recordamos a chloë sevigny y 'gummo', 20 años después

Mientras ‘Gummo’ celebra su aniversario número 20, saludamos al legado del filme, y nuestra continua fascinación con su estrella, Chloë Sevigny.

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mar. 15 2017, 10:35pm

¿Qué más se puede decir del nacimiento de Chloë Sevigny y el principio de su vida en Connecticut, después de leer el mes pasado la pieza en el New York Times de Amanda Fortini, Going Home With Chloë Sevigny? ¿Qué más se puede decir sobre Chloë en general, cuyo estatus como "la chica más cool del mundo" fuera sementado en 1994 en el perfil de Jay McInery en el New Yorker, y ha continuado mucho después de su cumpleaños número 40? Decir que Chloë es cool es como decir que el agua está mojada, o como decir que, como una supuesta chica hipster graduada de una carrera de arte a finales de mis veinte, personalmente creo que Chloë es cool. Sería extraño si no lo hiciera, ya que Chloë Sevigny —como Joan Didion, o el humilde aguacate, o los filmes de David Lynch— es una de esas que a todos nos gustan. Un cliché que se ha vuelto uno porque es inequívocamente placentero, o actual, o perfecto en su montaje. Ella es la versión humana de un álbum de The Velvet Underground.

Alice Hines, más recientemente en el New Yorker, precisa el atractivo de Chloë con una metáfora perfecta de la era electrónica: "Por años, se resistió a unirse [a las redes sociales], hasta hace dos meses, cuando un publicista la convenció de hacerlo. Sin embargo, ella ha sido durante mucho tiempo una figura involuntaria en la plataforma; su nombre ha sido etiquetado más de doce mil veces". Ella es, en otras palabras, alguien de quien hablamos pero realmente no conocemos, lo cual es más cool que ser transparente. No puedes aparecer en Gummo y que tu primera línea sea: "¡Foot-Foot, eres una perra apestosa!" y aún mantener un aire estilo Garbo de misterio —y aún así, aquí estamos: viendo Gummo de nuevo, dos décadas completas después, y me pregunto realmente qué pienso de la actuación de Chloë. ¿Cómo alguien se puede exponer de esta manera, y ser un enigma? "Mientras pasaba su infancia, Sevigny estaba en Darien, Connecticut, un pueblo adinerado a una hora de distancia por un tren que recorre 20,000 millas desde Nueva York, era tan suburbano como se podía", Fortini explica en su perfil. "La casa, recuerda, tenía un gran arbusto forsythia en el patio de enfrente. 'Fue como, mi lugar", dice, mientras pasamos en carro por las agraciadas casas estilo colonial con el césped bien cuidado. "Siempre pasaba el rato ahí, por debajo. Todo era muy, ya sabes…' Comienza a reírse, una sonido ruidoso y asmático, con una carcajada que señala que está consciente de lo trillado que es, la ironía o a lo mejor simplemente la desigualdad pura de lo que ella está por decir: '… idílico' ".

Gummo pone a nuestra heroína en una escena típicamente estadounidense diferente: el pueblo de Xenia, Ohio, el cual recientemente ha sido destruido por un tornado y es, en las palabras de la crítico Janet Maslin en el New York Times, "una película casera de un infierno post-apocalíptico". "Al principio de Gummo", gruñó, en una reseña viciosa, "Mr. Korine logra la rara inclusión de mostrar lo peor de su escritura en 30 segundos. Los niños pequeños dicen obscenidades en un voice-over; la cinematografía… es astutamente rápida, manual y granosa… [él] selecciona a actores no profesionales, a menudo individuos anormales a quienes el filme les hace alarde despectivamente, como la ingenua mujer que trata a su muñeca como su bebé o el cocinero albino que orgullosamente nombra a Pamela Anderson y Patrick Swayze como sus estrellas de cine favoritas".

Chloë Sevigny —como Joan Didion, o el humilde aguacate, o los filmes de David Lynch— es una de esas que a todos nos gustan. Un cliché que se ha vuelto uno porque es inequívocamente placentero, o actual, o perfecto en su montaje. Ella es la versión humana de un álbum de The Velvet Underground.

