la estética de lo feo: la nueva anti-belleza

En un mundo con tanta belleza accesible, a veces la fealdad es la única manera de sobresalir. Trazamos la estética de lo feo, desde el expresionismo alemán hasta el punk hardcore y el alza de Vetements.

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may. 25 2016, 5:55pm

Frecuentemente se siente como si viviéramos en una era donde la moda es particularmente fea, la cual la gente eventualmente recordará con mucho desdén, como los ochenta. A pesar de parecer algo salido de Futurama, el Huarache de Nike se ha convertido, de alguna manera, en uno de los zapatos deportivos más populares de nuestro tiempo. Mientras tanto, Vetements es ahora la crema y nata del haute couture al vender una estética que, hasta hace poco, solo los goths adolescentes de los centros comerciales podían considerar cool. Llámame anticuado, pero ¿no se supone que la ropa debería hacerte ver bien?

En el caso de Vetements, puedo entender por qué la gente se pone las creaciones de Demna Gvasalia —publicidad, exclusividad, el prestigio del consumidor sobre los precios de la etiqueta— pero estos todos son síntomas del atractivo, más que de sus catalizadores. Hay una artesanía innegable en su trabajo y puedo admirar una pieza de ropa de Vetements como un objeto, pero nadie podría convencerme que yo, verdaderamente y cien por cien, podría verme bien con eso puesto.

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El gusto podrá ser subjetivo, pero hay apuntalamientos objetivos que le dan forma: cualidades como la proporción y la relación. La arquitectura clásica es innatamente satisfactoria porque su construcción está basada en las proporciones del cuerpo humano. Es agradable a la vista por la manera en la que entra dentro de nuestra línea de visión. Su diseño es una constelación de proporciones áureas, las cuales nuestro subconsciente encuentra instintivamente atractivas, sin tener en cuenta los gustos adquiridos, que son tan frecuentemente ligados a la opinión y a las identidades construidas. Las torcidas e inadecuadas prendas de Vetements desentonan completamente con estos principios estéticos, el cual, por supuesto, tiene su propio atractivo inconformista, pero quizá ese sea el punto: la fealdad es precisamente lo que hace a la marca tan atractiva.

Hay una artesanía innegable en una pieza de ropa de Vetements como un objeto, pero nadie podría convencerme que yo, verdaderamente podría verme bien con eso puesto.

Desde el #foodporn de Instagram hasta la publicidad con seres humanos perfectamente retocados y con sonrisas impecables de bancos de imágenes, nuestro campo visual está inundado con imágenes estéticamente agradables. Ikea ha transformado los departamentos de estudiantes alrededor del mundo en salas de muestra, amigables con los presupuestos, del minimalismo escandinavo. El Internet, al democratizar la información, también ha hecho la sensibilidad estética infinitamente más accesible.

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Mientras que antes las técnicas de maquillaje profesionales eran conocimiento especializado limitado a los maquillistas profesionales y la gente que los conocía, ahora los vloggers, como Zoella, le enseñan a innumerable niñas de 11 años cómo parecer muñecas a través de YouTube. Ya no tienes que contratar a un diseñador de interiores para que te ayude a transformar tu departamento en una morada de villano de película de Bond cuando el Internet aloja casi la misma cantidad de blogs sobre diseño de interiores como sitios indecentes. H&M, con sus colaboraciones con Versace y Alexander Wang, ofrece marcas de lujo a precios de fábrica a la gente de los centros comerciales. Verse bien ya no es un reto, es el estándar.  

Finalmente, el high fashion le otorga mayor calidad al exhibicionismo y a la exclusividad de lo que le otorga al atractivo estético. En nuestro mundo visualmente satisfactorio creado por Steve Jobs, donde todas las personas y todas las cosas se ven tan bien (en el sentido normativo del término), la manera más obvia de sobresalir es al provocar un grado de repugnancia. 

En nuestro mundo visualmente satisfactorio donde todas las personas y todas las cosas se ven tan bien, la manera más obvia de sobresalir es al provocar un grado de repugnancia. 

Ugly Models, una agencia de modelos que opera con éxito desde 1969, ha construido su negocio completo basado en esta realización, una que ha ayudado a conseguir clientes de prestigio como Calvin Klein, Diesel, y Vogue. Más allá de la estética visual, los comerciales con cantantes de ópera de GoCompare utilizan la irracionalidad, discutiblemente otra forma de fealdad, para imprimir su sello en la psique de cualquier persona lo suficientemente desafortunada para haber tenido que soportarlos. De manera evidente, hay un cierto atractivo en la fealdad, algo que, sin duda, Gvasalia sabe cuando proclama: "En Vetements siempre pensamos: 'Está feo, por eso nos gusta'".

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Difícilmente ha encontrado el hilo negro. Se seguirá considerando un peyorativo, o el contrario al valor estético, pero los pensadores y los artistas han estado atraídos por la fealdad por más de un siglo. El filósofo alemán, Karl Rosenkranz, acuñó el término "la estética de lo feo" en 1853. A principios del siglo XX, los expresionistas vieneses, como Oskar Kokoschka, Egon Schiele, y su predecesor, Gustav Klimt, desafiaron las nociones de la estética absoluta y se cuestionaron la creencia de que la belleza era el propósito inherente de todo arte.

El expresionismo fue una reacción contra la obsoleta belleza clásica del estilo Makart austríaco que fue tan prominente en esa época. En cambio, representó a las prostitutas enfermas y desfiguradas y aquellos marginados por el reciente urbanismo. Era un movimiento que igualaba a la fealdad con la verdad, y que concibió al arte predominante de la época como un "ghetto de lo hermoso y verdadero", donde se degeneró en decoraciones para hogares y chimeneas bellas e inofensivas". Los expresionistas creían que la belleza del arte clásico lo volvía impotente a la hora de ilustrar la repugnante realidad del mundo que los rodeaba.

La belleza, en todas sus formas, es demasiado aceptable. La fealdad tiene el poder de subvertir, y por lo mismo es el territorio de lo radical.

Este mismo principio se ha manifestado en otras formas artísticas. En la escena del hardcore de los ochenta, grupos como Black Flag y Minor Threat contrariaron al soso y sobre-producido buen gusto del rock de estadio de los setenta y el estilo yuppy de la época de Reagan, al tocar punk simplista de tres acordes, sin melodía ni estructura tradicional ni habilidades musicales. Simplemente tocan más fuerte y más rápido que cualquier grupo anterior a ellos. Era música desagradable y discordante con canciones que solo duraban un minuto aproximadamente y muchas veces no eran más que una pared de sonido. Como el arte de los expresionistas, era música que refleja los tiempos llenos de conflicto en los que fue creada. Y mientras quizá haya repugnado al gusto convencional, fue totalmente revolucionaria, una escena recordada como una de las más significativas del siglo XX, cuya influencia aún resuena hoy en día. 

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Quizá ese sea el asunto con la belleza: frecuentemente es demasiado pasiva para ser memorable. Tranquiliza y satisface, su mera presencia es una fuente de satisfacción. No hay nada desafiante ni desestabilizador en ella. La belleza, en todas sus formas, es demasiado aceptable, es la estética de la mayoría, nunca de lo nuevo. Apple, con su perfección diseñada, siempre va a representar el status quo. La fealdad, por otro lado (en particular la fealdad elegida) tiene el poder de subvertir, por lo mismo, es frecuentemente el territorio de lo radical. Tiene el poder de transformar, de cambiar opiniones y formar gustos —y eso es mucho más atractivo que la mera belleza.

@slandr

Credits


Texto Aleks Eror
Fotografía Jason Lloyd Evans