Jacques de Bascher posing for his brother Xavier de Bascher. Photo courtesy of Xavier de Bascher

la escandalosa historia de jacques de bascher, el antiguo novio de karl lagerfeld

Una nueva biografía centra los reflectores en el hombre que sedujo a Saint Laurent y Lagerfeld, entre varios otros parisinos mundanos.

por Patrick Thévenin
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06 Junio 2017, 3:30am

Jacques de Bascher posing for his brother Xavier de Bascher. Photo courtesy of Xavier de Bascher

Este artículo fue publicado originalmente por i-D France.

En 2008, con el lanzamiento del libro Beautiful People de Alicia Drake —una saga formidable que cubre cuatro décadas de moda parisina, y que narra el surgimiento de Karl Lagerfeld y Yves Saint Laurent—, un personaje olvidado y con rostro angelical surgió de las cenizas. Su nombre era Jacques de Bascher. Este sublime e irresistible dandy fue pareja de Karl Lagerfeld durante dieciocho años, y su estilo de vida decadente sería su mayor logro. Fue un perverso ángel oscuro que sedujo a Yves Saint Laurent, provocando la ira de Pierre Bergé y una ruptura entre los clanes de Lagerfeld y Saint Laurent. Enterraría con él la era de excesos impensables que fueran los años de finales de los setenta y principios de los ochenta, una época pasada que no deja de formar parte de la historia de la moda, y sobre la cual Jacques de Bascher, un fabuloso gigoló, se cierne como un mal augurio. Este es el personaje que la periodista Marie Ottavi decidió investigar en su nuevo libro, publicado en Francia. Películas biográficas como Yves Saint Laurent de Jalil Lespert y Saint Laurent de Bertrand Bonello nos pintaron una caricatura de Bascher, pero Ottavi decidió arrojar nueva luz sobre él. Ella entrevistó a los que lo conocieron e interactuaron con él en un momento u otro, levantando el velo del secreto mejor guardado de la moda de París y preparando la biografía de un personaje detestable y magnético cuya vida estuvo marcada por el hedonismo y la falta de ambición. En sus propias palabras: "La decadencia no es caer, es desplomarse".

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Un fantasma omnipresente
¿Y si Jacques de Bascher nunca hubiera existido? ¿Y si, al final, fuera un héroe de ficción, una combinación entre un dandy proustiano, un depredador sexual, una socialité de la moda y un testigo de una época pasada, en síntesis, un fantasma? Esa es la teoría que la autora Marie Ottavi considera: "¿Cómo contar la historia de alguien que no dejó huellas, que no hizo nada con su vida, que no construyó nada? Fue un desafío interesante —primero, porque todo el mundo me dijo que nadie me hablaría de él, por temor a las reacciones de Karl Lagerfeld o Pierre Bergé, y en segundo lugar, porque implicaba dar sustancia a un personaje que algunos creen que no tenía sustancia alguna. Recuerdo que alguien me dijo: '¿Por qué te molestas en escribir un libro que sólo será leído por [aproximadamente] 200 gays en París?'. Ese comentario se quedó conmigo a lo largo de todo el proceso de escritura. Me dije que necesitaba escribir este libro no para vender toneladas de copias, sino para contar la historia de este hombre y para demostrar que su historia tiene interés para más personas de las que uno podría pensar".

Un irresistible símbolo sexual
"Él era el francés más distinguido que he conocido", recuerda Karl Lagerfeld en el libro. Por primera vez, Lagerfeld accedió a hablar extensamente sobre el hombre que fue su pareja y el único amor de su vida. "Jacques de Bascher, cuando era joven, era un diablo con el rostro de Garbo [...]. Se vestía como nadie más, estaba a la vanguardia de todo el mundo; me hacía reír más que nadie, era lo contrario a mí. También era imposible y despreciable. Era perfecto. Provocó casos increíbles de celos". Mucho antes, en su adolescencia, después de seducir a uno de sus maestros de preparatoria, de Bascher se dio cuenta que su irresistible belleza y apariencia física, que embelesaba a hombres y mujeres por igual, eran un arma invaluable en un mundo que celebra la perfección. Estos recursos le abrirían todas las puertas que de otro modo habrían estado cerradas para él. "Cuando se dio cuenta de que tenía una ventaja sobre los demás —explica Ottavi—, vio una oportunidad y supo que las cosas siempre saldrían bien para él gracias a su personalidad y belleza".

Un depredador mundano
El hermoso, joven, culto, inteligente, educado, y distinguido de Bascher —quien, en algún momento, cambió su look de estudiante preparatoriano por uno mucho más sofisticado— fácilmente se hizo de un nombre entre la elite frívola, acaudalada y trendy de la época. En la década de 1970, solía pasar tiempo en el Café de Flore, un lugar de moda para los intelectuales del momento y una guarida para gigolos, y en el 7, un club gay en la Rue Sainte-Anne que fue abierto por Fabrice Emaer (quien se volvería famoso años más tarde por crear el club nocturno Palace), donde se mezclaban las diferentes clases sociales —ricos o pobres, gays o heterosexuales, viejos y ricos o jóvenes y sin dinero—. En el 7, de Bascher rápidamente se volvió parte de la vida nocturna y del jet set de la moda. Hizo amistad con el séquito de Warhol, el cual pasó un tiempo en París, y luego gravitó en torno a Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent y su comitiva de criaturas —hombres y mujeres deslumbrantes cuyas vidas consistían en ser hermosos, bailar, reír, vestirse bien y, por supuesto, consumir drogas y coger, coger, y coger un poco más...

