“berberry”: cuando las falsificaciones se convierten en objeto de culto

Un libro de fotos dedicado a la reapropiación del clásico diseño de cuadros de Burberry y a los extraños y maravillosos lugares en los que ha acabado.

por i-D Staff
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30 Noviembre 2015, 10:15am

Desde que era joven siempre sentí una gran debilidad por Burberry. Las suaves bufandas, los coleteros con el diseño Nova check, los bolsos de tamaño infantil... Todo ello formaba parte esencial en mi vida. Todos falsos -por supuesto-, porque los cuadros de Burberry son el diseño más copiado dentro del mundo de la moda -su gran rival en este sentido es Louis Vuitton-.

Reconocible al instante, el tartán beige, negro, rojo y blanco se ha replicado, falseado y personalizado por todo el planeta, despertando el desprecio de la marca. Burberry pasó de ser un símbolo de lujo y personalidad estirada a convertirse en un emblema para la moda choni y la cultura hooligan.

Fundada por Thomas Burberry en 1856, en sus inicios la marca fue una encarnación de la nobleza británica. Vistió al primer hombre que llegó al Polo Sur y a los oficiales del ejército que luchaban desde las trincheras en la I Guerra Mundial. De ahí salió el nombre de gabardina en inglés -trench coat-, que literalmente significa "abrigo de trinchera", y que se hizo popular por ser una prenda muy práctica. Pero, a pesar de su historia, la imagen de Burberry se asocia hoy más a la clase trabajadora que a las altas clases.

En un notable caso de reapropiación, Burberry pasó a simbolizar la moda falsificada de pseudolujo y la herencia de la clase trabajadora. Del mismo modo que los integrantes de la escena del jungle y el garage de Londres recuperaron marcas de lujo italianas como Moschino y Prada en los 90, o los Lo Lifes de Brooklyn se apoderaran del polo pijo de Ralph Lauren al final de los 80, Burberry también sufrió una reapropiación a través de copias e imitaciones baratas.

Burberry empezó a asociarse con los jóvenes ingleses de clase baja llamados "chavs", un término que revela mucho más sobre aquellos que la utilizan que sobre la clase trabajadora urbana británica. El diseño acabó estampado por todas partes, desde fundas de teléfono hasta posavasos, pero la sede de Burberry no se llevó las manos a la cabeza hasta que la actriz de EastEnders, Daniella Westbrook, apareció radiante vestida de la marca de pies a cabeza con su bebé y su carrito a juego con el diseño Nova check.

En cuestión de tiempo, los arrogantes clientes de Burberry empezaron a evitar el tartán escocés y la marca se convirtió en su propio peor enemigo. Las imitaciones baratas empezaron a aparecer por todas partes y obviamente las ventas se desplomaron.

Adoptado por los hooligans ingleses, el icónico estampado a cuadros también se convirtió en el uniforme de esta comunidad y una empresa incluso los bautizó como "los chicos de Burberry". Además de evitar la atención de la policía, este uniforme les facilitaba su infiltración en los pubs de los clubs rivales.

Los locales pronto lo advirtieron y sus dueños juntaron fuerzas con la policía y empezaron a crear listas de ropa prohibida. Junto con marcas como Stone Island, Lacoste, Aquascutum y Henri Lloyd, Burberry fue oficialmente prohibida en ciertos pubs.

Como respuesta, Burberry ordenó a los fabricantes que dejaran de fabricar su diseño de cuadros negros y beige. Obviamente, todavía quedan algunos de esos diseños rondando por ahí; tantos, que el artista Toby Leigh ha dedicado la última década a fotografiar falsificaciones de Burberry. Sillas de ruedas, pasteles de cumpleaños, tatuajes, carritos de la compra, apartamentos completos... El nuevo libro de Leigh se titula Berberry, ha sido editado por Ditto Press e incluye 100 imágenes de bellezas falsificadas.

"Hace unos diez años empecé a ver los diseños en lugares cada vez más ridículos", explica. "En Burberry se volvieron muy locos con todo este tema de la apropiación. Dejó de ser algo exclusivo del oeste de Londres: de repente pasó a ser algo al alcance de todo el mundo y era imposible decir qué era real y qué era falso: eran completamente intercambiables".

Tras haber viajado por todas partes en busca del tartán, las fotos de Leigh evocan el aire de Tailandia, Nueva York, San Francisco, Marrakech y los barrios periféricos de Londres. "Está por todas partes", dice riéndose entre dientes. "Cuando la gente de otros países fabrica el diseño de Burberry, lo asocian con la herencia británica, una época pasada de cuando las cosas iban mejor".

Por desgracia, Leigh ahora está teniendo dificultades para ampliar su colección. "Ha disminuido considerablemente: online ya no puedes conseguir nada, y las tiendas que trabajan en la industria de la moda no tienen nada porque Burberry les amenazó con llevarles a juicio. Es una especie de polvo de oro ahora mismo".

Como sabrá todo aquel que haya cometido el error de ver la serie Fake Britain, la alta costura intenta frenar las falsificaciones de sus trapitos, pero ninguna marca es tan firmemente estricta como Burberry. En un intento de recuperar su imagen opulenta y lujosa, Burberry ha llevado al extremo el concepto de "reposicionamiento de marca".

En un claro movimiento para tratar de distanciarse de las falsificaciones, ha utilizado miembros de la aristocracia británica como modelos, como Kate Middleton y Stella Tennant, y, gracias a las fotografías en blanco y negro de Mario Testino y las campañas de publicidad de Kate Moss y Keira Knightley Burberry ha logrado resurgir. Después de todo, si entras en una tienda de Burberry hoy en día no encontrarás el diseño Nova check por ningún lado.

Dicho esto, también es cierto que ha habido una especie de renacimiento del estampado clásico de Burberry. Como en todas las modas, se ha completado un círculo y gracias a Wavey Garms la ropa de diseño vintage llamativa en la que destaca el logo de la marca vuelve a estar de moda. Desde el Nova check de Burberry hasta el logo original de Dior y el monograma de Fendi, los diseños ostentosos que parecen decir "lo tengo y presumo de ello" están por todas partes.

Aunque puede que Burberry haya tenido un pasado accidentado, su pintoresca historia ha sido testimonio de la poderosa y honesta identidad del estilo de la clase trabajadora británica. Al reapropiarse de Burberry, las masas pudieron desplazar a los porteros y convertirse en los marcadores de tendencias.

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Créditos


Texto Maya Oppenheim
Fotografía Toby Leigh

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