​los chicos en tracksuits y el brutalismo fallido de lituania

El fotógrafo Visvaldas Morkevicius retrata a la gente y los paisajes de los núcleos suburbanos de la capital de Lituania.

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28 Junio 2016, 10:10pm

"Un día de invierno en Vilnius, Lituania, estaba mirando por la ventana y noté a dos chicos que estaban esperando en la parada del autobús. Vestían tracksuits y traían consigo unas grandes bolsas de plástico negro. Mi mente se llenó de repente con varias imágenes de mi infancia... imágenes de chicos dando vueltas por mi barrio, vistiendo exactamente la misma indumentaria y con exactamente la misma actitud de los dos chicos que acababa de ver. Estaba sorprendida y emocionada de ver que algunas cosas simplemente nunca envejecen", Sofija Rybakovaite explica. Fue entonces que le llegó la idea de empezar a fotografiar a los chicos de Lazdynai, una zona de la capital de Lituania, con el fotógrafo Visvaldas Morkevičius.

Rybakovaite y Morkevičius, quienes son lituanos, estaban tratando de canalizar su infancia entre las urbanizaciones típicas de la ciudad, construidas justo antes del final de la era soviética. Escogieron Lazdynai por una razón, ya que era un ejemplo muy significativo de las ideas y la estética de la URSS. "Lazdynai es lo mejor de lo peor de la arquitectura soviética en Vilnius", se ríe Visvaldas Morkevičius. "El proyecto se inició en 1964, como un tributo a la arquitectura soviética. El grupo de arquitectos fueron galardonados con el Lenin Orize por la planificación del vecindario. Hoy en día, tenemos esta palabra del argot, Khrusciovka, que describe los bloques de ladrillos residenciales de tres a cinco pisos, construidos en la época de Nikita Khrushchev. A pesar de que en la actualidad muchos residentes de Vilnius tienden a favorecer a los edificios del casco antiguo, Lazdynai todavía tiene un lugar especial en los corazones de aquellos que crecieron allí. Para mí esta serie fotográfica no fue sólo acerca de la moda, sino también una exploración de nuestra sociedad. El contexto moderno y la gente se colocan aquí sobre ese espacio soviético que me parece valioso para la exploración".

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La foto historia resultante capta la lánguida actitud relajada de los límites urbanos -bloques de viviendas que sobresalen en un mar de suburbios verdes, luz clara de verano, muchachos paseando en tracksuits y sportswear. Es una estética que llegó a definir la Europa del Este, tipos duros con buzzcuts y tracksuits en urbanizaciones brutalistas. Canaliza, sin duda, la tendencia actual post-soviética cool; pero también algo más global, la creciente obsesión de la moda con las narrativas visuales de la clase obrera. Lazdynai no es demasiado diferente de ciertos rincones de Londres y París, mientras que la estética soviética es la perfecta encarnación del estilo de la clase obrera -en la Unión Soviética la clase obrera era la única clase, por supuesto. Hoy sus tropos visuales son símbolos de los temas más importantes: el mundo que se desvanece y que recordamos de los años noventa y un orden social que crecimos cuestionando.

Una de las razones principales para el aumento de un simbolismo más duro y socialmente más complejo en la moda es, por supuesto, el gran cambio en su discurso. Los tiempos en que la moda se usaba principalmente para expresar privilegio y riqueza han quedado atrás, las jerarquías fueron desmanteladas por el Internet, y ahora, en la era de la post-ironía, los altos y bajos se mezclan hasta el punto en que es difícil discernir los extremos. Las sandalias Adidas con calcetines y los tracksuits hoy son sólo otra parte del guardarropa de la nueva generación. En busca de nueva energía la moda tiende a apropiarse de lo que solía considerarse repulsivo y era estigmatizado. Los tracksuits han recorrido un largo camino desde que eran parte del vestuario de delincuentes menores y jugadores de futbol hasta convertirse en un elemento básico de la moda. Pero ¿qué pasa con el mundo visual al que pertenece el tracksuit? Más que un simple escenario, su apropiación es un síntoma de un cambio social y creativo.

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Tradicionalmente el simbolismo de la moda estaba destinado a proporcionar un escape de la rutina diaria y a crear un mundo aspiracional. Hoy, siguiendo la creciente influencia de las subculturas en la moda y la fotografía de estilo más documental, más y más creativos están buscando inspiración en sus lugares de origen, inyectando algo de la magia de la moda en lo aparentemente ordinario. El oriundo de Doncaster Alasdair McLellan, ha celebrado las bancas, las paradas de autobús y las fachadas de las tiendas de su ciudad natal en numerosos editoriales -a menudo presenta también chicos del norte- no con la idea de hacerla glamurosa, sino porque para él eso se sentía verdadero y honesto.

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Gosha Rubchinskiy encontró su inspiración al crecer en el Moscú de los años noventa, y más tarde al salir con skaters en San Petersburgo y Yalta, mantuvo las iglesias ortodoxas y los bustos de Lenin en la trama, simplemente porque estaban ahí. Incluso el video de Skepta para su canción Shutdown fue rodado en el centro artístico Barbican, uno de los edificios brutalistas más emblemáticos de Londres, que cuenta una historia más grande acerca de una visión utópica, un fracaso social y la gentrificación.

Al mismo tiempo, no todo el mundo ha abrazado el Brutalismo o los suburbios de clase trabajadora como telón de fondo para una visión de la moda de la clase trabajadora. La marca Cottweiler, con sede en Londres, hizo exactamente lo opuesto. Todos sus elementos visuales son alejados de los entornos urbanos y fotografiados en escenarios prístinos, semejantes a una galería. La actitud consciente de la marca hacia los mitos que rodean el tracksuit como un objeto se hace evidente también en el corte hecho a la medida -no tiene nada que ver con la forma holgada y encorvada del original. Sacarlo de su entorno obvio significa negar el truco barato de la fetichización de la clase trabajadora; una reacción frente a los estereotipos persistentes, la estigmatización y la apropiación cultural.

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La estética de lo 'humilde' pero cool en la moda es casi siempre controvertida, no importa si se fotografió en urbanizaciones al sur de Londres, Berlín o Lituania. Siempre existe la extraña idea de tomar prestados ciertos escenarios para hacer las tomas de prendas costosas y así apropiarse de los espacios en desventaja social. Por otro lado, cuando se trata correctamente, se abre toda una nueva dimensión para discutir el lugar que ocupa el simbolismo de la moda en la cultura contemporánea. La clave es encontrar el enfoque correcto: para su serie fotográfica en Lazdynai, por ejemplo, Visvaldas Morkevičius seleccionó a dos de sus amigos como modelos, uno de los cuales creció en el vecindario.

Pero al final, ¿qué está en el núcleo de nuestra obsesión por la estética de la clase trabajadora? Podría ser la curiosa dualidad de sentirnos tan alejados y a la vez increíblemente conectados con ella. Aún nostálgica por los recientes años noventa, la generación que está ganando dinero sobre todo trabajando en una laptop no puede comprender el sufrimiento que trajo la desindustrialización y que tanto afectó a este mundo que se desvanece. Por otro parte, en la imaginería clásica de la clase obrera a menudo vemos personas a las que el sistema les falló. Tal vez en el clima político actual así es como nos sentimos todos.

Credits


Texto Anastasiia Fedorova 
Fotografía Visvaldas Morkevicius
Estilismo Sofija Rybakovaite