el toque bourgeois de simone rocha primavera/verano 2018

Desde los más sencillos vestidos blancos hasta los más opulentos barrocos.

por Felix Petty; fotografías de Anabel Navarro
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18 Septiembre 2017, 12:46pm

La melancólica obra maestra de Skeeter Davis, The End of the World, se derramó con tristeza por los altavoces en el final del show de primavera/verano 2018 de Simone Rocha, encapsulando perfectamente la colección de la joven diseñadora irlandesa. La mezcla de Davis de pesadez emocional excesiva y el sentimiento crudo es una buena figura para los diseños de Simone esta estación.

Hay un poco Louise Bourgeois en los códigos, estilos, temas y motivos de Simone; el énfasis en los lugares donde se combinan dos ideas opuestas; ese juego entre fuerza y fragilidad, algo siniestro pero hermoso, majestuoso pero acogedor. También en la manera en que usa los códigos de la feminidad (grandes vestidos, tul, florales, bordados, el estilo casi-Victoriano, perlas bastante pequeñas) que saturan todo con un poder nuevo y devastador. Ella tiene aplica una cierta inteligencia y ligereza en el manejo de ellos, los convierte en algo sigilosamente abrumador. Las hileras de sillas llenaron Middle Temple, el recinto cubierto de retratos, bustos y grandes vitrales, mismos que sólo hacían hincapié en su contrastante feminidad.

Las referencias a Louise Bourgeois estaban más notablemente presentes en el bordado de esta temporada, brillando a través de vestidos blancos combinados con joyas rojas como la sangre colgando. Estaban también en las invitaciones, y en las primeras líneas de sus notas explicativas. "Red Dolls" los llamó, como se les dice a las cortadas hechas por el papel en la mano.

El toque humano del bordado, como bien sabe Bourgeois, da todo un peso feminista. Un acto tan básico de la hechura de moda pero tan cargado de simbolismos como para ignorarlo. Hay algo hogareño en el bordado; en su sencillez. Pero igualmente, en sus actos repetitivos puede ser a la vez enloquecedor y terapéutico. Todas esas asociaciones fueron llevadas a la superficie por la mano de Simone, quien bordó figuras humanas en repetidas espirales alrededor de los vestidos.

Son estos pequeños momentos inquietantes los que anclan el puro y simple poder estético del resto de lo que Simone hace; no hay sombra sin luz, después de todo. Así que sí, los vestidos en vivo son en realidad increíblemente hermosos y poderosos, y te sorprenden al pasar en los blancos más sencillos, a las piezas barrocas más elaboradas que se combinan con el resto sin esfuerzo. Una simple descripción no les hace justicia.

Louise Bourgeois usó ropa en su arte para mostrarnos la tela con la que ella estaba hecha, en todo su horror y gloria freudianos– y la dualidad, paradoja y multiplicidad. Lo que parece ser una mejor manera de llegar al centro del mundo de Simone.

Este artículo fue publicado originalmente por i-D UK.

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