sobre cómo ‘skins’ le dio a los adolescentes una mirada a las enfermedades mentales

Con tramas acerca de trastornos alimenticios, depresiones y adicciones, hace diez años el programa cambió el panorama de los dramas adolescentes.

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mar. 23 2017, 4:59pm

Diez años después de salir al aire por primera vez, Skins sigue siendo tan relevante para los adolescentes que comparten GIFs en 2017 como lo fue para los chicos que usaban el T9 para mandar textos en 2007. Durante siete temporadas, sus creadores Jamie Brittain y Bryan Elsley retrataron descaradamente el hedonismo de la juventud británica, brindando a los espectadores abundantes escenas musicalizadas de sexo, drogas y fiestas. Por supuesto, el show inmediatamente fue recibido con críticas. Los periódicos sensacionalistas británicos culparon a la serie por inspirar a los televidentes a imitar sus fiestas y destrozos. Pero lo más controvertido y decisivo que hizo Skins por sus jóvenes espectadores fue mostrarles lo que pasaba a la mañana siguiente de las fiestas de envidia de los personajes -mostrándoles los trastornos alimenticios, la depresión y las adicciones con los que estos chicos cool regresaban a casa al amanecer.

Skins presentaba a personajes llenos de defectos, sin interés alguno por alcanzar la perfección. El show contrastaba fuertemente con las series aprobadas por los padres como Gilmore Girls, Dawson's Creek y One Tree Hill, en las que, a pesar de sus melodramas, los protagonistas siempre eran capaces de salir de la cama por las mañanas. En una de las primeras escenas de Skins, al virginal y flojo Sid se le hace tarde al no escuchar el despertador y está más preocupado por masturbarse que por llegar a tiempo a la escuela. A diferencia de sus series contemporáneas, Skins abordó las partes más difíciles y complicadas de la adolescencia: faltar a la escuela no porque sea divertido, sino porque ese día la vida parece demasiado abrumadora; el hecho de que nuestros amigos nos pueden elevar y de igual manera hacernos caer; la elección de drogas y alcohol por encima de la búsqueda de ayuda.

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Skins nunca fue un show que se esforzara por enseñar a los adolescentes cómo solucionar sus problemas. En todo caso, los escritores continuamente pasaban la estafeta. Con frecuencia cortaban las escenas finales cruciales justo antes de que se diera una resolución apropiada. Además, cada dos temporadas, el programa apretaba el botón de reinicio y se despedía de los miembros de su elenco justo antes de que tuvieran la oportunidad de madurar y convertirse en adultos, reemplazándolos con un grupo nuevo de chicos más jóvenes. Hacer finales felices, o cualquier clase de final para el caso, simplemente no era una preocupación para los escritores de Skins.

El trastorno alimenticio de la despreocupada Cassie es la mejor muestra de esto. A pesar de pasar múltiples períodos en rehabilitación, Cassie no ve que haya nada de malo con su trastorno ("¡No es asunto de nadie!", le dice a Sid) y hace alarde de cómo ha dominado el arte de fingir que se come todo lo que está en su plato. Para su último día de tratamiento, Cassie oculta unas pesas bajo el resorte de su falda para alcanzar el peso necesario para su liberación. En el vestíbulo del centro de tratamiento, una chica se sienta junto a ella dándole grandes tragos a una enorme botella de agua. "Ocho kilos de peso de agua", dice la chica con orgullo, retorciéndose y contorsionándose mientras trata de contener su vejiga. Skins ilustró un punto que muchos shows de adolescentes han tenido miedo de abordar: a veces las personas con enfermedades mentales no quieren dejar de autoinfligirse daño. Es una parte de la enfermedad.

