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¿qué cosas importan realmente cuando sufres de ansiedad?

Lujo: un concepto tan personal como nosotros mismos. Entre el bombardeo diario de los placeres de la vida, el mayor lujo puede que sea dejarte perder en el momento. Eleanor Morgan comparte sus reflexiones acerca de su primer libro, una confesión...

por Eleanor Morgan
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11 Mayo 2016, 4:27pm

El lujo es un término evocador, al decirlo en voz alta nos vienen a la mente todo tipo de imágenes: cuero suave, sábanas de hilo, agua cristalina donde mojar tus pies durante las vacaciones. Pero el lujo no es solo algo material o tangible, es un concepto que implica la riqueza de una experiencia, por eso cada uno crea su propia idea de cómo es y cómo se siente. 

No hay dos mentes iguales, en qué tipo de persona nos convertimos es un trabajo en curso. El cerebro trabaja de infinitas formas misteriosas, formas que, a pesar del avance de la neurociencia, todavía dejan a los científicos rascándose la cabeza. Sin embargo, sabemos que nuestras respuestas personales ante la vida son producto de muchas cosas como la genética, el desarrollo cognitivo temprano, la experiencia, la memoria, la naturaleza y la nutrición. 

Imagen vía @lukasz_wierzbowski

Cuando consideramos lo subjetivo que es cada concepto, la idea de lujo nos parece menos relacionada con su definición -que denota un gran confort y elegancia, sobre todo cuando implica mucho dinero- y descubrimos que tiene que ver más con quién somos como individuos y con nuestras circunstancias en un momento determinado.

Para muchos, el lujo y el dinero son conceptos inseparables. Sin dinero, no es solo la sensación del cuero suave entre nuestros dedos y dormir entre sábanas de algodón egipcio lo que nos parece inalcanzable, sino más bien la libertad de decisión.

No tener dinero nos deja fuera de todas las decisiones excepto las más básicas que tendremos que afrontar para saber en qué gastar nuestros últimos pesos. Para las millones de personas que viven en la pobreza por toda España gracias a los recortes que el gobierno aplica a los presupuestos sociales, el lujo es no tener que preguntarte: "¿Debería encender la calefacción o cenar esta noche?".

Imagen vía @martindethurah

Son los pequeños extras los que ponen la carne en el asador de la existencia cotidiana: tener un billete de cinco euros extra para poder encender el calentador del gas y darte un baño, coger el metro en lugar de caminar, o poder cenar algo más que arroz blanco en una semana. En fin, todas esas cosas que la gente que tiene dinero verá como una realidad muy remota. 

Cuando era pequeña, mis padres eran pobres y pasábamos por etapas en las que realmente no teníamos ni un duro. Todavía no he logrado entender exactamente la razón de esa situación, pero sé que había una deuda y unos negocios malogrados en el contexto de una pareja de unos veinticinco años con tres hijos de menos de cinco años que intentaba hacer todo lo posible por salir adelante. 

Sin haber vivido todavía las experiencias que me irían formando como adulta, mi idea de lujo existía entonces en los momentos en que mis sentidos estaban muy involucrados. La mayoría de las veces tenía que ver con el gusto, creo; poder tomar una segunda ración de postre (un cóctel de fruta de lata y yogurth), una bola del hombre de los helados y ese tipo de cosas. No tener mucho dinero significaba que vivíamos con lo básico, así que cualquier cosa que se saliera fuera de nuestra rutina era algo deluxe, lo que seguramente le pasa a mucha gente.

Imagen vía @teresacfreitas

Cuando estaba estudiando, el lujo era que me sobrara algo de mi beca para poder tomar un taxi a casa después de una noche de fiesta en lugar de tener que tomar el autobús nocturno. Cuando empecé a trabajar de periodista con 20 años, la situación era bastante parecida, y ahora que tengo treinta el lujo significa poder viajar, comer de vez en cuando en buenos restaurantes y el placer material de tener cosas de calidad. 

Sin embargo, más que otra cosa, el lujo significa el sosiego de la mente pues, como alguien que ha vivido con ansiedad, poder absorber el presente es algo que me resulta difícil.

He vivido con ansiedad durante toda mi vida adulta. 'Vivir con' es un término que puede significar varias cosas, ya que en ocasiones la he sufrido hasta llegar a la desesperación y tener que retirarme del mundo de forma temporal, mientras que otras ha estado ahí de fondo, como una pequeña mancha en los cristales de mis gafas. 

Imagen vía @lukasz_wierzbowski

Pero llegar al punto en el que puedo reprimirla durante largos periodos de tiempo ha sido un largo camino lleno de baches. Se necesita -y he necesitado- mucho compromiso y algunas de las estrategias que he aprendido al tratar mi ansiedad están muy lejos de ser infalibles. Sin embargo, lo que he aceptado es que mi estado de ánimo es siempre transitorio, nunca se queda igual.

