famosos porque sí: el fenómeno se extiende a la generación z

Paris Hilton y Kim Kardashian le ceden su puesto a las nuevas estrellas de Instagram.

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abr. 20 2016, 11:00pm

Imagen vía @sarahfuckingsnyder

Los Ángeles está plagado de graffitis con una frase tan certera como cruel: Stop making stupid people famous. Surgió en el momento de máximo apogeo de la familia Kardashian, aquel instante histórico en el que ocupaban portadas de revistas y minutos de televisión, y ya se ha quedado como una de las señas de identidad de la ciudad más frívola de Estados Unidos. 

El fenómeno de la fama por la fama que acrecenta, a su vez, esa fama primigenia, no es nuevo pero sí vive su mejor momento ahora. Andy Warhol se estremecería de gozo si viera en lo que se ha convertido el mundo de la farándula y cómo sus quince famosos minutos de gloria han pasado a ser años.

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Imagen vía @kimkardashian

El problema es que el fenómeno no es algo novedoso, es una realidad que consigue la despoblación de las universidades en favor de los sets de televisión. Los jóvenes consideran que no hace falta mérito alguno para hacerse famoso. 

Los chavos consideran que tener cierto número de seguidores en redes sociales es suficiente para ser famoso y los que han crecido influenciados por el fenómeno de la fama instantánea son tan jóvenes que incluso asusta.

La realidad es que sería imposible encasillar a muchas de las caras conocidas que están en las páginas de revistas y minutos de televisión en alguna profesión tradicional. No, no son modelos aunque algunos lo aseguren. Tampoco son presentadores de televisión por haber aparecido alguna vez en un reality show. No son diseñadores por haber firmado una colaboración con una marca de moda. No son nada. Simplemente son famosos por el hecho de ser famosos.

El cineasta William Rebein no ha tenido problemas a la hora de reflejar esto en un largometraje de 150 minutos titulado Famous for being Famous (Famosos por ser famosos). Las imágenes muestran hasta dónde puede llegar el adocenamiento de la población que es, al final, la única causante de que personas como Paris Hilton firmen contratos multimillonarios de publicidad por el mero hecho de ser una rica heredera. El cineasta cuenta esto sin filtros y consigue que a más de uno se le suban los colores cuando ve en lo que se ha convertido el mundo de las celebridades (o el mundo a secas).

Ahora que el liderazgo de Hilton, Kardashian y demás fauna es indiscutible, lo cierto es que las nuevas generaciones de famosos 'ninis'  vienen pegando fuerte. Así podemos señalar a 'hijos de', 'novios de' o 'hermanos de' que no dan palo al agua pero siguen llenando nuestro feed en redes sociales.

Viajes por todo el mundo, comidas y cenas en los locales más lujosos. No hay más que asomarse al modelo de negocio multimillonario de Kylie Jenner. Una aplicación que cobra por ofrecer determinada información o un kit para hacer el vacío en los labios para ganar volumen y pintarlos de color marrón son sus dos invenciones por las que se multiplican los ceros en su cuenta.

Imagen vía @kyliejenner

Tan asumido está el hecho de que los famosos lo son simplemente por existir que hasta Karl Lagerfeld se ha arrodillado ante esta tendencia, y si antes nombró a Alice Dellal embajadora de Chanel ahora es el turno de Willow Smith.

Y porque sí también ha alcanzado la fama Sarah Snyder, la novia de Jaden Smith. En las redes se presenta como modelo, y no cabe duda que estar con uno de los chicos que más dan que hablar del star system ayuda -y mucho- a que su popularidad suba como la espuma. 

Otros de los que también han alcanzado la fama por consanguinidad son los hermanos Brant. Ambiguos y polémicos, los hijos de la top model Stephanie Seymour aparecen en la alfombra roja sin que nadie llegue a entender bien la razón.

Imagen vía @harry_brant

Primero llegaron de la mano de su madre pero ya han conseguido construir un imperio fuera de las faldas de mamá. En cosmética y moda, claro, y con amigos de apellidos tan reconocibles como el suyo. Desde luego animan cualquier celebración, pero el motivo para entender qué hacen ahí en ese momento dista mucho de ser convencional.

Sea como sea queda claro que la fama alcanza a cada uno por cualquier nimiedad. Ya no hacen falta grandes méritos y logros para conseguirla. Lo complicado, como en todos los campos, es mantenerse en el foco mediático sin nada que ofrecer, inventar algo para que así sea, o desarrollar una carrera en el ámbito favorito de cada uno gracias a esa oportunidad. Y eso, sin duda, también es un motivo de reconocimiento.

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Texto Alberto Sisí