​olafur eliasson: el arte es real

Debido al lanzamiento de su nuevo libro retrospectivo que recopila 20 años de su obra, el artista echa un vistazo al pasado de su carrera y habla de todo con nosotros, desde la crisis de los refugiados, hasta la construcción de puentes.

por Felix Petty
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06 Mayo 2016, 5:59pm

Olafur Eliasson es un artista poco común, un artista que ha trabajado en casi cualquier medio imaginable, todos los medios que existen, excepto los tradicionales. Ha construido pabellones, cascadas, esculturas de hielo, puentes, salas de conciertos, ha creado soles y arco iris, ha usado ríos y campos y glaciares como sus entornos, ha creado lamparas para las tiendas Luis Vuitton, al igual que luces baratas que se cargan con luz solar para países subdesarrollados. Ha ganado la misma cantidad de premios arquitectónicos como los aplausos recibidos alrededor del mundo, es un artista que está involucrado socialmente de una manera que va más allá del simple cliché y el gesto, y, algo extraño en el cínico siglo XXI, es un artista que aún cree en las posibilidades positivas del arte para transformar el mundo en algo mejor. 

Un buen ejemplo de ellos fue que, cuando platicamos la última vez, acababa de mover 100 toneladas de hielo que había encontrado flotando en el mar de las costas de Groenlandia y lo había puesto en una plaza pública en Copenhague. Fue parte protesta contra el cambio climático, parte experimento sobre la interacción humana, viendo la manera en la que la gente se relacionaba con el hielo, cambiando la idea abstracta del cambio climático en algo concreto, ya que 100 toneladas es la cantidad de hielo que se derrite cada segundo. Como proyecto, es indicativo de su aproximación a la manera de hacer arte, la manera en que su arte encuentra formas al crear y distorsionar el espacio y la percepción, para ver la manera en la que la humanidad interactúa entre ella cuando cambian sus límites. 

De igual manera, mientras nos poníamos de acuerdo para platicar esta vez, presumiblemente para hablar del lanzamiento de su nuevo libro, Unspoken Spaces, acababa de volver a su hogar en Copenhague de Viena. Había estado ahí trabajando en un proyecto llamado Green Light, una serie de talleres que se llevarán a cabo hasta junio, que tiene el objetivo de abogar por la integración de los refugiados a la sociedad, a través de cursos de idiomas y talleres.

Olafur Eliasson, Your Rainbow Panorama, 2006-11. Fotografía Lars Aarø. ARoS Aarhus Kunstmuseum, Dinamarca © 2006 Olafur Eliasson

Green Light coincide con una muestra, solo un poco más tradicional, de la obra de Olafur en el Winter Palace en la capital austriaca, Baroque Baroque, que mezcla la obra del artista con aquellas de la época barroca del mismo palacio. Un matrimonio llamativo de, en la superficie, dos estéticas extremadamente diferentes. Pero muestra el poco esfuerzo que requiere la obra de Olafur para deslizarse entre modalidades y formas, desde retrospectivas del mundo del arte tradicional, hasta activismo e igualdad, y al lograr esto, la manera en la que este artista, más contemporáneo de los contemporáneos, está más en armonía con una sensibilidad de creación artística más antigua que quizá de lo que hubieras pensado. Pero lo que verdaderamente sobresale es el hecho de que este artista de lo más contemporáneo es muy feliz existiendo fuera del mundo del arte.

Es algo que el libro Unspoken Spaces subraya, el cual recopila y documenta 20 años de proyectos que han existido afuera de las fronteras de la galería. Reunido, ordenado y documentado con amor, muchos proyectos recibieron este tratamiento por primera vez. El libro también marca los 20 años desde que Olafur se mudó de Copenhague a Berlín para empezar su estudio, un foro para juntar artistas, activistas y arquitectos. El libro le da crédito a ellos, el Studio Olafur Eliasson, no solo al propio artista.

Es un documento magnífico de su obra, pero de igual manera, y quizá más interesante, es una introspección sorprendente dentro de la mente del artista y sus tendencias eruditas, con Olafur contribuyendo con palabras en muchos de los proyectos.

Unspoken Spaces muestra lo feliz que es transitando entre las formas. Un punto que fue subrayado cuando platicamos, mientras manejaba desde su hogar en Copenhague al aeropuerto, para volver a Berlín, en una conversación que pasó de la crisis de los refugiados al papel positivo que puede tener la cultura en el mundo, la gentrificación de Berlín, construir puentes en Copenhague, los jardines ingleses y los palacios austríacos.

