dentro del mundo de una feria de arte en hong kong

Nos adentramos en la escena comercial global de arte, un lugar donde el Este y el Oeste se encuentran: durante la cuarta edición de Art Basel en una Hong Kong llena de smog.

por Felix Petty
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10 Mayo 2016, 5:12pm

Casi todos los edificios en Hong Kong es un rascacielos con un logo de neón en la cima perteneciente a un banco o compañía de seguros que desaparece en la gruesa capa de niebla tóxica que durante la cuarta edición de Art Basel en la ciudad nunca se disipó. Una metáfora fácil para la penumbra que rodea el mundo financiero chino ahorita, que ha sido golpeado por caídas de la bolsa de valores y que esperarías que tuviera un efecto contraproducente para el mundo del arte de la ciudad. China es el mercado de más rápido crecimiento para el arte contemporáneo, lleno de riquezas sin explotar y coleccionistas acaudalados. Hong Kong es el conducto natural para eso, la ventana comercial de China al mundo, una ciudad que parece haberse construido por el comercio, existiendo en su propia burbuja cubierta de smog -un lugar donde el Este siempre se ha encontrado con el Oeste, un depósito de los elementos más glotones del capitalismo global. Así que si había falta de confianza, en el mercado financiero o del arte, no fue inmediatamente obvio. Al final de la feria de arte que duró cinco días, la mayoría de las galerías reportaron ventas masivas.

Tracey Emin, All I Want Is You

White Cube, Gagosian, Massimo De Carlo, Lehmann Maupin son solo algunas de las galerías occidentales que tienen sucursales permanentes en la ciudad para capitalizar este boom; para coincidir con la inauguración de Art Basel, la mayoría estaba organizando nuevas exhibiciones. Tracey Emin tuvo su primera expo solitaria en China en White Cube, una muestra que continúa su fructífera segunda vida creativa como pintora y proyectista. El trabajo es tan atrevido como sutil, una mezcla reflexiva de lo corpóreo y lo etéreo -presentando dibujos a carboncillo arrancados de las hojas de cuadernos, grandes piezas de bordado y su clásico anuncio de neón con el título de la exhibición, I Cried Because I Love You. La exhibición es, como reveló Tracey en una entrevista con The Art Newspaper, aparentemente sobre casarse con una roca en su jardín. Como alguien que no encontró nada que le gustara en su época conceptual de los noventa, sus días de petulancia, arrogancia y vanidad, su nueva dirección sigue sorprendiendo. 

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Aunque recupera temas similares sobre el cuerpo, las relaciones y el amor; su delicadeza y ligereza y contraste entre pasteles gentiles, bordados complejos y flashes de neón te sumergen completamente en su absorbente mundo. Es difícil no ser cínicos, en una ciudad regida por lagunas financieras y tributarias; sobre el punto de todo esto, las intenciones, lo que está ofreciendo verdaderamente al panorama cultural, una especie de deseo post post colonialista de volver a imponer una cultura occidental dominante en la ciudad. En algún punto durante la feria, Jay Jopling dueño de White Cube, fue visto en el elevador con Nancy Dell'Olio, abogada británica que participó en Big Brother en Reino Unido; haz con eso lo que quieras.

Yinka Shonibare, Hong Kong Toy Painting

Un enfoque más considerado fue el de Pearl Lam, en su galería en el Pedder Building, uno de los pocos monumentos antiguos de la ciudad (construido en 1923) que ha sobrevivido a la urgencia de metamorfosis continua de Hong Kong; la falta de espacios disponibles significa que todo es constantemente rediseñado, arrasado, re construido, más alto, más grande, más obsceno, más acero, más vidrio. Una exposición colectiva, Structures of Recollection, artísticamente y de manera orgánica mezcló el trabajo de artistas asiáticos y occidentales; tomando las complejidades y manufactura de la memoria cultural como su tema, específicamente inspirados en el enfoque Proustiano sobre la sutil hipnosis de la memoria. 

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El trabajo de Yinka Shonibare fue el que verdaderamente sobresalió, exhibiendo Hong Kong Toy Painting, una pieza que utiliza complejas series de estructuras circulares como centro focal para objetos encontrados, notablemente juguetes -Pokémon, Bruce Lee, personajes de anime, etc. -transformando literalmente la basura de la sociedad en un método para examinar los frágiles ensamblajes de la identidad cultural. Se siente pesado, relevante y mordaz; es extraño que tan poco discurso post colonialista hay aquí, o al menos, dentro de este contexto, dentro de estas grandes galerías. Yinka Shonibare, un artista británico-nigeriano, logra maniobrar un comentario bastante universal y hermoso.

