cómo los espacios queer tienen el poder de moldear a la sociedad

Sobre la base de las experiencias que el primer episodio de nuestra video serie 'Summer of Love explora', Stephen Isaac-Wilson discute cómo la vida nocturna LGBT ofreció un santuario sudoroso lejos de los prejuicios y la discriminación, y cómo debemos...

por Stephen Isaac-Wilson
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01 Julio 2016, 4:05pm

Crecer siendo queer fue duro. Al ser tímido por naturaleza, sobresalir nunca fue lo ideal. La vigilancia interna constante fue agotadora, incómoda y no tuvo éxito. Nací y crecí en el sureste de Londres, en una familia de las Indias Occidentales. Nadie en mi escuela o mi familia era abiertamente gay, nadie pensó que lo pudieran llamar "maricón" y "pervertido".

Ambientes como ese hacen que te vuelvas hiper-sensible de la manera en la que caminas, hablas, actúas y todas las demás formas en que los llamados comportamientos queer pueden ser detectados. Recuerdo haber caminado entre grupos de chicos de esos que luego están en las esquinas de camino a casa y sentirme en peligro. Incluso hoy en día, es un nerviosismo que me cuesta trabajo quitarme.

Mi experiencia en los últimos dos años de preparatoria fue mejor pero no grandiosa. A pesar de que mi círculo de amigos era liberal, todavía tenía mucho miedo de agitar el bote heteronormativo. Pasamos nuestros días jugando cartas, viviendo del bolsillo del otro y las noches las pasábamos probando nuestras identificaciones falsas en los clubes del este de Londres y viajando en autobuses nocturnos a casa. Pasamos tanto tiempo juntos y compartimos tantas experiencias; aún así esto no fue suficiente para convencerme de salir del clóset. Recuerdo a mi amiga Tallulah tratando de abordar el tema en una fiesta que dio mientras sus padres no estaban, fue un intercambio verbal con el que lamentablemente y de forma rápida terminé. En gran medida, nuestras conversaciones sobre enamorados, citas y relaciones no parecían satisfacer mis sentimientos o experiencias. Las charlas en torno al aspecto queer a menudo resultaban incómodas, aleatorias y embarazosas.

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Ansiaba, aunque todavía no lo sabía, tener tiempo y espacio para resolver las cosas. Un lugar para empezar a entender y aceptar mis diferencias rodeado de gente que las aceptara. Primero fui a un club queer con mi amiga Sandra. En un antojo repentino, nos montamos en el último de tren y nos dirigimos a Vogue Fabrics, el club queer de Londres. Fue algo extraño y al mismo tiempo familiar. Aunque la experiencia es vívida en mi memoria, esa noche fue como una especie de sueño. Me brindaron apoyo, un nuevo día brillo para mí. Los clubes queer han funcionado durante siglos -el primer bar gay de Europa, posiblemente del mundo, fue el Zanzíbar en Cannes y abrió sus puertas en 1885-, pero para mí ofrecían una liberación temporal de la naturaleza a veces agotadora de la vida heteronormativa. Para mí representaban una oportunidad de encuentro con otros con los que compartía una profunda sensibilidad e intimidad platónica. Mi "otredad" de pronto se acentuó, en lugar de disminuir. Era como si mi ansiedad se estuviera disolviendo.

Estos espacios fueron un santuario para mí, un lugar para conocer gente con la que más tarde colaboraría artísticamente y para conocer amigos de por vida. Estaba lejos de encontrarme solo. "Son lugares de aceptación inherente en los que no tienes que dar explicaciones", Justin Bontha, quien aparece en el primer episodio de Summer Love, nos explica y Zoe Marden, quien también aparece nos dice: "Los espacios queer son una ventana hacia lo desconocido, donde puedes crear un mundo que todavía no existe". "Para mí son espacios feministas en los que como mujer no tienes que ajustarte a ningún tipo de ideal y puedes experimentar con libertad sin que te juzguen".

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La sociedad está culturalmente en deuda con las personas queer y los pequeños espacios que se han labrado a sí mismos. Especialmente los queer de color oprimidos que se reunieron en NY y Chicago y forjaron diversos sonidos y formas de arte para darle a la sociedad mainstream el vogueing, música house y disco, y un amplio vocabulario. Desde Madonna hasta Lady Gaga, la cultura pop ha sacado inspiración de los empobrecidos queers y es necesario recordarlo. Además de proveer a los jóvenes queer de una amplia guía sartorial, los iconos queer como Willi Ninja, Larry Levan y Boy George han contribuido en gran medida a la cultura de los clubes. Tenemos mucho de qué enorgullecernos.

Sin embargo, el aumento de los alquileres y la gentrificación ha hecho que estos espacios estén en peligro. En NY, los clubes Spectrum y Escuelita (Vogue Knights), amigables con la comunidad trans, cerraron a principios de este año, en perjuicio extremo de muchos. En Londres, una especie de epidemia ha visto cerrar en los últimos años a lugares como Joiners Arms, The Black Cap, Candy Bar y The George and Dragon -y otros están en la cuerda floja.

Se ha argumentado que la necesidad de estos espacios no es tan fuerte como lo fue antes. El Internet, hasta cierto punto, ha aumentado la visibilidad de las personas LGBT de todo el mundo. Con un cóctel de Instagram, Tumblr, y YouTube interactuar y suscribirse a una estética queer en particular se ha vuelto más fácil. Sin embargo, lo tangible de las conexiones de la vida real y el apoyo que ofrecen es lo que necesita protección -pues las amistades queer son absolutamente esenciales para el crecimiento personal.

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Una encuesta realizada en 2016 por la International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association (ILGA) a 96,000 personas en 53 estados miembros de la ONU proporcionó resultados menos que progresivos. Reveló que a dos tercios de los adultos les molestaría que sus hijos expresaran amor por personas de su mismo sexo y sólo el 28% consideró que sería aceptable que un hijo varón se expresara como una persona del género femenino. Es claro que las personas queer necesitan más lugares para comenzar a aceptarse a sí mismos, lejos de las presiones de sus padres y compañeros. Un espacio para mejorar y moldear su identidad -antes de que sea moldeada por la crítica y el escrutinio del resto de la sociedad.

Todos nos beneficiamos cuando hay espacios seguros donde poder ejercer la libertad de expresión y donde las subculturas puedan florecer artísticamente. Cuando permitimos que la gente encuentre su propia voz, creamos una sociedad más incluyente y progresiva -una donde todos estemos involucrados. Tenemos la responsabilidad de asegurar que estos espacios permanezcan abiertos y estén aquí para las generaciones futuras. Sin más rodeos, estos espacios han hecho mucho por mí. Es importante para mí y también para ustedes protegerlos.

Ve la primera entrega de Summer of Love: Londres, un recordatorio de que no importa en qué parte del mundo te encuentres, el amor y la unidad todo lo vencen.

Credits


Texto Stephen Isaac-Wilson

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