nuestra obsesión con el síndrome de munchausen por poderes apesta a misoginia

'The Politician', de Netflix, es la última serie de televisión que ha decidido retratar este poco habitual problema de salud mental.

por Louis Staples
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23 Octubre 2019, 7:13am

The Politician, de Netflix

The Politician, de Netflix, es un drama muy 'camp' que nace de algo similar a combinar Glee con House of Cards y agregar un toque de Wes Anderson. Creada por Ryan Murphy, la serie está repleta de sus características y retorcidas vueltas de tuerca y momentos controvertidos. Una de esas historias se centra en el personaje de Jessica Lange, Dusty Jackson: una abuela amante del estampado de leopardo, el whisky, el tabaco y los gritos que *alerta de spoiler* ha estado envenenando a su nieta Infinity para convencerla (y a todo el mundo) de que tiene cáncer.

Si esta trama te suena familiar, eso es porque The Politician es la última serie que se ha lanzado a explorar el síndrome de Munchausen por poderes (aunque no ha sido la primera). Apodado así por el barón Munchausen, un personaje de la literatura alemana del siglo XVIII conocido por ser un mentiroso compulsivo, este síndrome se presenta como un problema de salud mental que lleva a una persona a inventarse una enfermedad o un dolor. En 1951, el endocrinólogo británico Richard Asher utilizó por primera vez el término "síndrome de Munchausen"; el "por poderes" se agregó 20 años después para describir el proceso de fingir la enfermedad de una persona que está bajo su cuidado. A pesar de haber sido siempre conocido como "Munchausens", la Asociación Americana de Psiquiatría reconoció oficialmente el trastorno, tanto el individual como el de por poderes, como "trastorno facticio" en 2013.

En los últimos dos años, hemos visto algunos ejemplos de trastorno facticio en la pantalla, manifestándose normalmente a través del papel de "madre envenenadora". En la miniserie de HBO Heridas abiertas, Camille (Amy Adams) descubre que su madre había estado drogando a sus propios hijos —incluida a ella misma— y que mató a su hijo mayor tras envenenarle deliberadamente. Patricia Arquette ganó recientemente un Emmy por su papel protagonista en The Act, en el que su personaje, Dee Dee Blanchard, convence a su hija de que tiene una serie de dolencias imaginarias. Otras producciones, como Three’s Clique en la BBC y Deep Water, lanzada por ITV en 2019, también presentan madres que dañan a sus hijos intencionalmente.

En en cine, la película de 2018 El hilo invisible nos muestra a un matrimonio, formado por Alma (Vicky Krieps) y Woodcock (Daniel Day-Lewis), en el que la esposa envenena a su marido para mantenerlo dócil y complaciente. No se hace ningún diagnóstico en pantalla, pero el director Paul Thomas Anderson mencionó explícitamente el Munchausens en una entrevista sobre la película. El síndrome también está implícito en el film de terror de 2017 It, cuando la madre de Eddie lo medica obsesivamente de forma innecesaria, aunque nunca lo vemos diagnosticado oficialmente.

En la cultura pop, el trastorno se retrata continuamente de una forma poco acertada. En primer lugar, los programas de televisión y las películas rara vez se refieren a la enfermedad por su nombre real, a pesar de que el término es oficial desde hace seis años. Según el Dr. Marc Feldman, experto en el trastorno, es la falta de investigación la está impulsando estas representaciones tan inexactas. En una entrevista a TV Guide, cuando argumentó por qué no podía ver The Politician, dijo: "Las acciones de Dusty son más un simulacro —con gente fingiendo una enfermedad para obtener bienes tangibles— que un Munchausen por poderes, que está impulsado por una necesidad de atención y una búsqueda de simpatía".

"Las enfermedades como el trastorno obsesivo compulsivo, la esquizofrenia y el Munchausen por poderes todavía se retratan mal con frecuencia, y los guionistas a menudo prefieren decantarse por 'tópicos baratos' en lugar de cuidar a los espectadores".

El Dr. Thomas Hardy, MIR y miembro del departamento de educación del Hospital Kingston de Londres, explica que la cultura pop caracteriza mal las enfermedades de forma habitual. "La televisión y el cine juegan un papel importante a la hora de persuadir a las personas a la hora de diagnosticarse erróneamente a sí mismas o a los demás", dice. "Los guionistas, a menudo, malinterpretan las brutales realidades de las enfermedades psiquiátricas graves". El Dr. Hardy dice, sin embargo, que las series de televisión están mejorando —algunas incluso trabajan directamente con organizaciones de salud— y algunas están liderando el cambio. Sin embargo, las enfermedades como el trastorno obsesivo compulsivo, la esquizofrenia y el Munchausen por poderes todavía se retratan mal con frecuencia, y los guionistas a menudo prefieren decantarse por 'tópicos baratos' en lugar de cuidar a los espectadores

Entonces, ¿por qué está el Munchausen ocupando todo este espacio en pantalla? Al fin y al cabo, se estima que se dan muy pocos casos al año (de 600 a 1200) en Estados Unidos. El año pasado, Anna Leszkiewicz, editora de cultura del New Statesman, escribió sobre lo que realmente dice el surgimiento de esta tendencia acerca de nuestro "desdén por las mujeres" y sobre cómo el resurgimiento de concepto de la "madre envenenadora" es un reflejo de la actual ansiedad vinculada con la maternidad. "La cultura occidental, con su santificación y vilipendio simultáneos de lo femenino, siempre ha disfrutado del retrato de una madre malvada y terrible, astuta envenenadora", escribía. "La brecha que existe entre los estándares de la sociedad en relación a la maternidad y la realidad de lo que pueden o no pueden hacer los padres se está volviendo cada vez más amplia. Por tanto, no es de extrañar que nos haya embriagado el Munchausen por poderes, el intento más perturbador de salvar el abismo".