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Si el filme tiene una narrativa, es la historia de dos chicos jóvenes que matan gatos, y después los venden por carne. Un hombre que prostituye a su hermana discapacitada. Es, en el lenguaje de hoy en día, "problemático". Chloë interpreta a una chica rubia con otra hermana rubia que aparece, de diversas maneras, mientras pone cinta de aislar en sus pezones; paseando con un chico adolescente con déficit de atención en la cancha de tenis, usando un traje de baño con estampado de tigre; y después nadando en una piscina en la lluvia con un chico que usa orejas de conejo. "Crecí en el cine", dice Korine. "Buster Keaton cambió mi vida. Me di cuenta que había algo tan puro [sobre el cine], había un tipo de belleza trágica que no había visto antes, y era tan conmovedor y tan grande". Esta fijación —sobre una noción equivocadamente idealizada de la "belleza trágica"— ayuda a explicar mucho. Gummo es tan maravillosa y técnicamente competente y poética como es ofensiva. El filme es un desastre; como las cejas decoloradas de Chloë, un hermoso desastre. La amas incluso cuando tapas tu boca con tu mano por la preocupación.

Elaborando en el sujeto de la belleza: "Gummo es un filme difícil", Sevigny le dijo a un entrevistador en Indiewire, "y es un filme que las personas no están seguras de cómo relacionarse. Es una película asombrosa, divertida y graciosa. Pienso que es una película hermosa, y se ve hermosa, y todo. Todos los chicos que conozco que la han visto, la amaron". Harmony la filma como si fuera una estrella de buena fe, o como un hombre en sus veinte filmaría a la chica cool con la que está obsesionado. Podría no haber diferencia. Un nuevo libro por el crítico Charlie Fox, llamado This Young Monster, tiene un gran ensayo sobre eso —entre otras cosas— Gummo, y Chloë, y Harmony. En él, Fox describe la película como "poesía enmarañada… inclinada extrañamente entre lo aterrador y lo intoxicado". (Mientras tanto, Chloë es: "una Jezabel adicta"). En la escena más famosa de su personaje, mece su cabeza y lame sus labios, en cámara lenta, al sonido de niños cantando Buddy Holly en un cassette desgastado; y es tan extraño como esto pueda sonar, muy tradicional de Hollywood en su invocación del glamour, aunque visto a través del lente de los siniestro.

No puede evitar verse linda, porque es linda. Ella es Chloë del "Noble Darien", incluso si no le importa verse bonita. Y tiene algo brillante aquí, si no es que algo fuera de lo común. Puedes sacar a la chica de Connecticut, pero no puedes sacar a Connecticut de la chica. No le puedes quitar lo cool, tampoco —afinado por haber trabajado en la revista Sassy, y vivir en Brooklyn, y saber exactamente dónde, como Jay McInerney escribió una vez, alguien podría comprar "un par de sandalias chinas de red por dos dólares" en Chinatown. Puedes llevar a una chica a Xenia, Ohio y decolorar sus cejas; la puedes llevar a escoger su propio guardarropa cool de una tienda de segunda mano como si se estuviera vistiendo para Ricki Lake, Jerry Springer, Jenny Jones o Sally Jesse Raphael —¡Ayuda! ¡Mi Estrella de Cine Quiere Vivir en una Casa Rodante!— pero no puedes hacerla un miembro actual de la subclase estadounidense. Colocar a Chloë en Gummo, con toda su gente "real", solamente hace que se vea irreal. Trata de explicarle a una de aquellas personas "reales" lo que Jay McInerney se refería cuando nos decía que: "ver a Chloë leer una revista de moda te hace pensar en Alexander Woollcott devorando una langosta à l'américaine de 5 kilos o Casanova desvistiendo a una sirviente". No son tan tontos como para saber, lo que sea que podrías pensar. Es más probable que sean lo suficientemente inteligentes para saber que no significa nada, o que no les importe. (En una escena, un joven chico salvaje le pregunta a otro chico salvaje: "¿alguna vez has comido una crepe suzette?" Es extrañamente conmovedor).

