la última noche del emo en méxico

Le pedimos al auto declarado coleccionista de datos musicales y escritor, Luis E. Arista, que recordara la época en la que el movimiento Emo se convirtió en uno de los temas más escuchados en México. Es 2007.

por Luis Arista
|
22 Julio 2015, 5:00am

"Yo nada más quiero decirles una cosa". Kristoff Raczyñski hace bola un papel que tiene en la mano; lo avienta. Voltea a ver a la cámara y guarda silencio un segundo. Le habla a millones de televidentes a través de su programa I.D.transmitido por Telehit. Es 2007.

"El emo es una mamada". Y durante los próximos 50 segundos reniega, insulta y se burla del tema. Dice que es para niñas de 15 años, que es innecesario y que con Camila, Sin Bandera y José José ya tenemos suficiente música para expresar las emociones. Que es un movimiento estúpido y pendejo, y que, bueno, no es un movimiento.

Meses después, el viernes 7 de marzo de 2008, la comunidad emo en México hizo su debut ante la sociedad en horario estelar. Noticiarios y diarios reportaron ese fin de semana lo que pasó en el centro de Querétaro: cientos de adolescentes salieron a las calles a agredir física y verbalmente a los entusiastas de los pantalones entubados, peinados exóticos y emociones a flor de piel. La cacería no fue del todo exitosa, pues hubo detenidos y un par de víctimas golpeadas y asustadas.

"Lo que me molesta es que [los emo] se quieran acaparar de la plaza [de las armas] […] y un poco que parezcan más niñas que niños", le dice un sonriente entrevistado al reportero de TV Azteca.

En la Glorieta de Insurgentes de DF, cuartel general de convivencia de la misma comunidad, se intenta replicar la escena, pero la policía y un grupo de hare krishnas evitan el choque entre pandillas. Una reportera se acerca a uno de los agresores:

—¿Por qué están atacándolos?

—Porque están copiando nuestros estilos.

También pasa en Durango, Puebla, Yucatán, Chiapas, Tlaxcala, Colima, Hidalgo, entre otros estados. También por defensa territorial e identidad. También por intolerancia, machismo, conservadurismo, homofobia e ignorancia.

Se vuelve un tema de opinión pública. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emite un estudio sobre quiénes son los emo. Organizaciones civiles montan mesas de diálogo. El Instituto Mexicano de la Juventud lanza una campaña contra la discriminación. Se realizan marchas a favor y en contra. El mundo voltea hacia México: la BBC, The Guardian, Time y Spin le dedican espacios al tema. En su primer concierto en México, Kevin Drew de Broken Social Scene se pone una playera con las palabras "emo", "punk", y un símbolo de paz.

Los medios y las instituciones platican con los protagonistas de esta historia. Adela dice que se autoagrede para liberar un dolor con otro. Javier respeta la ideología emo, pero no se corta, solo le gusta el peinado y la ropa. Andrea se cubre la cara para esconder su dolor. Rafael dice que ser emo es ser auténtico y llorar por tanta maldad que existe en el mundo. Heidi cree que cortarse es un pedo psicológico; el pelo es una obsesión: mientras más greñudo, más sensual. Es glamour; se quiere ver rockera y excéntrica.

"Los emos son solo una moda […] no tienen una ideología ni propuesta, sino se han conformado como un producto de la mercadotecnia sin un sentido social ni político", explica Héctor Castillo Berthier, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. "La conjetura de la investigación es que el desconocimiento de la postura de estos jóvenes es el punto esencial para su rechazo", concluye una investigación de Ixaya, revista de la Universidad de Guadalajara.

Se cierra el telón y así termina el circo mediático, social y estereotípico de la adaptación mexicana del emo.

Detrás de esta historia, lejos de conductores de televisión iracundos y mesas de debate, está la otra cara del emo mexicano: su música.

***

En su libro ¡Arde la Calle! Emo, punk, indi y otras subculturas en México (Random House, 2010) Julio Martínez Ríos rastrea los primeros destellos nacionales del género emo —iniciado a mediados de los ochenta en Washington por gente como Ian MacKaye (Minor Threat, Fugazi) y Guy Piccioto (Rites of Spring, Fugazi)— y menciona al disco debut de la banda mexicoamericana Pastilla, a Hummersqueal y a Sad Breakfast. Rock y hardcore al servicio del individuo y sus sentimientos.