Olafur Eliasson, La Situazione Antispettiva, 2003. Vista de la instalación del Danish Pavilion, 50th Biennale di Venezia, 2003. Colection of 21st Century Museum of Contemporary Art, Kanazawa, Japón.

Quería comenzar por hablar del proyecto Green Light en Viena…
Pues el proyecto Green Light comenzó con… pues, ¿por dónde empezaré? Quise asomarme al sector cultural, y si es posible que un proyecto de arte realmente pueda crear una estrategia en la cual uno puede explorar la necesidad de integración sofisticada de los refugiados a la sociedad.

Green Light es un proyecto artístico que tiene muchos elementos socio-científicos, es en parte talleres, en parte cursos de idiomas, pero quizá, de manera más importante, es un intento de alejarse de los sistemas jerárquicos tradicionales sobre quién es el anfitrión y quien es el huésped. La idea es que los protagonistas, en este caso los refugiados, también están siendo anfitriones del evento y creando el evento, se les ha dado la autoría de escribir la narrativa.    

Siempre está la suposición de que Europa está parada, siendo pasiva, y que son los refugiados que están en continuo movimiento y llegando, y hablando de manera física, eso es muy correcto, pero la verdad es que los europeos también están en una travesía, también en movimiento. Es un movimiento hacia el populismo y el nacionalismo, pero también un movimiento hacia la compasión y la empatía, tenemos que ver que no es como si solo los refugiados están sufriendo traumas, hay un grado de trauma para Europa también.

La idea de la transformación del espacio y la sociedad, y la manera en la que el arte y la cultura pueden ayudar en esto de manera positiva, es una idea que transita por muchas de tus obras…
Estas son ambiciones que van un poco más allá de lo que un proyecto de arte tradicional u objeto de arte pueda tener, pero realmente quisimos hacer de esto una herramienta científica, y de explorar ideas pedagógicas contemporáneas.

Siguió bastante pronto a un proyecto en la ciudad, Baroque Baroque, una retrospectiva de tu obra en el Winter Palace. Es muy interesante que tu obra pueda deslizarse con facilidad ente estas modalidades distintas, del arte al activismo, en un corto plazo, e incluso en la misma ciudad.
Están menos distantes de lo que podríamos pensar. Lo primero que hicieron los organizadores fue llevar a los refugiados a ver mi exposición y que pasaran el día hablando conmigo de "qué es arte". Espero les haya gustado la exposición. Sabes, los refugiados no son ajenos a este contexto, aunque podamos esperar ingenuamente eso de ellos. Son gente educada, que conocen la historia de Europa, la historia de Austria, la cual está muy ligada a la historia del Imperio Otomano. Incluso en cuanto a la arquitectura, Viena y Damasco comparten muchas similitudes. 

Así que cuando te digo que llevamos a los refugiados a ver mi exposición suena un poco como que estoy diciendo que llevamos a los refugiados a ver un poco de arte por primera vez, lo cual no es el caso, respondieron a la exposición de la misma manera que cualquier otra persona lo haría. Ellos son de hecho nosotros, también están en estos cuadros sobre las guerras otomanas. Creo que es importante que revisemos nuestros propios prejuicios para poder ver las cosas de manera distinta.

Olafur Eliasson, The Parliament of Reality, 2006-9. Fotografía Karl Rabe. CCS Bard y The Luma Foundation © 2006 Olafur Eliasson

Es un camino difícil para que el arte funcione al involucrarse con la crisis de refugiados sin ser visto como insensibles o explotadores. Pero ¿crees que el mundo del arte debería esforzarse más para estar involucrados?
Pues sí creo que deberíamos fortalecer la relación entre el sector humanitario y el sector cultural, siempre he dicho que lasNaciones Unidas debería tener fuerzas de preservación de la paz cultural para enviar a los conflictos en vez de soldados de preservación de la paz. La cultura es un poder mucho más democratizador. Creo que el sector humanitario podría aprender mucho sobre la humanidad a través de la cultura. No que la pueda reemplazar, pero trabajamos con herramientas dentro de la cultura que podrían ser benéficas para el sector humanitario. La cultura es muy robusta. Tiene algo que ofrecer. Y me refiero a la cultura en el sentido más amplio, el arte, la literatura, incluida i-D, por ejemplo, todos tenemos que hacer nuestro papel. 