Dexter Dalwood, Propoganda Painting

Igualmente Dexter Dalwood, exhibiendo con Simon Lee en su galería, también en Padder Building, para su primera exposición en Hong Kong toma en su estilo único y alucinante a la pintura histórica y apunta directamente a China. Las imágenes toman a Nixon, Mao, la industrialización, la revolución cultural, los grandes avances y la actual aventura de China, casi colonial, en África. Exploran en un motín discreto la persistencia de los símbolos; un Mao rosa y una mancha de pintura en aerosol reposan junto a un tótem africano plano; lirios tipo Warhol brillan entre un mar de figuras grises atrapadas en una profundidad turbia; fondos manchados con propaganda idealista de fábricas pintorescas. Esta es la pintura de políticos como se unen fragmentos de la memoria; una composición plástica como manera de transformar en abstracto lo concreto; historia lineal que gira alrededor de motivos recurrentes atrapados en una órbita infinita. Son seductores y hermosos y atractivos y te llevan a este universo paralelo apenas posible, construido por completo de símbolos; puede que comience al buscar cuestionar "el papel de la pintura", pero principalmente demuestra la potente posibilidad de la disciplina en las manos adecuadas.

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Es difícil no pensar en la memoria cuando se atraviesa la ciudad, que parece, especialmente en la misma isla de Hong Kong, tan despiadadamente nueva, tan desprovista de lo viejo. Sigo dándome cuenta de que busco las sobras de un mundo extinto y ya no están. Hay una extraña torre vieja por aquí y por allá, pero el sentimiento predominante es de limpiar la historia, no hay nostalgia a la vista, no hay sentimentalismos, ni siquiera un arma de kitsch cultural para venderles a los turistas. Hong Kong es un lugar, comúnmente conocido por ser donde el Este y el Oeste se encuentran, pero no puedo decidir si se conocen pero nunca interactúan o si ya se conocieron y se fusionaron tan perfectamente que ya no puedes ver las costuras. De cualquier manera, nada en la isla se siente natural.

Hack Space

Esto es adecuadamente recuperado en Hack Space, la exposición destacada de las que ocurrieron fuera de la feria. Curada por Hans Ulrich Obrist de Serpentine Gallery de Londres, toma el trabajo reciente de la exhibición de Simon Denny y lo junta con 11 artistas chinos. Superficialmente suena como la receta para, o un dulce desastre o una apropiación cultural asquerosa, pero en lugar de eso logra una nota contemplativa de las relaciones cambiantes entre China y occidente, preguntando quién explota a quién, además de las complejidades de la explotación. ¿Esperamos que todos los artistas chinos sean artesanos elaborados que mantengan vivas viejas tradiciones? ¿O esperamos que todos los artistas chinos sean activistas y disidentes, floreciendo a la sombra de la represión del estado? Afortunadamente Hack Space se maneja lejos de tan simples dicotomías.

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El trabajo de Simon Denny gira en torno al hacking de la cultura y sus vínculos con la innovación, sus esculturas están organizadas en los pedestales exhibidores que dejó la compañía de bienes raíces que habitaba el edificio y que dejó al mudarse, y parecen una especie de rascacielos. Hack Space es desde luego un título de doble filo, un sustantivo, un espacio que hackear y una orden a hackear el espacio en el que vivimos. ¿Cómo están cambiando y evolucionando nuestros ambientes y quién está detrás de ellos? Una pregunta que la exhibición plantea y es apropiada para Hong Kong, con su cadena infinita de centros comerciales y tiendas de lujo; este comando de libre comercio que ha privatizado cada espacio público.

Cui Jie, Overpass at Shuang Jing

Uno de los trabajos más impresionantes en la exhibición son los paisajes distópicos futuristas de Cui Jie, extrañamente planos y aterradores, llenos de curvas que desaparecen en el fondo, líneas dinámicas pero sin movimiento y mezclas absorbentes de colores apagados. Agradecidamente pisa el no sencillo terreno político, pero no tiene respuestas sencillas, ni mensajes didácticos aburridos sobre la explotación o el consumismo voraz en el cambiante paisaje y cultura de China. Rumba II de Cao Fei, también trata con los paisajes contemporáneos chinos de una manera alarmante, una pieza de video que muestra el botadero de las Rumbas, esas aspiradoras automáticas de piso, en las afueras de Beijing. Es aterrador y amenazante y extraterrestre, silente, como los horrores de los Dalek, atravesando un paisaje en movimiento sin prestar atención.