"El emo nos llamó a una generación que nos cagaba Caifanes y el rock en tu idioma", dice Daniel (fotógrafo, 25 años). Él tenía una banda en la secundaria y escuchaba a Interpol y a The Strokes. Visitaba Punk Chavitos, un blog de música, y dio con una canción de Austin TV, cuyo archivo mp3 contenía la palabra "emo". Comenzó a ir a las tocadas en el Alicia y en casas en Satélite y Cuautitlán Izcalli. Siempre tocaban los mismos, pero así se consolidaban relaciones musicales y amistosas. Consiguió Prueba Esto, Vol. 2 (Grabaxiones Alicia, 2003), un recopilatorio con bandas como Tolidos, Austin TV, 301 Izquierda y Allison.

Naville (redactora creativa, 25 años) creció en Mexicali. La cercanía a la frontera, la falta de entretenimiento que da una ciudad pequeña y su círculo social le dio para escuchar a bandas como My Chemical Romance, Saves The Day, The Academy Is y Taking Back Sunday. MySpace era el lugar para escucharlas. Se compró unos tenis Converse, unos skinny jeans y se dejó un fleco emo, sin dejar de ir a tocadas o escuchar a Britney Spears y N*SYNC. Para ella era la moda, el momento y la edad.

Además de la música, en las tocadas apareció un objeto tangible que unió y reafirmó el sentido de pertenencia en lo individual y en lo colectivo, y afianzó la relación con la escena local: la mercancía.

"No podías aspirar a tener una playera de Interpol, pero sí una de tu banda local. Está cabrón el pedo de 'espérate a que termine el show, la misma banda va a venir a cotorrear contigo y a venderte una playera'", se acuerda Daniel. Naville coincide y cuenta que ella compraba los EP, "porque no siempre los encontrabas en Internet". Y ya no solo de las bandas de exportación, sino de propuestas nacionales como Finde, Insite, Canseco, Bye Sami y Moving On, quienes ganaron un concurso de MTV para grabar un disco (y nunca se los grabaron).

La Última Noche del Mundo, de Austin TV, Defecto Perfecto, de División Minúscula y Para Ti Con Desprecio, de Panda (con todo y su plagio a My Chemical Romance), son tres de los discos esenciales para la escena emo en México, según Martínez Ríos. Tres bandas de diferentes partes del país (DF, Tamaulipas y Monterrey, respectivamente), que se codearon con My Chemical Romance, Fall Out Boy y Paramore en un mismo lugar: la corriente principal.

"Verlas [a las bandas mexicanas] en televisión fue emocionante. Algo muy de nicho pasó a MTV. Panda, Allison y División pasaron el emo al mainstream. Eso y que tocaran en el Vive Latino y sonaran en la radio fue como una gran victoria", recuerda Daniel. Pasó lo impensable: emo para todos.

Pero como a toda tendencia, el paso del género en las cadenas de televisión y estaciones de radio pasó pronto. Los 15 minutos de fama se terminaron.

"De pronto empezó esta corriente del copetito, de los ojos delineados y de vestirse de negro. Hüsker Du, Fugazi, Jimmy Eat World o Into It Over It… nadie se viste así. El güey de Tolidos sí tenía flequito, pero no se vestía de negro ni sufría. Y de repente te enteras que están puteando emos... Creo que con eso ya muchos le perdimos la pista al género", dice Daniel y agrega: "también coincidió con que México se volvió un lugar estúpidamente inseguro y pasó otro fenómeno: el norte se vino al DF, ocasionando que se refrescara la capital. El DF se encapsuló. Explotó la guerra del narco y no podías salir a carretera. Eso hizo que la escena se rezagara. Por otro lado, las provincias se hicieron autogestivas, porque ya no iban bandas del DF. Y eso pasó en todos los géneros".

A Naville no le da pena admitir que un día asumió parte de la moda emo y escuchó su música. "Me gusta pensar que mi historia emo se acabó cuando cumplí 18. Pero creo que no se acabó, sino evolucionó. Empecé a escuchar otras cosas. Los skinny jeans siguen ahí. Empecé a comprar otras marcas de tenis. Ya no traigo el copete. Crecí."

Más i-D:

Los emos fueron la última subcultura verdadera

Street, sound & style: grime y emo

Credits


Texto Luis E. Arista
Imagen Mauricio García

Tagged:
mexico
emo
luis e. arista