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las fotos de sasha rudensky sobre la nueva cultura de europa del este

Conoce a la artista que examina la pérdida de la ideología soviética y la cultura que surgió para llenar ese vacío.

por Matthew Whitehouse
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21 Noviembre 2016, 7:38pm

El premio New East Photo Prize es una nueva iniciativa que celebra la fotografía contemporánea de Europa del Este. Fundado por la fundación Calvert 22 Foundation -la única institución de la región sin ánimo de lucro dedicada al arte contemporáneo en el Reino Unido-, su objetivo es simple: respaldar nuevas perspectivas y revolucionar la manera anticuada en que están representados los países de la ex Unión Soviética.

Una de las artistas que lidera la embestida es Sasha Rudensky. Para Rudensky, nacida en Rusia y criada en los Estados Unidos, la fotografía es una forma de mantener una conexión con su herencia, examinando, en sus palabras: "la pérdida de la ideología soviética y la cultura que surgió para llenar ese vacío". En Tinsel and Blue, una serie de imágenes tomadas entre 2009 y 2015 en Rusia y Ucrania, Rudensky profundiza en la relación entre la verdad y la ilusión, la aspiración y la frustración, así como la multitud de problemas de identidad que vienen con eso. Con motivo de su actual exhibición en la fundación Calvert 22 Foundation en Londres hasta el 18 de diciembre, hablamos con la fotógrafa acerca de la serie y de ampliar las percepciones sobre Europa del Este una imagen a la vez.

¿De dónde viene el título Tinsel and Blue y qué aspecto de la cultura de la nueva Europa del Este intentabas narrar?
En Tinsel and Blue me interesaba examinar una cuestión sociológica más amplia con relación al vacío creado por la pérdida de la ideología soviética y la cultura que ha surgido para llenar ese vacío. En otras palabras, ¿qué ha configurado y llegado a caracterizar a la generación que llegó a la edad adulta durante la conmoción de los años 90 y el estridente capitalismo de los años 2000? Las fotografías no ofrecen una respuesta definitiva, pero el título enmarca un aspecto central: el espacio entre la fachada y el interior, ofreciéndolo como una pista posible. La oposición de las palabras y los significados asociativos hablan de una contradicción entre la vida privada y la personalidad pública -presentada a través de la decoración, el vestuario y la configuración arquitectónica-, revelando una fisura entre el revestimiento de glamour y la melancolía de la fantasía incumplida. Me gusta la ambigüedad de ambos términos: el oropel [tinsel] es brillante, pero barato; el azul [blue]es un color, pero también un estado de ánimo. Al escribir sobre mi trabajo, un crítico astutamente hizo referencia a Theory of Colours [Teoría de los colores] de Goethe, donde se dice que "el azul perturba, en vez de animar". Me gusta esa interpretación.

¿Cómo definirías tu estilo de fotografía?
Cualquier tipo de definición de orden estilístico o filosófico sería demasiado reductiva o demasiado general. Por ejemplo, el término 'documental' puede implicar un millón de significados contradictorios, ninguno de los cuales es particularmente útil para describir o diferenciar a un fotógrafo de otro. Soy una artista y no una fotoperiodista, y como resultado, me siento cómoda e incluso obligada a filtrar el mundo y a interpretarlo.

Ahora estás radicando en los Estados Unidos... ¿Te consideras más una fotógrafa estadounidense o rusa?
En realidad ambas. Fui educada en Estados Unidos, lo que contribuyó no sólo al tipo de artista en que me convertí, sino al hecho mismo de haberme convertido en artista. Sin embargo, mis primeros recuerdos visuales de la Moscú soviética de los años 80, así como los primeros años después de haber llegado a Estados Unidos y la doble vida de un inmigrante, son los motivos centrales por los qué hago fotografía.

¿Cómo encontraste a las personas que aparecen en Tinsel and Blue?
Conocí a las personas accidentalmente y también a propósito. En algunas ocasiones, tenía una idea específica para una fotografía, centrada generalmente en un arquetipo que quería incluir en mi elenco de personajes: un oligarca, un policía, una ama de casa acaudalada. Investigué y le pedí a mis amigos que me pusieran en contacto con personas que estuvieran interesadas en ser fotografiadas. Luego, hubo momentos en que, como suele suceder en la fotografía, tropecé con algo o alguien de quien quedé prendada al instante porque me dio una idea nueva o incluso cambió la dirección del proyecto. El lograr tener acceso es uno de los desafíos más grandes de la fotografía, y le debo mucho a esos amigos en Rusia y Ucrania que me ayudaron a abrir puertas y a hacer presentaciones.

¿Alguna imagen de la serie es tu favorita?
Es difícil separar un cuerpo de trabajo en imágenes individuales. Además, cambio de opinión todo el tiempo. No tengo mis fotografías exhibidas en casa, pero si las tuviera, hay algunas con las que me sería más fácil cohabitar que con otras. Hay ciertas fotos que desempeñaron un papel fundamental para que pudiera articular las ideas fundamentales del proyecto -pero es realmente difícil elegir una favorita.

¿Qué es lo que te sigue atrayendo acerca de Europa del Este?
Cuando tomo fotografías en Europa del Este accedo a parte de las piezas imaginadas y desaparecidas de mi propia experiencia, una vida que habría llevado si no me hubiera subido a un avión y volado a Estados Unidos. Esa perspectiva, de asombro y reconocimiento simultáneos, de ser una outsider con conocimiento interno, es parte de lo que me ha hecho volver todos estos años y que ha contribuido a mi desarrollo como artista.

¿Cómo puede ampliar las percepciones de los países del Este la fotografía?
Cuando era más joven me motivaba la fotografía en Rusia en parte debido a la clase de obras que estaban teniendo lugar ahí en ese entonces; obras realizadas predominantemente por fotógrafos occidentales, quienes la veían como un lugar de dramáticos extremos, de pobreza horrorizante, de riqueza alucinante, de anarquía desenfrenada, de nostalgia por el pasado soviético. Ciertamente, había una gran oferta de material que avalaba esas percepciones; pero, en general, esos proyectos se sentían simplistas y exagerados, y con muchos hechos desde el punto de vista de un outsider. Quería hacer fotografías que fueran personales y tuvieran un matiz, que se centraran en una realidad más íntima que representara ideas más grandes.

A lo largo de los años me he vuelto menos idealista, pero todavía estoy interesada predominantemente en dilucidar la experiencia privada y un punto de vista personal, lo cual parece ser más revelador y, como resultado, más emotivo. Siempre es fascinante evaluar la diferencia en la recepción de mi trabajo en Estados Unidos o en occidente en general en contraste con su recepción en Rusia y la nueva Europa del Este. En un nivel superficial, las imágenes de Tinsel and Blue pueden ser vistas como seductoras y exóticas, un vistazo a una realidad más extraña que la ficción. En un nivel más profundo, las fotografías son una reflexión acerca de la aspiración y el fracaso, un esfuerzo para transformar y trascender el entorno inmediato, de los cuales todos son deseos humanos y universales. A riesgo de sonar obvia, ¿no es una de las grandes ambiciones del arte el tratar de darnos una explicación acerca de quiénes somos?

Credits


Texto Matthew Whitehouse
Fotografía Sasha Rudensky