Publicidad

hablamos con el director del documental de 1991 de madonna, 'truth or dare'

Platicamos con el director Alek Keshishian sobre cómo logró filmar el documental que nadie quería y sus increíbles personajes.

por Emily Manning
|
30 Agosto 2016, 1:36am

El año 1990 marcó una transición crucial en la carrera de Madonna. Se quitó los brazaletes de plástico y los leggings de red que hicieron de ella el icono estilístico más duplicado de los años ochenta, y anunció la llegada de la nueva década con su álbum más introspectivo y refinado, Like a Prayer. Su sonido era más intenso (las pistas tenían influencias funk, soul, dance y gospel) y sus letras -trataban temas del catolicismo y el empoderamiento femenino- más controvertidas. El Blond Ambition World Tour -por tres continentes, con un pop tremendamente provocativo y espectacular- trajo a la vida este ambicioso arte. Su puesta en escena se dividía en cinco segmentos diferentes, que abarcaban desde Metropolis de Fritz Lang hasta temas religiosos de Oriente Medio. Jean Paul Gaultier diseñó su vestuario. Recaudó más de $113 millones en cifras actuales. Rolling Stone lo llamó 'el más grande concierto de los años noventa'. Madonna tenía treinta y dos años cuando comenzó la gira. Alek Keshishian -el hombre que captó la gira en el adorado documental Madonna: Truth or Dare- tenía veinticuatro años.

Keshishian llamó la atención de Madonna por primera vez con Wuthering Heights, una adaptación pop-ópera dirigida por él cuando aún era estudiante de Harvard, donde entretejió la música de Madonna con canciones de Kate Bush y Billy Idol. Aunque, en un principio se le encargó crear un corto especial para HBO del detrás de escena del concierto de Japón, Keshishian amplió el proyecto a una película de larga duración, que ganó más de $30 millones de dólares en taquilla. Al tiempo que la película de Keshishian nos brinda un acceso sin precedentes a la mega estrella, también logra captar un nexo crítico en la carrera de Madonna, al no sólo enfocarse en ella. En lugar de eso, las largas secuencias a todo color del concierto fueron complementadas con intimas entrevistas confesionales detrás de escena, grabadas en blanco y negro. Así conocemos a la tribu extendida de la estrella -su familia, amigos de la infancia, amantes, co estrellas y, lo más memorable, sus bailarines.

Más de i-D: 'Strike a Pose': un homenaje a los bailarines de 'Blond Ambition'

Con motivo de la celebración del vigésimo quinto aniversario de Truth or Dare, por lo cual se exhibirá durante siete noches en el Metrograph Theater de Nueva York, nos reunimos con Keshishian para platicar acerca de su retrato sin cesura de uno de los músicos más emblemáticos de la historia.

Más de i-D: Las 66 polaroids perdidas de Madonna en los ochenta

Hiciste esta película cuando tenías veinticuatro años. Convenciste a Madonna de hacer un documental de larga duración cuando todos sus asesores le aconsejaban no hacerlo; New Line lo rechazó cuando se enteraron que era en blanco y negro. Obviamente, tú tenías razón. Pero, ¿qué te hizo estar tan seguro estando tan joven?
Probablemente que no tenía nada que perder. No esperaba que se convirtiera en lo que se convirtió, sólo pensé que sería una película interesante y que le podría gustar a algunas personas. Ese era el alcance de mi ambición al respecto. Por lo que el éxito fue sorprendente. No tenía ningún problema en defender lo que yo consideraba que sería fascinante, porque yo estaba fascinado por las historias que ahí se desarrollaban, y las historias que los bailarines tenían por contar. Después de Japón, supe que ellos eran como una familia; Madonna era un tipo de mamá gallina para todos estos personajes Fellinescos. Sabía que esa sería una historia interesante.

Esa narrativa es lo que realmente hace a la película tan espectacular. Grabaste cientos de horas de material, ¿en qué momento la historia comenzó a tomar forma para ti?
Cuando me di cuenta de la relación familiar que había entre ellos, después de Japón. Durante esas dos semanas, grabé todas esas entrevistas con los bailarines, así que de alguna manera conocía sus historias y las del personal de apoyo, y las de los cantantes. Las de todos. Así que tenía esas entrevistas y eso me proporcionó el panorama que quería. Y ver a Madonna interactuar con esas personas, fue una dinámica muy interesante. Por lo que se convirtió en mi principio organizador. Sin embargo, al más puro estilo documental, teníamos que esperar y ver qué ocurría. Como en: 'Ay, Oliver está a punto de encontrarse con su padre. Oliver, ¿te importa si lo grabamos?'. Cosas como esas.

Esas entrevistas y elementos en blanco y negro hacen que la película sea tan única. Pero también fuiste capaz de captar lo impresionante que fue el espectáculo en sí, en esas secuencias a color del concierto. ¿Ese cambio representó un reto para ti?
El concierto fue filmado durante tres días en París. Eso en cuanto a la parte europea, pero también teníamos muchas historias de Estados Unidos. Eso me permitió planificar los números en cierta forma, colocarlos donde quería que estuvieran. Tomemos Holiday, por ejemplo: quería que fuera acerca de experimentar lo que era estar en ese escenario -que vieran lo que es ser Madonna en ese momento. Y aunque fue un reto, había visto el show muchas veces, así que lo conocía de pies a cabeza. Sabía exactamente lo que estaba pasando -los tiempos que indicaban cuándo iban a moverse de una parte del escenario a otra. Una gran cantidad de grabaciones de conciertos son filmadas por gente que ve el espectáculo dos, tres o cuatro veces, tal vez. Así que ponen más cámaras en el escenario; pero no sé si necesariamente logran captar más de lo que nosotros captamos.

Captaste muchos momentos perdurables, pero uno en particular del cual quiero preguntarte es sobre el concierto que Madonna le dedicó a Keith Haring cuando murió. Para mí, es como si éste ilustrara los temas de su vida que el documental destila en otras formas: amistad, colaboración creativa, celebración LGBT y activismo en relación al SIDA, en un momento en que realmente no era popular. ¿Cómo era la energía en ese show en particular?
Vaya, Dios mío, eso es algo difícil de responder para mí. Fue hace veintiséis años y realmente no recuerdo el concierto completo, pero tras bambalinas todo era bastante emocional. Creo que en un tour siempre hay altibajos, y ese período fue un poco bajo. Y como si eso fuera poco, Madonna le dedicó el concierto a Keith Haring, así que realmente era como si tuviera un nudo en la garganta. Creo que es cierto lo que dices; ella era una voz para las víctimas del SIDA, para las personas gay. Cuando la mayoría consideraba que era algo horrible, ella levantó la mano y dijo 'no estoy de acuerdo'. Ella mostró compasión y amor por los bailarines, y creo que fue, en muchos sentidos, un acto revolucionario de su parte. Ella habló más con hechos que con palabras; realmente se preocupaba por estas personas. Creo que eso se nota en la película.

Más de i-D: Celebramos la influencia del legendario documental 'Paris Is Burning'

Al verla veinticinco años después, ¿algo te parece diferente?
Bueno, hay mucha melancolía; al remontarse a ese momento uno recupera el idealismo y la frescura. Puedo volver en el tiempo, y es muy gratificante saber que el público todavía la ve y que ha significado tanto. Con el tiempo y la distancia, finalmente puedo ver la película y disfrutarla más.

Madonna: Truth or Dare está disponible en iTunes.

Credits


Texto Emily Manning
Imágenes © 1991 Miramax, LLC. Todos los derechos reservados.