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¿existe un futuro para la semana de la moda masculina?

La temporada primavera/verano 2017 de ropa masculina se desarrolló en un contexto de agitación política, crisis y confusión. La misma industria se encuentra en un constante cambio y nosotros reflexionamos sobre el futuro del sistema de las pasarelas de...

por Jack Moss
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05 Julio 2016, 10:51pm

craig green spring/summer 17. photography piczo.

Seamos honestos, para nosotros los británicos, no hay mucho de qué alegrarnos en este momento. Es decir, ya lo has escuchado, pero vale la pena repetirlo. El Brexit, que alguna vez fuera tomado como broma por los radicales políticos se ha convertido en una realidad extraña y deprimente, nuestra nación de una isla está dividida justo por la mitad. Movimientos extremos por los derechos humanos surgen en toda Europa. Además de eso, existe la gran posibilidad de que sí, Donald Trump pueda llegar a ser el presidente de los Estados Unidos en noviembre. Un crimen de odio en un club nocturno en Orlando. Los ataques terroristas en Bélgica, París y Estambul. No hay mucho por qué sonreír aquí. No hay mucho en absoluto.

Era, pues, un entorno peculiar para que las pasarelas masculinas primavera/verano 2017 se llevaran a cabo. No era exactamente, podría pensarse, el clima ideal para presentar una gran colección de objetos nuevos para que la gente los compre. Sin duda, nuestros pensamientos estaban en otra parte.

Es fácil decir que la moda no está consciente, que es la espuma que flota sobre asuntos más importantes. Las personas obsesivamente tratan de argumentar que la moda existe por completo en otro universo. Pero hay muy pocos diseñadores o casas para el caso, que son completamente inmunes a la realidad del mundo que les rodea. Y de cualquier modo, ¿por qué tenemos que justificar constantemente el hecho de que la ropa sea parte del mundo en que vivimos?

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Esta intranquilidad pareció encontrar su camino en el itinerario de la moda masculina. Sí, todo el mundo estaba ansioso por ver a Raf Simons y Gosha Rubchinskiy en el nuevo escenario de Pitti Uomo en Florencia, pero quedaron grandes huecos en el itinerario de París. Saint Laurent había quedado fuera por completo, estando ya listo para el debut de Anthony Vaccarello en la pasarela femenina de septiembre. Para Gucci fue su último desfile masculino antes de quedar enterrado entre las pasarelas femeninas a finales del año, un precedente establecido por Burberry, cuyo programa masculino ya había sido borrado de la programación de Londres. Zegna hizo una pausa entre diseñadores, al igual que Calvin Klein. La lista continúa. ¿Acaso la moda masculina ya estaba de salida?

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Gosha Rubchinskiy primavera/verano 2017. Fotografía Mitchell Sams.

Pero entonces algo extraño ocurrió. Los desfiles comenzaron. Había -nos atrevemos a decir- una esperanza. La industria de la moda masculina, al menos, estaba mirando hacia adelante. Algunos desfiles incluso eran… festivos. ¿Era esto una prueba de que la moda masculina efectivamente se encuentra aislada del mundo en el que vive? Yo no estaría de acuerdo. Esto fue una esperanza de que puede ser inestable y en ocasiones poco clara, pero también es una distracción, una sugerencia de que más allá del presente en que nos encontramos podría, tal vez, haber algo más.

En Londres, Grace Wales Bonner y su marca del mismo nombre (menos el primer nombre) marcaron la pauta. Una vez más, como sus colecciones anteriores, ésta se trató de viajes, migración y las posibilidades que ofrecen -una colección serena y firme titulada Ezekiel, en honor a la profecía del antiguo testamento que nos habla de la promesa de un mesías negro. Estuvo majestuosa, llena de emoción, poder y elegancia, lo cual no refleja su juventud. Es un nuevo talento, una nueva esperanza. Ganó el LVMH Prize tan sólo una semana después.

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En otro lugar de Londres, Craig Green nos guió hacia el atardecer. Era cálido y soleado -lo cual, en Londres de cualquier forma, ya era razón suficiente para tener esperanzas. Al igual que Grace, su desfile conformó sus ideas en torno a los viajes, esta vez, se trató de peregrinos en busca de algo mejor. Hubo una gran riqueza en los colores, que conformaban un tapiz excepcional que colgaba en conjunto, tal como la pañoleta de explorador que usó como inspiración. ¿Qué nutre más a un viaje que la esperanza? Ya sea por necesidad o placer -un viaje se alimenta de ese deseo de conseguir algo más de lo que ya tenemos.

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JW Anderson accedió a un tipo diferente de optimismo -la imaginación infantil, sus muchachos aparecieron con coronas sobre sus cabezas, vestidos en colores que te quemaban la retina y en siluetas deformadas que parecían encoger el cuerpo de los modelos. Como si estuvieran jugando a vestirse como adultos. Dijo que se había basado en el cuento de Pedro y el Lobo. Como en muchos cuentos de hadas, este era, por ahora al menos, un final feliz.

