3 tatuadoras de la ciudad de méxico

Los tatuajes de Christian Castañeda, Fer San, y Van Priego son una joya. Entrevistamos a este trío de artistas del tatuaje que ejercen en la CDMX sobre la perspectiva de género en su profesión, su historia personal con la tinta y mucho más.

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17 Marzo 2017, 1:15am

Van Priego, 21 años, Villahermosa, Tabasco
Estudio SSS

¿Por qué te mudaste a la Ciudad de México?
Yo vivía en Xalapa, Veracruz, y estudiaba allá la carrera [Artes Plásticas]. Me dediqué al tatuaje cuando entré a la carrera y eventualmente venía de visita a CDMX a tatuar; acepté el hecho de que nunca me ha gustado la escuela y me vine acá para empezar de lleno.

¿Cuándo fue la primera vez que hiciste un tatuaje?
Fue entre junio o julio de 2014.

¿Por qué el tatuaje era el mejor medio para ti?
Porque siempre me ha llamado mucho la atención la estética alternativa al canon comercial que se nos presenta, y desde muy pequeña fui expuesta al tatuaje por mi madre y mi padre. Mi papá tiene muchos tatuajes y mi mamá tiene algunos. También veía muchos realities en la televisión de tatuajes, y aunado a que yo ya tenía el hábito del dibujo, era lo único que hacía. Me impactó mucho, ver que la gente podía traspasarlo a la piel de manera compleja.

¿Cuál fue el primer tatuaje que hiciste?
Un Charlie Brown, lo tengo en la pantorrilla; empecé con ese para quitarme los nervios. Ese día no tenía ni idea de cómo armar una máquina, cómo meter la aguja, ni cómo meter el tubo, pero mi amiga me ayudó. Ka' Larraza fue la que me enseñó lo básico y me explicó. Me dejó tatuándome y agarré confianza, y ya empecé a tatuar.

¿Cómo terminaste aquí?
Estaba en Xalapa y ya estaba hasta la madre de Xalapa. Ya odiaba a todos, odiaba la escuela, odiaba el edificio, odiaba la gente, odiaba todo. Quería seguir tatuando, quería tatuar más porque en Xalapa no tenía mucha chamba y cuando venía a CDMX tatuaba diario. Ya para independizarme y no estar molestando a mi familia fue que decidí dejar la escuela y como ya tenía una base de clientes acá decidí mudarme, y funcionó.

¿Cuántos tatuajes haces al día?
Sólo hago uno, siempre. Tengo un proceso muy tardado, siempre hago el diseño el día del tatuaje y me pongo a preguntarle cosas al cliente, lo dibujo, lo reviso y hago el stencil. Generalmente las cosas que tatúo no son muy grandes pero sí son de 15 a 20 cm. También tengo mucho detalle en mi tatuaje, me gusta mucho meter el recurso de las líneas y puntillismo. Como soy muy detallista me toma tiempo, y al no tener mucha experiencia, lo que sé en este momento influye un poco en mi velocidad. Antes tardaba muchísimo más por el tipo de máquinas que utilizaba, ahora ya tardo un poco menos por las que utilizo ahora y las técnicas que he aprendido.

¿Cuál ha sido tu favorito?
Le hice uno hace unos días a mi tatuadora favorita, Laura Yahna, tuve el honor. Le hice un sagrado corazón y creo que ese es de los que más me ha gustado ahora por la concepción del diseño y la ejecución que fue muy compleja para mí por el área en el que está tatuada, y fue una grata experiencia. Fue muy cansado la verdad.

¿Cómo defines tu estilo?
Dentro del tatuaje el estilo es black work, pues mi estilo tiene mucha influencia de la ilustración científica, del grabado, del manierismo, del barroco, el arte antiguo y la figura del cuerpo humano. Siempre es negro, no me interesa hacer con color, pero seguramente en el futuro sentiré alguna necesidad de cambiar algo, pero en este momento no.

