sobre cómo el surf une a la juventud libanés

Sigue la lente de Charles Thiefaine a las playas del Líbano, mientras el joven fotógrafo francés documenta cómo los lugares para surfear unen a la gente en tiempos turbulentos.

por Charles Thiefaine
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19 Octubre 2016, 6:30pm

"Mustafa fue el primer surfista de Jiyeh, el que demostró que las olas eran piedras preciosas que nos pertenecían a todos", dice Ali, un surfista de cuarenta años al que fotografié antes de que saltara al agua. "Estaba en la carretera buscando este lugar cuando lo conocí. Me mostró el camino y desde entonces es como mi hermano menor, al igual que todos los chicos que crecieron aquí".

Este camino hacia el agua sigue por una hilera de invernaderos de donde emana un sulfuroso olor a estiércol. La playa se encuentra al final, cubierta con sombrillas multicolores bajo las que algunos fumadores de shisha se refugian, mientras beben un refresco. A la izquierda, hay una fábrica llena de actividad, emitiendo humo negro. El área de surf está a la derecha, junto a un dique que oculta un hotel de lujo y un puerto deportivo. 

La mayoría de ellos se quedan en el agua todo el día, mientras que otros vienen y van, descansando junto a la caseta de playa donde guardan sus tablas -la caseta de Mustafa. Recargados en una pared, un grupo de jóvenes libaneses se ríe mientras mantiene su mirada en las olas. Otro pequeño grupo sentado en una camioneta mira en la misma dirección. "Estamos esperando el final del día", dice uno de ellos, "cuando el sol se pone, el mar está más tranquilo y las olas son mejores".

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Si hay tantas personas surfeando el día de hoy es porque las buenas sesiones de verano son raras. "En el invierno es mejor, las olas son de dos metros de altura", explica Alfred, un surfista regular de aquí. "Este lugar es el mejor en el Líbano, las olas son más consistentes que en el resto del país". Descubrí este lugar a través de Alfred, quien surfea en su tiempo libre, cuando no está ocupado con su trabajo de diseño gráfico en Beirut. Él es el que pintó la caseta de surf. También es amigo de Mustafa, pero no me lo pudo presentar porque estaba trabajando. "Conozco a cada surfista aquí", dice. En realidad, todos se conocen entre sí, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, cristianos y musulmanes, suníes y chiitas -todos pasan el rato juntos en el agua y en la playa. Este no es el caso del resto del Líbano. "Puedes conocer gente de todos los orígenes en la playa, de diferentes religiones, comunidades y estatus social", confirma Alfred.

Unas semanas más tarde, finalmente pude conocer a Mustafa, el hombre que puede contarme más acerca de Jiyeh. Cuando le pregunté por qué le gusta estar aquí, respondió, "Este es mi pueblo, nací aquí; mi padre, mi abuelo, su padre antes que él, todos nacieron aquí". Me explicó que comenzó a surfear en 1996, a la edad de doce años, después de conocer a un chico francés llamado Didier que le dejó su tabla cuando se regresó a Francia. Unos días después, Mustafa tomó las llaves del departamento frente al mar de su primo y comenzó a practicar el surf.

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Esta pequeña playa, frecuentada en su mayoría por familias locales, demuestra que los conflictos relacionados con la religión no están por doquier en esta parte del mundo. Aquí, a pesar de que puedes encontrar chicas surfistas en burkini y una mezquita a cien metros de la playa, todos se respetan mutuamente. "Algunas personas creen que somos terroristas por ser chiitas y que por consecuencia estamos vinculados con Hezbollah. Pero tú puedes ver quiénes somos en realidad", dice Mustafa. Este lugar une a la gente más allá de la línea que los divide a causa de sus creencias, dogmas y tradiciones.

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Aquí, lejos del ruido ensordecedor de Beirut, los libaneses de la ciudad y del campo se unen. Este pequeño paraíso sorprendente, sucio y caótico, no se parece a lo que la mayoría imagina que debería ser idealmente. Las palmeras, la arena blanca, las flores y las conchas marinas están muy lejos de aquí. La belleza de este lugar proviene de algo que no podemos ver a simple vista. Niños jugando con un caballo en el agua, mujeres caminando a la orilla del mar, surfistas que pasa todo el día aquí. A medida que se va oscureciendo, los jóvenes surfistas de la camioneta se unen al grupo que aún está en el agua, para surfear por última vez antes del invierno. "Cada vez que vengo a la playa, me siento aliviado. Es el único lugar donde realmente me siento bien", dice Mustafa. 

Credits


Texto y fotografía Charles Thiefaine
 

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