el gucci de alessandro michele es la nueva joya de la corona de milán

En el primer día de Milan Fashion Week, Alessandro Michele prueba que su nuevo mundo en Gucci no tiene fronteras.

por Anders Christian Madsen
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24 Septiembre 2015, 2:50pm

Photography Jason Lloyd Evans

Si quieres saber cómo se ve el éxito, compara el backstage de la temporada pasada de Gucci al de esta. El pequeño grupo de periodistas, quienes fueron a hablar con Alessandro Michele después de su primer show femenino en febrero, de repente se vieron superados en número por la máquina del entretenimiento seis meses después: Dakota Johnson, Alexa Chung, y la reina del Grupo Kering Selma Hayek-Pinault, todas teniendo sus quince segundos con el nuevo príncipe de Milán. En el transcurso de una temporada, Michele ha creado un mundo de fantasía tan fuerte en Gucci, que pensarías fue algo que ha estado soñando toda su vida -y por supuesto no es algo inimaginable que en sus 15 años en la casa de moda, pensamientos sobre conquistar el reino sí le hayan cruzado por la mente.

La experiencia de Gucci que Michele te ofrece es tan completa que él consigue instantáneamente lo que muchos diseñadores tardan una vida en lograr: absorber a su audiencia dentro de su mundo, inclusive antes de que el show siquiera comience. Afuera del nuevo recinto como invernadero de Gucci, un diluvio de proporciones bíblicas hollywoodense cae sobre Milán, volviendo el espacio del show en una especie de santuario; un mundo dentro de un mundo. El suelo estaba cubierto con una alfombra botánica con serpientes orientales de fantasía deslizándose por la trama, las sillas estaban cubiertas con la regia tapicería Gucci, y pantallas de vestidores se añadían a la rica variedad de estampados de la pasarela. La invitación fue adornada con bordados y abejas doradas, las notas del show fueron impresas con máquina de escribir sobre papel rosa.

Si el show de hombre en junio en el mismo espacio se sentía como ir a misa, esto era el Vaticano, la canción de Björk, Black Lake, abrió de manera ceremonial el show antes de que Hypnos de Daemonia Nymphe se apoderara con sus vocales susurrantes, añadiendo por partes iguales, romance y misticismo a un ya existente mundo de ensueño. Backstage, Michele pudo haber pasado como un cardenal o al menos una especie de chamán con su pelo negro y barba, más larga y acicalada que nunca. "Es la idea de que lo que ves no es exactamente real", dijo. "Puedes ser lo que quieras, aunque eso no exista". Su estética ha sido llamada muchas cosas, desde nerd setentera hasta andrógina, pero a Michele no le interesan las definiciones. "Sé tú mismo", reiteró al menos un par de veces. "Expresa tu punto de vista."

¿Entonces cuál era su punto de vista? Bueno, no era precisamente ese: el tener el coraje de presentar tu mundo individual a otros, sin importar que tan raro y maravilloso sea. Si Michele es el chico representativo de algo, eso es lo que ha logrado este año y lo que defiende. La pregunta en la mente de todos era cómo es que él iba a evolucionar esa estética distintiva en su segunda temporada, o si siquiera eso era posible. Sí la desarrolló, pero más que explorar nuevos territorios, parece que le añadió a una tierra ya existente, probando sin esfuerzo que el mundo que soñó es más que suficiente por ahora. Brillo y lustre llegaron a la colección, así como también vibras orientales, y una seducción femenina mucho, mucho más fuerte y pronunciada gracias a las plataformas. Esos lentes ñoños que tanto le gustan fueron embellecidos con cristales.

Hubo 60 looks, muchísimo para cualquier show, y aún así podías fácilmente haber visto unos 100 más. Si parece que Michele no puede equivocarse ahora, tal vez esa sea la mejor forma de verlo. Pero si no puede fallar, es porque el mundo que él creó es tan distintivo para él y que no se apoya por completo en el legado de Gucci, que el puede obtener ese privilegio, y está rodeado de mucho optimismo y positivismo después de sus shows. La moda ama por encima de todo la originalidad y la individualidad, y en Michele hemos encontrado a nuestro chico dorado. Cuando grandes soñadores le suceden a grandes casas de moda.

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Credits


Texto Anders Christian Madsen
Fotografía Jason Lloyd Evans