¿De quién te gustaría aprender de CDMX?
Yo creo que a Moroko, me llama mucho la atención su trabajo, está muy cabrón. A Dazer, he cruzado palabras con él pero no he tenido el gusto de conocerlo en persona. Son los que se me vienen a la mente.

¿Qué hacías antes que no harías ahorita?
Ir a la escuela (risas), me caga la escuela. No es cierto, la escuela es chida pero yo soy una persona que no funciona bajo ese sistema, entonces creo que eso no lo haría.

¿Cómo sientes tú que sea la presencia femenina entre todos estos tatuadores?
Es importante, en todo. Creo que en todos los ámbitos, por el sistema en el que vivimos, es un tipo de opresión que no acaba, pero en el tatuaje al menos me parece bastante enriquecedor que poco a poco ya se le esté dando mas relevancia a la presencia femenina, y también al final todos tenemos estéticas distintas y las aportaciones son importantes, es bastante chido, se siente reconfortante que el simple hecho de ser mujer no sea algo que te detenga o que levante prejuicios. Me ha tocado vivirlo, me ha tocado que me subestimen sólo por eso. Poco a poco he notado que les va valiendo más, al menos.

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¿Qué crees que podrías hacer para evitar tener estos prejuicios de que por ser chica no sabes tatuar?
Siempre hablo con mis clientes, la mayor parte del tiempo me gusta conocer y dejar en claro cosas porque cuando hablas con las personas, solitas salen las cosas, las líneas de pensamiento y las percepciones. No es una idea de querer colonizar más la mente de otras personas, pero sí dejar en claro que hay una identidad y debe haber un respeto y no debe de haber un prejuicio sólo por la apariencia biológica que te tocó cargar. Me concentro en apoyar a las personas y a las mujeres que tengo alrededor siempre, y apoyar un chingo a mis amigas tatuadoras. Darles ánimo y retroalimentarnos entre nosotras.

¿Qué le dirías a alguien que va a empezar a tatuar?
Le diría que le eche ganas, que lo haga bien en el sentido higiénico porque creo que eso es importante. Que tenga su proceso, que lo identifique y lo respete mucho. Que no se deje mangonear ni devaluar por nadie. Si le funciona su proceso, está bien, que lo mantenga y lo vaya retroalimentando conforme vaya creciendo, y si en serio quiere dedicarse al tatuaje, que se aferre a él porque para tatuar necesitas dibujar un chingo y tatuar un chingo, tatuarte a ti mismo.

¿Te ves haciendo esto por mucho tiempo?
Sí, hasta que ya no pueda más (risas). Quiero hacer más cosas en lo que va de mi trayectoria profesional, pero quiero que el tatuaje sea mi actividad principal durante muchos años. Si tengo la fortuna de hacerlo, lo quiero hacer.

@vanpriegonova

Fer san, 28, CDMX
Estudio propio

¿Qué fue lo que te llevó a tatuar?
Una vez vi un anuncio de un estudio de tatuajes que buscaba aprendiz y ahí fue que pensé que podría meterme de aprendiz. Entré sólo por saber, acababa de salir de la universidad y necesitaba un trabajo, la verdad nunca me imaginé que mi vida fuera tatuar. La otra vez estaba pensando que es como cuando tienes un hijo no planeado y al final decides tenerlo, se convierte en tu vida y lo amas y lo cuidas. En realidad no me imaginé que fuera a pasar, y me encanta y lo amo, fue algo super inesperado.

¿Quién te enseñó?
Yo era aprendiz de Mr. Cráneo, pero la verdad es que estando ahí [INKINC] varios amigos y tatuadores también influyeron mucho en mi aprendizaje. Por ejemplo, de los más relevantes para mí fueron Charly Cheese, Fercha Pombo, Baby Face, por mencionar algunos.

¿Qué hacías antes cuando empezaste que jamás harías ahora?
Hacer un tatuaje de un diseño que no me guste. No es que lo hiciera antes, sólo que cuando estás aprendiendo llega todo mundo y quieren que les hagas uno así. Y la sensación de hacer un tatuaje sin ganas o de un diseño que no me guste, la sentí pocas veces y no lo quiero volver a hacer.

