de club kid a diseñador de set, desi santiago quiere que la moda siga siendo salvaje

El artista detrás de las naves espaciales inflables de Opening Ceremony reflexiona acerca de su transición de club freak a neófito del mundo de la moda —y nos habla de su último proyecto como director de arte de la próxima película de Bruce LaBruce.

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mar. 15 2016, 4:26pm

Santiago in his studio in Newark, New Jersey. Photography Sam Evans-Butler.

Para el cumpleaños 20 de Desi Santiago el celebre club kid Michael Alig voló a Leigh Bowery a Nueva York para que se presentara en Limelight. "Cuando pienso en eso digo, 'Wow eso fue una locura'", dice Santiago, que ahora tiene 43 años, barba, y es más probable que se ponga un discreto sweatsuit de la marca de streetwear Richardson que un leotardo de lurex con un adorno de Jesús, y un collar de perro con picos y prótesis de orejas de elfo.

En ese entonces Santiago era "Desi Monster", un desertor de Parsons convertido en criatura fantasmal de la vida nocturna con gusto por el maquillaje zombiesco y creativas pelucas hechas a mano. Junto a Alig y un grupo de otros adolescentes, formó un equipo de club kids que hicieron el salir de noche no solo una profesión lucrativa, sino un movimiento cultural.

Los proyectos actuales de Santiago como artista y diseñador de sets —responsable de las naves espaciales inflables que vimos en la pasarela color naranja de Opening Ceremony de otoño/invierno 2016— todos tienen sus raíces en ésta época, dice él.  

"Las semillas se plantaron en ese momento, porque me consintieron", reflexiona. A los 17 Santiago se mudó de Newark, Nueva Jersey, donde creció, a estudiar orfebrería en Parsons. En frente de su dormitorio en Union Square había un lugar llamado Palace de Beauté. Comenzó a frecuentarlo. Y en 1990 conoció a Alig en otra fiesta, la Disco 2000 en Limelight. 

"Era un grupo pequeño y éramos más o menos de la misma edad —17 y 18 años— y Michael nos vio y nos acogió. Me salí de la escuela y después vivimos todos juntos. Solo salíamos de fiesta. Eramos repulsivos, sólo destruíamos cosas, y nos pagaban. Me ganaba la vida solo saliendo a fiestas y disfrazándome", recuerda. El grupo empezó una revista, Project X, fundada por Peter Gatien, el dueño de Limelight, y hacíamos tours de noches de clubes por todo el país. "Teníamos limusinas, nos trataban como rockstars. Y todo era en este mundo alterno extraño, y era nuestro reino", dice Santiago. "Yo solo podía ser un freak". 

El set de Opening Ceremony de otoño/invierno 2016. Cortesía de Greg Kessler Studio.

La diversión se agrió cuando llegó la heroína a escena, pero "nunca me perdí demasiado en ella", dice Santiago. Para él, la escena de los clubes siempre fue para experimentar y crear. "Tenía la impresión de que podía hacer lo que yo quisiera y que todo iba a estar bien. Eso me proporcionó la filosofía básica de poder manipular su propia realidad, creando lo que sea que quieras que esté ahi en ese momento".  

Después de sus años de vida nocturna, Santiago comenzó creando instalaciones efímeras a gran escala para fiestas y festivales. Transformó toda la zona de backstage del show de los Chemical Brothers en una cueva sobrenatural (con un presupuesto pequeño, utilizando prácticamente puro alambre de gallinero), y ayudó a supervisar el aspecto creativo del hangar en el infame festival de Woodstock de 1999 ("Todos estos chicos, todos estaban drogados, y no había vergüenza en el asfalto. Fue horrible. Recuerdo que en algún punto podíamos ver fuego y por los walkie talkies alguien gritaba: 'Nos tenemos que ir'").    

Pronto comenzó a dividir su tiempo entre el mundo de la moda y del arte. Diseñó joyería para sesiones de foto y pasarela —con más regularidad para el diseñador Miguel Adrover. Un día, el asistente de Grace Coddington en Vogue llamó a Santiago, y la revista le ayudó a conseguir un showroom y espacio en Barneys. A pesar de que su trabajo aparecía en editoriales por Peter Lindbergh y Helmut Newton, ver a los compradores y coordinar la producción en masa no fueron para él. "Solo era un artista haciendo las cosas que me gustaban. Solamente amaba el show, el arte de todo."