La ansiedad puede llegar a hacer que vivir el presente sea realmente difícil cuando te encuentras encerrado en un bucle de pensamientos catastróficos sufriendo los diferentes síntomas que estos pueden desencadenar. Nos encerramos en nuestro mundo hasta tal punto que es imposible llegar a ver el mundo tal y como es, y esto es lo que hace que poder estar (realmente) presente sea un auténtico lujo. 

¿Pero cómo lo conseguimos? ¿Cómo podemos distanciarnos de nuestro mundo rápido, complejo y digitalmente saturado para acercamos a nosotros mismos de una forma que nos inspire tranquilidad? Esta es la pregunta del millón que todos  se preguntan y para la que nadie tiene una respuesta clara. Tampoco es un problema que afecta solo a aquellos que han sufrido complicaciones de salud mental -aunque está claro que estos lo tienen más difícil- sino que es un problema que nos atañe a todos.

Imagen vía @linascheynius

A principios de este año acabé de escribir un libro sobre la ansiedad. Mi propia experiencia me sirvió como clave para plantear preguntas más amplias sobre algo que se encuentra en el corazón de la condición humana pero que puede complicarse para alguna gente (millones de personas en todo el mundo de hecho). 

Además de explorar la raíz de mis propios problemas, gran parte de mi investigación se basó también en descubrir qué factores hacen que una persona llegue a tener ansiedad. Pero siempre volvía a lo mismo, y es que los científicos tienen algunas ideas claras de por qué la ansiedad puede convertirse en un problema tan grave, pero nada es realmente blanco o negro. Esto es algo que nos puede dar mucho en qué pensar.

He aprendido que la ansiedad no tiene "cura" -¡eso sí que sería todo un lujo!-, pero hay muchas buenas opciones de tratamientos que pueden ayudar a gente que, como yo, vive con ella para que tenga una vida completa, feliz y con sentido. Mientras estaba escribiendo el libro -durante los largos periodos de soledad que vinieron con ello- tuve más tiempo para ser consciente de mi situación. 

A veces me pasaba la tarde llorando de frustración y otras me quedaba sentada durante horas sin ser capaz de escribir una palabra. Me examiné con mucha más profundidad que nunca antes y en ocasiones me encontré llorando de frustración, otras me quedé sentada durante horas sin palabras que poder escribir.

Imagen vía @oliviab33

Reflexioné mucho sobre la idea del lujo y me di cuenta que los sentimientos más ricos que conozco no vienen de nada que pueda palpar o llevar puesto sobre mi cuerpo, sino que llegan cuando no me doy cuenta de que ha pasado el tiempo. Eso puede que se deba a que soy una persona que sufre de ansiedad, pero creo que seguramente también se debe a que soy una persona y punto. 

Nuestras mentes están más avanzadas que antes y por ello son capaces de adoptar diferentes perspectivas que otros animales, aunque en ocasiones nuestra naturaleza se pone en nuestra contra. En muchos aspectos, nos sentimos demasiado conectados al mundo en el que hemos nacido.

Esos momentos de los que hablo, cuando me puedo detener y ser consciente de que he perdido la consciencia en mí misma, suceden sobre todo cuando estoy al aire libre, en la naturaleza, sin estar pendiente de un ordenador con el tiempo y fecha arriba de la pantalla. Cuando encuentro el momento para salir -cosa que hago todos los días como terapia contra el extrés- algo se calma en mi interior. 

Imagen vía @oliviab33

A través de la escritura del libro he descubierto la base científica que lo explica. Todos sabemos que desconectarse de internet, de nuestros teléfonos y de lo que sea que nos mantiene atados, y mirar hacia un paisaje verde es bueno para nosotros, pero los verdaderos cambios químicos que suceden en el cerebro y cómo pueden afectar a nuestro estado de ánimo es algo fascinante. 

Sucede, por ejemplo, cuando hablo de banalidades con mis amigas, reírme de tonterías es seguramente la mejor sensación de libertad que conozco. También ocurre cuando escucho lo que la gente dice y cuando estoy aprendiendo algo, por eso decidí -tras una década escribiendo y editando- apuntarme a una maestría de psicología e intentar formarme como psicóloga clínica. Soy consciente del privilegio que es estar en esa posición y tener la libertad de tomar una decisión como esa.

Es una idea muy existencialista, pero creo que el lujo es un sentimiento más que algo que podamos tocar o medir con objetos materiales. ¿No es eso lo que buscamos, en el fondo, cuando gastamos dinero en cosas buenas? ¿Un sentimiento? Si quitamos el dinero de la ecuación, puede que el lujo sean los momentos en los que nos evadimos, aunque sea por un instante, como si ese tiempo se hubiera parado. Y eso es algo que percibimos de forma diferente cada uno de nosotros.

Imagen vía @teresacfreitas

Anxiety for Beginners se publicará por la editorial Bluebird (PanMacmillan) el 2 de junio. 

Credits


Texto Eleanor Morgan
Imagen Kai Schreiber