¿Qué es lo peor que te han pedido?
Más que la idea, creo que lo que más me molesta son diseños mal hechos. O sea copiar cosas de otros tatuadores porque creo que por respeto no está chido, o ideas mal aterrizadas porque estéticamente la verdad no tengo un prejuicio sobre ningún tipo de imagen, porque creo que un buen tatuaje es aquel que hace feliz a la persona que lo tiene. No importa si es un Piolín, un símbolo de infinito, o si es un diseño muy hipster, no importa. Yo creo que un buen tatuaje no es lo que está en tu muro de Pinterest porque para mí puede ser una cosa y para alguien más otra. Lo que me molesta son cosas más técnicas, como que el diseño esté mal estructurado o mal hecho a menos que sea la intención. Pero a fin de cuentas si la persona que se está haciendo el tatuaje está feliz con él, entonces ya cumplió su misión. Yo lo veo así.

¿Cuántos tatuajes haces más o menos en un día ocupado?
Tres o cuatro. Depende del día, del tamaño, y de muchas cosas. Pero es más o menos el rango de un día más o menos atareado.

Ahora que te cambiaste a este espacio, ¿qué quisieras lograr con tu carrera como ilustradora o tatuadora y sabes que esto es lo que quieres hacer?
En realidad lo que me gustaría lograr ahora que me estoy moviendo —que es un plan que ya tenía desde antes— es crear algo más que un estudio de tatuajes, que es justo con lo que siempre he estado peleada, lo que me interesa más es crear un plataforma y un lugar donde puedan surgir muchas otras cosas donde se pueda colaborar con otras personas y creo que si ha pasado poco a poco. Tengo la participación de Gama que es de una generación más chica, y que aparte está empezando pero va muy bien, tengo otros amigos que hacen cosas y pueden participar; la idea es hacerlo un poco más multidisciplinario y participativo. Que se pueda lograr como plataforma tanto espacialmente como virtualmente, poder compartir.

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¿Te gustaría enseñarle a alguien?
Sí, si hay la posibilidad, el tiempo y el espacio, me encantaría. Es algo que definitivamente me ha aportado muchísimo, la posibilidad de enseñar a alguien más me encanta. Y de participar con otras personas que también tienen proyectos y talento, y que hacen cosas chidas. No es sólo una cuestión hippie de crear una comunidad sólo por crearla porque estaría mintiendo si lo dijera, si no realmente de gente que también esté haciendo cosas con contenido y calidad chida. También nunca perder de vista esa parte tan importante: la parte visual, estética y técnica.

Hablas de que portar un tatuaje es algo muy individualista, ¿cómo piensas que ha cambiado la percepción de hacerswe uno?
Es todo un tema, pero ha cambiado muchísimo. Al menos en mi experiencia tuve la oportunidad de convivir con tatuadores que les tocó otra época y definitivamente la concepción en general desde hacer un tatuaje a adquirir un tatuaje ha cambiado. Creo que tiene que ver con muchísimas cosas desde el Internet, y desde la parte de que cada vez es mucho más abierto. Aunque todavía hay mucha gente que no está de acuerdo y le cuesta mucho trabajo entender, cada vez hay menos prejuicio al respecto.

Ya no es sólo tener un tatuaje, es tu profesión.
Sí, y es un trabajo que tiene que ser igual de serio, e igual de profesional. En realidad es un trabajo muy demandante, tiene que ver mucho con eso. Creo que ahorita se está dando más el fenómeno del tatuador como artista, porque aparte la formación que tienen los tatuadores más jóvenes es muy diferente a la formación que tuvieron los tatuadores de generaciones anteriores. Antes no necesariamente eran artistas, ilustradores y diseñadores, y las nuevas generaciones en su mayoría tienen una formación de diseño o artística. Pasa más que la gente busca a un tatuador por la persona que por el estudio. En lo personal tengo un trip con el término del artista, pero más allá de lo que a mí me parezca es lo que está pasando.

