la moda imita las imitaciones: la nueva visión del lujo

Desde la bolsa Balenciaga Bazar hasta la bolsa del almuerzo Jil Sander de cuero y la reelaboración lúdica de la estética de la falsificación de Alessandro Michele, vemos cómo la moda de lujo irrumpe en la división de lo modesto.

por Kinza Shenn
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30 Noviembre 2016, 2:19pm

Balenciaga autumn/winter 16

Busca #balenciaga en Instagram, y al lado de las pilas de bolsas de cuero, fotos de pasarela y tomas estilo urbano, podrás ver un meme de moda en acción; la gente está publicando fotos de las ya famosas bolsas de plástico a rayas para el mercado y poniendo el hashtag de la marca. Por supuesto, el bolso Bazar de Balenciaga, la bolsa de la reinvención de la marca bajo la dirección de Demna Gvasalia, hace referencia indiscutible a estos productos asiáticos y baratos del mercado; la bolsa se presta para la broma y ciertamente es parte de ella. Una sampeng -el apodo de la bolsa taiwanesa antes mencionada- y la bolsa de Balenciaga son casi idénticas en el plano mundo en línea de las imágenes en que vivimos. Tienen la misma forma, las mismas rayas, los mismos colores. En un mercado en el que las falsificaciones y las casas de moda hacen referencia una de la otra por igual, se da la oportunidad de encontrar la diferencia que establece las distinciones entre el lujo y lo barato, ayudándonos a develar la forma en que el lujo está cambiando justo ahora.

El lujo es proteico; por lo general es una industria llena de innovación y experimentación. Introduce nuevos conceptos al mercado, los cuales más tarde se filtran al mercado masivo; y esto ocurre así continuamente. Pero la versión actual de lujo tiene un entorno muy diferente al cual adaptarse. Nuestra sociedad se desarrolla en una extraña mezcla de lo lujoso con lo barato. Esto es en parte el resultado de nuestro movimiento colectivo hacia la igualdad, la tierra de oportunidades igualitarias de Internet; y de una cultura de compras donde todo el sector demográfico explora la conveniencia y la consistencia de las mega corporaciones. El lenguaje brillante de la marca y los anuncios se han convertido en una omnipresencia para cada clase de consumidor, y los diseñadores de moda están fascinados dramatizando la intensidad del alto concepto de los días de nuestras vidas.

Vetements primavera/verano 2016

La recepción de los diseños de Demna Gvasalia, incluyendo la bolsa Bazar, nos dice mucho sobre las expectativas actuales del lujo. Su estilo cotidiano ha sido malinterpretado como una declaración antisistema contra la moda, pero ha dicho repetidamente que ese no es su objetivo en absoluto, ni con Vetements ni con Balenciaga. La exhibición de una colección de Vetements en Galeries Lafayette durante la Semana de la Alta Costura en París este verano, tuvo un tinte transgresor, pero había que estar al tanto de la industria para darse cuenta. Si la Alta Costura en sí es un poco solemne y recibe críticas porque no tiene suficiente relevancia para que sea especialmente deseable para el estilo de vida del público, entonces el sistema de la moda en general tampoco está adaptado a la realidad; los experimentos de las últimas temporadas con relación a la reestructuración del programa lo atestiguan. La inaccesibilidad es vital para lograr el efecto del lujo, pero la industria ahora se encuentra en una posición donde necesita responder a una capacidad de atención más corta, una nueva expectativa de nunca tener que esperar demasiado tiempo por nada. En su libro, On Luxury, Jean-Noël Kapferer describió el lujo como "una industria como ninguna otra: es la única para la cual el crecimiento significa un problema". En especial ahora que la red ha puesto la moda al alcance de cualquiera que esté conectado. Ya no es un mundo exclusivo; las barreras entre las masas y los privilegiados hace tiempo que desaparecieron.

Franco Moschino siempre disfrutó dramatizar esta dicotomía, este contraste entre el lujo y lo modesto en su trabajo; exhibiendo sus bolsos en el entorno de un mercado callejero, metiéndolos entre montones de frutas en cajones de madera, para reposicionar su valor social. O diseñando un vestido hecho de bolsas de compras con el logotipo de Moschino para uno de los infames escaparates de Jo Ann Tan, bajo el título "Label Queen".

Jil Sander otoño/invierno 2012

Franco (quien abrió la casa en 1983 y diseñó hasta su muerte prematura en 1994) argumentó constantemente que el sistema de la moda carece de sentido, carece de contenido, que "ya no hay moda. Todo lo que queda son las personas y la ropa". Por esta razón, sus diseños se enfocaron primordialmente en símbolos e iconografía, donde la prenda a veces tiene un papel secundario con respecto al mensaje que lleva. Es discutible que el mundo ahora tenga el punto de vista de Franco, pero al menos, las "reinas de las marcas" han perdido su poder. Devaluadas por la producción en masa y la ubicuidad, tanto en su forma auténtica como en falsificación, las imágenes fácilmente reproducibles como los logotipos ya no son la moneda más fuerte del lujo.