Ese puede ser un buen punto para comenzar a hablar de Unspoken Spaces, tu nuevo libro retrospectiva de proyectos arquitectónicos. En la introducción escribes sobre cómo estos espacios no son utopías, pero en algunos aspectos puedes tener una aproximación bastante utópica a la arquitectura y al arte en cuanto a que crees que puede tener estos efectos positivos sobre la gente, de alguna manera es bastante esperanzador.
Pues, en mayor medida, estos proyectos están abordando una cierta necesidad emocional o deseo que aún no hemos verbalizado. Sería razonable sugerir que esto es utópico, porque solo está fuera del alcance, y para mí, la utopía es algo un poco soñador, una excusa para hacer algo inalcanzable. Pero estos espacios no están fuera del alcance, son mucho sobre la materialización y la presencia y la experiencia física misma de estar ahí. 

Es como decir que esta es una obra de arte simbólica, es una representación de algo que está sucediendo en otro lado, y que sería lo mismo para mí que decir que el arte no es político, y sería un error decir que Green Light, por ejemplo, es una pieza simbólica de arte, porque es un proyecto real. El arte es real, la realidad en él puede ser utópica, pero ese es un sentimiento legítimo.

Olafur Eliasson y Studio Olafur Eliasson en colaboración con Henning Larsen Architects. Fachadas de Harpa Reykjavik Concert Hall y Conference Centre, 2005-11. Fotografía Studio Olafur Eliasson. Eignarhaldsfélagi∂ Portus Ltd., Reykjavik, Islandia. © 2005 Olafur Eliasson y Studio Olafur Eliasson en colaboración con Henning Larsen Architects.

De manera más general, ¿fue interesante volver a visitar 20 años de tu obra para el libro?
Sí, fue muy emocionante. Estos proyectos muchas veces los hacemos en espacios donde no hay un acceso fácil o incluso documentación o un catalogo. Así que fue simplemente muy emocionante poner todos estos proyectos juntos por primera vez, porque están esparcidos por todo el mundo.

He estado pensando mucho sobre qué significa en realidad el arte público, que significa realmente trabajar fuera de la institución, y este libro se convirtió en una especie de contenedor de todas las cosas que no caben dentro del mundo del arte, en su sentido más tradicional: museos, ferias de arte, casas de subastas y galerías.

Quiero hablar de un proyecto en especifico, The Circle Bridge, el cual está en la portada, y ¿por qué escogiste este proyecto para representar todo lo que viene adentro?
Combina mucho de las otras obras en la manera en la que funciona. De hecho es un puente bicicleta funcional en el centro de Copenhague, y entonces es una pieza de espacio público. Introduce un aspecto de fricción en la ciudad, porque atravesamos la ciudad en auto o en bicicleta, y muchas veces la manera en que utilizamos la ciudad se ha vuelto más pragmática, o racional. El espacio público es simplemente lo que queda cuando el sector privado se ha llevado todo lo demás, Londres es un ejemplo excelente de la vulnerabilidad del espacio público.

Tenía mucha curiosidad sobre cómo darle al espacio público —el espacio del que todos somos dueños— una potencia, como decir que este espacio vale algo, nos pertenece. Y por supuesto Copenhague tiene una larga tradición de celebrar su larga tradición de planeación urbana, y su sofisticación ambiental, estando a la vanguardia con los carriles de bicicletas, así que en realidad hubo mucho apoyo por parte del gobierno local para hacer algo con el espacio público que lo haga más público.

Tiene que funcionar como una obra de arte, pero también tiene que funcionar como un puente, así que combina muchos de mis intereses sobre lo que es un espacio y lo que puede ser.

Olafur Eliasson, Cirkelbroen, 2015. Christianshavns Kanal, Copenhague. Fotografía Anders Sune Berg. Un regalo de Nordea-fonden a la ciudad de Copenhague © 2015 Olafur Eliasson

Otra cosa que me pareció clara al hojear tu libro es esta palabra inglesa, no sé si la conozcas, a folly (un disparate), un objeto arquitectónico que no tenga una función concreta. Estos pabellones tienen una falta de función distintiva, pero la función es la que nosotros le damos.
Por supuesto que los ingleses quieren atribuirse el mérito de todo, pero folly no es una palabra inglesa, viene del francés, la folie, que significa disparate, esta idea de ser disparatado, no es solamente ser disparatado por sí mismo, es también específicamente no obedecer los estándares y las normas del orden social, del control social. El otro término, el pabellón, por supuesto también viene de la palabra francesa papillon, que significa mariposa, esta especie de movimiento parpadeante con el viento, tiene ese mismo tipo de absurdo volando alrededor.