¿Cómo definirías tu estilo y lo que aporta a la escena de la Ciudad de México?
Yo creo que mi estilo es el resultado de muchas influencias que he tenido desde chiquita. Muchas son musicales; he estado clavada con el arte de discos de grupos que me gustaban. Más metal y nu metal, esa es la parte estética que trajo en mí ilustradores de los noventa y cosas así. Creo que mi estilo es el resultado de todas esas cosas que veía y consumía todo el tiempo. Yo espero que sí aporte, pero procuro no perder de vista que es una parte importante para mí aportar algo. Por ejemplo soy muy obsesiva con la técnica y cosas así, lo cuál me parece muy importante, pero creo que más allá de eso sí es necesario pensar en el contenido de eso. No solamente te sientas y ya, ese es el 30% de todo el proceso. Desde cómo te contacta, si viene a platicar, hasta si pide cambios. Creo que el resultado final es el proceso, más lo que yo esté estudiando y nutriéndome, buscando que puedo hacer para complementar mi trabajo. Creo que la aportación a lo mejor sería en un sentido más individual, como lo que yo aporto en ese momento a esa persona, sí es una experiencia definitivamente porque no solamente vendo tatuajes. Más bien es una experiencia en conjunto. Más allá del impacto que puedan tener mis flashes o mis tatuajes en las redes sociales o en la calle. Me ha pasado que llega gente que reconoce mis tatuajes, eso me da una satisfacción personal.

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¿Cómo es, desde la perspectiva de tu género, el trabajar en esta profesión?
Definitivamente desde el proceso de aprendizaje te vas dando cuenta. Yo cuando entré al estudio] era tal cual la morrita que quería aprender, y toda la experiencia como aprendiz es muy intensa. Desde ir a la Merced a comprar material y que te estén chiflando veinte veces, hasta en el estudio estar escuchando albures y que te estén albureando todo el día, desde ahí te das cuenta que hay una 'situación', por decirlo así. Más allá del machismo o no machismo, hay una situación en la cual es evidente que estás rodeada de puros hombres y tienes que adaptarte de alguna manera, sobresalir y ganarte el respeto de esas personas. La verdad es que yo le tengo mucho cariño las personas con las que trabajé. Para nada podría decir que me hicieron un mal, al contrario me hicieron un bien.

A mí no me gusta para nada la parte de la victimización y mucho menos por mi género, al contrario. Creo que tiene que ver con una cuestión de habilidad de cómo irte adaptando a las situaciones, y la verdad es que yo terminé pasándomela muy bien, me reía de los albures, me querían mucho y yo los quería mucho. Obviamente el ser mujer en un ambiente de puros hombres existe, es lo que es. En lo personal, creo que la única manera de combatir realmente eso -a menos que sea una situación de abuso tal cual que tiene que ser denunciada y castigada-, es salirse de la victimización y trabajar. La verdad es que sí se puede, y es con chamba, obviamente con respeto hacia ti y hacia el otro género, hacia otra persona, hacia tu propio género, y hacia el trabajo. Para mí en la vida en general, la respuesta es trabajar y no hay de otra. La única manera de ganarte el respeto de las demás personas en general es trabajando. Esto es si realmente quieres dedicarte a eso, porque a fin de cuentas tienes una responsabilidad con otras personas, y eso no lo puedes dejar de lado. Por más que tu estilo sea trash, carcelero, punk, como sea, si quieres realmente dedicarte a tatuar como una profesión, tiene que verse con la seriedad con la que se ve cualquier otro trabajo porque es una responsabilidad. Eso lo hace padre.

@fersanrat

Christian Castañeda, 34 años, Ciudad de MéxicoEstudio SSS

¿Cuánto tiempo llevas tatuando?
Justo este mes cumplo 5 años, y han sido los años más divertidos de mi vida.

