sobre cómo la copa menstrual sigue siendo tabú en pleno 2017

Los prejuicios ante su uso vienen de la relación culposa que tenemos las mujeres mexicanas con la menstruación desde tiempos ancestrales.

por Raquel Miserachi
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08 Marzo 2017, 9:05pm

Fotografía Petra Collins

Lo primero que pensé cuando mi editora me asignó este texto fue: 'ugh, me voy a tener que ensuciar las manos'. Esta primera reacción ante el concepto de "copa menstrual" me obligó a pensar qué era lo que me daba asco. ¿Mi cuerpo? ¿Mis… fluidos? Y sí. Definitivamente creo que entrar en contacto con mi flujo menstrual es el equivalente a entrar en contacto con mi caca, y tengo entendido que jugar con los deshechos humanos es un síntoma clarísimo de psicopatía.

'Red Flag', Judy Chicago, 1971

No voy a defender la veta del arte feminista que celebra los pelos y la menstruación, porque me enoja y me desagrada. La Red Flag de la artista feminista Judy Chicago no me parece un desafío a los prejuicios frente a la liberación femenina en 1971, sino una obviedad mal entendida y embarrada a un momento poderosísimo en la historia de las mujeres de la manera más burda posible. Soy todavía más crítica con el concepto de "menstrala" que la artista Vanessa Tiegs acuñó en el 2000 para referirse a su colección de 88 pinturas a base de flujo menstrual. Ojalá estuvieran chidas. No creo necesaria la creación de nuevos rituales en torno a la menstruación como lo está haciendo actualmente la artista inglesa H Plewis en su show Dr Carnesky's Incredible Bleeding Woman, una obra de teatro-cabaret que se presentó este año en el Soho Theatre en Londres, cuya premisa es que "la revolución será menstruada".

Estos intentos de algunas mujeres por explicarse a sí mismas el funcionamiento de su propio cuerpo son completamente válidos hasta que los convierten en una postura política de carácter subversivo. El flujo menstrual como elemento discursivo es un recurso gastado, poco propositivo e indefendible. Creo que más bien, para tener una relación más sana con el cuerpo femenino en 2017 no hace falta reivindicar tantos años de cinturones de castidad y demasiado tiempo a la espera de la pastilla anticonceptiva, sino terminar con la carga simbólica del ciclo menstrual para poderlo atender como lo que es: un proceso meramente funcional.

Cuando le platiqué a mi mamá que iba a probar la copa menstrual me dijo muy en serio: 'no andes jugando con la sangre'. Casi exactamente lo que pensé yo antes de animarme a hacerlo. Los prejuicios ante su uso son muchos, y todos vienen de la relación culposa que tenemos las mujeres mexicanas con la menstruación desde tiempos ancestrales. Según esta investigación realizada en el Centro de Estudios de Antropología de la Mujer, en la tradición maya las mujeres son seres duales que generan vida y a su vez pueden destruirla, seres que renacen y mueren cada mes con cada período. Por eso las mujeres no participaban en las fiestas religiosas. Su ciclo menstrual contaminaba las ceremonias. ¿Te suena familiar? La segregación de las mujeres en rituales sagrados no solamente sucede en culturas indígenas, la tradición judeocristiana separa a la mujer de la religiosidad porque la menstruación es un símbolo transitorio de impureza. Entonces "jugar con la sangre" está mal desde siempre por donde lo veas.

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A pesar de los prejuicios milenarios, fui a comprar mi copa menstrual. No tenía idea de dónde conseguirla. Alguien me dijo que la venden en una tienda en la colonia Condesa, en la Ciudad de México. No me dieron el nombre del lugar pero las indicaciones para encontrarlo eran muy claras. La única tienda que había "junto a Frutos Prohibidos en la calle de Amsterdam" era un changarrito de productos orgánicos y jipitecadas aromáticas para el baño.

Me acerqué escéptica a la vendedora y le pregunté si ahí vendían lo que buscaba. Sacó un estuchito negro de algodón y me dijo que si tenía menos de 35 años debía comprar la talla más chica. Mientras me explicaba cómo es que las paredes vaginales se hacen más grandes con los partos, recordé que una chica me contó en una fiesta que tuvo que hacerse un fisting dolorosísimo para sacarse una copa menstrual de la vagina porque se le fue muy atrás y no podía alcanzarla. La compré de todas formas por $645 pesos.

Lunacop

Ya en casa me preparé para leer un montón de advertencias y tutoriales. Pensé que las instrucciones serían más complejas pero solo hay que esterilizar la copa sumergiéndola durante cinco minutos en agua hirviendo y no dejarla puesta más de ocho horas seguidas sin limpiarla. Sin pensarlo mucho introduje la copa como decía el instructivo. No me ensucié las manos y no fue incómodo ni doloroso. Hice todas mis actividades del día de manera normal sin sentir ninguna molestia. Salí a correr y fui a mi práctica de yoga sin problemas, pero el momento de quitármela me daba pánico.

Cuando pasaron exactamente ocho horas se hizo inminente. Tenía miedo de hacer un batidero. No quería tener nada que ver con el olor, ni con la temperatura, ni con nada que saliera con esa copa. Con los calzones en las rodillas hice lo indicado en el instructivo de nuevo. No puedo negar que se siente raro pero no más raro que cuando te sacas un tampón o lo que sea que te hayas metido a la vagina alguna vez. No tuve que sentir la temperatura de nada, no hice un batidero y para mi sorpresa no percibí el olor. No tuve que "jugar con la sangre" tampoco. Enjuagué mi copa y la lavé con jabón neutro como está recomendado. Después de eso vi un documental de Werner Herzog sobre volcanes, Into the Inferno de 2016. El poder destructivo del volcán aterra a todo el que vive a su alrededor, pero la magia de la lava expuesta que viene de las entrañas de la Tierra maravilla a cualquiera. 

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El uso de la copa menstrual no es una declaración feminista, sino una redefinición muy personal de la relación que cada quién tiene con su cuerpo. Es cierto que es una alternativa más ecológica a la de andar tirando toallas femeninas y tampones por acá y por allá. También es cierto que te ahorras todo ese dinero gastado productos que huelen a pañal y sobre todo te evitas el riesgo de que te agarre el síndrome de shock tóxico, una amenaza tremendamente real. Si eres una militante feminista o una defensora del medio ambiente, seguro que a tus principios les va bien usar una de estas copas. Sin embargo, creo que es una buena experiencia para cualquiera entablar voluntariamente una relación consciente con su cuerpo.

Probar una nueva alternativa al cuidado femenino sí genera preguntas sobre paradigmas sociales y complejos personales. Preguntarte si te da asco o te da miedo introducir un material clínico en tu vagina que fue diseñado para eso, automáticamente te pone en un proceso de confrontación con tabúes milenarios y prejuicios estructurales con los que nunca te enfrentas porque son nimiedades que das por hecho. Es indispensable que cada una se cuestione qué significa la menstruación para si misma independientemente de la carga simbólica que nuestro contexto latino le haya impuesto a través de milenios. La copa menstrual es una buena opción para empezar a definir nuestra feminidad en pleno 2017 con un debate interno que siempre valdrá la pena. 

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Credits


Texto Raquel Miserachi
Fotografía Petra Collins para Jiwinaia