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cinco desfiles de los 90 con un fuerte mensaje que debía ser escuchado

¿Recuerdas cuando McQueen hizo unas piernas protésicas talladas a mano para la deportista paralímpica Aimee Mullins? ¿O cuando Margiela tomó los cinco asientos en primera fila de los editores y se los dio a unos niños de cinco años?

por Isabelle Hellyer
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05 Octubre 2016, 11:07pm

Tal como demostraron las últimas semanas, el Mes de la Moda tiene el potencial de funcionar al mismo tiempo como una plataforma política que como una plataforma sartorial. Pensemos en el mitin feminista de Karl para la colección Chanel primavera/verano 2015, o las novias gemelas que cerraron el desfile de Alta Costura 2013 de Chanel como una elegante muestra de apoyo a la legalización del matrimonio gay en Francia. En algunas ocasiones, las pasarelas se convierten en espacios de protesta incluso sin el consentimiento del diseñador: Rick Owens no estaba muy feliz cuando uno de sus modelos se puso rebelde en el desfile masculino primavera/verano 2016, sacando un cartel que decía "Please Kill Angela Merkel — Not". De hecho, en respuesta le dio un puñetazo detrás del escenario. En otras ocasiones, las declaraciones se llevan a cabo fuera del edificio -en septiembre, una manifestante topless se presentó en el casting para Yeezy Season 4 de Kanye West, para protestar por su solicitud de "Sólo mujeres multirraciales".

Ya sea trate de un plan elaborado o de algo surgido de improviso, los desfiles de moda han funcionado por mucho tiempo como foros políticos. Y mientras que nuestras mentes están ocupadas con nuestro frenesí político actual, algunas de las declaraciones políticas más audaces en la industria ocurrieron hace veinte años. Hacemos un recorrido a través del tiempo para recordar los proféticos desfiles que llevaron la política a las pasarelas.

Maison Margiela primavera/verano 1990
En 1989, Margiela quería hacerle al mundo una pregunta radical acerca de la Semana Moda: ¿Para quién es en realidad? Sus amados desfiles no eran sólo para la industria -editores de élite, estilistas y otros diseñadores- sino también para el público. O mejor dicho, para los fans. Esta presentación de 1989 democratizó radicalmente la moda, marcando el comienzo del fin de los desfiles exclusivos para miembros de la industria.

Martin y Jenny Meirens eligieron un parque abandonado en las afueras de París, en el distrito 20, como sede de su desfile e invitaron a los niños del vecindario a diseñar las invitaciones. Las dibujaron en cartulina y después en agradecimiento, Martin y Jenny llevaron a los niños a un día de campo.

En la presentación no había asientos asignados previamente: la primera fila estaba disponible para los que llegaran primero. Los niños del vecindario, quienes se encontraban jugando muy cerca de ahí, ganaron los asientos que generalmente están reservados para los editores. En un momento dado, el novio de una de las modelos empezó a subir a los niños de la primera fila en los hombros de las modelos mientras caminaban por la pasarela. Era un caos. Kristina de Coninck, una modelo del desfile, en una conversación con Gentlewoman recordó los cambios de último momento tras bastidores. "Martin echó un vistazo a mi peluca -utilizaron postizos en las modelos que tenían el pelo corto- y dijo, 'No es lo bastante salvaje'. Entonces, tomó la peluca y la pasó por el suelo polvoriento". Raf Simons también estaba ahí -se había colado. "¡Ni siquiera había piso! Era como un patio trasero olvidado". Los críticos destrozaron el desfile, pero a nosotros nos encantaría ver más como ése.

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Jean Paul Gaultier primavera/verano 1994
En 1993, parecía que el mundo se estaba abriendo. Los vuelos comerciales eran más baratos que nunca, las PCs estaban llenando los hogares y los teléfonos móviles hicieron posible hablar con la gente en el otro lado de la Tierra mientras caminabas por tu propia calle. Gaultier sin duda estaba emocionado por la globalización y su colección de largo alcance, Les Tatouages, celebraba al nuevo mundo. Cada diseño que envió por la pasarela parecía gritar "¡Bienvenido a la Aldea Global!".

Unos pantalones cubiertos con graffiti del metro de Nueva York hacían juego con monos cubiertos con tatuajes -algunos estaban inspirados en los tatuajes de la Yakuza, otros tenían impresas coloridas imágenes de los billetes europeos, magnificados hasta que eran difíciles de identificar. Las camisas de tul con tatuajes eventualmente se volverían emblemáticas de Gaultier; pero en 1993, nadie las había visto antes. Stella Tennant (entonces una recién llegada) tenía un esqueleto crucificado pintado en su estómago, y otras modelos estaban cubiertas de piercings. La mayoría, obviamente, eran falsos. Sin embargo, el desfile convenció al mundo de la moda de que los aros en el ombligo y las perforaciones en la nariz eran muy in -y la joyería corporal que Gaultier eligió para el desfile definiría los años 90 y principios de los 2000. La colección multicultural fue un sorprendente éxito con los editores, y le ganó a Gaultier importantes artículos en Elle Germany y Vogue US -erigiéndolo en mucho más que un enfant terrible.