Wales Bonner primavera/verano 2017. Fotografía Mitchell Sams.

Yéndonos rápidamente hasta Gucci en Milán, que resultó ser en menor medida una canción final y más una declaración de intenciones. Aquí, bajo las brillantes luces de color verde, los recuerdos circundantes son de aquellos suéteres de Donald Duck -el motivo infantil combinado con un sinnúmero de referencias sugiere que hay más en el mundo que la pequeña circunferencia en la que actualmente te encuentras.

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En Prada, un grupo que no ha tenido las mejores noticias financieras en los últimos tiempos (sus ganancias están cayendo), también hubo color y viaje. Los chicos de Miuccia marcharon hacia adelante, cuesta arriba, llevando sus pertenencias sobre sus espaldas. Pero, a diferencia del inquietante mensaje de su último desfile, que tuvo lugar en una pasarela panóptica que asemejaba la forma de un ayuntamiento y que hablaba del cruce de fronteras y el desplazamiento, esta vez hubo color y determinación. Estos eran excursionistas que se enfrentan al futuro, embadurnados en colores delirantes y que llevan montones de producto que la gente va a estar lista para comprar el próximo agosto.

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En medio de todo esto, en algún lugar justo antes de Florencia, la comunidad gay de Londres se reunió en Old Compton Street para celebrar una vigilia por los 49 miembros de la comunidad LGBT que fueron asesinados a tiros en el club nocturno Pulse en Orlando. El silencio habló de la pérdida de esperanza y de las vidas perdidas. Pero entonces, después de los dos minutos, una ovación; una ovación desafiante que siguió durante muchos minutos. Era una reivindicación de la comunidad, un recordatorio de que a pesar de la adversidad la gente todavía puede conectarse. En la multitud vi a dos editores del mundo de la moda, un escritor de moda y un diseñador de ropa masculina en la muy pequeña área de Soho donde me quedé. Muchos más aparecieron en mis actualizaciones de Instagram. La moda no existe en el vacío.

Por supuesto, Raf Simons no podía haber sabido que esto sucedería cuando conformó su colección primavera/verano 2017. Pero parecía hacer eco a este sentimiento de alguna manera, al entretejer las fotografías de Robert Mapplethorpe en la colección -imágenes de hombres desnudos, penes, flores-, la cual habló de la conmemoración colectiva. Mapplethorpe murió de SIDA, pero en este caso, la oda de Raf al fotógrafo habló de sanación. "Pensé que era realmente importante yuxtaponer ese tipo de trabajo sensible con el trabajo que todos conocemos y con el trabajo por el cual tantas personas lo han criticado, como ese que contiene escenas de sexo", le dijo a la revista Vogue Paris después.

Raf Simons primavera/verano 2017. Fotografía Mitchell Sams.

La resistencia queer estaba también ahí, en el brillante desfile de Hood By Air, celebrado en Sun City, un sauna gay parisino. Los chicos de Shayne nadaron a través de las piscinas del sauna en stilettos hasta el muslo, mientras que del sistema de sonido emanaban quejidos entre el aire viciado de cloro y vapor. El desfile sugirió la posibilidad de nuevas comunidades, unas que operen lejos de los límites de lo que la gente considera normal. También tuvo un tinte muy cercano al de Balenciaga, aunque más oculto quizá que el de las primeras ofertas Vetements de Demna, al presentar aquí esas botas de pitón y ante con tacón y los fondos de encaje que asomaban por debajo de la sastrería.

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¿Y qué hay de esas banderas del arco iris? Las que ondeaban en la vigilia en las noticias de Instagram, en los eventos del orgullo que hubo en todo el mundo o durante la última semana en París. ¿También alimentan a las colecciones? Probablemente es una posibilidad remota. Pero haciendo eso a un lado, también ha pasado un largo tiempo desde la última vez que se había visto tanto colorido en las pasarelas masculinas. El color es esperanzador. Toques brillantes de rosa intenso iluminaron Sacai y Diesel Black Gold, mientras que un amarillo electrizante en Hermès aportó la siempre necesaria ráfaga de color en el último fin de semana. ¿Y para cerrar? Paul Smith, cuya colección teñida de arco iris se desarrolló en una pasarela igualmente teñida del color del arco iris.

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Así que, ¿qué significa?, ¿es una esperanza vacía? Sólo el tiempo lo dirá. No se puede dejar de imaginar la complejidad de las salas de exposición para los compradores en París y Milán en este momento -¿los almacenes se arriesgaran a hacer grandes pedidos con la libra cayendo a un nuevo mínimo en la estela del caos del Brexit? Es fácil olvidar que la moda también depende de los acuerdos comerciales a través de las fronteras y de la libre circulación encarnada en la Unión Europea.

Quién sabe. Pero el mundo de la moda ha propuesto, al menos, la posibilidad de algo mejor. Una luz, tal vez, al final de lo que parece que será un largo túnel oscuro. Y si todo lo demás falla y sobreviene la caída en picada, al menos caeremos de buena manera y tendremos ropa linda para pasar la mala racha.

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Texto Jack Moss

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