Young Ho-Chunk girl arrives for portrait session. Black River Falls, Wisconsin, 2014

la oscura visión de la fotográfa alessandra sanguinetti sobre wisconsin

La revista 'Aperture' es una de las publicaciones más notables y reveladoras del mundo de la fotografía. En la primera entrega de una serie regular, i-D presenta una versión digital de uno de los número de cada edición trimestral de la revista. La...

por Presented by Aperture Foundation
|
03 Mayo 2017, 10:05pm

Young Ho-Chunk girl arrives for portrait session. Black River Falls, Wisconsin, 2014

Este artículo, de Chris Jennings, fue publicado originalmente en Aperture Magazine # 226, 

En la temporada más fría de 2014, la fotógrafa Alessandra Sanguinetti fue a Black River Falls, Wisconsin, por primera vez. Utilizando el periódico local como guía, Sanguinetti documentó los rituales de la vida en un poblado pequeño en imágenes formales, en blanco y negro. Nevó intensamente. Su viaje a Wisconsin, según recuerda ahora, fue como volver a visitar un lugar en su mente.

"Las fotos que estás a punto de ver son de personas que alguna vez realmente estuvieron vivas". Ese conciso preámbulo, a la vez ominoso y extrañamente redundante, introduce Wisconsin Death Trip (1973), el libro de Michael Lesy que compila fotografías de archivo y recortes de noticias de Black River Falls a finales del siglo XIX. El recordatorio innecesario de que "alguna vez realmente estuvieron vivas" las personas que aparecen en las imágenes del poco reconocido fotógrafo local Charles Van Schaickwere de alguna manera las hace estar más muertas.

El libro de Lesy, con su título punk y estética dadaísta, se convirtió en una especie de objeto de culto en la década de 1970. Fue parte de una pequeña tendencia artística y literaria que tuvo la intención de poner algo de sangre y rareza en el sentido histórico de los estadounidenses -de atravesar el abismo entre el entonces y el ahora que la historia lineal rara vez abarca. De alguna manera una copia terminó sobre la mesa de un café en Argentina, que es donde Alessandra Sanguinetti, de nueve años de edad, se encontró con ella. "Entré en pánico", recuerda. Eso seguramente tuvo algo que ver con las docenas de imágenes de chicas melancólicas, algunas muertas, otras vivas, pero inexplicablemente enmarcadas en un círculo negro que las distinguía de sus compañeros, como si hubieran sido preseleccionadas para los terrores enumerados en cada página. "De repente me di cuenta de que en algún momento moriría", recuerda Sanguinetti. Su siguiente pensamiento fue pedir una cámara.

Más de i-D: Ve Nueva York a través de los ojos de estos jóvenes fotógrafos.

Wisconsin Death Trip es la crónica de una comunidad acechada por los niveles de sufrimiento y delirio del Antiguo Testamento. Los titulares y las yuxtaposiciones críticas subvirtieron las narrativas usuales acerca del Estados Unidos rural. En lugar de un recuento histórico de la devastación experimentada por las comunidades agrícolas durante la depresión financiera de la década de 1890, nos encontramos con jóvenes inmigrantes noruegos "trastornados por el tema de la religión" y conducidos al suicidio extravagante con dinamita y locomotoras. En lugar del solitario violín de Ken Burns, escuchamos a bandas umpapa medio borrachas. En lugar de los polvorientos santos de Dorothea Lange, tenemos a Mary Sweeney, la famosa "rompe ventanas de Wisconsin", dándose un festín de cocaína y destruyendo vidrios por todo el estado. Sería difícil calcular si el mayor número de vidas en Black River Falls fue cobrado por la difteria, los incendios provocados, las sobredosis de morfina o el uso de armas. Esta no es la frontera del mito. Es un pueblo al que tanto la frontera como el mito dejaron atrás, un lugar de expectativas cada vez más reducidas y de inviernos largos y fríos. Al pasar las páginas, una especie de narrativa se va conjuntando de forma creciente, representando una sombría proyección que va desde el colapso económico hasta la depresión y luego la locura.

Las fotografías que Sanguinetti tomó en el invierno de 2014, y en dos visitas posteriores, cuentan una historia mucho menos gótica. Black River Falls está mucho mejor que en la década de 1890. Sin embargo, muchos de los rostros serios y taciturnos que capturó no estarían fuera de lugar entre los negativos de Van Schaick. Las familiares escenas de la vida rural estadounidense -el coro de una iglesia católica, un excéntrico desorden doméstico, un adolescente que llevaba su tuba como si fuera un lastre- en cierta forma parecen misteriosas, casi antiguas o sagradas. Las corrientes nerviosas vibran bajo su superficie. Aquí, puede haber locura y grandes reveses de la fortuna, pero la sensación más fuerte es de incertidumbre y estancamiento, junto con los ritmos mitigantes de la tradición y el calendario. Y, por supuesto, el hermoso frío inclemente del invierno permanece inmutable.

El libro de Lesy le permite a la imaginación atravesar un gran abismo en el tiempo, vivificando el sufrimiento y la histeria de un lugar antiguo en toda su extraña ambigüedad. Las fotografías de Sanguinetti cubren un tipo diferente de distancia. Black River Falls es el asiento del condado de Jackson, el cual contribuyó a entregar el estado tradicionalmente democrático de Wisconsin a Donald Trump. En un momento en que la mitad del país se siente desconcertada y consternada por los impulsos morales y políticos de la otra mitad, estas imágenes ofrecen una mirada inusualmente íntima de esa división.

Cuatro de julio. Melrose, Wisconsin, 2014.

La cocina de los hermanos. Hixton, Wisconsin, 2014.

El coro del domingo. Black River Falls, Wisconsin, 2014.

JuneVelie. Black River Falls, Wisconsin, 2014.

Rich, Doug, y Andrew, Spoerlein Never Rest Farm. Salem, Wisconsin, 2014.

Boy scout águila. Hixton, Wisconsin, 2014.
Más de i-D: El despertar político a través de la fotografía. 

Credits


Texto Chris Jennings para Aperture
Fotografía Alessandra Sanguinetti cortesía de la artista y Aperture

Tagged:
wisconsin
blanco y negro
Estados Unidos
Alessandra Sanguinetti
Aperture
entrevistas de fotografía