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      fotografía Emily Manning 3 agosto 2015

      cómo fue que nueva york volvió adicto a la fotografía a daniel arnold

      Y por qué una nueva generación de creativos está haciendo que el fotógrafo quiera vivir hasta los 300 años.

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      Para este momento probablemente estés familiarizado con la mitología de Daniel Arnold. Desde que se mudó a Nueva York hace trece años, la documentación honesta, emocional y voraz del fotógrafo de los momentos que te puedes perder en un abrir y cerrar de ojos le ha otorgado frases como "el paparazzi para los extraños". Y mientras que su cuenta súper exitosa de Instagram le ayudó a catapultarse para fotografiar para Vogue, Arnold es mucho más que la suma de sus partes: duerme en el metro, se toma selfies, pelea en las banquetas. Una tarde, cuestionamos al fotógrafo sobre la celebridad, la censura, la evolución de Instagram, y sobre el porqué las feministas creativas jóvenes de hoy son unas "guerreras increíbles".

      Has vivido en Nueva York durante 13 años. ¿Cómo lo has visto cambiar?
      Todo el mundo quiere aferrarse a un momento en el tiempo que tiene ciertas tiendas, ciertos restaurantes y ciertas actitudes -algo que se siente formativo para ellos. Pero creo que hay algo realmente bueno en lo rápido que cambian las cosas en Nueva York. Parpadeas y todo el lugar se ha ido por completo, y el único lugar que existe está en tu cabeza o en tus imágenes o en otras manifestaciones creativas que tienes en tu vida. El Nueva York en mi cabeza probablemente no existe. El Nueva York en mi cabeza se basa en el tiempo en el que venía de visita cuando tenía nueve años de edad y hacía que un primo rebelde nos llevara al barrio chino para ver nunchucks y la pulcritud de Times Square. No fue sino hasta hace poco que empecé a darme cuenta del gran impacto que estas visitas infantiles tuvieron en mí y de lo mucho que realmente están representadas en las fotos que tomo. Ha evolucionado más allá de esto, pero un gran impulso inicial fue encontrar pruebas de lo que quedaba del Nueva York imaginario -los espacios donde la realidad se ajusta a mi percepción.

      Fotografiaste el Met Ball para Vogue, que parece ser todo lo contrario de lo que normalmente capturas. ¿Cómo fue esa experiencia en comparación con las sesiones en la calle?
      La idea de que soy un fotógrafo de la calle es técnicamente justificable, pero es más circunstancial que definitivo. Simplemente soy un adicto. Necesito una nueva imagen de la cual sentirme orgulloso todos los días. Simplemente sucede que el mayor, y constantemente interesante, recurso que tengo justo afuera de mi puerta cada día es una calle. Me emociona estar en algún sitio donde no pertenezco, ir a cualquier lugar donde me sienta como si estuviera en un nuevo planeta y donde deba averiguar las reglas y romperlas. Así que el Met Ball fue un sueño -prefiero el Met Ball que las calles. Hubo un punto en el que permanecí invisible en un río de 700 celebridades mientras pasaban encima mí como si fuera una piedra.

      Me sentí completamente confiado de que ésas eran mis fotos, aunque sentí una presión física que nunca había sentido antes. Como si hubiera conseguido una oportunidad demente y tuviera que fotografiar a todos porque si no no los volvería a ver nunca más. Pero nunca pensé que sería capaz del nivel de desvergüenza y audacia que tuve ese día. No podría decirte quién era esa persona, agazapada en un rincón de un comedor entre Madonna y J. Lo, mirando hacia arriba de la nariz de Rihanna. Trece años de vivir en Nueva York me ha dado este sentimiento de licencia de presionar hasta que alguien me diga que pare -entrar a cada puerta que se abra hasta que alguien me diga que me salga.

      Te bloquearon de Instagram en 2012 por publicar una foto en topless. Tres años más tarde, la policía del cuerpo y la censura en línea realmente se han puesto en primer plano. ¿Cómo ves esto?
      #Freethenipple no es un asunto personal importante para mí, porque la gente no necesita estar desnuda para mis propósitos, pero creo que es una cosa muy, muy interesante. Por un lado, tratar de prohibir el nudismo en Internet es una locura -es como si no hubiera arena en la playa. El porno ha hecho más cosas para que la tecnología avance que los viajes espaciales. Pero más allá de tener un problema con la censura, que es un vestigio estúpido de una época anterior que probablemente no durará, últimamente siento que hay resistencia en su contra -la forma en que las mujeres están recuperando el poder- es increíble verlo. La lucha en contra de la censura está cambiando las cosas de una manera muy interesante para las mujeres. Lo que están haciendo Ally Marzella, India Salvor Menuez, y todo este grupo de chicas con su sexualidad es tan potente, interesante, y va más allá del sexo. Después de una larga vida de pensar: "Déjame morir a los 25 años, deja que un piano me caiga encima, deja que me atropelle un camión", ahora pienso: "¡Déjame llegar a los 300 años! Quiero ver qué pasa con esto. 

      Es interesante ver cuan específicos nos hemos vuelto para documentar el mundo. Entrevisté a otro fotógrafo con una cuenta de Instagram dedicada a los letreros de neón.
      Ésa es una analogía concreta muy aplicable para lo que yo hago. Una vez que empezamos a pensar en algo, ahí está, en todas partes. Lo qué -combinado con el ritmo y el apetito de Instagram- vuelve a todos adictos. He hecho un montón de amigos muy interesantes de generaciones anteriores del mundo de la foto, y me han advertido que monitoreé mi ritmo. Aunque me he contenido un poco, creo que hay algo realmente valioso en el hecho de que tengamos una plataforma mainstream que exija nuestra atención constantemente. Ha impulsado la formación del lenguaje. Hay tantas frases nuevas y extrañas: los letreros de neón, las placas, los aros de basketball. Instagram revela y motiva su propio proceso -ves cómo evolucionan las cosas.

      En el prólogo de The Ballad of Sexual Dependency, Nan Goldin escribe sobre desear a veces que la cámara no sea un aparato -que tan solo pudieras parpadear y guardar el momento. ¿Alguna vez te sientes así?
      Cuando entré hoy a un parque, dos hermanitas jasídicas, con la misma camisa verde y falda negra, calcetines con volantes y zapatos negros, corrían hacia mí con cuerdas para saltar idénticas, corriendo a toda velocidad. Tengo esa foto, pero es interesante que lo digas. Es tan raro que yo vea por el visor -nunca lo hago. Tomo fotografías desde la cintura, fotografío emocionalmente, me equivoco la mitad del tiempo, pero no hay tiempo para arreglarlo. Así no es el mundo. Las cosas -las cosas buenas- no duran nada.

      @arnold_daniel

      whentosaynothing.com

      Credits

      Texto Emily Manning

      Fotografía Daniel Arnold

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      Temas:cultura, fotografía, daniel arnold, ny

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