from roots to dancehall: la carta de amor de beth lesser para jamaica

Discutimos el rostro cambiante de la escena musical de Jamaica con la fotógrafa que estuvo ahí capturándola.

por Tish Weinstock
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13 Enero 2016, 6:14pm

De pequeña, Beth Lesser siempre quiso ser escritora, pero el destino tenía otro plan. Beth terminó casándose con el hombre de sus sueños y pasó su vida fotografiando el rostro cambiante de Jamaica. Nacida y criada en Nueva York, Beth descubrió los sonidos vibrantes y las suaves melodías de la música de la isla cuando era solo una niña. Sin embargo, no fue sino hasta finales de los setenta cuando en verdad se enganchó. Cautivada con el sonido, estética, y cultura en torno a este género, Beth viajó a Jamaica para absorber todo lo que pudiera. Durante la década siguiente, ella y su esposo viajaron a la isla, fotografiando varios sistemas de sonido y estudios discográficos, y la multitud de coloridos personajes que atrajeron para su zine The Reggae Quarterly, mientras que su marido tocaba su música en su pequeño programa de radio. Antes de su próxima exhibición, From Roots to Dancehall, presentada en el KK Outlet, en asociación con Riposte Magazine, nos ponemos al día con la artista sobre la obra de toda su vida.

¿Cuándo te introdujiste por primera vez al reggae y qué significa para ti?
Fue durante mi infancia, cuando mis padres hicieron el viaje obligatorio a Jamaica para unas vacaciones y me trajeron un álbum del grupo de folk The Fratt's Quintett, un álbum que me fascinó. Me encantó todo lo de este sonido: el idioma, las melodías, los temas, las voces. Llegué al reggae por medio de bandas de punk y el movimiento two-tone, pero a finales de los años setenta descubrí que la música rock ya no tenía nada que decirme. La vida simplemente se le extinguió. Las bandas se estaban volviendo pretenciosas, demasiado creídas. Pero el reggae estaba lleno de vida. Así que mi marido Dave y yo empezamos a escuchar más y más reggae. Cuanto más escuchamos, más nos conmovía, se volvía más satisfactorio.  

¿Cuál fue tu primera impresión de Jamaica?
Jamaica resultó ser una sorpresa. Desde el extranjero, en aquellos días, tenías la impresión de que la escena musical eran personas con rastas predicando y "lamiendo el cáliz". Pero cuando llegamos allí, descubrimos que las tiendas de discos vendían "casettes de baile", grabaciones en vivo de las últimas sesiones del sistema de sonido, donde los deejays se drogaban con los ritmos populares del día (lo que los raperos en los EE.UU. comenzaron a hacer) y las letras que estaban "hablando", no eran para nada "puras y limpias". La música era alegre, optimista, y las letras espontáneas de los DJs eran alegres y chistosas. Lejos de esperar el Armagedón, ¡los jamaiquinos se estaban divirtiendo! Estábamos cautivados por la energía y seguíamos regresando.

¿Qué fue lo que más te inspiró de los personajes que conociste, su sentido del estilo y las historias que contaban?
Su individualidad fuerte. Cada persona tenía su propio estilo del que estaban muy orgullosos. Posaban fácilmente, sin instrucción, o incluso lo solicitaban. De hecho, posaban y pedían la foto antes de que yo sacara la cámara. A pesar del calor y de las otras condiciones igualmente opresivas, tenían energía de sobra. Quería capturar esa confianza, esa apertura, esa energía.

¿Podrías explicar un poco acerca de los fanzines que solías hacer?
Después del primer zine inspirado en Rasta sobre Augustus Pablo y su equipo, decidimos crear una revista acerca de toda la escena musical en Jamaica; reggae, dancehall, oldies, todo. Eso se convirtió en Reggae Quarterly, que solo tuvo ocho números en seis años, porque eso es todo lo que podíamos pagar.

¿Cómo reaccionó la gente a tus imágenes en el momento?
Al principio nadie estaba interesado. Los artistas se veían muy poco cool para los estándares de América del Norte, el look punk seguía siendo popular y los chicos querían su música pop tan nihilista como fuera posible. Dentro de Jamaica incluso la gente de Tuff Gong, la disquera de Bob Marley, pensaba que estábamos perdiendo nuestro tiempo tomando fotos de pequeños artistas del guetto que nunca lograrían nada. Tuvo que pasar bastante tiempo antes de que alguien echara un vistazo fresco.

¿Qué dirías de las acusaciones de orientalismo, esta idea de presentar a Jamaica como el otro o exóticos?
El proceso de tomar la fotografía se convirtió en un medio de comunicación. A cada persona que fotografié le llevé copias de las imágenes la siguiente vez que estuvimos en Jamaica. Ser capaz de devolver algo a los artistas en el momento fue gratificante. Por otro lado, las personas que han visto estas fotos en galerías han planteado la cuestión de la apropiación cultural. Aquí estábamos, blancos presentando imágenes de músicos negros y escribiendo sobre música negra. Si bien entiendo de dónde viene esto, considero que mi obra, incluyendo mis fotos de Kingston en los años ochenta, es un archivo. Si hubiera habido una gran cantidad de fotógrafos jamaiquinos tomando fotografías, sería diferente. Esto puede ser controvertido, pero a veces se necesita alguien desde afuera para ver el valor y tomar la iniciativa.

¿En qué estás trabajando en estos momentos?
Estoy explorando la idea de poner toda mi obra en una plataforma interactiva en Internet. Eso incluiría todas mis imágenes: aquellas en las que el sujeto parpadeó, las que han sufrido el daño relacionado con el tiempo, las que se encuentran poco expuestas etc. La plataforma también incluiría todos mis libros, los ocho números de Reggae Quarterly, algunos episodios del programa de radio de mi marido durante aquellos años, un relato recién escrito del cómo fue intentar trabajar en el entorno de Kingston en los años ochenta, y cualquier otra cosa que se me ocurra.

kkoutlet.com

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Credits


Texto Tish Weinstock
Fotografía Beth Lesser

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