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Un dandy proustiano
"Jacques de Bascher era el arquetipo de un dandy, casi hasta un punto caricaturesco. Su indiferencia hacia el mundo era de proporciones espectaculares. Aunque operaba dentro de la sociedad, se aseguraba de no sucumbir jamás ante sus obligaciones. El dinero, el trabajo y las realidades ordinarias no estaban entre sus preocupaciones ", escribe Ottavi. El encuentro de de Bascher con Lagerfeld —quien en ese momento aún no era el kaiser de la moda en que más tarde se convertiría— sellaría su destino, y daría pie a su banalidad y su marcado hedonismo. Muy rápidamente, Lagerfeld se volvió loco por él y lo convirtió en su muso. Durante dieciocho años, de Bascher y Lagerfeld se convertirían en una extraña pareja ultramoderna, un dúo incansable que dejó el sexo fuera de la escena (Lagerfeld asegura que nunca durmieron juntos), que no daba cabida a los celos o la posesividad y que operaba bajo el lema "el que tiene el dinero es quien paga", para usar el elegante giro de la frase de Lagerfeld. "¿Quién dice cosas como esas hoy en día? —pregunta Ottavi—. Karl no es un socialista, y lo ha dicho muchas veces, ¡pero conozco a muy pocos izquierdistas con semejante generosidad!".

Un insaciable hombre de placer
El sexo desempeñó un papel importante en la vida de Bascher. Le gustaba acostarse con hombres y con mujeres, y no se contenía. De cualquier modo, en esa época todo se trataba acerca de la liberación sexual, con la aparición de la píldora anticonceptiva, el feminismo, y la liberación gay. Nunca fue un activista, pero en un momento en que muchos se escondían, él no dejaba dudas sobre su homosexualidad. Ponía las cartas sobre la mesa y le parecía divertido escandalizar a los demás durante las mundanas cenas exaltando sus conquistas. "Necesitaba tenerlos a todos en su red —explica Ottavi—. El policía, el sacerdote descarriado, el tenista, el actor bigotudo, el hacendado del club ecuestre y toda la estación de bomberos". Coqueteaba con otros en la calle abiertamente y organizaba orgías en su casa, donde los espejos de una nueva y brillante Harley Davidson estaban colocados hacia arriba para servir como superficies donde aspirar cocaína. Con frecuencia era posible verlo en los darkrooms que estaban surgiendo en París durante esa época. Abordó un avión Concorde para ir a coger al club Mineshaft de Nueva York, el club gay de sexo donde fue filmada Cruising y donde conoció a Michel Foucault. Le gustaba tanto el ambiente burgués como a los bribones; lo mismo le gustaba un hombre tipo Tom Selleck con un grueso bigote que un policía casado que acababa de darle una multa.

¿Quién puede culpar a Bascher por acoger descaradamente la permisividad sexual de la época? Sin embargo, lo que él no sabía, era que lo conduciría a su propia muerte, en la forma del virus del VIH, el cual empezó a aparecer en la comunidad gay a principios de los años ochenta. Murió en 1989, a los cuarenta y ocho años. Su nombre sería agregado a una lista cada vez mayor de primeras víctimas de ese virus. Hacia el final, se apartó de todo, incapaz de soportar su declive físico. Pero Lagerfeld nunca se alejó de él, y realmente nunca se recuperó de su muerte.

Un pervertido narcisista
Desde el principio, el sexo no era sólo una cuestión de placer para de Bascher, sino un medio para reforzar su control sobre los demás. Fue un juego perverso que tomó muchas formas, empujando los límites de la provocación. Su noche Black Moratorium es un ejemplo: el 24 de octubre de 1977, 1,500 personas, cada una más snob que la otra, vestidas todas con el trágico atuendo negro solicitado, que era "absolutamente obligatorio", fueron testigos del primer fist-fucking de la historia. "Era un pervertido —comenta un testigo en el libro—. También tenía una complexión pervertida que lo decía todo". A de Bascher le gustaba la decadencia en todo su esplendor, ya fuera en forma de drogas, sexo o alcohol, los cuales consumía diariamente e inconmensurablemente. Estaba fascinado por la escena gay del S&M, por las relaciones sumisas, por el sexo como una herramienta para obtener poder. "Jacques tenía muchos amantes —dice Philippe Heurtault, un fotógrafo muy cercano a él—. Pero me pregunto si el sexo era más importante que eso. La conquista era el verdadero propósito. Cuanto más estuviera fuera de su alcance algo, más le excitaba". Es probable que esta inclinación por la transgresión fuera lo que lo llevo a seducir y convertirse en amante de Yves Saint Laurent, causando que los celos entre Bergé y Lagerfeld, que habían estado bullendo durante años, finalmente salieran a la superficie. El mundo de la moda, que alguna vez abrazó, cogió y bailó como uno solo, se vio obligado a dividirse en dos campos que ahora se odiaban mutuamente. De Bascher se fue, haciendo la señal del dedo medio, justo cuando esta burbuja desinhibida y desvergonzada estaba a punto de estallar, y esa época, que bailaba sobre la cima de un volcán, se vio obligada a luchar con la erupción del SIDA. En palabras de uno de los testigos: "Nuestro universo se volvió oscuro, lúgubre, negativo. Nuestras vidas se cubrieron con un velo negro. Había habido demasiado sexo, demasiada libertad, demasiadas drogas, demasiadas fiestas". Y la fiesta tenía que terminar.

Marie Ottavi, Jacques de Bascher, dandy de l'ombre (Editions Séguier)

 Jacques de Bascher fotografía de la revista Vogue por Alex Chatelain. Fotografía cortesía de Alex Chatelain

Jacques de Bascher y Karl Lagerfeld en 1979 en Paris. Foto cortesía de Guy Marineau.

En los Bains Douches en 1978. Foto cortesía de Philippe Morillon

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Texto Patrick Thévenin

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