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Es difícil no preguntarte acerca del rol del arte en una ciudad como Hong Kong, donde tan explícitamente el paisaje establece vínculos entre los empresarios capitalistas y los comerciantes del mundo del arte. Hong Kong es una ciudad dirigida a las compras, una imagen de una sociedad post cultural castrada dedicada al consumo de bienes de lujo. Y durante Art Basel es una ciudad que por una semana se transforma de nuevo, a otra visión de consumo de lujo. Hay un choque enfermo entre las dos; Hong Kong es tan pequeña geográficamente, tan compacta y despiadadamente nueva, que todo es más allá de claustrofóbico. La ciudad de siente a un mundo de distancia de aquella que hace poco fue volteada de cabeza por protestas contra la política China. Sigo buscando las grietas en la fachada de la ciudad, pero encuentro nuevas. Dota a la ciudad de un aire surreal; hecho todavía más surreal por el hecho de que estoy aquí para pasar tiempo dentro de un centro de conferencias contemplando el acaudalado mundo del arte contemporáneo. El área VIP de la feria tiene un stand de diamantes, otro de Audemars Piguet y otro que se especializa en pasar las obras que compras a otro país sin pagar impuestos. No puedes moverte por la ciudad sin toparte con una tienda de lujo; terminas usándolas como punto de referencia cuando pides ayuda para encontrar una dirección.

Louise Bourgeois 

La propia feria grita: "¡Dinero, dinero, dinero!", de la manera en la que estas cosas siempre lo hacen y sin embargo, como en todos estos eventos, las esquinas están impregnadas de lo genuinamente provocador y llamativo. En el mejor de los casos, las ferias de arte son un lugar increíble para cambiar tu mente y reformar tus ideas; esa rápida sucesión de stand tras stand, pintura tras pintura, arte tras arte… es mejor simplemente hacerle caso a tu instinto y entregarte al espectáculo. La feria empezó maravillosamente con la visita de Leonardo DiCaprio en su mejor esfuerzo por verse anónimo, vestido en un mal chaleco, de barba y gorra, pero rodeado por un gran número de seguidores. Siempre es bueno imaginar lo que compran las celebridades en estas ferias; ¿Esa increíble araña gigante de Louise Bourgeois en Hauser & Wirth para el jardín? Algo de minimalismo clásico, ¿un Sol LeWitt o Agnes Martin en el stand de Pace? ¿El Picasso gigante? ¿Alguna baratija vulgar del mercado secundario? ¿El Cy Twombly de $10 millones de dólares? ¿Una impresión de Mao de Warhol? ¿Una pieza de video arte experimental de una pequeña galería taiwanesa? ¿Una serie de 18 gigantes cajas doradas? Todo está aquí.

La tendencia dominante en las galerías más grandes parece ser presumir los puntos fuertes de los artistas que representan y compararlos con el extraño artista asiático; es su defensa, supongo, que es lo que el mercado quiere. Es difícil encontrar mucho con que engancharse, o algo que no hayas visto en Frieze, o Artissima, o Arco, o FIAC. Es un delicado acto de balance de credibilidad, es una danza entre el Oeste y el Este, dominancia colonialista y aceptación pos colonialista.

Li Songsong, Map Watching

Pace, junto a Sol LeWitt y Agnes Martin presentó trabajos de Qiu Xiaofei, un joven artista que radica en Beijing, que son ciertamente expresivos y llenos de construcción compleja, chocantes en color y forma. Su otro guiño al este fue con Map Watching de Li Songsong, un artista que usa imágenes encontradas de la historia china reciente como base para de construirlas en gruesas capas de pintura. Parecen collages de memorias borrosas, eliminando detalles y reveladoras por su forma y espacio. Sutilmente político sin ser evidente ni agresivo.

En Gagosian, había una escultura mágica y hermosa de Sterling Ruby, un pedazo de vidrio con una profunda textura verde jade en una pieza grande de madera tallada con la palabra "juvenile" y junto a ella un Howard Hodgkin, un rectángulo rosa magnífico con una franja de rojo oscuro atravesándolo de la esquina inferior izquierda adornada con acento de azul y una pizca de turquesa. Dos artistas cuyos trabajos de belleza compleja superan cualquier cosa que pudieras escribir sobre ellos. Ellos terminan por conformar la fila de juguetes de lujo del stand de la Gagosian junto a Jeff Koons, Takashi Murakami, etc. Se ven como, bueno, juguetes lujosos.