¿Por qué decidiste empezar a tatuar?
Porque mi formación es de artista visual y yo necesitaba hacer un cambio fuerte en mi vida. Decidí que mi vida era seguir dibujando y hacerlo el mayor tiempo posible, fue cuando practiqué en una naranja. Al día siguiente tatué a una amiga y ahí me di cuenta que no solamente estaba cambiando de medio —porque estaba muy acostumbrada a dibujar en papel— sino que también mi acercamiento al dibujo era muy distinto porque ya involucraba la sensibilidad de otras personas, entonces eso a mí se me hizo muy mágico.

¿Ha dónde te ha llevado el tatuaje?
A veces me ha llevado a lugares muy oscuros porque siento un conflicto cuando conozco a las personas y las siento muy vulnerables. A veces las personas depositan mucha fe en algunas imágenes que les hago —que a veces denominamos amuletos—, pero la mayoría del tiempo me la he pasado increíble. He hecho amigos maravillosos a partir del tatuaje. Me ha llevado también a viajar y eso ha sido increíble, estuve tatuando en Nueva Orleans justo para una expo. Este año me voy a Panamá, que es donde casi siempre voy dos veces al año, y yo creo que este año me lanzo a Brasil o a ver qué hago.

¿Cuando viajas siempre tatúas?
Sí, casi siempre llevo mi máquina de tatuar. En el momento en el que la gente te pregunta a qué te dedicas y yo digo que soy tatuadora, me encanta ver la sonrisa de la gente y que sean súper preguntones. Está increíble.

¿No te piden un tatuaje?
Sí, siempre. Si tengo tiempo sí se los hago, pero también depende de cómo conecte con las personas. Antes si lo hacía más a destajo, pero creo que ahorita las personas que me escriben entienden lo que hago y me siento muy afortunada porque prácticamente con la mayoría he estado conectando increíble.

¿Qué no harías ahorita que antes hacías?
No haría tatuajes súper pequeños porque ahora entiendo cómo envejece un tatuaje. Lo que nunca hice y sigo con esa misma idea de no hacer es copiar tatuajes ya hechos. Esa siempre fue mi política desde que empecé a hacerlo, porque el proceso que tengo es muy personal, siempre empiezo platicando con las personas. Los correos que recibo casi siempre son párrafos que me cuentan historias, por eso los procesos que tengo a veces son muy tardados.

¿Cómo llegas a la imagen final que tatúas?
Generalmente el proceso que tengo es que les pido imágenes de referencia, de cosas que les gusten. No necesariamente de mi trabajo, que si lo hacen me ayuda muchísimo, pero también si son imágenes sueltas, más o menos puedo entender lo que están buscado. Además de eso a veces le pido que me manden una canción, o que me expliquen qué es lo que quieren y por qué lo quieren. O a veces son meras ocurrencias y ya con eso me basta.

¿Ha habido casos en el que ya tienes tu amuleto final y a la persona no le gustó?
Creo que en estos dos últimos años es una conexión muy mágica porque casi siempre a la primera me dicen que sí era lo que estaban buscando. O si no hago máximo tres opciones y me piden un par de cambios, y listo. Solamente regresé a una chica y le dije que no la podía tatuar porque sentí que no había conexión. Preferí decirle que no la quería tatuar porque yo no me la iba a pasar bien, no nos estábamos entendiendo.

¿Cuál fue la diferencia? ¿Por qué no la pudiste tatuar?
Porque le enseñé muchas imágenes y opciones, me decía que sí y luego se echaba para atrás. No estaba lista y no estábamos conectando. Si no me la paso bien, no voy a hacer un tatuaje. Esa también es mi política.

¿Cómo definirías tu estilo?
Creo que es una mezcla entre black work. Empecé haciendo tipo grabado medieval, como muy etching, pero ahorita lo he estado puliendo y ya son trazos muy limpios, muy de ilustración, que es lo que me gusta mucho.