Los actores, por supuesto, supuestamente tienen que pretender que son imposiblemente diferentes de ellos mismos. Interpretar a alguien que es absolutamente tu opuesto es un reto; creemos que Julia Roberts, la estrella del cine, es Julia Roberts la mamá soltera, y todos los demás se ven como estrellas de cine. Gummo realmente no puede ser llamada una fantasía. Hay momentos en el que apenas y la puedes llamar ficción. Viéndola después del resultado de la elección de Estados Unidos, 20 años después de su lanzamiento, es inquietante —y, mira, aquí estoy siendo una turista también: una comentarista inglesa mirando al centro de Estados Unidos, tal vez el Estados Unidos de Trump, y suponiendo que a alguien le importa aunque sea un poco lo que pienso. El filme es de alguna manera tierno y sordo al mismo tiempo, lo cual podría ser lo que pasa cuando un genio de 23 años está dirigiendo.

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"Nací como Harmony y fue extraño porque cuando era una niño pequeño, me molestaban tanto que cuando tenía 13 cambié mi nombre a Harmful", Korine le dijo a Roger Ebert en Cannes en 1995. "Pensé que era un nombre más rudo, por lo que hice que me lo cambiaran legalmente. Y después, no sé, simplemente no parecía acoplarse, así que… legalmente, mi nombre aún es Harmful, pero simplemente dije que regresaría a Harmony". Es un cambio abrupto estilo Sevigny —ahora me ves, ahora no me ves. Una musa puede ser una mentora disfrazada, y no es del todo imposible que Korine obtuviera algo de la evasión bizarra de su antigua chica de ensueño convertida en colaboradora: un mentiroso en todas sus primeras entrevistas, sabemos tan poco sobre su vida real como sabemos de la de ella. No sabemos que hacer con él o ella, o la película, o lo que pensamos de la clase o el voyeurismo o, realmente, la intención en él. "Es algo grandioso, que alguien sienta que puede inspirarse por ti", dijo a The Guardian en 2010. "Y no necesariamente pienso que sea sobre el hombre 'tomando' de la mujer. Puede suceder de ambas maneras, ambos pueden simular, excitar" (el perfil después la llama "guapo", absolutamente mi descriptor favorito para los buenos looks en mujeres).

"Me llevo dos cosas del [perfil en el New Yorker de Jay McInery]", añade —"una suscripción de por vida a la revista, y un vestido de caucho de Helmut Lang". Lo cual, tenemos que admitir, es muy Chloë. Podrías regresar a Connecticut con ella, de la manera en que Fortini lo hizo, y aún nunca lo sabrás.

Viendo Gummo en 2007, en el DVD de contrabando de alguien con la portada en tailandés, no fui lo suficientemente observadora para ver que lo único que Chloë Sevigny personifica es a Chloë Sevigny; una extraña figura discordante en Xenia, Ohio, pero igualmente inusual en Hollywood, y toda una mujer. En 2015, lanzó un libro en Rizzoli de fotos de ella misma con una portada de guingán, por supuesto que lo hizo. "Muchos fotógrafos han hecho el error de tratar de hacer que Sevigny se vea linda o bonita", explica Hines en esa entrevista del New Yorker. "Ninguna de esas fotos estuvieron en el libro. Aquí esta lo que si estuvo: Sevigny fumando un cigarro en el set de Gummo, con cejas decoloradas; una foto de su graduación de preparatoria del año en el que se rapó la cabeza; correo de fans de la época en la que fue una practicante en Sassy; un folleto de la boutique de culto de rave Liquid Sky".

En una página del libro, una imagen de Chloë está impresa junto con el encabezado "NOT NORMAL" ("ANORMAL"). Nosotros, los fans, te podríamos haber dicho eso. ¿Por qué otra razón siempre pensé que el Kansas de Dorothy —del Mago de Oz— era un lugar en Connecticut?

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Credits


Texto Philippa Snow