este libro celebra los más grandes y peores errores de la moda de sus sujetos

La publicación de Tom Coleman, ‘I Actually Wore This’, es una colección de historias que aprecian y conmemoran las cosas más aterradoras que hemos comprado.

por Felix Petty; traducido por Diego Menchaca
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08 Agosto 2017, 8:49pm

Hay bastantes tipos de libros de moda; desde los grandes monogramas de diseñador y las ediciones limitadas más exclusivas de los zines de fotógrafos, hasta las guías más cotidianas de cómo vestir y las más básicas sinopsis.

Después tenemos algo como la obra maestra malinterpretada de Bret Easton Ellis, Glamorama, una novela que presentó a las a modelos como terroristas en un mundo de violencia, asesinatos y explotación fortuitos.

I Actually Wore This, del escritor Tom Coleman y el fotógrafo Jerome Jakubiec, es en conjunto un libro de moda diferente —un libro de moda que no encaja muy bien en ninguna de las categorías antes mencionadas.

No es, tal como dice en su introducción, un libro que te enseñará cómo vestirte para el almuerzo, o para cuando sales de vacaciones, o qué suéter tienes que tener esta temporada. Es mucho más universal que eso. I Actually Wore This es una celebración de algo que todos hemos hecho, al menos una vez, si no es que más.

Y eso es ir a las tiendas o las ventas de liquidación y comprar algo tan ridículo, o estúpido, o feo, o que no va con nosotros, que se ha quedado en el clóset y casi nunca lo hemos usado.

Y aún así I Actually Wore This no es un libro lleno de burlas al mal gusto, sino que es un libro que revela la arrogancia universal del fashionista quien, como Icarus, vuela demasiado cerca del sol y compra una chamarra muy cara de piel de cocodrilo. O compra una chilaba hecha a la medida en Milán con lana merina. Pero también es más sutil, es un libro de moda que encuentra un poco de gozo en la camisa que no se ve tan bien, en los pantalones del color equivocado, y la ganga de diseñador que realmente tuvimos que haber dejado pasar.

Tom y Jerome encontraron toda una pasarela de tontos muy cooperativos, desde comerciantes de arte y modelos hasta artistas y publirrelacionistas, los vistieron con la ropa de moda que se arrepienten de haber comprado, los hicieron posar para unas fotos, y compartir la historia acerca de esas botas vaqueras de cuero rojo.

Y aquí están seis de nuestros favoritos.

Adam Green, Músico/artista/cineasta, Brooklyn, Nueva York
"A los granjeros americanos les gusta usar overoles y gorras de John Deere. Por otra parte, a los granjeros suizos les gusta usar encantadoras camisas rojas bordadas y sombreros de ala ancha de lana. Aprendí esto cuando mi banda estuvo de gira en Suiza.

También, mientras estaba en Suiza, descubrí un licor llamado Appenzeller. Si alguna vez lo ves en un bar, ordénalo. Es más, ordena muchas rondas. Es la versión suiza del Jägermeister y es asombroso. Una tarde, después de una justa cantidad de Appenzeller, mi amigo Oskar decidió que lo que le faltaba a mi borrachera era un verdadero atuendo alpino. Acto seguido, nos encontrábamos zigzagueando, yendo en reversa, retrocediendo, y dando vueltas por las calles de Zúrich en busca de una tienda de ropa abierta en fin de semana.

Encontramos una tienda abierta que era exactamente lo que buscábamos. Era absurdamente pintoresca. Si alguien nos decía que toda la gente en la tienda regresaba a vivir a un reloj cucú por las noches, le habríamos creído por completo. Compre mi "camisa edelweiss" y la usé en mi concierto esa noche, para el deleite de la multitud local.

Juré que usaría la camisa cuando regresara a casa. Eso no sucedió. Se fue directo al clóset, donde estuvo un largo tiempo. Un día cuando mi esposa estaba haciendo limpieza, decidió que era momento de que la camisa se fuera. Le rogué que me dejara conservarla. Aceptó con la condición de que usara la camisa al menos una vez al año. Así que ahora cada año tengo un extraño día en el que me visto como granjero suizo. Tal vez este año hasta intente rentar una vaca".

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Elizabeth Cutler, Cofundadora de SoulCycle, Nueva York
"Cuando eres mamá, eres más cuidadosa con lo que usas que cuando no tenías hijos. Quieres dar un buen ejemplo, y no quieres humillar a tus hijos usando algo de lo que estarán hablando en terapia dentro de veinte años. Si me pongo algo que no me convence, me pregunto si mi propia madre lo usaría. Si la respuesta inevitablemente es "no", después le pregunto a mi hija. Si recibo un largo gesto con sus ojos en blanco, lo devuelvo al clóset.

La camisa en cuestión la compré más como un chiste. Tiene las múltiples 420 muecas lindas de Seth Rogen. No estaba segura si Seth aprobó esta prenda o si era más bien un artículo pirata, un hecho que hacia parecer que era un poco peligrosa usarla. Pensé que podría lograr que la camisa se viera bien usándola para el trabajo. Ya sabes, me vería como parte de los chicos cool. Sin embargo, una vez que salí de la casa, me sentía muy insegura y mantuve cerrado el blazer que traía puesto. Verdaderamente soy una rebelde.

