Investigamos la relación entre la moda y la gran pantalla

i-D investiga la causa y efecto de los éxitos de taquilla logrados por grandes diseñadores, los looks icónicos de la gran pantalla y la hermosa historia que existe entre la moda y el cine.

por Greg French
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02 Marzo 2015, 6:00pm

En 1930, un grupo de la élite francesa se reunió en un patio de la Rue de Babylone en París a los pies de la casa urbana del conde Pecci-Blunt. Fue la sede del extravagante dúo "Bal Blanc" en colaboración con el artista estadounidense Man Ray. El código de vestimenta, como bien indica su nombre, era estrictamente blanco. A medida que llegaban los invitados, y con ellos las perlas y los diamantes, un proyector colocado desde una ventana de la mansión reflejó sobre ellos una película coloreada a mano por Man Ray. La proyección lanzaba ondas de colores e imágenes en movimiento sobre los visitantes, mientras bailaban al son de un grupo de música en directo. El efecto, según la autobiografía de Ray, era "misterioso y fantástico -como si los invitados se hubiesen convertido en pantallas en movimiento-."

Ese fue, quizás, uno de los primeros encuentros de la moda con el cine, una relación en continuo crecimiento y evolución. ¿A qué se debe esa gran amistad? Tan sólo hay que observar cómo muchas de las grandes obras de Hollywood han escogido a las principales firmas de moda para su vestuario. ¿La razón? Como casi siempre, el dinero. Pero con el dinero viene el deseo, y la vinculación de la moda y el cine en realidad destapa nuestros deseos creativos más amplios.

Si pensamos en algunos largometrajes emblemáticos puede que podamos responder a estas cuestiones. En 1963, Desayuno con diamantes debutó con el vestido negro con el que Audrey Hepburn miraba con devoción los diamantes de Tifanny´s. La prenda, de largo hasta los pies y sin mangas, y con ese escote de recorte trasero, fue diseñado por Hubert de Givenchy y es, quizás, una de las más famosas aportaciones de la moda al cine. El vestido, como se ha puesto de manifiesto en el libro The Audrey Hepburn Treasures "define visualmente el carácter del personaje: decidido y fuerte por fuera, pero endeble y delicado por dentro". Entonces nació el LBD [Litte Black Dress o vestido negro en cristiano] y las mujeres del mundo acudieron a la maison de Givenchy para comprar un pedacito de la mirada de Hepburn. 

Breakfast at Tiffany's, dirigida por Blake Edwards

La ropa de los años 80 de American Gigoló logró un estatus similar, con la mayoría de los trajes prestados por Giorgio Armani. El film cuenta la historia de Julian Kaye, un escort masculino de Los Ángeles interpretado por Richard Gere, y su vestuario provocó en su momento un cambio en la moda masculina. Se liberó la sastrería tapada proporcionando un antagonista en forma de trajes de lino sueltos y desenfadados. El atractivo Gere es como un maniquí para la ropa de Giorgio, alineándose con el estilo de vida que retrata. ¿Qué hombre no querría comprar la ropa que "hace que las mujeres se sientan más vivas que nunca"? El impacto del actor en la marca Armani fue tan importante que se bromea con que podría estar vagando por sus tiendas y aparecer en cualquier esquina con alguno de sus trajes.

Estos ejemplos pueden reflejar el concepto que el escritor Guy Debord definió como la sociedad del espectáculo: un mundo dictado por las imágenes y los signos. Debord dijo que los productos se definen por el contexto en el que se presentan. La asociación de Hepburn se relaciona con el amor y el lujo. Mientras el traje de Armani que viste Richard Gere muestra la liberación sexual. Todo esto reforzado por el estatus de celebridad de sus portadores. Resulta interesante, que ambos iconos del vestuario cinematográfico ayuden a retratar de alguna manera la sexualidad del protagonista. 

American Gigolo, dirigida por Paul Schrader

Entonces, ¿qué es lo que despierta el atractivo sexual? ¿Anhelamos tener esa atracción que Hepburn y Gere desprenden sin esfuerzo alguno? Por supuesto. Pero no es sólo el sexo lo que gobierna el poder de esas prendas. Claro que juega un papel importante, como en la mayoría de los aspectos de esta industria. Pero habla de una idea más amplia de la fantasía que tanto la moda como el cine se propusieron establecer en el marco de sus competencias. Después de todo, ambos mundos quieren lograr lo mismo: contar una gran historia. Mira a Galliano y a McQueen, maestros de la narrativa. La moda puede pedir prestada la fantasía de un film, como este toma prestado la realidad tangible de la moda.

Es por eso que hemos visto a grandes diseñadores dirigiendo éxitos de taquilla y a grandes directores produciendo fashion films. Un gran ejemplo es A Single Man, dirigida por Tom Ford. Descrita por sus críticos como dos horas de promoción de su marca, lo cierto es que los personajes visten al más puro estilo Tom Ford, y con la colaboración de Nicholas Hoult, creador de la campaña publicitaria del diseñador en 2010. Estilísticamente, el film refleja la estética modernista que adora Ford, inspirada en la moda de mediados de siglo de la costa californiana. El resultado es un universo menos efímero que los constantes cambios de colección que presenta Ford en cada temporada, consolidando su marca a través de la historia. 

A Single Man, dirigida por Tom Ford

Con todo esto, ¿estamos siendo condicionados continuamente a comprar cuando nos sentamos en el cine durante dos horas? Esto parece afirmar que estamos manipulados por las grandes marcas, ¿no? Por supuesto que el product placement está formando parte del juego, pero tenemos que recordar que la unión entre la moda y el cine tiene como objetivo principal contar una historia.

En la adaptación de El gran Gatsby de Baz Luhrmann, Miuccia Prada trabajó junto a la diseñadora de vestuario Catherine Martin y Brooks Brothers para vestir a los personajes del largometraje. En lugar de inmortalizar una prenda específica en la historia del cine, o convertirse en un anuncio para la marca, la ropa permitió al espectador de hoy en día adentrarse en la época retratada por F. Scott Fitzgerald. La ropa y el arte visual de Luhrmann se unen con tanta fluidez, mostrando un universo de color y grandeza, que parece describir las reuniones de la "Bal Blanc" antes mencionadas. De hecho, Martin afirmó que el objetivo de la ropa era "sentir cómo se debe haber sentido al escuchar jazz por primera vez en una fiesta. Con el fin de transmitir cómo de brillantes y extraordinarias eran las cosas, es necesario que haya un escalofrío de algo que se siente por primera vez".

Y eso es lo que hace la industria cuando se utiliza magistralmente en un film: presentar la última moda. Mezclada con cualquier forma de arte, ayuda a comprender lo que estamos viendo e influye en la manera en cómo lo percibimos. Ayuda a dar credibilidad e identidad. Desde un punto de vista creativo, la moda es una herramienta muy poderosa. Y si por casualidad vendemos ropa por el camino, pues que así sea. 

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Texto Greg French

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