Jeff Koons

David Zwirner también ha llegado con los grandes nombres: Marlene Dumas, Sigmar Polke, Chris Ofili, Yayoi Kusama, Isa Genzken. Lo mismo en Dominque Levy, que traían un Calder, un Warhol, y un Gerhard Richter en exhibición. Todo genial, desde luego, difícil decir algo más sobre ellos que no esté dicho. Probablemente al mismo nivel el stand de Hauser & Wirth, una selección bien curada sobre el tema de la araña y coronada por la magnífica escultura de Louise Bourgeois.

Fuera de las vías principales la feria muestra delicias inesperadas. Hay una increíble selección de galerías de Hong Kong, China, Japón y Taiwan (además de lo cercano a casa), llenas de trabajos gratificantes. ShanghART de Shanghái obviamente se divierte con una plétora de las varias formas que el arte chino puede adquirir; de pinturas que recuperan formas occidentales a impresionantes muestras de trabajo conceptual, el punto fuerte es Zhang Ding quien recientemente ocupó el ICA para un performance de una semana de duración durante Frieze. Aquí presentó 18 cajas doradas grandes, donde los asistentes eran libres de atacar con una pieza de ónix y rayar algo en la superficie. Hans Ulrich was 'ere. Un clara vista conceptual del obsceno mundo del lujo que estas cosas promueven y en las que se regocijan y a veces logran superarse.

Yuri Pattison

Mother's Tankstation, de Dublín, tenía una selección de nueva obra de Yuri Pattison, cuya próxima expo en solitario en Chisenhale esperamos con ansias. Un trabajo que se desarrolla en base a las conexiones que son posibles gracias al Internet, el trabajo fue hecho en colaboración vía Internet, Yuri consiguió que trabajadores de una fábrica remota de bitcoin en Tibet se grabaran trabajando, atendiendo las máquinas y los servidores y a una torre enfriadora que subcontrató a un blogger de YouTube estadounidense. Era entre fascinantemente complejo y simple conectarse a los extraños rincones del mundo hiper conectado en el que habitamos.

La Galerie Isabella Bortolozzi trajo al artista estadounidense Wu Tsang a su stand para una exposición en solitario, parte de un proyecto más amplio que trata sobre el legado de la revolucionaria feminista Qiu Jin, quién fue ejecutada mientras planeaba la revolución. Wu Tsang se inspira en la manera en la que se ha luchado por el legado de Qiu Jin, una gran escultura hecha de espadas domina el espacio, brillante sangre roja junto a un fondo de paredes rojas, decoradas efímeramente con la investigación de la artista; espadas decorativas, una fotografía del torso de una mujer desnuda apretando fuertemente una espada, la cabeza de una estatua.

Wu Tsang

La galería Chi-Wen presentó una muestra de video arte taiwanés. Los filmes, en particular el trabajo de James T Hong y Chen Chieh Jen, eran feroz y directamente políticos y llenos de humor negro y esto resulta, en el mejor de los casos, en un sentimiento de descubrimiento, de destapar algo que no conocías. Igualmente AM Space, una galería de Hong Kong que mostró un stand por Chang Huei-Ming y Frank Tang Kai Yiu, decorada como un salón chino tradicional, un himno conmovedor acerca de la perdida de espacios y desconexión con la naturaleza que un aglomerado Hong Kong fomenta en ti. Estaba hermosamente construido, las plantas falsas vibraban lentamente por motores que estaban expuestos, un guiño a su artificio, todo era muy placentero en cuanto a su estética.

Chen Chieh Jen, Flickering Light

La galería Elsite de Taipei, recuperó un tema similar, la memoria cultural impregnada de anhelo revolucionario, aunque de una manera más gentil, una reflexión convulsiva en una menor escala que se reflejaba en conmovedoras imágenes que detallaban la vida del artista David Diao en Hong Kong de finales de los cuarenta a principios de los sesenta. Las imágenes reconstruyen sus pasos y elaboran memorias; estrellas de películas chinas se frotan contra una imagen del artista cuando era niño recargado junto a un mapa de Kowloon, estás imágenes son brillantes y hermosas, pero más que nada emotivas y sentidas. Pak Sheung Chuen en la galería Vitamin usó la entrega de Hong Kong a Reino Unido como el punto de partida de sus imágenes que exploran el mar alrededor de la isla, buscando en el horizonte a alguien que nunca llega. Que como los rascacielos cubiertos de smog, pueden ser fácilmente, una metáfora para toda esta feria de arte.

David Diao

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Texto Felix Petty

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