Una de mis colegas notó la camisa y me dijo que recientemente había visto a alguien usando leggings con la cara de James Franco, llevándome a pensar que me habían engañado para ser parte de un ingenioso esquema viral de marketing de Pineapple Express".

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Gary Shteyngart, Escritor de Absurdistan y Super Sad
"¿Qué más podrías usar cuando eres el anfitrión de una fiesta con caviar en un departamento infestado de cucarachas en el Brooklyn de los noventa?"

Joey Jalleo, Vicepresidente de Cultura y Comunicación en los Standard Hotels/Lord de The Boom Boom Room, Long Island City, Nueva York
"Cuando visitas Santa Fe, creo que estás legalmente obligado a comprar alguna de estas tres cosas: botas vaqueras, una hebilla de cinturón turquesa, o una pintura con un coyote aullando que algún día será vendida en una venta de garage. Escogí la primera opción.

Las botas vaqueras fueron hechas a la medida, pero no para mí. Las compré en una tienda de segunda mano. No sabía nada sobre las botas, excepto que quien haya sido su dueño original tenía pies de distintas tallas. Una bota era talla nueve y la otra, nueve y medio.

Eso me llevó a pensar que probablemente esa fue la razón por la que mandaron a hacer las botas. La vida del dueño estaba plagada de juanetes y ampollas y sandalias con mal ajuste, y las botas eran una forma de celebrar finalmente su horrible deformidad. Mientras admiro la aceptación de dos pies de distintas tallas, me forzó a encontrar formas de hacer que la bota más grande me quedara. En varias ocasiones, y con grados diferentes de éxito, metí periódico, papel aluminio, y hasta la envoltura de un chocolate Reese's dentro de la bota más grande. Finalmente decidí usar un calcetín muy grueso de lana. Era muy caluroso pero efectivo.

Decidí jubilar las botas, pero no por el problema de la talla. Las usé una noche, y un amigo muy gracioso me preguntó si se las había robado a JonBenet Ramsey. Nunca volví a ver las botas de la misma manera. Debí haber comprado la hebilla de cinturón".

Annabella Hochschild, Escritora, Nueva York
"Hay una distinción definitiva entre un disfraz de crayón y un vestido de crayón. El disfraz generalmente viene en una bolsa, está hecho de acetato tan delgado como una gasa, y tiene un sombrero que parece un pequeño cono de tránsito. El vestido, por otro lado, viene colgado en un gancho, está hecho de espuma cancerígena entallada, y puede costar hasta $10 dólares. Yo tengo este último.

Compré el vestido en una de las últimas tiendas en Nueva York que parecen un poco peligrosas. Probablemente tienen peleas de perros en el sótano los fines de semana, o LSD casero llamado Mind Detergent. Simplemente sabes que algo más está sucediendo ahí. Antes de comprar el vestido, la visité un par de veces. Me asustaba un poco comprarlo por ellos. El grupo de chicos punk atemorizantes pero cool que se paseaban por la esquina de mi calle en East Village y que silenciosamente criticaban a todos. Estos no son chicos falsos de los suburbios que cortan las mangas de sus camisas Hollister y andan en patinetas de Angry Birds. Estos chicos son auténticos.

La primera vez que usé el vestido, tuve una fiesta que duro toda la noche, así que mientras me acercaba a mi departamento los pájaros cantaban y los camiones de basura rugían. Llegando a la esquina, los vi. Traté de parecer lo más despreocupada posible mientras pasaba por ahí, pero crucé miradas con uno de los líderes del grupo. Estaba usando una camiseta de Meat Puppets con un aire de superioridad. Le hice un pequeño gesto con la cabeza que decía: "respeto quien eres, y por favor no me hagas daño". Después me miró de pies a cabeza, levantó su vaso desechable de Dunkin Donuts, sonrió, y dijo: "Genial".

En ese momento, lo supe —les agradaba, realmente les agradaba".

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Lee Potter, Comerciante de arte, Nueva York
"El naranja es perfecto para los Cheetos, los conos de tránsito, y los Crocs de Mario Batali. Pero he aprendido que no es el color más fácil de lucir si lo llevas en un vestido a menos que seas Sofia Vergara o una Real Housewife de Cartagena.

Compré el vestido para usarlo en una fiesta de etiqueta. Normalmente usaría algo negro, pero por alguna razón, decidí que quería distinguirme de la manada. No usaría un políticamente correcto vestido negro —usaría color. Lo sé, soy tan rebelde. Nadie hizo comentarios directos sobre el vestido, pero la gente seguía preguntándome si había ido a otro lado antes de la fiesta o si iba a ir a algún lugar después. Asumí que estaban buscando una explicación: ¿Había ido a la fiesta de cumpleaños de Carrot Top, o iba a ir a una boda con tema de Halloween?

Van Gogh supuestamente dijo que el naranja es el color de la locura. En cuanto a este vestido, simplemente diré que fue un poco de locura temporal".

'I Actually Wore This' es publicado por Rizzoli y puedes comprar el libro en este link.

Credits


Texto Felix Petty

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