​2015 el año de… olivier rousteing

Olivier Rousteing pasó el 2015 convirtiéndose en el diseñador joven más celebre de la industria.

por Marguerite Taras
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16 Diciembre 2015, 4:50pm

La mayoría del tiempo - los calificativos que más se usan para evocar la moda parisina son 'sencillez' y 'sin esfuerzo'- términos que también podrían ser usados para describir a los eternamente hastiados locales. En resumen: bienvenidos a París, donde una pizca de aburrimiento es una de las cualidades más elegantes que puedes tener.

No toma más de unos segundos al recorrer un poco la cuenta de Instagram de Olivier Rousteing para darse cuenta de que el Director Creativo de Balmain es precisamente lo opuesto. El hace muecas, posa y se muestra orgulloso de sus logros, emocionado de poderse tomar una selfie con alguna celebridad. En otras palabras, el no pretende que las cosas se le dan fácilmente -que dentro del extraño mundo del lujo francés, quizás sea lo más cercano a una anarquía contemporánea.

Es difícil de sorprender entonces que las mismas virtudes estén presentes en las creaciones de Rousteing: Estas son también descaradamente sexy, brillantes, exageradas, ceñidas al cuerpo -vestidos que claramente gozan de ser llevados para recorrer la pasarela por las mujeres más deseadas del mundo. Diseños que, como su creador, nunca pretenden ser ejecutados sin esfuerzo o pasar desapercibidos.

Eso es probablemente porque la vida de Olivier Rousteing ha estado llena de esfuerzos. A sus treinta, es el único diseñador negro en París -algo que suena sorprendente para una ciudad tan cosmopolita como París. Educado por padres adoptivos, una optometrista y un trabajador portuario en Burdeos y siendo frecuentemente acosado en la escuela, a menudo fantaseaba sobre su lugar de origen: "Soñaba que era descendiente de algún príncipe egipcio, quizás", dijo una vez en una entrevista.

La moda llego a él de manera natural, se volvió una herramienta poderosa y transformadora "para volverte lo que creas que eres en verdad, [la moda] te permite evolucionar y cambiar cuando quieras". Rousteing ha construido su carrera, no por fama o conexiones familiares, sino por verdadero trabajo arduo e incansable.

Se mudó a Italia para trabajar para Peter Dundas en Roberto Cavalli, adquiriendo su elegancia exagerada ejecutada de la manera más refinada por la alta costura italiana. Después de pasó a Balmain, trabajando discretamente hasta llegar al estudio; cuando Olivier Decarnin dejó Balmain después de un rumorado ataque nervioso, el entonces poco conocido Rousteing fue sacado de las sombras y se le otorgó el cargo de Director Creativo.

Poco había hecho por la casa excepto un vivido despliegue de la fama y los famosos: después de intentar inicialmente seguir con las siluetas cuadradas y el estilo opulento de Decarnin, se fue alejando de las dramáticas piezas kistch hacia un camino de auto descubrimiento.

En primer lugar Rousteing batalló por conseguir que Rihana fuera el rostro de la marca -vestida de mezclilla llena de bordado y overoles de piel, una movida provocadora teniendo en cuenta la historia de Balmain.

Poco a poco pero de manera segura, decidió establecer una filosofía más multicultural y un nuevo grupo de referencias en las prendas: "Me di cuenta de que tenía el poder de incluir en la moda cosas que se habían quedado fuera. Yo también soy diferente a este mundo, estoy aquí ahora, y quiero ampliar el horizonte." Sus referencias a la cultura afroamericana son amplias -incluyendo tanto su admiración por Prince y los vestuarios para el escenario de Michael Jackson, a artistas hip-hop y la cultura del vogueing. Ahí estaba él, un chico francés construyendo su propia visión del lujo global diversificado.

¿Por qué es este el año de Olivier Rousteing? Como un booker me dijo una vez: la fama no es de quien llega a las páginas de Vogue sino a las de los tabloides. Y esto es precisamente en la etapa en la que él se encuentra: una estrella con la que la gente afuera de la industria de la moda también se puede identificar. Como ejemplo el lanzamiento de su colaboración con H&M este otoño. Sin sorpresa, el no dudo de aparecer posando en la campaña (usualmente algo no bien visto por los círculos de la moda francesa) -demostrando, si quedaba duda, de ser uno de los pocos diseñadores que son identificables para el público en general.

¿Y el propio lanzamiento? 16 horas antes de que abriera la boutique de Champs Elysées, la gente ya esperaba formada, algunos con tiendas para acampar, listos para pasar ahí la noche. Muchos esperaban poder tomarse una selfie con el diseñador, quien se esperaba que asistiera al lanzamiento a saludar a sus fans. En otras palabras, Rousteing ha alcanzado un nivel de reconocimiento más cercano al de una estrella pop que el de un diseñador promedio. En cuanto a la colección, funcionó muy bien: a unas horas, las botellas de agua con la etiqueta de Balmain que se estaban regalando a la gente esperando en la fila fueron vendidas por cientos de euros en Internet -así como las bolsas de papel y ganchos de ropa del evento.

Siendo yo también una mujer francesa, no es difícil ver porque resulta atractivo para muchos: Rousteing le habla a las mujeres de todos lados, no solo parisinas (con o sin hastío); cualquiera que se sienta fuera de los estándares locales de moda y belleza (piensa en las ultra delgadas, relajadas y de pelo enredado) encontrará algo más reconfortante en su enfoque y sus ídolos. Solo ve a Kim Kardashian, quien ha sido una de sus musas recurrentes, junto a sus hermanas Kylie y Kendall Jenner: ella es precisamente lo que los franceses (y la moda en general) desprecian. No está flaca ni trata de serlo; su estilo difiere de las nociones requeridas de discreción, refinamiento y minimalismo. Su carrera está esponjada y su maquillaje es muy grueso. Aun así Rousteing la ve como una historia de éxito moderna. "En su propia manera se ha superado y llegado a la cima; es una amazona moderna".

Y esta historia de progreso social, de las últimas páginas de los tabloides a las primeras filas de los desfiles en las semanas de la moda, es una que resuena en los franceses: celebra el profundamente performático poder del estilo, donde eres la manera en la que te presentas, trayendo esperanza a todos fuera de las fronteras limitantes de la riqueza familiar, el título o el origen.

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Texto Marguerite Taras

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