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fuegos artificiales, cuevas, y besos: entra en el mundo de ryan mcginley

Los épicos viajes de carretera anuales de Ryan McGinley con los hermosos chicos creativos de NY es de lo que están hechas las leyendas.

por Rory Satran
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27 Agosto 2015, 5:50pm

"Quiero vivir en mis fotografías", dice Ryan McGinley. Y, de cierta forma, lo hace. Desde las primeras fotos incandescentes que tomó en la Yashica y que guardaba en el bolsillo (Dash Bombing, Tim Falling, Lissy Jumping) hasta sus recientes desnudos de estudio sin precedentes, ha fotografiado a los jóvenes artistas que hacen de Nueva York la ciudad a la que éstos chicos siguen llegando -desde lugares como Ramsey, Nueva Jersey, donde Ryan creció idolatrando a sus siete hermanos mayores, y comenzó a trazar una vida como artista.

Se habla de él como uno de los fotógrafos vivos más importantes, lo cual suena demente para alguien de tan solo 37 años. Sin embargo, suena apropiado cuando te das cuenta que lleva 16 años creando arte de manera seria. A los 25 años, fue el artista más joven en montar una exposición individual en el Whitney. Pero sigue siendo Ryan. Lo puedes encontrar en el metro con su mochila azul y sus Converse blancos sucios. Es un pequeño punk dulce, hermoso y sincero -el chico que se queda atrás de sus amigos más locos para agradecerle a su madre por su hospitalidad.

Ha tenido muchas exposiciones (la más reciente es una retrospectiva de su carrera este verano en Kunsthal KAdE en Holanda), libros, miles de seguidores en Instagram y perfiles brillantes sin fin desde ese primer show en Whitney. Y, a pesar de todo, se ha tomado extremos descansos cada verano para salir en viajes por carretera con los jóvenes más bellos y fascinantes de la ciudad, documentando sus ojos negros, sus sesiones de besos y los saltos de las cascadas.

Un nuevo libro de sus fotos de viaje por carretera más reciente sale vía Rizzoli este otoño. Cuando lo veo en su estudio, está ultra-preparado, muy al estilo de Ryan: hay impresiones ampliadas de las fotos de viaje por carretera más impresionantes colgando de las paredes, y él está sentado tranquilamente en una mesa con un dummy del libro. 

Estas fotos son tan inmensamente hermosas. Muestran los estados más puros de alegría. Es la juventud sin los vestuarios, las poses, las tristezas -los momentos cuando estás lejos de la ciudad y estás con tus amigos y salen las estrellas. Toma la mayoría de las fotos de viaje por carretera dentro de un radio de tres horas de su casa en Hudson, Nueva York. "Cuando llevo a la gente en los viajes al norte del estado, llegan a un lugar que los libera y yo accedo a algo en ellos que es un tanto infantil", dice.

Los chicos que fotografía son artistas y figuras de Nueva York con talento propio. (La verdad es que ya son hombres y mujeres, pero en las imágenes de Ryan siempre son "chicos"). Aparece la fotógrafa Petra Collins en una piscina de lodo, con el reflejo de un árbol que se levanta de sus rizos. Aparece la artista de performance, India Menuez, acostada en un campo de escarcha. Pero sin los significantes, podrían ser cualquier persona, en cualquier momento. Ryan ha dicho que fotografía a sujetos que se ven de la manera en la que recuerda a sus hermanos y hermanas conforme crecían. 

Uno de sus hermanos, Michael, murió de SIDA a la edad de 33, cuando Ryan era un joven adolescente. Describe ese período como algo sombrío, pues muchos amigos de Michael murieron dentro de un corto período de tiempo antes de la llegada de la medicina antirretroviral. Eso hizo que salir del clóset fuera mucho más difícil. "Probablemente cuando era adolescente pensé que si salía del clóset me iba a morir", dice. Cuando lo hizo, a los 18 años, "fue increíble". Pero la muerte de su hermano lo hizo hiper consciente de la mecha ardiente. "Su muerte ha afectado y sigue afectando mis fotos. Cuando alguien que es tan cercano muere, realmente te hace pensar en la mortalidad. Ver transformarse el cuerpo de alguien saludable a ser completamente esquelético, todo el proceso de la muerte... me hizo realmente querer vivir con fuerza".