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La falta de intervención o recuperación seria que Cassie experimenta con su trastorno alimenticio es conmovedora y, por desgracia, realista. Según el National Health Service, el 8% de las mujeres padecerán bulimia en algún momento de su vida y se estima que sólo el 46% de los pacientes con anorexia nerviosa alcanzan la clasificación de "curados", lo que hace que momentos como el desorden alimenticio de un solo capítulo de Miranda en Lizzie McGuire se sientan ofensivamente simples. Un trastorno alimenticio sin curar era inaudito en la televisión adolescente hasta Skins. Anteriormente, si un personaje en un drama de jóvenes adultos tenía un trastorno alimenticio, podíamos estar seguros de que el problema sería abordado, resuelto y olvidado antes del siguiente episodio. En cambio, Skins decidió concluir su primer episodio centrado en Cassie con ella mirando fijamente una hamburguesa, debatiendo si debía comerla o no. Los créditos del final comenzaron a pasar antes de que viéramos si ella decidía darle una mordida.

La representación de Skins de la salud mental de los adolescentes se volvió más oscura con el avance de la serie. Los escritores retrataron la depresión maníaca al presentar a Effie (quien, hasta la cuarta temporada, era posiblemente uno de los personajes más seductores, tranquilos, cool y serenos de todos los tiempos) completamente devastada. Después de que sus padres se separaran, Effie entra en un estado casi catatónico de depresión. Freddie hace todo lo posible por traer a Effie de nuevo a la vida, pero su enfermedad es demasiado seria e intenta suicidarse. Algunos espectadores criticaron la representación de la espiral en picada de Effie como aparentemente fortuita y mal desarrollada, pero este era un personaje que había pasado tres temporadas de fiesta a manera de distracción, manipulando prácticamente todos en su vida y que había atestiguado cuando un autobús atropelló a su hermano. La devastación era inevitable. Además, detonantes o no detonantes, los adolescentes son vulnerables de por sí a las enfermedades mentales. El National Institute of Mental Health estima que el 10-15% de los adolescentes estadounidenses experimentan un episodio depresivo mayor cada año y que la tasa de depresión entre las chicas es más del doble que entre los chicos.

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Effie comienza una nueva vida cuando sale de rehabilitación. Sus días se convierten en horarios meticulosamente planificados de medicación, cuidado personal y productividad -queda poco margen para el error. Cuando volvemos a ver Effie en la temporada siete de Skins, ella tiene veintitantos y vive en Londres, trabaja en una corredora de bolsa y se mantiene fiel al papel de chica buena. Ha cambiado sus Dr. Martens por unos zapatos altos, domina por completo Microsoft Excel, y su idea de tener un buen momento es beber un vaso de vino blanco. Effie nunca fue un personaje que hiciera las cosas a medias, y su vida altamente reglamentada ejemplifica la demandante cantidad de trabajo que puede tomarle a algunas personas lograr y mantener el bienestar mental.

Aunque Skins terminó en 2013, su efecto sobre la televisión para adultos jóvenes todavía se siente. Skins abrió el camino para que varios shows abordaran las complejidades de las enfermedades mentales. Girls de Lena Dunham, la cual se estrenó en 2012, también sigue la vida de personajes destructivos y turbulentos que no tienen mucho interés en mejorar. En otra serie reciente, la aclamada comedia australiana Please Like Me, el personaje principal, Josh, pasa tanto tiempo disfrutando de su juventud como atendiendo la enfermedad bipolar de su madre. La representación del show de las enfermedades mentales se ve más matizada cuando Josh comienza a salir con un chico que padece ansiedad severa y tiene una historia de pensamientos suicidas. Y luego está Skam, el programa noruego que ha encontrado una audiencia base internacional, y que retrata la lucha de su personaje principal con la enfermedad de la bipolaridad y la tensión que ésta pone en su relación.

Lo que hizo Skins y que inspiró a otros programas a hacer es ilustrar que cuando se trata de enfermedades mentales, el camino hacia la recuperación no siempre es en línea recta o sencillo -y eso está bien.

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Credits


Texto André-Naquian Wheeler
Imagen cortesía de Channel 4