El jardín, en un sentido histórico, y en particular el jardín inglés, permite que se desdibujen las normas sociales que estaban gobernando, pues digámoslo, la familia patriarcal. En el jardín puedes introducir algo más coqueto a la casa. Esta idea de lo salvaje, en un sentido más romántico, permite que la parte más primitiva de tu cerebro se active. La naturaleza es muy doméstica, no necesitas conocer los nombres de los árboles para que te parezcan hermosos.   

Hay algo más allí, esta relación entre los proyectos de arquitectura más tradicionales como The Circle Bridge, y los proyectos más abstractos, como los pabellones. Como tu practica artística, tu práctica arquitectónica se mueve entre dos formas muy opuestas, en la superficie. ¿Qué significa la arquitectura para ti como artista, más que como arquitecto?
Respeto mucho a los arquitectos, porque pueden hacer las cosas con más precisión de lo que yo podría. Yo me veo más como alguien que se acerca al espacio desde una perspectiva más humanista y psico-social, alguien que traduce estas ideas a entornos construidos, si es arte o arquitectura, no es importante. Es más sobre ampliar o dar un lenguaje a la idea que tenga. La idea siempre se convierte en forma, siempre evoluciona, no es como decir, aquí está la idea, y luego le das forma, y de repente tienes una casa. El proceso de encontrarle forma a una idea, de hecho, es donde se pone interesante, porque ahí tienes mucha alquimia creativa sucediendo.

Olafur Eliasson, Serpentine Gallery Pavilion, 2007. Jardines de Kensington, Londres. Fotografía Anna Sofie Hartmann/ Studio Olafur Eliasson © 2007 Olafur Eliasson

Van 20 años desde que fundaste tu estudio en Berlín, o quizá 21, el libro le da crédito a Studio Olafur Eliasson, 20 años es mucho tiempo, ¿es este libro una manera de ver hacia el pasado al igual que hacia el futuro? Porque al final hay una sombra de los proyectos no terminados y no realizados.
Es interesante porque el estudio se ha convertido ahora en un verdadero espacio de trabajo, a lo largo de los años, en realidad, no ha crecido de manera rápida, pero ahora hay aproximadamente 100 personas trabajando ahí, hay arquitectos, artesanos, investigadores, académicos… el estudio se ha convertido en un foro donde en realidad hacemos cosas distintas que las oficinas tradicionales de arquitectura. También tenemos muchos científicos, activistas ambientales y políticos e incluso gente del sector humanitario que vienen. Esto es muy interesante para mí, y me siento muy afortunado de ser un artista en esta época. Por supuesto que hacer arte en primer lugar es verdaderamente encantador y emocionante, pero esta idea del foro es muy interesante, el estudio se ha convertido en sí en un miembro activo de la sociedad cívica. Cien personas vienen y van a trabajar, tienen salarios e hijos en la escuela y demás, el estudio se ha convertido en parte del entorno cultural en Berlín.

Creo que has esperado el cambio en Berlín con el tiempo también.
En algunos aspectos ha cambiando mucho, la ciudad ha estado pasando por un proceso de gentrificación común, como la mayoría de las ciudades. Pero a la vez, aún es un lugar sorprendentemente asequible para vivir si eres un artista joven. Sigue siendo una ciudad muy habitable, pero lucha con introducir una manera razonable de establecerse en el mundo del arte. Como ciudad está polarizada con artistas totalmente no establecidos y aquellos que son muy exitosos, muy sobreexpuestos, seamos realistas, artistas como yo. 

¿Compilar el libro te rebeló algo sobre tu obra y trabajo de archivo que ya habías olvidado?
¡Por supuesto! Uno muchas veces comete la equivocación de pensar que, cuando estás trabajando con material de archivo, estás viendo al pasado, o que te estás yendo atrás en el tiempo, pero el libro se convirtió en algo muy inspirador. Se convirtió en la trayectoria del pasado, la cual me dio un indicio muy inspirador de hacia dónde voy. El libro se convirtió en una herramienta proactiva en vez de un museo, donde coleccionas cosas viejas con las que no sabes qué hacer. Lo utilicé como un manual, y eso tiene que ver con el hecho de que tengo muchos moldes y bocetos ahí, hay imágenes de obras no terminadas ahí también, lo que permite que mi imaginación florezca un poco, y justo ahora, literalmente estoy pasando a lado de ese puente mientras platicamos, gracioso, ¿no crees?. 

Studio Olafur Eliasson, Unspoken Spaces es publicado por Thames & Hudson

thamesandhudson.com

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Credits


Texto Felix Petty
Todas las imágenes cortesía de Studio Olafur Eliasson

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