Ryan habla mucho de la "vida real". Y la tensión entre la monotonía de ganarse la vida en comparación con la vibrante vida nómada del arte, está en el punto crucial de su obra. Como dice, tal vez todo tiene que ver con tu padre. El de Ryan era un vendedor y veterano de guerra que logró que sus ocho hijos fueran a la escuela. "Era un realista sobre la vida", dice Ryan. "Siempre usó la expresión: 'el mundo real'. 'Espera hasta que salgas al mundo real'. Y yo pensaba: '¡Mierda!' Me asustaba muchísimo. Y entonces tomé la decisión de dedicar mi vida al arte y no seguir sus sugerencias de hacer algo más. Todavía eso me motiva, mi miedo de no ser capaz de sobrevivir". 

La magia de la carrera de Ryan es tener la ética de trabajo suburbana de su padre y su propia cualidad romántica y visionaria. Crea su propia realidad -una que extrae los mejores elementos de la juventud. "Mis fotografías no son la vida real", dice. "Pero están bastante cercanas a ella. Siempre quise que se sintieran como un reportaje. Todos los momentos que estás viendo están sucediendo -todo es un falso documental. Yo establezco el ambiente, pero en realidad dejo que la gente haga lo que que quiera hacer. Soy muy flexible al dirigir. Y todo pasa. Las personas corren entre fuegos artificiales, y sobre el hermoso campo de flores, y estamos en el fin del mundo. Es difícil, quieres estar en ese mundo todo el tiempo. Pero no es un lugar en el que puedas vivir".

Una de sus mayores influencias es, inverosímilmente, la máxima documentalista de estadounidenses de elevada posición social, Tina Barney. Compró su primer libro, Theater of Manners, en un mercado de segunda hace años y todavía lo ve hoy en día. "Es un regalo que sigue otorgando cosas", dice. "Es como la vida que nunca tuve, una vida elegante muy al estilo de los Westchester y los Hamptons. Casi parecía una película de John Hughes, como Pretty in Pink, pero era real". "La vida real" interesante e inspiradora. ¿Te suena familiar?

Desde el momento en que descubrió un libro de Andy Warhol en su Pearl Paint local a la edad de doce años, Ryan ha devorado biografías de artistas. Este verano leerá la de Sally Mann. "Desde el primer día he estado hambriento por obtener información sobre los artistas. Quiero saber por qué las personas siguen siendo artistas, porque es realmente difícil. Y no hay reglas. Ser artista es el salvaje oeste".

Tras extraer lecciones sobre la vida artística de su lectura obsesiva, así como de sus mentores como el artista Jack Walls y su profesor en Parsons, George Pitts, Ryan está listo para transmitir algo de su sabiduría. Un artículo del New York Times en 2013 que lo denomina "El flautista del mundo artístico del downtown" habla de su influencia al apoyar las carreras de artistas jóvenes como Collins, Michael Bailey Gates y Sandy Kim. Y el año pasado dio un discurso radical de apertura en su alma mater, Parsons (con una cámara colgada al cuello), instando a los graduados a "encontrar algo con que estar obsesionados, y luego obsesionarse con eso". Y, "recuerden: lo que hacemos es realmente romántico". Dice: "Es importante devolver. No puedes conservar nada a menos que lo entregues. Esa es la filosofía que siempre ha guiado mi vida".

Y Ryan continúa aprendiendo de todos, desde de los pasantes en su estudio hasta del propietario de una fábrica de servilletas que vive cerca de sus padres en Nueva Jersey: "Hablo con él todas las noches, y en verdad me aporta conocimiento increíble y sabiduría de cómo navegar por la vida y no perder la cabeza". Después de este tiempo en el mundo del arte, impulsándose a lograr mayores retos cada año, aprecia la perspectiva. "He estado tomando fotografías durante 16 años, eso es una locura", dice. "A veces se siente como si hubiera sido un largo día".

@ryanmcginleystudios

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Credits


Fotografía Ryan McGinley
Texto Rory Satran
Todas las imágenes son cortesía de Ryan McGinley y su equipo (gallery, inc.), Nueva York.