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el filme favorito de wes anderson es una joya de los 70

'Melody' inspiró al director a realizar 'Moonrise Kingdom'.

por Oliver Lunn
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16 Mayo 2017, 1:30pm

Probablemente no has visto Melody, la película británica adolescente de 1971, pero Wes Anderson sí. Y le encanta. Respaldándola categóricamente, la calificó como "una joya olvidada e inspiradora". De hecho, le gustó tanto que al parecer se convirtió en la inspiración de Moonrise Kingdom, y fue la película que le mostró a sus dos jóvenes actores primerizos.

Una vez que ves Melody —dirigida por Waris Hussein y escrita por Alan Parker—, no es difícil ver cómo su historia de infancia masculina y primer amor encantó a Anderson. A pesar de su falta de estructura simétrica, a pesar de su falta de fuente Futura y a pesar de la ausencia de Bill Murray, tiene Moonrise Kingdom escrito por todas partes.

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Ambientada en Londres, durante un largo verano, la feliz historia de Melody sigue la amistad entre dos colegiales londinenses. Daniel es el rubio sensitivo quien se parece al enamorado chico de Love Actually. Ornshaw es su impertinente y tosco amigo, quien parece un joven Harry Styles haciendo una imitación de Mick Jagger. La relación de los chicos se ve alterada en el momento en que Daniel ve a Melody y se enamora perdidamente de ella. Daniel ya no quiere ir al cine con Ornshaw después de la escuela. Daniel ya no quiere hacer estallar latas con sus amigos. Lo único que quiere hacer es estar con Melody. Está locamente enamorado. Quiere casarse. Tiene sólo... once años.

La película —que fue un fracaso en taquillas de Reino Unido y los E.U., pero un éxito enorme en Japón—es básicamente acerca del 'amor adolescente', acerca de esos sentimientos indescriptibles que te cambian para siempre cuando tu corazón se centra en esa única persona de toda la escuela. ¿Quién no recuerda ese sentimiento, durante la ceremonia matutina, de ver a tu crush sólo unas filas delante de ti? ¿Ese sentimiento cuando voltea y sus miradas se encuentra momentáneamente? Daniel no sabe qué hacer porque nunca antes se había sentido así. Intenta sin éxito sentarse junto a Melody en el comedor. Intenta tocar el violonchelo en armonía con su grabadora mientras esperan afuera de su clase de música, practicando Frère Jacques. Sin embargo, él es encantadoramente persistente —hay que concedérselo al pequeño— y pronto Melody se enamora de él.

Al igual que Sam en Moonrise Kingdom, Daniel parece el tipo de chico al que hasta una brisa lo derribaría. Pero al igual que Sam en Moonrise Kingdom, él también tiene pelotas de acero cuando se enamora, como si su pequeño cuerpo pudiera y quisiera hacer todo lo necesario por la chica que ama. Esto significa ser golpeado con el zapato del director por vagar por un cementerio con Melody en vez de hacer su tarea. Eso sin mencionar, el ser regañado por faltar a la escuela para ir con ella a una feria junto al mar. Es emocionante ver cómo un chico inteligente y bien educado de once años puede esencialmente decir —con muchas palabras— "al diablo, voy a concentrarme por completo en esta relación con esta chica; ¡Y que se joda el resto del mundo!".

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El amor adolescente de Daniel y Melody se encuentra representado como una lucha ardua. Saben lo que quieren. Quieren estar juntos, quieren casarse. El padre de Melody, sin embargo, no lo entiende. Señala lo mucho que a ella le gusta la escuela, a lo que ella responde: "Me gusta estar con Daniel más de lo que me gusta la geografía". Sí, toma eso, papá.

Teniendo como telón de fondo el Londres de principios de los setenta (en su mayoría Lambeth y Hammersmith), Melody es una encantadora historia adolescente sacada de las experiencias del guionista Alan Parker y el productor David Puttnam, quienes crecieron en la capital. Te da una idea de lo que era estar en la cúspide de la adolescencia al sur de Londres en ese momento, contando la historia desde el punto de vista de los niños, y abordando esas penas del primer amor sin cursilerías.

Unos cuarenta y seis años después, la película todavía se siente universal. Niños jugando en los cementerios, fumando cigarrillos en el patio de la escuela, siendo descubiertos viendo una clase de baile de las chicas, conteniendo desesperadamente la risa durante una horriblemente aburrida lección de religión. Esto sigue ocurriendo. Lo que sitúa la película firmemente en los años setenta son los característicos peinados de la década y el soundtrack que incluye canciones tristes pero alentadoras de Crosby, Stills, Nash and Young y Melody Fair de los Bee Gees. Dicho esto, Wes Anderson probablemente aún hoy incluiría esas cosas. Le encanta poner canciones melancólicas de antaño en sus películas. Y le encantan los peinados de los años setenta.

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Cuando vi por primera vez que la película estaba protagonizada por Oliver y Dodger de Oliver!, debo admitir que estaba escéptico, esperando que todo fuera acentos exagerados con frases pretenciosas e insolencias. Pero la vi. Porque si Wes Anderson vio algo en ella, debía valer la pena, ¿cierto? Y a medida que pasaban los créditos, pensé: sí, Wes tenía razón. "¿Olvidada?" Sí. "¿Inspiradora?" Sí. "¿Una joya?" Sí. Con un presupuesto insignificante de $600,000 dólares, la película se ha ganado el estatus de culto por una buena razón. Confíen en Anderson, y confíen en mí: la película es una joya encantadora. Y sería perfecto verla en función doble con Moonrise Kingdom.

Credits


Texto Oliver Lunn