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2016, el año en el que empezamos a hablar claro sobre la salud mental

El estigma que rodea a ciertas enfermedades mentales se está disipando poco a poco gracias en parte a muchos famosos que están haciendo públicas sus dolencias para así normalizarlas. Sin embargo, la escasa financiación para tratarlas de una forma...

por Nathalie Olah
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31 Diciembre 2016, 7:58pm

Nick Knight, Pale Rose

Habiendo sufrido períodos de depresión ―y siempre sintiéndome como si me pudiera beneficiar de vivir en una sociedad que considera la enfermedad mental en una escala progresiva― con frecuencia me pregunto si la sociedad, en 2016, está mejor equipada para lidiar con la salud mental y su omnipresencia. Y no como una distinción binaria entre quienes están bien y no lo están ―o, desde una perspectiva del capitalismo tardío: quienes son capaces de ganar dinero y quienes no― sino como algo que experimentamos constantemente como resultado de nuestra circunstancia y nuestro comportamiento, como la salud física.

El pasado mes de octubre, Kid Cudi compartió con sus fans un post en Facebook en el que afirmaba que estaba buscando tratamiento para la depresión y para sus tendencias suicidas. Se unió entonces a una tradición, aunque poco frecuente, de raperos que huyen de las chulerías propias de su género y se decantan por un enfoque más transparente de la salud mental. Lo primero que nos viene a la mente es el Suicidal Thoughts de Biggie Smalls. En el mismo mes, Amanda Seyfried habló abiertamente sobre la batalla que libra desde hace décadas con el TOC y sobre la importancia de reducir el estigma que rodea el modo en que hablamos de la salud mental. Mientras tanto, la cantante y compositora de Nueva York Mitski, cuyo tercer álbum Puberty 2 se convirtió en la banda sonora emo para adultos definitiva del final de 2016, hablaba con franqueza sobre sus luchas con la salud mental.

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Creo que este momento que vivimos no es menos significativo en nuestra marcha colectiva hacia una sociedad que esté mejor equipada para lidiar con la salud mental que los avances en el diagnóstico y el tratamiento. Sin duda ayudan a transformar la percepción de algunas afecciones de salud mental y las transforman en determinados tipos de identidad. Lo que hemos visto en 2016 es que las fronteras cada vez están más desdibujadas y que las definiciones y los parámetros son más variados, porque las experiencias personales triunfan sobre las taxonomías prescriptivas de los psicólogos y psicoanalistas del siglo XIX y principios del siglo XX. 

Puede que los muros físicos de la institución se desmoronaran hace 70 años, pero no ha sido hasta ahora que las ideas sobre las que se sustentaba se han erradicado casi completamente. En especial, la depresión y la ansiedad son términos que la sociedad ha llegado a aceptar y comprender como afecciones tratables, en contraposición a la cadena perpetua, el estigma o el motivo de vergüenza que suponían antes. 

En menor medida, también se entienden mucho más que antes enfermedades como la bipolaridad o el trastorno límite de personalidad (aunque debemos admitir que todavía podría hacerse mucho más al respecto). La salud mental cada vez se incorpora más al lenguaje cotidiano, al igual que la salud física, donde es capaz de alcanzar apoyos de forma más efectiva y llegar mejor a quienes están afectados. Al mismo tiempo, el uso informal y ofensivo de terminología perteneciente al campo de la salud mental parece estar retrocediendo.

Pero la percepción del público por sí misma no puede enfrentarse al increíble aumento de casos de problemas de salud mental que se han dado en las décadas recientes. Y aunque nos vamos aclimatando a la idea de que la salud mental desempeña un papel fundamental en nuestras vidas, hay marcos oficiales que parecen decididos a dejarla cada vez más al margen. Lo que preocupaba antes de 2016 se convirtió en una emergencia el pasado mes de octubre, ya que se informó de que se había producido un incremento del 50 por ciento en los casos de detención bajo la Sección 136 de la Ley de Salud Mental, empleada en casos de personas que amenazaran con suicidarse o que se comportaran de forma perturbada o agitada. Las fuerzas de seguridad han atribuido este incremento a una falta de atención psiquiátrica a causa de la disminución de fondos disponibles.

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Mientras tanto, conforme vamos viendo una mayor comprensión de la salud mental por parte del público y una proliferación del número de términos relacionados con ella, la financiación limitada y los recursos dentro del sistema sanitario presentan poca esperanza de que esto se vea reforzado por un rango igualmente diverso y representativo de tratamientos. Aunque se trata de un método altamente efectivo de solucionar determinados trastornos de salud mental, existe la preocupación de que los antidepresivos se están administrando demasiado libremente como sustituto en casos en los que sería más adecuado administrar otras formas de medicación o tratamiento.

Con unas listas eternas listas de espera para recibir un tratamiento que corre el riesgo de ser una solución temporal o incorrecta en el mejor de los casos, quienes sufren enfermedades mentales pueden sentirse tentados de explorar nuevas vías. Las búsquedas online presentan un campo fértil para cualquiera que busque consuelo compartiendo sus síntomas. Y conectando con otros y explicándoles nuestro caso podemos validar nuestras propias experiencias allá donde los servicios de atención sanitaria no alcanzan a ofrecer una solución. 

No contar con gente en la vida real con quien hablar abiertamente de nuestros sentimientos puede agravar ―si no provocar directamente― algunas enfermedades mentales que podrían, al menos en parte, recibir una respuesta por parte de personas que nos escuchen online. Por supuesto, entre las desventajas se encuentra el abuso de internet y, en algunos casos, una dependencia excesiva de todo un ejército de avatares inanimados. Pero quienes sufren de baja autoestima es importante que tengan en cuenta lo primero. Es importante que quienes comparten sus vivencias sean sinceros consigo mismos acerca de cómo reaccionarían si recibieran comentarios negativos, cosa que lamentablemente sucede a menudo.

¿Es buena idea que quienes no reciben atención sanitaria adecuada la busquen en un foro dirigido por "Pepe la Rana" y "Joanna la Timadora"? Parece demasiado casual que haya surgido una cultura de salud mental estilo DIY disfrazada de bienestar, vulnerabilidad y camaradería online precisamente cuando los recortes sanitarios se han hecho evidentes. Como ha sucedido en tantas otras áreas de la vida en 2016, la gran explosión del lenguaje de los auto-cuidados es reflejo de una necesidad surgida a raíz de los recortes estatales en el suministro de servicios a la ciudadanía. 

La concienciación cada vez mayor por parte del público, el deterioro de las definiciones tradicionales y la consiguiente sensación de empoderamiento por parte de quienes sufren trastornos de salud mental son cosas positivas, pero también han ofrecido a quienes crean las políticas una forma de librarse de sus obligaciones y ha creado una industria privada que en su mayor parte sigue sin estar regulada, así como una proliferación del número de remedios caseros que no han sido comprobados y examinados a fondo por profesionales cualificados. Sin duda, el antiguo lenguaje estigmatizador ha desaparecido y ha sido sustituido por un mensaje más suave y alentador de auto-cuidado.

Conforme 2016 llega a su fin, nunca antes habían existido más vías por explorar en términos de diagnóstico y tratamiento de la salud mental. Somos libres de elegir, como dueños no cualificados de nuestro propio destino, y de recorrer nuestro propio camino contando solo con el consejo y el apoyo de nuestros iguales.

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Credits


Texto Nathalie Olah