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Alexander McQueen otoño/invierno 1995-1996
Con un título como Highland Rape, no había forma en que McQueen -o esta colección- pudiera evitar causar controversia. Pero no fue un desfile que se ocupara de las agresiones sexuales, como su nombre podría sugerir. En lugar de eso, McQueen buscó señalar la histórica "limpieza étnica" de Escocia por parte de las fuerzas inglesas. Los países estuvieron en combate gran parte de los siglos XVII y XVIII, y muchos clanes escoceses fueron borrados por completo de la historia. McQueen, a pesar de haber nacido y crecido en Londres, era hijo de un escocés orgulloso, y quería asegurarse de que esos eventos fueran recordados.

Los vestidos estaban rasgados y desgarrados, las modelos caminaban furiosamente por la pasarela (algunas simulaban estar intoxicadas) y muchas tenían el pelo de color rojo en homenaje a la preponderancia biológica de los pelirrojos en Escocia. La colección fue un ejemplo temprano de McQueen utilizando el propio tartán de su familia en un desfile, lo cual se volvió un motivo a lo largo de su carrera. Highland Rape también marcó el debut de su famosa silueta bumster: el pantalón con corte a la cadera baja que creó para alargar la base de la columna, la cual el consideraba como una de las zonas más bellas del cuerpo femenino. Por desgracia, la ropa se vio ampliamente eclipsada por la controversia desatada por el título del desfile. Los críticos consideraron que el enviar modelos angustiadas por la pasarela era de mal gusto y el diseñador fue acusado de glorificar la violencia. Sus fans pronto salieron en su defensa, argumentando que las mujeres eran una metáfora de la vejada Escocia. Sin embargo, le llevó años al mundo de la moda llegar a la conclusión de que las intenciones del diseñador eran puras.

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Chalayan primavera/verano 1998
En 1997, Hussein Chalayan estaba en la cima del mundo. Con una serie de desfiles bien recibidos por la crítica, el británico-chipriota hizo algo inesperado. Hizo una colección que involucraba al Islam, nicabs y la desnudez frontal completa. Tal vez Chalayan sintió que sus desfiles comercialmente exitosos habían preparado a su audiencia para algo más controversial.

Cualquiera que haya sido su motivación, la colección Between de Chalayan nunca será olvidada -en gran parte debido a su final. Un grupo de modelos cerró la presentación al unísono, todas llevaban nicabs de diferentes longitudes. La prenda de cada modelo era sucesivamente más corta: la primera rozaba el suelo, mientras que la última modelo se encontraba completamente desnuda, con sólo una máscara sobre su rostro. Después del desfile Chalayan le dijo al NYTimes, "Estoy muy consciente del espacio cultural, y me gusta observar el lenguaje corporal". El tropo fue uno que Chalayan repetiría muchas veces en las siguientes temporadas: es decir, cerrar el desfile con un grupo de modelos que lleven a cabo algún tipo de performance -como el famoso grupo de cinco modelos que convirtió unas sillas en vestidos para la colección otoño/invierno 2000. Sin embargo, pocos desfiles de Chalayan fueron emocionalmente tan potentes como Between: el público, como es bien sabido, quedó conmovido hasta las lágrimas por el final de la presentación.

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Alexander McQueen primavera/verano 1999
A medida que llegamos al final del Mes de la Moda, hay ciertas críticas que se escuchan fuerte y claro. Las demandas del público porque haya más modelos de tallas más grandes, personas de color y personas discapacitadas en nuestras pasarelas deben ser escuchadas y honradas. Aunque el progreso pueda parecer lento, hace dieciocho años McQueen hizo exactamente eso. Su desfile, N° 13, es quizás mejor recordado por el momento Shalom Harlow, cuando unos brazos robóticos pintaron su vestido blanco mientras ella giraba violentamente en el centro de la habitación; pero había otra importante modelo en la pasarela: Aimee Mullins. A la atleta paralímpica le amputaron ambas partes bajas de sus piernas a una edad temprana, por lo que McQueen le hizo unas piernas protésicas a partir de ceniza sólida. En una conversación con i-D en julio de 2000, McQueen explicó, "Cuando empleé a Aimee [en esta colección], decidí que no saldría con prótesis deportivas. En realidad sí hicimos unas pruebas con ellas, pero pensé no, ése no es el punto de este ejercicio. El punto era que luciera con las demás chicas".

Credits


Texto Isabelle Hellyer
Fotografía Maison Margeila por Jean-Claude Coutausse, McQueen cortesía del Metropolitan Museum.