lo que grace jones me enseñó sobre la moda y la ferocidad

La escritora neoyorkina Ashley Ford se adentra en el encanto très extraño y atractivo de Grace Jones, alrededor de 1992.

por Ashley Ford
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16 Diciembre 2015, 5:23pm

Hay pocas cosas por la que estoy más agradecida que por la falta de censura en mi infancia. Cuando la película biográfica What's Love Got To Do With It? de Tina Turner salió en cines en 1993 mi abuela y yo vimos el estreno un fin de semana. Yo tenía cinco años. Dos años más tarde, escuché que mi madre le decía a mi tía que no podía prestarle nuestra cinta alquilada de Poetic Justice, ya que me había prometido que podía verla al día siguiente. Ambas películas eran clasificación R, pero yo podía verlas hasta que me aprendía de memoria escenas enteras de diálogo. Las únicas películas o música que recuerdo que tenía restringidas involucraban alguna forma de brujería, cánticos, o comportamiento místico que mi madre temiera que pudieran llevar al diablo a su casa. Yo no albergaba tal miedo.

Boomerang de Eddie Murphy tuvo su cuota de coloridas escenas de lenguaje y sexo, pero al menos ninguno de los personajes parecían ser paganos. Mi hermanos y yo nos rodeamos de mantas y almohadas en el piso de nuestra sala antes de meterla en el VCR. Desde la apertura, me enganché. Veía a chicos negros jóvenes, exitosos, sexys y solteros en una ciudad real. Yo era demasiado joven para reconocer que esta representación particular de vidas negras era rara, y era demasiado joven para apreciar el cambio de roles de los estereotipos de género. De hecho, lo único que procesé claramente fue mi amor inmediato y ferviente por la mujer en la pantalla llamada Strangé, interpretada por la inimitable Grace Jones. Era feroz, y pensé que podría comerme viva si pudiera acercarme.

Mi hermano se cubrió la cabeza con una manta durante la escena en la que Strangé está en su propio comercial, sus ojos salvajes, enseñando los dientes, dando a luz a una botella de perfume en el interior de una falda hecha de ramas.

"Me asusta", dijo. Me preocupaba que le gritara a nuestra mamá y le pidiera que escogiera otra película, The Land Before Time otra vez. El pensamiento me llenó de rabia de indignación. Acababa de conocer a esta mujer y no iba a permitir que me la quitara. Me acerqué y puse mi mano sobre su boca.

"Cállate", le dije. "No asusta. Es hermosa".

Strangé, escrita específicamente para Jones, estaba destinada a ser un tanto una parodia. Desde el momento en que cabalga en medio de una fiesta en un carruaje arrastrado por cuatro culturistas blancos hasta la escena en la que se quita la tanga de encaje negro en una sala de juntas y la desliza debajo de la nariz de un científico insistiendo en que lo que olía era "la esencia del sexo", me enamoré. Su joyería inspirada en la egipcia alimentó mi amor por los gruesos collares y pulseras de oro (falsos) que me tenía que quitar al mediodía para aliviar mis muñecas. Ya no era suficiente que mi ropa estuviera limpia o de moda. Todo lo que usaba tenía que destacar.

Si bien los body-suits de cuero con tocados a juego y todos los vestidos negros, descubiertos de los hombros y largos de mi amada Strangé estaban fuera de mi rango apropiado de edad, podía usar leggings brillantes, calcetines disparejos, y suéteres de gran tamaño cubiertos de grandes pompones. La mayoría de estas piezas procedían de mi abuela. Ella apoyaba mi deseo de jugar con mi look, aunque no tenía ni idea de qué había inspirado mi transformación. Cada vez que mi madre observaba mi ropa y preguntaba cómo quién me intentaba vestir, siempre respondía de la misma manera: "Como yo".

Conforme crecí, mi amor por Strangé permaneció, aunque con el tiempo se me hizo más fácil referirme a Grace Jones. Mi cuerpo estaba cambiando, mi sexualidad estaba floreciendo, y quería dominar esta transición a plena vista. Por desgracia, no importó cuántas películas había visto con Grace Jones o cuántas fotos de ella había recortado de revistas, no pude emular su confianza con su cuerpo. Para ella, la presunción de glamour parecía sin esfuerzo. Anoté citas de la mayoría de las mujeres a las que idolatraba en un diario, pero Grace se trataba de la imagen. En honor a ella, pegué los recortes de sus fotos en medio y encima de las palabras. En la parte superior de la página estaba la cita de la Dra. Maya Angelou: "Cuando alguien te muestra lo que es, créele la primera vez". La de abajo era de Florence "Flo Jo" Joyner: "Creo en lo imposible porque nadie más lo hace". En el centro estaba Grace, majestuosamente de pie en un soporte de madera, mientras personas blancas revolotean a su alrededor, sorprendidas por ella, rogándole que las engulla.

Mientras tanto, en Indiana, yo flotaba en algún lugar entre "bastante linda" e "invisible". Incluso cuando usé un ceñido vestido azul marino descubierto de la espalda a mi primer baile de preparatoria me pasé la mitad de la noche cubierta con un grueso chal a juego. La otra mitad de la noche me la pasé practicando mi impresión de Grace al liderar bailes con mis compañeros de clase y posando para las fotos con una mirada insinuante por encima de mi hombro. Cuando recuerdo estas fotos veo a dos chicas: una escondida y la otra actuando. Veo la tensión entre la niña buena de mi madre, y la She-Devil Man-Eater que quería ser. A quien no veo, es a mí.

Durante un tiempo, debido a una enfermedad, lesión, aumento de peso posterior, y la experiencia de vida inevitable de tener un amante que te enseña cómo odiarte un poco a ti misma, me di por vencida en mi búsqueda de un término medio. En los días en que decidí amar mi cuerpo, lo adorné con amor, y cuando deseaba poder cambiar esta piel por otra, me escondía detrás de ropa sin forma y colores que no tenían otro nombre más que ser "ugh". Me tomó un año de vivir con una drag queen, y un año más de vida en la ciudad de Nueva York, para adoptar el camino que nunca había abandonado del todo después de la preparatoria. Comenzó con ver a Grace Jones en el Festival AFROPUNK en Brooklyn, un recordatorio del viaje hacia la auto-expresión física en el que había estado desde que tenía siete años de edad. Se consolidó con la herencia de las joyas de mi abuela, un armario de cosas básicas que me hacían ver como yo, y una fotografía de Grace en mi cartera, una bendición visual de mi propio diseño.

@ISmashFizzle

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Credits


Texto Ashley Ford
Fotografía Ron Gallela via Wire Image

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