se hace cargo. No se brinda atención psicológica, apoyos económicos, ni se pide perdón por lo sucedido. La herida queda abierta y en pocos casos las familias saben que esa mujer fue ejecutada. A pesar de que se sabe que la muerte materna es prevenible, acostumbrados a la impunidad y normalizamos estas violaciones a derechos humanos que merecerían justicia.

El otro lado de la moneda son las mujeres que no quieren seguir embarazadas y son forzadas a convertirse en madres. Hay quienes prefieren postergar su maternidad, que no tienen recursos económicos para mantener más hijos, que no quieren gestar después de una violación sexual, que no tuvieron acceso a métodos anticonceptivos o éste falló. Hay mujeres que no saben que están embarazadas hasta que empiezan con dolores de parto. Muchas de ellas tienen derecho a interrumpir su embarazo, pero el Estado se lo niega.

Es poco conocido que en México existen supuestos en que la ley no castiga el aborto. Las razones varían en cada entidad federativa pero, por ejemplo, en todo el país es legal el aborto resultado de una violación sexual. Pocas mujeres lo saben, y las autoridades lo desconocen, o no informan a las mujeres de este derecho o les niegan los servicios médicos que requieren.

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En los últimos años GIRE ha documentado las historias de niñas de hasta diez años que han sido violadas, que no quieren continuar ese embarazo y se han topado con obstáculos para acceder a los servicios y acaban viajando (a veces por más de cuatro horas) al Distrito Federal para interrumpirlo. Sí, así de absurdo. Una niña con estrés postraumático por haber sufrido violencia sexual y que se embaraza como consecuencia, debe salir de su estado para evitar tener un hijo que no planeó y, más importante, no desea, solo porque en el Distrito Federal se permite el aborto hasta la semana doce de gestación por voluntad de la mujer, y hasta la semana 20 cuando se trata de violación.

Quiero resaltar que las restricciones al aborto condenan a muchas mujeres a la muerte, ya sea porque se les niega el acceso al aborto cuando podría salvarles la vida, o porque la naturaleza clandestina de los abortos lo hace inseguros. El impacto recae sustancialmente en mujeres pobres, pues son quienes enfrentan más embarazos no deseados, y no pueden pagar altos precios por servicios de aborto seguros ni viajar al Distrito Federal para interrumpir un embarazo. Además la criminalización de las mujeres por aborto está a la alza. En México, el número de mujeres denunciadas o investigadas por abortos se ha elevado hasta 400% desde que el DF despenalizó el aborto en 2007.

Quizá la buena noticia respecto al aborto es que ahora las mujeres pueden acceder a un medicamento seguro para auto administrarse un aborto. En lo que las reformas legales tomarán tiempo para liberar el aborto en el país, aunado con la discriminación por sexo y género y la desigualdad, los movimientos feministas están garantizando acceso a abortos seguros para las mujeres.

Hay quienes piensan que el panorama no es tan malo, que es una exageración, que la realidad no es tan drástica. Ojalá estuviera exagerando y estos casos fueran la excepción. Pero el panorama es desolador. Sí, avances ha habido, en particular a nivel del reconocimiento en las leyes. Es difícil encontrar legislaciones y políticas que abiertamente discriminen a las mujeres. Pero del dicho al hecho, hay un buen trecho. Las leyes que se intentan implementar en contextos de desigualdad difícilmente logran cambios reales para las mujeres de carne y hueso. Y más lejos están de impactar en aquellas mujeres en situación de vulnerabilidad.

Los derechos reproductivos no pueden continuar aislados de un marco más amplio de justicia social, política y económica en donde las mujeres enfrentan discriminación y desigualdades estructurales. Las decisiones reproductivas de las mujeres pasan por el control que puedan tener de sus propias vidas. La feminización de la pobreza no es ajena a los temas de reproducción, por el contrario, es el centro. Una mujer que no tiene información ni recursos, tiene más posibilidades de quedar embarazada sin desearlo, menos posibilidades de acceder a servicios de aborto legal y seguro, y más de que el parto se convierta en su tumba. El tema no puede verse desde una realidad de privilegio sino desde el de la mayoría de la población que no tiene acceso a información ni recursos y a quienes el Estado les ha fallado, dejando lo sagrado en total abandono.

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Texto Regina Tames
Arte vía @arvidabystrom

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