En cambio, los logos y los monogramas tienen un significado diferente ahora. Una camiseta con logotipo pudo haber sido alguna vez una proposición seria; en estos días, es un producto que vende una imagen más codificada, a veces una ironía. Alessandro Michele puede producir una camiseta para la colección Crucero 2016 de Gucci inspirada en las que se encuentran en el mercado de la falsificación, y la gente la desea por su ironía, por mostrar un aspecto del pensamiento de Michele sobre la vulgaridad, por su notoriedad debido al Internet. De la misma manera, también puede colaborar en productos con el artista Trouble Andrew alias GucciGhost, cuyo trabajo recontextualiza el logotipo de Gucci a través de un lente iconoclasta de bajo presupuesto. Al parecer ahora la forma más moderna de elitismo se concentra en la integridad artística y cultural -todos, hasta la misma Vogue ha romantizado la cultura skate. El lujo, ahora, se filtra en todos los aspectos del estilo de vida; se integra más profundamente en el manifiesto de una marca, en su equipo, ofreciendo un sentido de identidad que es gratificante tanto en privado como en el esplendor de la riqueza.

Gucci crucero 2017

La colección menswear otoño/invierno 2012 de Raf Simons para Jil Sander fue una declaración histórica sobre este tipo de lujo codificado, sobre estos ingeniosos pretextos de victimización de la moda por parte de los diseñadores. Las invitaciones fueron enviadas memorablemente en tarjetas de presentación como homenaje a American Psycho de Brett Easton Ellis, a manera de prefacio para la discusión de la colección sobre el materialismo, el estatus, la catexis y la inseguridad en cuanto a la identidad. ¿Quién puede olvidar cómo el sentido de autoestima de Patrick Bateman dependía de las sutilezas del diseño de su tarjeta de presentación en relación con los diseños de las de sus colegas?

Con las bolsas del almuerzo de Jil Sander en mano, el desfile presentó a un grupo de yuppies vestidos en cuero en su trayecto al trabajo. La pulcritud y homogeneidad de sus corbatas delgadas, cuellos estándar y solapas dentadas demostraban la observación de las reglas sociales del vestir. El traje de negocios fue el punto crucial de la colección, iconográfico en sus señales de conformidad, así como de poder adquisitivo. Las reproducción de esas siluetas en un material tan caro y tan cargado emocionalmente como el cuero negro, fue una reiteración de la impresión de dominio. Esta bolsa del almuerzo fue una declaración especialmente intrigante. En la trama del protagonista principal de la colección, nos indicó que este personaje en particular necesita que las cosas sean aprobadas por un diseñador para justificar su existencia. La bolsa Jil Sander de papel recubierto, que se vendió por £185, fue, por supuesto, enormemente celebrada y popular. Irónicamente, el tipo de sencillez del discreto diseño en parte -¡en parte!- ocultó la inquietante intensidad que inspiró su compra.

Christopher Kane primavera/verano 2016

Muchas veces, en episodios anteriores de la imitación de la Alta Moda de productos baratos, los productos han sido réplicas de sus prototipos: las bolsas de papel de Jil Sander o las camisetas DHL de algodón de Vetements o las gargantillas de cinchos de £25 de Christopher Kane. Hay un impuesto para las prácticas éticas y el trabajo que implica una bolsa Bazar de £1,595 producida en piel de cordero, a mano, con cada componente de la bolsa fabricado y ensamblado en Italia. Pero, en última instancia, la distancia en precio entre ésta y su prototipo de plástico se encuentra en gran parte en el ámbito metafísico. Un ámbito de expectativa, de aspiración, de potencial, es decir, de lujo. La afectuosa descripción de Franco Moschino de la cultura pop: "esquizofrenia y distorsión... confusión tridimensionalidad y sensorial", tiene muchos paralelismos con el lujo en los que podemos pensar. Es evidente que la moda de lujo es un mercado de transacciones emocionales.

¿A dónde se dirige el lujo a partir de aquí? Esta nueva forma de lujo inevitablemente también debe expirar y cambiar. Desde las sudaderas con slogan hasta las camisas de tartán (a la Más Allá de lo Retro), se está volviendo especialmente difícil disfrazar o justificar nuestro vicio cuando lo caro está imitando algo tan absurdamente accesible. Muchos críticos nos ven seguir en nuestra búsqueda de la integridad cultural en el lujo, específicamente con su sugerencia de una integración más profunda en el elitismo. Es una versión que se centra más en la experiencia que en el objeto. Más en el conocimiento que en el objeto. Uno que se siente más auténtico, más fugaz, más permanente que superficial. Suena moderadamente placentero. ¿A qué precio?

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Texto Kinza Shenn