julia y renata: 22 años en el negocio de la moda

Acompáñanos al backstage de la colección otoño/invierno 2016 de Julia y Renata mientras hablamos con ellas sobre la historia del diseño mexicano, presentarse por primera vez de forma independiente y la importancia artística de su ciudad natal...

por Monse Castera
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27 Mayo 2016, 5:25am

La marca de Julia y Renata comenzó en 1994, lo que da un total de 22 años como parte fundamental de la historia de la moda mexicana. Han visto y formado parte de la época con mayor evolución y cambios en la industria. Este año, por primera vez desde que comenzó Fashion Week en el país, dejaron de presentar en dicha plataforma para mostrar su colección en la ciudad que habitan, Guadalajara. Misma de la que son personajes clave de la escena creativa. No solo tienen una tienda en el Hotel Demetria, sino que a unas cuadras tienen un taller, donde también curan un espacio de venta temporal de diseño nacional llamado Albergue Transitorio.

Marcha en Fila es un proyecto del Hotel Demetria hecho para presentar las nuevas colecciones de Julia y Renata. En esta ocasión, las diseñadoras se inspiraron en la estructura corporal y su relación con la forma y las prendas. Una pieza de Julia y Renata no se puede conocer hasta que no se toca, para empezar, los textiles son suaves y muy firmes a la vez, sedas texturizadas y pesadas. También el corte es de explorar, ya que no solo tienen piezas que abarcan las distintas posibilidades de un cuadrado, sino también capas, cinturones y amarres experimentales. Aunque son a veces muy complejos, tienen diseños para todo tipo de cuerpo y es por eso que para la mujer tapatía ya es una tradición tener un Julia y Renata.

Me atrevería a decir que los defiles de Julia y Renata son los más teatrales de México. Trabajan con la coreógrafa para dirigir a la modelos quienes terminan bailando, moviéndose de forma extraña o caminando muy lento. La música siempre ha sido un elemento clave, ya sea en colaboración con su amiga Ely Guerra, o con algún artista contemporáneo. En esta edición las piezas sonoras fueron realizadas por Tania Candiani, colocando al centro de la galería del Hotel Demetria, un telar de cintura que en vez de fibras textiles tenía cuerdas de guitarra. Y así, entre audios nunca antes escuchados, pasos lentos y un público local, que es su fiel comprador, las hermanas Franco presentaron por primera vez de forma independiente, su colección otoño/invierno 2016.

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¿Cómo se ha mantenido viva la marca Julia y Renata?
Hemos ido y venido. Ha sido complicado y padre. Nos faltan muchas cosas que hacer, desde experiencias comerciales hasta ideas creativas. Pasamos por momentos duros, estar hartas y querer dejarlo o hacer cosas muy comerciales o cosas loquísimas que nunca vendimos. 
El otro día estaba leyendo que el aburrimiento es lo que te hacía valorar la vida. Entonces, cuando estábamos hastiadas o aburridas era el momento en el que decidíamos movernos y transformar.

¿Podrían decir que ahorita es un negocio?
Sí. Es difícil, tuvimos dos intentos de sociedades con gente que en teoría sabía comercializar y fabricar ropa en masa, pero resulta que no sabían. Entonces nosotras lo que sabemos es diseñar y ahora, por necesidad, hemos aprendido a hacer muchas cosas que no teníamos idea. Entonces creamos un esquema que nos funciona a nosotras, que son ediciones limitadas y piezas únicas, fue con lo que empezamos y que realmente es para lo que hay público. En México es muy difícil competir con marcas extranjeras que pueden hacer millones de prendas o marcas extranjeras que puedan hacer pocas piezas pero que te cuestan 100,000 pesos. Si tu quieres venderle a alguien algo mexicano con esa calidad a ese precio jamás te lo van a comprar. Pero si haces algo de esa misma calidad, en un precio muchísimo más bajo, entonces sí habrá compra. Entendimos a nuestro propio público y creamos nuestro propio esquema, chiquito, pero esas cinco locas que nos compran le dicen a otras cinco en diferentes ciudades, y se van haciendo nuestras clientas.

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¿Qué ha pasado en el último año?
Muchos cambios, lo más importante fue no presentar la última colección. Teníamos 10 años en las semanas de la moda de la Ciudad de México, que han ido cambiando de nombre. Y este año, yo creo que es la primera temporada que no presentamos, decidimos presentar en nuestra ciudad. Sabemos que esto implicaba que había que hacer mucho trabajo, pero nos aventamos.

¿Y se quieren mantener independientes?
Creo que sí, nos está gustando. Lo que nos hizo pensar así fue descubrir, con Albergue Transitorio, a esta gran cantidad de gente que hace cosas interesantes y que si nos unimos todos generamos una escena firme. Eso es el movimiento que nos va llevar a todos a cerrar ese círculo que también es un asunto comercial. Hacer un grupo creativo con una identidad que ya se lee. Antes, nadie sabía lo que quería. Ahorra, todos somos más investigadores, más respetuosos con la técnica, con los procesos. Y estamos viendo hacia nosotros mismos, hacia adentro, entendiendo mejor al mercado. Entonces, ahi vamos.