¿Cuál crees que sea ese puente entre esa ilustración que haces para tatuar a tu arte?
Justo el tatuaje me ha ayudado muchísimo para resolver cosas de manera más inmediata, pero con el tatuaje mi misión es aterrizar las ideas locas, fascinantes o que desde afuera podrían ser absurdas de las personas. Mi misión es traducirlo y sintetizarlo en una imagen, y a diferencia de mis procesos como artista visual, es un regalo que me estoy dando. Es un diálogo conmigo misma y es un proceso de auto-conocimiento, son cosas a las que luego ni siquiera sé a dónde voy a llegar, o me estoy haciendo preguntas que no tienen respuesta, y en el tatuaje sí tengo que ser muy concreta.

Sé que has estado en varios estudios, ¿cómo te sientes ahorita aquí donde estás?
Yo me siento muy feliz, particularmente aquí en Sigue Sigue Sputnik (SSS). Cuando Constanza y Rosca me platicaron del proyecto y me invitaron a mí, me pareció fascinante porque justo la idea es trabajar la idea de tatuajes de autor, sino porque a las personas les gusta coleccionar imágenes y creo que aquí me sentí abrazada justo por esa idea. Cada persona necesitaba algo muy especial, y creo que de eso se trata el tatuaje de autor.

¿Qué crees que es lo más importante que un tatuador, un artista o un ilustrador pueda aportar a la estética de la Ciudad de México?
Yo creo que primero es el respeto por lo que uno está haciendo. También conocer sus herramientas, pero sobretodo conocer qué es lo que están haciendo otros artistas u otros tatuadores, porque si no alimentas todo ese imaginario, ¿qué es lo que va a pasar cuando una persona con algo súper sensible te pida algo que no puedas traducir? Me sorprende que me hagas esta pregunta porque se me hace muy lindo que menciones que yo estoy proponiendo algo. Creo que partiendo de ser honesto con uno, con lo que te gusta, con lo que quieres y con lo que no quieres hacer, creo que ya es un paso muy grande. Creo que aprender a decir "no" o a decir "no me gusta, no lo voy a hacer", creo que es un acto muy valiente. Ahora puedo poner mis límites y decir que no me gusta algo y ser fiel a lo que yo crea. Para ser más sintético creo que es eso, ser honesto con lo que uno cree.

Como mujer, ¿qué es lo más difícil, no sólo de la profesión, también de vivir en la ciudad, de haberte desarrollado como estás posicionada ahora? ¿Cómo ha sido tu proceso viviéndolo por parte de tu género?
He tenido una fortuna muy grande de que muchos colegas tatuadores posiblemente no entienden mi trabajo pero lo respetan, que eso es un gran paso, pero vivir en esta ciudad si ha sido bastante complicado para mí. Un ejemplo muy claro es que hoy que venía hacia el estudio, traigo vestido y recibí como cinco gritos. O desde el hecho de que sea una mujer tatuada ya me siento observada, juzgada y catalogada.

¿Qué acciones pequeñas tomarías tú para evitar tener estos pensamientos?
Yo entendí que no puedo pelearme con todo el mundo e ir discutiendo toda la vida con las personas que no entienden. Si tengo la oportunidad, lo que hago es explicarle a la gente que es lo que hago, que no es un hobby, que también se trata de un tema de respeto hacia las otras personas, porque en efecto, no somos iguales, evidentemente hombres y mujeres no somos iguales, somos distintos y hay que celebrar la diferencia, y celebrar la rareza y las imperfecciones de cada persona. Y también siento que los tatuajes que cada persona va coleccionando son lunares imperfectos que uno va escogiendo. Tiene mucho que ver con escuchar a la otra persona y tal vez si no le entiendes no importa, lo que si puedes hacer es respetarla, nada más.

¿Te ves haciendo esto por mucho tiempo?
Sí, totalmente. Amo hacerlo, es el mejor pretexto para dibujar y sobretodo para hacer un vínculo con las personas. Es increíble.

@xianofthedeath

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Créditos


Entrevista Cheryl Santos
Fotografía Karla Ximena