Hannah Davies, editora adjunta de televisión de The Guardian, está de acuerdo en que es probable que haya factores sociales que impulsen el resurgimiento de la "madre envenenadora". "Esto podría vincularse con la sensación de incertidumbre y peligro que mucha gente siente en torno al mundo en que vivimos", asegura Davies. "Porque, ¿qué hay más peligroso que el hecho de que la persona que debe cuidarte, tu madre en este caso, te haga daño?".

Aunque, en el apartado sobre "enfermedades inventadas o inducidas", las pautas oficiales del NHS —un organismo público ejecutivo no departamental del Departamento de Salud y Atención Social de Inglaterra— sugieren que las madres son mucho más propensas a ser perpetradoras, parece haber una ausencia total de presencia masculina a la hora de representar un trastorno facticio en la cultura. Por tanto, si tenemos en cuenta que los hombres tienen muchas más probabilidades de estar en la raíz del problema del abuso familiar, la obsesión de la cultura pop con el Munchausen por poderes —una de las pocas formas de abuso donde las mujeres tienen más probabilidades de ser perpetradoras, además de ser muy poco habitual— apesta a misoginia.

Sin embargo, aunque los tópicos generalmente convierten en viles a las mujeres que sufren de Munchausen por poderes, las series también las reivindican. Lo que es realmente fascinante de la historia del trastorno en The Politician es que, a diferencia de Heridas abiertas y The Act, la serie celebra a su perpetradora. El personaje de Jessica Lange es divertido y simpático, y, en algunos momentos, parece que incluso debemos apoyarla mientras estafa a todo el mundo para conseguir estancias en Disneylandia a costa la "enfermedad" de su nieta.

"La representación del desorden fáctico en 'The Politician' presenta al personaje de Jessica Lange como una matriarca 'camp' probablemente diseñada para que los hombres homosexuales la adoren. De esta forma, se crea un paralelismo sociológico de 'doble desviación' vinculado directamente con los hombres gais que veneran a las mujeres 'malas'".

Hannah vincula esto a lo que ella describe como una celebración actual de "la cultura de la estafa". "Vivimos en la era dorada de la estafa, [con ejemplos que van] desde el Fyre Festival hasta el Brexit", explica. "Pero nuestras reacciones a la estafa a menudo están muy relacionadas con el género". Señala que la gente saliva cuando ve a mujeres como la exdoctora de Silicon Valley Elizabeth Holmes o la falsa heredera Anna Delvey involucradas en estafas. Ya sea a través de la participación de Felicity Huffman en el escándalo sobre el criterio de admisión en las universidades estadounidenses o con la situación de Rebekah Vardy —obligada a negar que filtró información sobre Coleen Rooney a The Sun—, las historias sobre presuntas estafadoras siempre producen un especial fervor en la gente.

Y esto es, por supuesto, algo problemático. Sarah Manavis, una periodista especializada en cultura digital, cree que la adoración a las estafadoras "está enraizada en una obsesión misógina disfrazada, metiendo las historias sobre estas mujeres en el territorio de la cultura fan". Entonces, "en lugar de resultar descaradamente sexista", agrega, "se envuelve en lenguaje de Internet, 'memes' y falsa adoración. Pero la obsesión está enraizada en lo mismo: una particular fascinación por las mujeres que hacen cosas malas".

La representación del desorden fáctico en The Politician presenta al personaje de Jessica Lange como una matriarca 'camp' probablemente diseñada para que los hombres homosexuales la adoren. De esta forma, se crea un paralelismo sociológico de "doble desviación" vinculado directamente con los hombres gais que veneran a las mujeres "malas". Esta doble desviación describe el proceso por el que las mujeres son juzgadas de una forma más severa por parte la sociedad debido a un comportamiento inmoral o criminal; se supone que son "desviadas" por violar la ley y "desviadas" por rechazar las normas de género.

Las mujeres que dañan a sus hijos, por ejemplo, a menudo son condenadas a más tiempo en la cárcel y son objeto de un mayor escrutinio por parte de los medios de comunicación que los padres abusivos o asesinos. Dado que muchos hombres homosexuales habrán escuchado a lo largo de su infancia que la homosexualidad es una "desviación", no resulta sorprendente que se sientan atraídos hacia el concepto de una mujer que reniega de las expectativas de género que caen la acechan; es decir, que rechazan ser sumisas, amables y a tener un buen comportamiento.

Aunque esto puede sonar frívolo y siniestro, y sugerir que las madres que abusan de sus hijos solo están siendo subversivas —ya que, al fin y al cabo, en las clásicas dinámicas entre padres e hijos, ellas son quienes tienen el poder—, si miramos desde una perspectiva más amplia, vemos que algunos espectadores perciben a estas mujeres como personas que están subvirtiendo la expectativa patriarcal que las obliga a ser afectuosas, amorosas y obedientes. En ciertos momentos, nos convencemos de que, de alguna forma, lo que están haciendo es "estafar" al patriarcado. Sin embargo, cuando se trata de eso, y hasta cuando se disfraza de homenaje o de 'meme gracioso', la obsesión de la cultura pop con las "madres envenenadoras" vilipendia a las mujeres. Este tópico es otro ejemplo de cómo el patriarcado nos está estafando —y jodiendo— a todos.

Este artículo apareció originalmente en i-D UK.

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