Y entonces hizo lo que todo neoyorquino fantasea, por lo menos ocasionalmente, en hacer, y se mudó en medio de la nada. Durante tres años vivió cerca de Lake Mohonk al norte del estado de Nueva York, en un granero rodeado de bosque. "Fue todo un sueño, una fantasía", dice. "Soy del ghetto, nunca tuve un jardín, nada. Fue muy contemplativo para mí". Pasaba los días haciendo jardinería, y viajaba dos veces al año a Nueva York para trabajar en proyectos de moda con sus amigos, antes de decidir tomar un curso de posgrado en escultura en Bard. 

Al terminar el curso se regresó a Nueva York y comenzó a traducir su talento para crear mundos inmersivos en hacer diseño de escenografía para desfiles de moda. Improvisó un set dramático y relativo para Y-3 dentro del Park Avenue Armory utilizando 300 espejos de ballet, y más tarde trabajó con Stuart Vevers en Loewe. Junto al estilista Guido Palau, creó las máscaras para la icónica exposición de Alexander McQueen en el V&A.  

Santiago modelando una de sus máscaras en su estudio. Fotografía Sam Evans-Butler.

Pero el estar totalmente incorporado al mundo de la moda no le atraía. Santiago siempre ha balanceado las instalaciones de pasarelas con hazañas brillantes en el mundo del arte, como el hotel oráculo que creó durante el Art Basel Miami Beach en 2012, o el casino interactivo y demoniaco que imaginó en Nueva York en 2013. 

"Me emociona todo esto", explica. "Siempre me gusta dejar algo afuera, ya sea del margen del arte o de la moda, y luego vuelvo a entrar de vez en cuando. siento que me mantiene fresco y mantiene mi trabajo inspirado. También comencé a practicar meditación".

Resulta que la meditación instruyó su proyecto más reciente con Carol Lim y Humberto Leon para Opening Ceremony. La colección de otoño/invierno 2016 de la marca fue una colaboración con el ilustrador de sci-fi Syd Mead, "Y yo me estaba metiendo mucho en el territorio de la ciencia ficción", dice Santiago. "Es una locura los lugares o donde se va tu mente [cuando meditas]. Yo he estado viajando al espacio exterior". Después de hablar con Lim y Leon creó una flota de dirigibles a escala humana basados en las ilustraciones de naves espaciales de Mead. Cubrían una pasarela anaranjada dentro del Pier 90 de Nueva York, y, cuando comenzó el show, se levantaron en el aire para darle espacio a las modelos. Fue uno de los momentos más memorables de la temporada, y un argumento a favor de que los desfiles de moda sigan existiendo.

Si ese proyecto fue para el mundo de la moda, lo está balanceando con otro proyecto con firmes raíces en el mundo del arte. Desi se encontró con Bruce LaBruce en su primera exposición individual en Nueva York. "Puse a actores enmascarados en trajes negros abriendo y cerrando cajas laqueadas en negro, revelando diferentes piezas de arte", recuerda. El espacio alfombrado en rojo resonaba a LeBruce. Ahora, algunos años más tarde, Santiago va a dirigir el arte de The Misandrists la película más reciente de LeBruce. Trata sobre una milicia ficticia feminista que lucha por establecer un nuevo orden mundial, y comenzará a producirse en Berlín mas tarde éste año. "No puedo revelar demasiado", Santiago dice, pero como nos hace ver, él y LeBruce 'van por todo'. El resultado inevitablemente será sensacional.

Cuando le pregunto cual sería su colaboración ideal para Fashion Week, Santiago inmediatamente menciona a Hood By Air. "Mi antiguo asistente es su director de moda, pero son como familia", dice. (¿Otro de sus antiguos asistentes? Adam Selman). "Somos de la misma escuela", continúa Santiago. "Siento que son mis hijos". Como Santiago, Shayne Oliver y su equipo puede rastrear sus raíces creativas a las energías de la escena nocturna de Nueva York, y ambos han llegado al nivel más alto de reconocimiento mainstream: Anna Wintour se sentó en la primera fila en el show mas reciente de Oliver, y Santiago ha trabajado con Marc Jacobs, Louis Vuitton, y Madonna (para el tour MDNA). El proximo año, también publicará su primer libro, un enfoque monográfico sobre su trabajo con mascaras. 

"Tuve un momento en el que trabajé para la exposición de McQueen", reflexiona Santiago, "Cuando pensaba "Oh dios mío, estoy en una institución tan intelectual, y todo esto es de cuando tenía 17 años y salía de fiesta". Todos pensaban que éramos unos freaks en ese entonces. Eramos los residuos, la periferia. Y ahora estamos aquí, la cultura se ha puesto al corriente. Era empoderador y aleccionador al mismo tiempo". 

desisantiago.com

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Credits


Texto Alice Newell-Hanson
Fotografía Sam Evans-Butler