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Si tuvieran que seleccionar ciertos momentos de la historia del diseño de la moda en México ¿cuales serian?
Pienso que cuando nosotras empezamos, fue como un despertar para muchos diseñadores. Todos nos dimos cuenta de que podíamos investigar y proponer. Porque antes no se proponía, que aunque no lo creas tenía sus aspectos positivos, como que respetaban la técnica tradicional. Pero nos atrevimos a proponer. Luego, cuando se hizo formalmente Fashion Week, fue un paso enorme, porque entonces se creó la industria. También cuando las revistas empezaron a producir sus propios editoriales, y a escribir sobre la moda mexicana. Y ahora, este grupo de diseñadores, más preparados, más interesados, no tan volátiles, todos ya sabemos que tenemos un oficio y no somos artistas. Tenemos de comer de esto, y ese es otro gran paso de la actualidad.

¿Como funciona el atelier?
Bien padre. Lo que tenemos ahí prácticamente es para puras cosas sobre medida. La colección se manda a la tienda y en el atelier recibimos a las clientas de forma personal, platicamos con ellas, entendemos lo que quieren mostrar, lo que quieren esconder, es una comunicación totalmente directa. La mayoría se vuelven amigas cercanas, confidentes. Somos bien poquita gente. Antes teníamos un equipo muy grande y nos dimos cuenta de que solo necesitábamos ser cinco personas.

¿Y tienen un horario de oficina?
Sí, somos bien clavadas. Desde el día uno que empezamos a trabajar, nos hicimos de un horario. Yo no recuerdo un solo día en el que hayamos faltado.

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¿Cuales son sus objetivos ahorita?
Hacer de Marcha en Fila un proyecto fuerte. Es un experimento y pues no sabemos si va a funcionar pero parece que sí, y yo creo que nos queremos clavar en esto, en crear esa plataforma que sí sea multidisciplinaria. Eso nos crea a todos los que estamos involucrados un nuevo mercado.

¿Ustedes seleccionaron los artistas con los que colaboran a partir de la temática de la colección?
Un poco sí y con afinidades que ya vemos en ellos sobre su manera de comunicarse. Si vemos a alguien que nos emociona un montón y que aparte de eso, luego lo conocemos y tenemos afinidad, pues ya estamos. Y con Tania fue un poco así, y con Eli Guerra por ejemplo, que ahora es como nuestra hermana.

La colección se basa en la estructura del cuerpo. De hecho vi en el boletín que usaron textos de Andrea Schutzman.
La encontramos investigando sobre todo el mundo que habla sobre, el roll de vestir el cuerpo y la estructura del mismo y cómo ibas a envolverlo con el textil. Hizo esos estudios en la Universidad de Palermo.

¿Y cómo si la colección es sobre la estructura del cuerpo, algunos cortes son tan amplios?
Estamos hablando ahora de cobertura. Entonces la base visual, para nosotros, es como una carpa, como la primer vivienda del ser humano que fue la casa de campaña. Un poco trabajamos sobre esas ideas. Porque estás cubriendo y no estás suprimiendo. No estás atando, estas más bien protegiendo, y dentro de eso tienes que dejar también ese juego entre el cuerpo, y la piel y el textil, que sea libre y tenga movimiento. De eso se trata.

¿Qué las mantiene en Guadalajara?
Empezaba a no dejarnos ir por la familia, porque somos muy comodinas y cercanas a nuestra mamá. Trabajamos muy bien en esta ciudad de una forma muy tranquila. Ir a presentar a la Ciudad de México los desfiles era muy frío para nosotras. Era ir solamente por trabajo, regresarnos y ya. Y luego, la red de amigos en Guadalajara, que también hacen cosas creativas, cada vez se hacía más grande y más interesados en hacer cosas diferentes. Así que decidimos quedarnos aquí, con nuestra propia manera de hablar y pasarla bien.

Sí, noto la gente de aquí la pasa bien. Disfruta el buen comer y es un tema de conversación constante.
Sí, nosotras nos la pasamos haciendo comidas con mucha gente en casa de Julia.

Y la escena cultural de la ciudad ha crecido mucho en los últimos años, ¿por qué?
No sé , lo hemos platicado y no entendemos con claridad cuál es el fenómeno, pero sí es un hecho que, por ejemplo, grandes artistas contemporáneos viven aquí: José Dávila, Jorge Méndez Blake, Gonzalo Lebrija, etc. Hay mucho movimiento y sobre todo ganas de hacer las cosas.

Y hay un mercado. Sus piezas se venden bien aquí.
Fijate que sí. De hecho en el proyecto que hacemos de Albergue Transitorio también está bien padre porque invitamos a 70 expositores y venden muy bien. Nos impresionan las ganes que tiene el público de ver y comprar. Valoran el diseño.

¿Qué es lo que más disfrutan de Guadalajara?
Los amigos. Abren restaurantes increíbles todos los días de chefs que se vienen a vivir, amigos que se van a vivir a otros lados y regresan y abren cosas. Todo el movimiento artístico es emocionante. La gente que viene de visita. Como por ejemplo, hace poco nos hablaron para decirnos que estaba aquí Phoebe Philo, que si la podíamos recibir.

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Credits


Fotografía María Fernanda Molins

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